Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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Nieva fuerte, el invierno, el rudo invierno se rebela contra la dulce primavera. Es una batalla perdida; pero es una buena derrota.
Una digna derrota.
El invierno es como yo, un perdedor rabioso.
Solo que yo, un día desapareceré y el invierno se quedará solo con sus batallas perdidas.
Soy un perdedor rabioso e indignamente efímero.

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Me gusta el poder caótico del cielo que se impone a la tierra y a los seres que contiene.
Sueño con que pudiera aplastarme, al menos tener la suficiente importancia para que lo hiciera.
No le importo nada al cielo de la misma forma que tampoco me importa quien vive o quien muere.
El cielo es majestuosamente soberbio y yo un oscuro rencor bajo su caos hostil.

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Como yo…
¿Y quién no lo está?
Seas ángel, bestia o diablo, hay cientos de razones por las que tener cicatrices.
Por desintegrarse a lo largo de la vida.
La eternidad es condena atroz.
Morir y descansar.
No ver cuán roto estás…
Rotura y decepción…

Una bola de cristal

Hoy ha amanecido nevando, y aunque la nieve se deshacía al tocar el suelo, sentía estar dentro de una bola de cristal.

Y las golondrinas, las primeras que han llegado, gritaban con tremenda algarabía, muy enfadadas ellas, que si llegan a saberlo, se traen la bufanda de sus regiones cálidas.

Te lo hubiera dicho tomando el café de la mañana y que rieras para quedarme prendido de tus labios durante eones de tiempo y distancia, entre el humo del tabaco, ante tu presencia impactante.

Por extraño que pudiera parecer, me da paz tu presencia, soñarte. Porque eres donde y cuando debería estar.

Es extraño porque en verdad me agitas, me excitas, me provocas.

Solo que ahora, escribiendo, soy la consciente desolación de que es una farsa de mi imaginación (las golondrinas no, te juro que estaban muy, muy cabreadas). Acepto con tristeza la imposibilidad de la escena. No te podía hablar de las golondrinas. Solo veo los copos caer deshaciéndose en melancolía, ahora que anochece, ahora que las palabras que nunca se pronunciaron empiezan a morir ya tristes, abatidas. Cansadas.

Una imagen que no ocurrió, como en las películas donde el protagonista consigue su fin y está dichoso; para enseñarnos luego, que en realidad ha muerto. Y su cadáver yace triste…

Y así, la mañana se ha hecho deliciosamente triste y trágica amándote.

Hay un vacío enorme en la silla que deberías haber ocupado. Las palabras durante todo el día han dado vueltas golpeándose contra las paredes sin saber quién las ha pronunciado, adónde deben ir.

Y tal vez sea verdad que estoy en una bola de cristal, donde nadie puede entrar, ni yo puedo salir.

Solo soy el triste adorno polvoriento en un anaquel.
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Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

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No existen pasados mejores, en todas las épocas la frivolidad ha sido el vómito ensangrentado de los inquietos. Siempre fuera de lugar.
Afortunadamente, aunque duela, aunque mate.

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Le entiendo, le creo, lo sé.
El amor es tragedia, aunque creamos reír.

Aciagas voces

Todo son susurros, lamentos y gemidos. Hay una seria injerencia acústica y emocional que me ataca, que me molesta, que hace torva mi mirada.
Que alimenta desprecio y odio hacia la humanidad, hacia esto que me encontré al nacer, todo mal, todo indeseable.
Aciagas voces en oraciones, melodías y operetas que afrentan contra mí, contra mi independencia hacia cualquier precepto o moralidad.
Cantos de amor que murieron inacabados en los labios, cayendo en el pecho como la ceniza en la que se convierte el vampiro con el amanecer.
Porque los enamorados no son inmortales, a pesar de que dicen que el amor lo es. Mueren de viejos, de enfermedades, en manos de asesinos, en manos de poderosos. No son eternos y el amor morirá con ellos, es un principio universal que no acepta discusión, por enamorados que estén. Lo demás son sofismas de cobardes.
No me siento inmortal por enamorado, al contrario, el amor me consume rápido como una mecha corta y veloz.
Oraciones que no consolaron desdichas.
Rezo a sus cuatro labios, henchidos de deseo, es mi única plegaria.
Credos que no repararon corazones.
Salmodias corales de enamorados zombis que se equivocan, no están enamorados; solo buscan compartir su miedo, consolarse que no son ellos los únicos cobardes. Bienvenidos a la Cofradía de los Pusilánimes.
Son los coros, las imprecaciones y las voces de los muertos, de los que no saben que no debieran respirar. Hay que estar tan podrido para no sentir que el amor colapsa los pulmones… Hay que ser tan vulgar para convertir el amor en compañía, en una conveniente prostitución…
Las putas y putos sociales cantan alto y fuerte en grandes y elegantes banquetes, en altares llenos de flores y cámaras de video.
No deberían usurpar cosas de amor los amantes burgueses, los amantes sensatos, los pobres ambiciosos… Quieren y no pueden, lo que pudre el amor.
El amor es insensato por definición, es absoluta locura y va contra toda medida económica y moral.
No deberían llamarle amor a según qué cosas. Es un insulto a los amantes que lo son, a los que viven acelerada, doliente y cortamente.
El trámite y la tradición son insultos a la belleza de amar.
Existen fantasmas en dimensiones infranqueables condenados a lanzarse mensajes secretos que angustian el ánimo con sueños imposibles. Golpean el aire para ser oídos, para ser atendidos en su aflicción; pero no hay respuesta, solo la esperanza de los locos. Respirar es un asunto instintivo, la voluntad no puede impedir ciertas cosas. Tampoco las puede conseguir.
Si por voluntad fuera, yo sería El Gran Asesino, el que le arranca las alas a los ángeles del amor.
Y sin embargo, los amantes otorgan un cuadro de cautivadora belleza con su dolor.
Quien ama no reza, grita con furia y blasfema cuando es necesario. Jamás se arrodilla.
Y luce una sonrisa ensangrentada, labios partidos por besos y no-besos. La sangre mana por la pasión y por la desolación.
Mierda…
El rumor de la tragicomedia y la farsa de amar se extiende por todo el planeta, como el vocerío secreto de una necesidad cobarde de compartir el miedo. O el sufrir de los amantes reales.
El mundo es una olla de grillos caótica. Voces que alternan compases de alegrías y tristezas formando una extraña y aberrante orquesta. Latidos de ultratumba perdidos en océanos y tierras.
No veo pájaros trinar alrededor de nadie; pero hay suficiente hipocresía y cobardía para decir que se ven, como las barrigas llenas de mariposas.
Orugas de la estulticia, simplemente.
No sé de donde vienen las sonrisas, no encuentro como alguien puede reír.
Es una obscenidad, el mundo es un paño de lágrimas, dicen.
Y un condón usado en un descampado lleno de pañuelos de papel.
Las palabras bellas son el camuflaje de una vida en la que los sueños, eso… Son angustiosas intangibilidades…
Palabras bellas tiradas a la basura cuando se dedican a los que no aman, a los que buscan compañía en la vejez.
Condones envejecidos como orugas del amor prostituido en sórdidos lugares.
Maldita sea, que difícil es cribar los cantos del amor de los de la hipocresía.
Duelen los oídos de tantas voces que se lamentan, que temen, que viven, que pervierten…
Haz lo que debas, no hagas caso, no escuches cantos de sirena que tiran de ti a los arrecifes de la mediocridad.
No escuches los poemas de los enamorados, de los que trascienden; porque son suicidas.
Mantente al margen de las aciagas voces si puedes. Y si crees estar enamorado, reza. Y si no crees, inventa un dios que te proteja.
Observa los condones destripados entre mierda de perro y papeles ignominiosos.
Dale la espalda al mundo, que se joda quien con cada qué.
Un beso negro en mi ano, proponles.
Que no interfieran, que callen, que mueran.
Que una noche oscura se cierna sobre todos para siempre y dejen de oírse los lamentos y las euforias de ellos, todos.
Injerencias aciagas, voces de mierda…
Deja el dinero encima de la mesita, paga a la puta y cierra la puerta de la habitación, que nada enturbie la mamada. Y si la amas, déjale más dinero, que su voz no se sume a las otras, no dejes que sea una voz más, una mediocridad más.
En un mundo de héroes de amor, el follar por dinero nos hace singulares.
Con eso me conformo.
Y que callen, sobre todo que callen de una puta vez.
Voces aciagas, condones destripados…
Precioso.

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Iconoclasta

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En Realidades Truncadas, de Iconoclasta.

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Lleva casi todo el invierno en la explanada buscando la templanza del sol. Como si estuviera cansada de hacer el mismo viaje a los mismos lugares cálidos.
Igual es vieja y se siente como yo: milenaria.
Y es muy probable que me fotografíe en mi violenta y mal disimulada cojera.
Al fin y al cabo, el roto soy yo. Ella vuela hermosa, la he visto a ras de pasto.
La muy astuta…
Sea como sea, es mi compañera de soledad porque ambos hemos elegido.
Y si sueño un poco, el primero en morir será el primero en ser extrañado. Porque somos pocos, somos dos.
Cuando la pierdo de vista, ya más frío, pienso que me importa demasiado poco que alguien pudiera extrañarme.
Me pongo el bastón al hombro y hago ver que no estoy roto, ahora que no me ve.

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¿Te das cuenta de lo mucho que has vivido? ¿Has pensado qué hubiera sido de ti si no tuvieras hermosas añoranzas que llorar?
¿Cómo podrías amarla tanto si tu vida estuviera llena de una indiferente y acomodada tranquilidad?
Me pregunto pensando en tu sonrisa serena que ofreces con un guiño al sol.
Te observo tan hermosa y sé que tejeremos bellas tristezas
Queda tanto aún por sentir…
Vamos, mi amor, un día lloraremos con sonrisas este momento.
– Te quiero follar -le digo casi gritando.
– ¡Qué bruto eres! -se ríe la muy bella- Lo tuyo no es la sensibilidad.
– Está bien, después de follar hablamos de sutilezas -le respondo con aire fingidamente tosco.
Ella me toma la mano con cariño, sin dejar de sonreír y seguimos paseando.
Me esfuerzo por no llorar la belleza de este momento y fumo.
Estará bien, mi amor, le juro desde el corazón.