Y aún recuerda metiéndose la mano entre los muslos y abriendo su vagina, como era follada en la camilla del servicio médico, a plena luz, con el ruido de la calle. Con el morbo de una mala puerta cerrada, de un idiota que le esperaba mientras de placer gemía y gemía y gemía…
Y llora mientras se masturba, llora lo efímero del placer… LLora haberse equivocado de hombre.
LLora su libertad que no acaba de encontrar.
Y llora a los muertos y añora a los vivos porque la depresión pide lágrimas de cualquier tipo, al igual que su sexo necesita carne nueva.
Con sexos en la boca llora lo que no consigue y pierde lo que tuvo.
Qué goce y que mierda de vida, no sabe que pensar.
Hambre sexual y depresión
Publicado: 22 marzo, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
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