No puedo habituarme a pesar de los años que llevo de condena en el planeta.
La gracia del cambio de horario de invierno/verano (gracia para el estado/dios o gobierno) no radica en el ahorro energético, si no en el evangelio que transmite a las reses humanas que somete: el estado/dios es quien decreta cuándo y sale o se pone el sol.
Y las más que amaestradas, castradas reses humanas en la granjas-ciudades donde se crían, engordan y explotan así lo asimilan; con el fatalismo y la indolencia propia de los animales nacidos en cautividad y condenados hasta la muerte a ella.
El cambio de horario es simplemente un recordatorio disciplinario, que no olviden nunca las bestias humanas sometidas al estado/dios, quién manda sobre sus pequeños y limitados horizontes, noches y días.
En definitiva, una pornográfica ostentación del poder político-religioso sobre los días y las noches y sus grises y ajados contribuyentes.
Es lógica toda narcosis o drogadicción para vivir en cautividad con la puya del estado/dios clavada en la chepa cada día, sin esperanza de volver a ser humanos dignos.
Así que mañana será un despertar más oscuro (a efectos de la explotación ganadera de humanos) porque los puercos en el poder cebados por nosotros, así lo decretan.
Entre orondos cerdos y tristes vacas pasan los inviernos y veranos…
Lo del “ahorro energético” sólo se lo pueden creer las bestias humanas más castradas y serviles.
¡Qué puta mierda!

Foto de Iconoclasta.

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