Gracioso

¿A que estoy gracioso con esas gafas?
Parezco realmente tonto con los dedos en la sien, jamás podrán disparar.
Soy tan cómico denigrándome yo mismo, destruyendo cualquier asomo de dignidad.
Nadie se podrá quejar cuando me ría de otros, de todos.
De todo .
Un día tendré los dedos cargados con gruesas balas, gitaré: ¡Bang! Y se destruirá este cráneo y las gafas de idiota que sostienen. Y se os congelará la risa en el rostro cuando los trozos de mi minúsculo cerebro imbécil os salpiquen.
Seré un póstumo sociópata.
Las quejas: a vuestros dioses de madera y escayola.
No es por vosotros mismos esta inquina, es por lo que representáis; ego os absolvo.
Seguramente, nacisteis buenos y la abulia os hizo malos y mediocres (es una forma de consuelo muy discutida por filósofos).
Detestar es un acto ignominioso en las redes sociales; pero es legal y necesaria en mi red sináptica cortocircuitada por tanta banalidad. Un arco voltaico que pondría de pie al jovencito Frankenstein en décimas de segundo. Sin llantos por parte de Gene Wilder «Fronkonstin».
Hay cosas por las que una vez reí…
Yo también puedo ser banal. Banal como la lágrima que dibujan en los rostros de los cristos crucificados de las iglesias.
No… No se acercarán ni remotamente a imaginar la masiva destrucción neuronal de mi tejido cerebral antes de que mis dedos dispararan.
Concluirán que era tonto. Bien, yo me lo he buscado, es maravilloso el libre albedrío de mierda.
Podría meterme un pepino culo, como hacen los suicidas depresivos de Kenzaburo Oé; pero la verdad, soy pudoroso, padre Demenciano.

Los brazos rotos

Hay algo que parte los huesos, los troncha como madera seca.
Es el vacío.
Cuando se abraza la nada en la que se forma el espejismo de un deseo, los huesos se astillan y sientes el lacerante dolor de lo que no hay.
Los sueños incumplidos tienen el terrorífico poder de la ruptura impía.
La ausencia parte el ánimo como una paja seca y el ánimo siempre está alojado en el tuétano, en la médula tan profunda como el amor que me destruye.
Es normal que se partan los brazos. Los levantadores de pesos no tienen que elevar el vacío, por eso no sangran cuando elevan los 200 kg. por encima de sus cabezas.
No es extraño despertar con los brazos colgando, como si fueran las alas podridas que el cuervo arrastra por el suelo.
Oyes el crujido y piensas que no es posible, que no pueden partirse tantas veces los huesos, que eres un Sísifo que apenas se recompone, se parte de nuevo.
Y lloras brevemente todo ese dolor antes de que el sol te ilumine el rostro. Con cierta vergüenza, porque ¿cómo explicas que el vacío te ha roto los brazos? Que no es cáncer.
«Es que ella está horriblemente lejos, médico de brazos rotos, y deja su vacío allá donde miras».
¿Es que nadie me va a entender?
Si mi pene tuviera huesos, se partirían. Eyacularía sangre que correría por mis muslos espesa, pornográficamente dolorosa…
Es como si el vacío pidiera mi médula para llenarse. No sé…
Duele madre, duele la vida que me diste.
Hiciste mis brazos de cristal…
El mundo me está destrozando en vida, coño.
Piensas que si usaras los pulmones para aspirar el olor de su cabello y su coño, las costillas se partirían y rasgarían los pulmones.
No existe nada tan letal como aspirar vacío.
Lo sé por las alas marchitas de los cuervos y las mías. Tan rotas que me hacen amorfo, me roban la humanidad y crean un gusano de mí.
Mierda…
El dolor no es espejismo, no es un vacío. Es la obscena y única materia que llena la nada con cúbitos y radios estampados con lunares rojos.
Habito un vertedero de huesos ensangrentados.
¿Cuántas veces podrán destrozarse mis brazos para llenar el vacío? Debe haber un final, una conclusión. No puede ser tan largo.
No hay mal que un millón de asquerosos años dure.
Lloras para liberar la presión osmótica que se crea entre la membrana del sueño y la de la fatalidad. Observando el cúbito y el radio asomar obscenamente, rasgando la piel que debería ocultarlos. Y piensas en el calcio y su deficiencia.
Y en que la única fe es la del absoluto e insaciable poder del vacío.
Duelen los oídos porque la baja frecuencia del sonido de un hueso al partirse, afecta al tímpano y a un puto corazón que está al borde del colapso.
Es lo mismo que decir que eres impetuoso muriendo…
En tu piel, en tu rostro y en tu coño deseado está mi protección. En tus labios entreabiertos que mi lengua invade.
Cualquiera de los dos pares.
Sin ti el mundo enmudece con un escalofriante chasquido y se parten los brazos allá donde abrazaban tu torso brillante.
Suave, suave…
Y se cierran los ojos lentamente con la más triste aflicción y las manos crispadas aún, intentando contener tanta locura.
Toda la locura.
Toda tú.

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Iconoclasta

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Aquí estoy ensayando mi pose y ademán más vanidoso, mi mejor lado. Sé que aparecerá mi efigie en una serie de sellos de correos y seré minuciosamente admirado por lupas de doctos filatélicos. Estaré en los sellos más caros, como es natural; pero como siempre llego tarde, cuando rindan homenaje a «moi»: Iconoclasta I, ya estaré muerto.
Y como conozco a la humanidad: su envidia y absoluto pésimo gusto, elegirán mi peor foto para molestarme por pura maldad mientras muero tranquilamente.
Así que me adelanto y dejo ya mi efigie perpetuada para los sellos de 20, 30 y 50 euros (éste último con obsequio de un condón ilustrado con una de mis genialidades: Soy lo que rima con joya de ingenioso, ego os absolvo (el latinajo solo para condones king size o 10XL, porque en los normales no cabe la cita entera).
Es un hecho probado científicamente que los que tienen el pene gigante es porque han sacrificado masa cerebral para alimentarlo.
A meditar sobre esto y me hacéis una redacción de 15 páginas mientras Iconoclasta I se retira a sus aposentos a dormir.
Joder… Por un momento pensé que no acabaría nunca de escribir. Soy tan locuaz…

Chinches, fariseos y la biblia

Publicado: 30 noviembre, 2015 en Chusma, Humor, Reflexiones

Reflexiones redes 2 def

Existes para que yo quiera vivir, para que acepte la vida con la ineludible condición de estar en tu pensamiento.
Te hago responsable de mi vida y muerte.
No te voy a describir las venas que palpitan por debajo de mi vientre, ni la incomodidad que siento cuando el pantalón me ahoga; pero eres responsable de esta asfixia.
Eres responsable de crear una húmeda y tórrida mazmorra en mí mismo con cada «¡Ahá!», cuando ríes y asientes feliz a mis indecorosas expresiones de deseo. Cuando me toleras con esa mirada ultraterrena.
Enamorado y dolorosamente erecto…
Haces de mi vida una paranoia de ternuras y animalidad.
Y así, cualquier consideración de sosiego es una amenaza a la intensidad que le das a mis días.
Y sin esa intensidad enloquecedora, soy mierda.
Soy absolutamente irresponsable de lo que haces conmigo.
Quisiera recordar tiempos anteriores a ti; pero no existen. Por lo visto, nací en el mismo momento que miraste mis ojos no natos.
Entiendes ¿verdad?
El amor es una piel fundida en otra.
No sé cómo describir con precisión esta tragedia de amarte.
«Amor» tiene tan pocas letras, es tan impreciso…

Reflexiones redes 0 def

He despertado y Lobezno me ha mirado legañosamente en el espejo.
He apagado la luz y he meado a oscuras, un tanto deprimido con el humo de un cigarro que aún no sé cómo ni cuándo ha aparecido entre mis labios irritando mis preciosos ojos verdes.
He pensado en peluqueros y pilosidades.
Y que la elegancia al despertar es un mito.
El domingo se prepara jocosamente banal.
Joder.

Una mañana_01

Como cada mañana emerjo de un sueño que me resguarda de la realidad. Cada mañana me reconstruyo en un doloroso proceso de integración para que ocurra absolutamente nada.
Y volveré a esperar la noche y su onírica locura para volver a vivir.
Y desintegrarme de aquí de nuevo.

Jennifer O'Dell

En Telegramas  de Iconoclasta.

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Ahora sé donde nace o muere. Muy cerca, emocionantemente cerca y de mi ruta hacia el fin.
Lo cazaré y lo embotellaré. Nadie podrá pensar ya lo mediocre que soy. Me parto de risa…
Como canta Serrat: De vez en cuando la vida toma conmigo café. Y está tan bonita…»

Reflexiones redes 0 def

Hay días que se ríe demasiado sin que importen los besos y las miradas que caen al suelo inertes, como los cadáveres de seres minúsculos y tiernos que habitan en los intersticios moleculares de la carne y el tejido cerebral.
Los seres de la imaginación masacrados por la la razón en los momentos de indefensión.
Pequeños héroes muertos que combatieron valerosamente la razón acumulada con disciplina y con ira. Durante años, durante siglos.
Vamos a llorar un poco, a purgar el alma de las cosas muertas, las que murieron apenas nacieron. Vamos llorar pensando que esos seres pequeñitos corretean por nuestros hombros para hacernos cosquillas susurrando una magia imposible.
Narrando los mundos que no fueron, ni serán.
Era necesario hacer un ejercicio de ingenuidad cuando la piel, el cerebro, los músculos y un pene enervado mantienen una cruenta batalla contra la realidad.
Porque temo un día despertar siendo un monstruo de esos que miran el mundo y no entienden que tiene mil doscientas siete dimensiones por las que huir. Y donde las cosas hablan de su dolor con íntima tristeza.
Son esos mundos los que retuercen mis entrañas y me hacen sentir que trasciendo más allá de un impuesto y de una nómina de un triste trabajo. Las que me hacen libre y excepcional.
Es un buen momento para un réquiem a las ilusiones muertas.