
El hielo hace bellas las cosas y la vida inanimada. A la piel y la carne les roba el color. Como si nos despreciara con la firme decisión de humillar los cadáveres.
El hielo es una bofetada a la vanidad, una risa sarcástica, la última.

El hielo hace bellas las cosas y la vida inanimada. A la piel y la carne les roba el color. Como si nos despreciara con la firme decisión de humillar los cadáveres.
El hielo es una bofetada a la vanidad, una risa sarcástica, la última.

A la oruga, a la asquerosa, devoradora y urticante oruga no le gusta el frío. Menos mal de su inmovilidad y muerte. Si se moviera podría pensar que no soy tan fuerte como creo.
La muerte no admite discusión y a veces aporta sorprendentes consuelos.

Si hace calor a quejarse y hablar constantemente de esperar la tarde.
Y si hace hielo a quedarse en casa con las pantunflas de osito.
El hielo está bien, aplaca la ira, la sangre hirviendo. A mí, por fin.

Se ha desprendido un trocito muy pequeñito de una gran nube, dulcemente…
No lo hagas, no pienses, no imagines.
Y se ha deshilachado, como si muriera. Se ha evaporado apenas se ha separado de su mamá. Como un cruel accidente que te mata un hijo en una décima de segundo.
No mires el cielo, no sueñes. Pisa la tierra fría, siente el dolor de las fibras de tu carne, las que no sabías que existían y ahora enumeras en cada paso. Céntrate en el dolor de los tendones metálicos que agreden la carne que los envuelve. No añadas tristeza al dolor. Concluir cosas duele más que la carne negra que te cuelga en cada paso.
La madre ha gemido. Por favor… Me doblo de tristeza. ¿Nadie oye el atroz dolor de madre nube?
Esto no tendrá final feliz. Sube, no desciendas más, estamos a tiempo, escritor. No tenemos que pasar por esto, mira el río y oye su sonido de vida.
¿Sabes qué tiene en común el universo y la tristeza?
Pablo, calla… Por lo que más quieras.
Que son infinitos y profundos. Y no hay consuelo.
Es autodestrucción, no es legal lo que estás haciendo.
Era muy pequeñita, solo quería volar solita un rato. Ha muerto sin haber hecho nada malo. Ni siquiera ha llovido una lágrima sobre la tierra.
Tan pequeña y tanta muerte…
Las nubes no mueren, no sigas por el camino de la aflicción. No hay dolor en ello, lo construyes tú.
Madre nube se ha detenido en el cielo para llorar la muerte de su hija, es la única inmóvil entre los altos vientos invisibles de color azul ektachrome. ¿Será por eso que a veces llueve? ¿Llueven sobre nosotros lágrimas?
Es lo más triste que pudiera imaginar.
Los universos que creas nos hacen daño. Debes no pensar. Hay canciones, hay cuadros, libros y películas por los que vale la pena sonreír. Es solo una puta nube y estás un poco cansado del dolor. Tranquilo, llegamos a casa y descansamos, ponte los auriculares y escucha música; pero no te escuches a ti mismo.
Esa nube es ahora un vapor de pura desolación, lo sé porque me duele el corazón. Aquí dentro en el pecho, profundo como universo y tristeza; donde no puedo acariciarlo para consolarlo.
Sé lo que siente mi nube, porque me ha abofeteado la muerte de lo amado y soy padre y soy hombre y soy finito y una parte de mí es agonía, la muerte me tatuó su color.
Pablo… Hablar de muerte es pedir muerte. Das miedo, escritor.
Percibo el horror de madre nube en su pérdida y he sentido el pánico y la incomprensión de la pequeña al morir rápida, rápida, rápida…
La más cruel de las sorpresas.
No existe tragedia mayor.
Deja que cada cual y cada cosa sufra, no nos importa, no importamos a nadie. ¿Qué más da una puta nube? Estás sobreactuando. ¿No te das cuenta? La imaginación es enfermedad cuando duele tanto, ¿lo sabes, verdad? Eres frío bajo el dolor que te dobla. En el fondo quieres morir, inventas más pena para escapar del dolor real. Eres un tramposo constructor de la desolación.
¿Qué ocurrirá cuando se desprenda mi pierna? Cuando se pudra y se evapore entre tierra y hojas muertas. Porque no quiero que nadie me vea mantener el equilibrio, a saltitos sobre una pierna, con la pena que siento por la tristeza de la nube.
Vuelve, sube de nuevo a la conciencia de lo táctil. Las nubes no mueren, no viven. No son madres, ni hijas. No busques el premio Nobel de la Muerte.
Vamos a casa y llama a una puta. Sufre, mortifícate mientras te cabalga, mientras te la mama, como un escritor maldito, como hacen todos.
Somos un noventa y cinco por ciento de agua que se evapora, el resto es desolación. Cuanto más evaporamos, más devastación somos. Las matemáticas son trágicas también. Todo es trágico mirando el cielo y la sangre invisible de nube hija.
Cierra los ojos, pues.
Hay un frasco de pastillas antitristeza en casa, hay quince dosis de antitristeza en un frasco de plástico etiquetado como «salida de emergencia». Cuando llegue a casa las tomaré brindando por la breve vida de tu hija, nube de la pena. Estoy cansado, majestuosa doliente. Voy con tu pequeña, alguien debe hacer algo para variar.
Lo sabía. He sabido que no podía acabar bien en cuanto te has quitado las gafas de sol mirando al cielo. ¿Es hora de morir, verdad?
Sí.
Mierda.

Iconoclasta

Primeras nieves y las lágrimas congeladas por el frío.
Hay que llevar una navaja en el bolsillo para «secarse» las lágrimas. Que no son de emoción, sino de sueño. Al menos las de primera hora, porque a partir de ahí, todo empeora.
Creo que voy a santificar el día con unos chocolates calientes y llorar si fuera necesario. Soy la hostia puta de sensible y emotivo.

Hay paseos que pretenden servir para huir de lo horrendo, de la mentira, del asco. Paseos áridos porque no consiguen su objetivo; no cuando lo que se respira es más de lo mismo. Todas esas miserias se llevan impregnadas en la piel y se contagian, corren por las paredes, por la tierra y vuelan por el aire.
La ciudad apesta, apestó siempre.
Y friego las manos una contra otra al evocar hedores, al sentir que no podía escapar de aquello. De ellos.
Hay paseos de espacios abiertos que no pueden ser acotados por normas urbanísticas, ni violados por multitud de humanos. Son esos paseos el único disolvente eficaz del asco y la falsedad.
Los que decapan la miseria de la piel y del ánimo con la soledad (bendita, al fin…) y el rumor del agua, el de las hojas.
El rumor de la muerte monumental y omnipresente en las grandes y pequeñas vidas.
O hay espacio y libertad, o nunca se eliminará esa viscosa mediocridad con la que se despierta a las mañanas.
«Me cago en Dios…. Qué bien he dormido», es el mantra de lo que está bien por fin. La miseria, todas las miserias porque son muchas y de muy variadas formas y colores, han quedado lejos en el tiempo y en la distancia.
Lo notas en la luz que es limpia y en los aromas del aire.
Fumo mirando el río correr unos metros bajo mis pies y los patos flotar en él, como si el agua no se moviera. De la misma forma que yo no giro con el planeta, todo gira a mi alrededor y estoy donde debo, donde elijo.
Soy pato en el río y el sol gira en torno a mí. El viento gélido y el río arrastran cosas y siento lástima por lo arrastrado.
Yo fui un arrastrado, aunque me dolía constantemente y escupía sangre y un semen tóxico. Nunca estuve contento al despertar.
Siento pena por las cosas , seres e ideas que son llevados a donde la suerte quiere. Cosas indolentes que se dejan llevar sin voluntad, con el consuelo que hay más como ellos; con una sonrisa crédula de un espejismo de inexistente determinación.
Pobres los que ríen mientras el agua y el aire los lleva, porque no tienen voluntad y cuando el viaje finaliza, llegan a una playa sucia, a un delta de sedimentos viscosos y obscenos a la belleza y la libertad; pero son tantos que no pueden ver lo que pisan, solo saben que es blando, que es mullido.
Como si la putrefacción no tuviera esa cualidad.
Se convencen de que es otra cosa, de que no es mierda. Es más, afirman que es terciopelo.
Lanzo la colilla al río y se va, se aleja con ellos. Y con ellos llegará a las tierras viscosas. El puente es firme y yo más, no nos movemos porque no queremos.
Es mi turno.
Los patos dicen «cua-cua» y yo sonrío.
Sonrío, camino y hago girar la tierra.

Iconoclasta

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Publicado: 20 noviembre, 2015 en Absurdo, Amor cabrón, Lecturas, Libros, Maldito romanticismo, Reflexiones
Etiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

Y sonríes arrebatadora, desafiante ante la idea que se me escapa de los labios en un susurro que es gemido.
Barbie Obscena porque sabes que me enloqueces y tomas el control. O simplemente me lo arrebatas. No sabría decir, no encuentro tiempo para pensar.
Tu rostro es belleza tallada, una muñeca; pero tu mirada…
Es despiadadamente sexual.
No pienso en muñecas cuando miro fascinado tus labios.
Barbie Obscena no es una muñeca; pero de alguna forma te he de llamar cuando las palabras no son capaces de dar consuelo a la incomprensión y a lo atónito.
Quiero morir sobre tu cuerpo y dentro de él.
¿Acaso has pensado por un segundo que quiero ser virtud y decencia?
¿No ves cómo me tiembla la boca y se cierra mi puño mirando tus pechos que agreden la tela con esos pezones deseados?
Barbie… túrica.
No quiero acariciarte suavemente y decirte que te amo. Quiero invadir tu boca con mis dedos y con la otra mano tu coño.
Hasta que tus piernas se separen mirando a mis ojos encelada y pidas que te desgarre hasta el alma.
Profundamente.
Soy corrupto ante ti.
Y tú no eres un ser etéreo, eres esa Barbie Obscena que me enamora y jadea con el coño húmedo pisando los ojos de un Kent muerto, al que las ratas de este mundo le han comido los brazos.
Tu piel oscura marca mi deseo salvaje. La haré brillar con la baba que desprende mi lengua infame.
Los Kent de brazos desmembrados y penes impolutos girarán la cara avergonzados con sus plásticas cabezas deformadas y quemadas por los cigarrillos de mi desesperación.
¿O acaso te has creído que mi pene es plástico rosado?
Palpita como los monstruos gruñen peligrosos en la oscuridad. Como el corazón del diablo que va a devorar tu alma.
Soy la más excelsa corrupción.
Una inflexión, una rotura de lo humano.
Una sima en la bondad y lo pueril que deja una herida dentada como una sierra en los hielos árticos.
En tu oído susurro: «Te voy a joder y tu ano también es mío».
Y un bebé llora en la cuna por los hermanos que no nacerán, que mueren salpicados sobre tus pechos duros y en torrente se deslizan por tu abdomen crispado, obscenamente arqueado.
Inundando el ombligo que es antro de mi lengua ávida.
Semen blanco, piel oscura, pezones duros…
No quiero ser Cristo en la cruz, no quiero sufrir por ti, por amarte con desmedida. Quiero ser la cruz y tú clavada en mí. Que los mesías lloren la arrolladora y cruel lujuria.
Dos coronas de espinas ciñen tus muslos inmortales y hieren mis sienes.
Soy una atrocidad atávica que no tiene cuidado con tu piel deseada, lamida, arañada, amada….
Amada, amada, amada.
Piarán gorriones sin alas agitando sus muñones ensangrentados por la muerte de los plásticos muñecos y la ternura, por la obscenidad de mi acto.
Por el amor hipertrofiado que hace menstruar tus pezones en mi boca, entre mis labios y dientes.
Y así, el deseo es desespero y arpón en el espiráculo de un delfín de risa eterna y ojos cerrados ofreciendo su blanco vientre al sol.
Barbie obscena de muslos brillantes… Cuando los separes sujétate con fuerza a mi pene inconsolable, porque descendemos al infierno.
Aunque no sé si es descenso o ascenso. No hagas caso, la coherencia de mi pensamiento se ha ido a la mierda con tu mirada de muñeca obscena.
Agarra con firmeza la carne que no controlo, que es tuya. Es por ti esta esquizofrenia.
Mi Barbie hermosa, oscura como una noche de luna muerta.
Somos el vicio y la perversión de este tiempo, de este lugar.
Barbie obscena, tu raja tiene la exacta medida de mis dedos imperfectos y toscos. La profundidad necesaria para enterrar mi inhumanidad.
Un filo de navaja arrastra el jabón y el vello que ha cortado y las uñas de tus dedos hieren la sábana con placer prohibido, amoral.
Nata salada en tu monte de Venus…
Corruptos somos bajo el potente foco de una luz que hace sombras de los gemidos y hace arder la piel.
¿Entiendes ahora porque no es un tópico cuando te llamo muñeca?
¿Puedes comprender que haces de mí una aberración?
Me elevas por encima de toda ética y toda moral, no importa que sea corrupto, que sea lo que nadie quiere ver ni oír.
Contigo trasciendo. Da igual adonde, solo sé que salgo de cualquier órbita conocida por la impía belleza de tu mirada obscena.
Solo sé que sudo y lloro y bramo las horas sin ti.
De profundis ab tuum cunnus clamo: ego amo te. *

Iconoclasta
*Desde lo más profundo de tu coño grito: te amo

Suele ocurrir en algunas ocasiones que Marlyn, la directora y creadora de la revista cultural Atramentum, me envía un mensaje:
-A ver que te parece la imagen del texto.
La observo y pienso: Yo hubiera puesto una bandera, un mariachi o la foto de un motel. Pero no, ella ha tenido que ser más elegante, más mordaz y más llamativa.
-Me encanta, siempre me sorprendes. Gracias jefa -respondo pensando que es un redomada astuta con esto del diseño, un poco envidioso soy.
Y luego me he quemado con el café y me he ensuciado con la magdalena, porque en cuanto he visto lo bien que ha quedado, he sentido urgencia por venir a enlazar el artículo y comentarlo.
Así que ya está en Atramentum un ensayo sobre lo que aprendí y lo que concluí de mi estancia en México. Sobre la incredulidad de lo que estaba viviendo y que decidí no olvidar y guardar celosamente, todo lo malo y lo bueno, entre las hebras del papel.
Pero ante todo, es de lectura obligada, la nota final de Marlyn comentando la imagen (y no solo la imagen) usada para ilustrar el texto. Es breve pero tan explosiva y despiadada como una bala en la cabeza.
Gracias por ello, bella directora.
México querido, pero no lindo. En Atramentum.
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