Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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-Si supieras dibujar, ¿qué dibujarías?
-Mi miedo, mis sueños inquietantes. La luz que no me deja distinguir si vivo o muero.
– ¿No lo has intentado nunca?
-No. No quiero sentir la frustración de no ser sueño.
-Es difícil ser tú.
-No. Siempre es fácil estar donde no quieres si no mientes diciendo que estás en el mejor lugar. No hay buenos lugares. No hay elección, no hay dificultad.
– ¿Qué lugar te gustaría?
-Donde pudiera ver a Dios arrancarse los ojos de dolor.

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Acabamos tirados en tristes rincones de la memoria buscando la clave, la conexión que provoca esa angustia. Con la fatalidad de reconocer que el daño es irreparable.
Con la pueril esperanza de encontrar y borrar. Que al menos, no duela a pesar de su peso.
Putas espinas…
Pero somos una red neuronal inviolable, inalterable.
No hay hackers de la tristeza.

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«El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Por eso se nos escapa el presente» (Gustave Flaubert).

El futuro, no me importa demasiado, el pasado es un velo oscuro que apenas miro y el presente lo piso con fuerza hasta agotarlo, hasta que queda detrás del velo.
Cada quien cuenta la feria según le va.
Por otro lado, cuando duele el presente banalidades y conjeturas tienen exactamente la misma utilidad que el cenicero en una moto.

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Caminar bajo la lluvia, anocheciendo y observando como las nubes hacen bufanda en la montaña, vale por diez años de vida en la grisentería.
Con lo cual, moriré sin llegar a viejo.
Me parece un buen trato.
Así, sí.
Por favor… Si hasta el frío es amigo.

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Una prosa de Iconoclasta, en Issuu.

El caos del hielo

Un sudario de hielo hace caos de las hierbas y las flores, como si el pie de un dios rabioso las aplastara.

Camino por la silenciosa senda de un cementerio de muertos rebeldes. Se niegan a morir a pesar del divino y aplastante designio.

Como los dedos de los magos blancos, los rayos del sol hacen del sudario jirones de niebla y el verde come a lo blanco y las afiladas briznas heladas se hacen tallos tiernos.

Y se enderezan soberbios en un salve a la luz que calienta.

Es el cementerio insurgente, donde la vida se come a la muerte.

Como si un sudario pudiera morir… La muerte devorada por la muerte.

Es mejor no pensar demasiado, no pensar que la carne no está sujeta a la hermosa resurrección.

Disfrutar del silencio en silencio y observar el sudario hacerse humo bajo el sol justiciero.

Soy extraño a esos dioses y a esos magos blancos. Solo soy un testigo, un forastero que cojea silencioso; si acaso, fumando para confortar el pecho ante el gélido sudario.

Tengo una cita diaria con la muerte y con la vida.

Son tan tenaces desgarrando el sudario… No sé si quisiera hacerlo cuando me cubra a mí.

Estaré cansado…

 

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Iconoclasta

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Viejas casas vacías que los miedos llenan de intangibilidades, de almas que aúllan por un cuerpo para seguir sintiendo.
Rencores y recuerdos enmarañados en polvo y ruina.
Vapores, espejismos de vida.
Es una crueldad crear fantasmas para hacer del miedo una aventura.
¿Para qué inventar condenados si las ilusiones muertas flotan a nuestro alrededor, como vergüenzas en pena?

Reflexiones redes 0 def

Se gestionan con más o menos eficiencia el amor y la ternura. Se exalta el paternalismo.
Y a la ira se la trata como algo a erradicar de los cerebros primates o humanos.
Eso es castrar el pensamiento de la pasión.
Porque hay cosas que deben amarse y otras odiarse .
Sin ira solo queda apatía, amores sin sangre, pálidos, anémicos.
La cobardía es la indignidad más humillante.