Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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«Que no se comunique a nadie mi muerte,
que nadie llore por mí,
y que no me entierren en tierra sagrada,
y que ningún sacristán toque las campanas,
y que nadie pueda ver mi cuerpo muerto,
y que ningún lloraduelos me siga en mi entierro,
y que no se depositen flores en mi tumba,
y que ni un solo hombre me recuerde.
Esta es mi voluntad.»
(Thomas Hardy)

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Todo cuadra… Todo me lleva hacia el cruce, hacia la devastación que dará descanso a la vida. Esa señal se ha mantenido en pie durante años y años. Antes de que yo naciera, ya estaba ahí para indicarme el final.
Toneladas de acero para acabar con poco más de medio siglo de vida. Soy importante.
No me he cansado pronto, he sentido la vida a contrarreloj. He ardido como un reguero de pólvora y he quemado cuanto me ha sido posible.
Y ahora me espera una muerte escandalosa de raíles oxidados.
Descansar en trozos…

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Viejas señales que apenas ya nadie entiende. Románticas vías muertas. Cruce de vías, cruce de caminos; cuando había opción.
De cuando había suficientes distancias para perderse.
«Será un viejo manitú de aquellos tiempos» dirán futuros ignorantes. Futuras chusmas, que gritarán como las hijas de puta actuales jodiéndome los tímpanos.
Ojalá un tren fantasma les ampute sus escandalosas cabezas.

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¿Y si los escritores somos seres malditos condenados a padecer emociones, que siendo absurdas padecemos? Emociones que dejan de existir cuando cierras la pluma y el cuaderno.

Moda y aberración

Aberración es un estilo de vida basado en la desgracia de estar lejos de quien amas. Es aberración porque el cuerpo no puede realizar lo que la mente exige.
La aberración distorsiona los brazos, los retuerce en un vacío y la mente cree que todo es posible. Aún cuando los huesos se han roto.
Hasta aquí, la tragedia.
El pene no se rompe; pero hay que cuidar mucho la piel, una fricción tan continuada y desbocada puede llevar a un erisipela del sensible pellejo del bálano.
Lo mismo ocurre con la delicada flora vaginal.
Es todo tan complicado como lógico.
Hoy gracias a la potencia y rapidez de la comunicación, hay aberración exclusivamente. Las modas o estereotipos románticos quedaron atrás, se han sustituido por esos videos virales efímeros y absolutamente banales que iluminan los breves segundos de destellos de sensibilidad que la masa cárnica humana puede lucir.
Solo la ropa marca moda; pero es tan cambiante y tan aburrida, que se convierte en una imposición para esa masa de cerebros ineficaces.
Siempre hay alguien dispuesto a morir por amor; pero nadie muere, al menos ahora. No está de moda.
Porque en el siglo XVIII, en 1774, Goethe y su «Las desventuras del joven Werther», pusieron de moda el suicidio (se triplicaron los casos de suicidas) e incluso la forma de vestir del protagonista de esta novela que se enamora de una mujer casada y se relata con las cartas que le dirige a un amigo. A este tiempo, a esta moda, se la conoce como la «fiebre Werther».
Por mimetismo, por identificación, los jóvenes imitaban la forma de sufrir de este personaje que dicen, es casi biográfico. Y alegremente y con jolgorio, se decían: «Vamos a suicidarnos un rato. ¿Te parece?».
Si hubieran tenido yutup en aquel siglo, ahora tendríamos día sí y día también, a tristes emos con una pistola en la sien frente a la webcam del ordenador, llorando negras lágrimas y con música llamativa, filmando videos sensibilísimos; pero cansinos por lo incruentos. Nadie se hubiera suicidado.
Pongamos que un perro salva a otro perro en medio de una autopista en la que mágicamente los coches veloces y feroces, no hacen jugo de perro con sus ruedas.
¿Habrían imitadores y se pondría de moda llenarse la boca de pelos para salvar a un perro en medio de una autopista? Rotundamente no.
Porque el siguiente video mostraría los ostentosos pezones que accidentalmente sobresalen de una blusa de una super-modelo en una pasarela sofisticada de Roma o París.
Y como es sabida la célebre y notoria ineficacia del cerebro humano, el arrastrar perros por una autopista quedará relegado a un bit nulo, perdido en la mente globalizada. Todos y todas (por las lesbianas) correrán a masturbarse frente a los impactantes pezones que se observan asomar en un deplorable video (por la escasa calidad) durante diez minutos en distintas velocidades.
Podría ser que en un tiempo menos hipócrita, también asomara el pene de un modelo; pero ahora no ocurre y si ocurre, me da asco imaginarlo.
Tendré un cerebro privilegiado y potente, y también un poco retrógrado; pero me molan más las vicisitudes del desgraciado y pusilánime Werther de Goethe.
Por otra parte, las modas, me las dicto yo. No soy precisamente un hombre empático con las estupideces, por muy virales que sean.
Si es que la globalizada humanidad me da unos disgustos…
Buen sexo.

 

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Iconoclasta

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Me pregunto si el hielo puede llegar a tener la misma frialdad que yo cuando olvido. Cuando deshecho cosas y tiempos que aborrezco.
Ocurrieron cosas que observo ya como el sueño de otro. Como si fueran tan intrascendentes como la colilla que tiré al suelo no sé cuando, no sé donde.
También tengo calidez, lo sé; pero llegará un día que me encontraré en un páramo de cosas heladas que no conseguiré reconocer. No es triste, solo anoto.
No tengo otra cosa que hacer.

Muertes grandes y pequeñas

Si esta noche muero, no pasará absolutamente nada. No habrá un túnel y al final una luz que me lleve a otro lugar. Solo alguna pena, algún pesar de algún amigo si se entera.
Eso imagino. Y si no es así, no importa, la muerte te libera de sentimentalismos inútiles, hay quien se plantea que pasará, que sentirán los demás, que si lo recordarán.
Cuando la muerte es la absoluta liberación, cuando mueres o decides morir, puedes dejar encima de una mesa las fotos de tus órganos genitales y masturbaciones con absoluta tranquilidad. Que las vea quien quiera como epitafio.
Me gusta…
No resulta tan dramático morir, miles lo hacen cada día.
Es simplemente algo cotidiano.
La mía será una muerte pequeñita, que apenas dará que hablar. Hay muertes mucho más importantes, como la de mi padre.
Lo mío será poca cosa, algo suave…
Es que el sueño ya no me da descanso, debo necesitar algo más fuerte.

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Ramas tenaces que se enmarañan para detener la luz, como si no quisieran esperar aburridas a que la primavera las vista de nuevo.
¿Por qué deberíamos asentir serviles a las leyes aunque sean naturales?
Somos iguales: desnudos, sin apenas defensa. Ni amo ni dios, escupimos al cielo.

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Ellos no saben lo muy muertos, lo muy podridos que están hasta que el viento los parte como paja seca.

Medio podrido ya, no me partiré ignorante, no me sorprenderá morir.

Fumaré mientras llega la muerte y los latidos se apagan.

A cada paso que doy soy consciente de la fibra que se rompe.

A cada segundo soy consciente de que ya queda menos.

Pobres árboles indignos que parecen vivos y están tan podridos.

Imitan la humana cobardía.