
Tiempos reales de improbables realidades.
Es condena y maldición saber de determinadas vidas.

Tiempos reales de improbables realidades.
Es condena y maldición saber de determinadas vidas.
Una video reflexión de Iconoclasta.

Cómo me tranquiliza verte… Me da paz tu grito.
Larga vida, sobrevíveme, eres fascinante majestuosa mía.
«Protecgi no sub umbra alarum tuarum».
(Protégenos bajo la sombra de tus grandes alas).

Son tan pocos y están tan solos que parecen hacer como yo, evitar consuelos y mantenerse dignos hasta el final.
No se miran. No estropean el momento.
No se hacen compañía, no la buscamos.
No podemos prostituirnos al final. No podemos rendirnos a la vulgaridad.
No queremos sonreír cuando nuestro pensamiento es abrasión.

No la puedo definir, solo la sufro, mi amor.
La constante erección que se lleva la sangre de mi cerebro, haciéndome incapaz de expresar nada ante ti.

Dentro de una hora volveré a estar allá abajo y miraré rumbo 35º, aquí arriba. Y estaré tranquilo porque estuve. Porque no fue sueño y fumaré en el cielo así como en la tierra.
El viento no tiene piedad, arrastra el pasado y el futuro.
Y a mí…

La mano tensa en su inmovilidad. Cruenta entre los muslos deseados.
Predadora.
Determinación e impudicia…
Parecemos tranquilos mano y hombre. Y lo estamos, seremos imperturbables hasta que la bella gima y sus ingles se tensen ante la líquida masacre del placer. Hasta que los dedos mueran dulcemente ahogados en su coño.

A veces el planeta es generoso y me regala un instante de belleza y la posibilidad de ser parte de él. No puedo quejarme, aunque no me quejo.
Solo soy hostil como una bestia más.

No tiene gracia y sin embargo, me fascina ver el movimiento del segundero y contar los segundos que pasan acercándome a la muerte tranquilo, como si no fuera la mía.
Morir es un asunto relajado.

Organizamos los momentos captados, los ordenamos según nuestros deseos intentando reparar lo que no pudimos evitar.
Y es como correr tras el viento.