Y ponerse borracho te hace imbécil.
Prefiero la piel del diablo.
Idiotas…
Siempre jodiendo con el tabaco.
El dibujo mola, eso sí. Me gusta sacar un cigarrillo de la cajetilla y lucirla.
Archivos de la categoría ‘Citas’
Jamás es el momento adecuado
Publicado: 13 abril, 2015 en Citas, Humor, Lecturas, Reflexiones, TerrorEtiquetas:Citas, Ultrajant
«Siempre es pronto para morir para todos los primates, si el muerto tenía sesenta y cinco años, dicen que aún era joven y si tiene noventa, dicen que con lo bien que estaba podría haber vivido cinco o seis años más «qué mala suerte».
Nunca hay una hora buena para morir. Y para eso estoy yo».
(De 666 y un ciclista, de Iconoclasta).
Cumple años Shay Mitchell
Publicado: 10 abril, 2015 en Citas, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Humor, Pablo López Albadalejo, Ultrajant
Luis de Góngora, con un par
Publicado: 5 abril, 2015 en Citas, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Ultrajant
Góngora, a pesar de ser poeta y el máximo representante del Siglo de Oro de la literatura española, no era ni sutil ni diplomático.
Lo adoro. Qué cabrón…
Fragmento de la carta a un amigo:
«Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos, hablar de manera que a ellos les parezca griego; pues no se han de dar las piedras preciosas a los animales de cerda».
Consejo para suicidas
Publicado: 26 marzo, 2015 en Citas, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Ultrajant
(del libro, Historia del mundo sin los trozos aburridos, pág.: 360)
Kostas Karyotakis (1896-1928) fue un modesto funcionario en la Grecia desgarrada por las guerras de principios del siglo XX. Su olvidada vida interior se intuye en el título de sus dos principales libros de poesía: El dolor del hombre y Remedios de los males. Las últimas horas de la vida de Kayotsakis son un poema en sí mismo, un poema moderno…
Tarde del 20 de Julio de 1928. Un hombre de treinta y dos años se arroja a las mismas aguas que surcaron Ulises y Agamenón. Al cabo de varias horas, la corriente devuelve su cuerpo a la orilla. Se levanta y regresa a su casa.
Duerme, desayuna, se viste con su mejor traje, compra una pistola, se sienta en la terraza de un bar llamado El Jardín Celestial, pide un café, fuma un cigarrillo tras otro, escribe una nota, la guarda en sus bolsillos, paga la consumición, da un paseo por la playa, se tiende al pie de un eucalipto… Encuentran su cuerpo con una bala en el corazón. La nota decía:
«Aconsejo a cuantos sepan nadar que no intenten jamás suicidarse tirándose al mar. Durante diez horas me estuve peleando con las olas. Tragué una enorme cantidad de agua y, sin saber como, de vez en cuando subía a la superficie. Seguramente alguna vez, cuando tenga oportunidad, escribiré las impresiones de un ahogado.»
Ojalá lo hubiera conocido, le hubiera dicho que valía la pena suicidarse; pero antes tenías que escribir tus impresiones de ahogado y hacerme reír, mi querido y admirado poeta muerto.
Danton (político durante la revolución francesa) fue el listillo que dijo:
Seamos nosotros terribles para evitar que el pueblo lo sea.
Sus últimas palabras antes de ser guillotinado fueron:
No os olvidéis, sobre todo no os olvidéis de mostrar mi cabeza al pueblo: merece la pena.
Los hay consecuentes hasta el final.
Tiene su mérito.
Buen sexo.





