Archivos de la categoría ‘Humor’

La fiesta mayor

Publicado: 10 mayo, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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Reflexiones redes def

No paran en diez días de hacer actos absolutamente aburridos.
Y los ciudadanos deben estar ahorrando todo el año para beberse unas cervezas en los bares, porque el resto del año no aparece ni dios en las terrazas.
Y lo peor es ver a los orondos componentes de las diferentes peñas de baile folclórico con las camisetas denigrantemente ajustadas. Incluso dan la triste impresión de parecer alumnos de colegios especiales a los que les han dejado salir a pasear.
Ahora mismo, está tocando un grupo de música alternativa que hace caer a los pájaros aburridos de los cables eléctricos y temo que algunos pierdan las manos aplaudiendo eufóricos.
Y no hablemos de la cantidad de niños a los que en condiciones normales no se les deja sin correa y ahora le dan insistentemente cabezazos a la mesa donde padezco una cocacola, les sangra la frente y se ríen.
Precioso. Yo me voy al cine, estaré a salvo y dejaré de escribir tanta angustia y desolación.
¿Por qué se tiran pedos creyendo que no son oídos?
Mierda, corto y cierro, esto no tiene fin.
Precioso…
¿Por qué cojones gritan: «¡Un koala, un koala!»?
Si solo hay cerdos y gallinas y algunas sillas de ruedas descontroladas, es surrealista.
Tengo miedo.

Cumple años Josie Maran

Publicado: 8 mayo, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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Josie Maran

En Telegramas de Iconoclasta.

Reflexiones redes def

Voy al lavabo, cojo eso tan pesado con firmeza y con las patas abiertas como héroe orinando al crepúsculo.
Y tras toda esa tragedia clásica, tras esa demostración de poder y territorialidad, me pregunto sumido en una profunda introspección:
«¿Qué mierda le pasa ahora a mi pene? ¿Se me caerá a trozos? ¿Te quieres emancipar de mí, grandullón? ¿Te quieres desprender?»
Obvio describir mi tétrica palidez. Mi angustia.
Un pestazo en el lavabo…
Pero ni de pizca de dolor.
Y en apenas cuatro minutos, dos centésimas, recordé.
No se estaba pudriendo: había comido revuelto de espárragos con camarones, huevo, ajo, cocacola sin adulterantes, pan, longaniza, un poco de queso y paté caro.
Y chocolate.
Y dos naranjas más ácidas que la sonrisa de mi profesor al calificar mis exámenes, pero las como porque es sano.
Todo lo malo es sano.
El asunto es porqué los transgenetistas pierden el tiempo con tomates no sé qué y sandías sin semillas cuando los espárragos son tan tóxicos e intimidantes ¿eh? ¿Por qué siempre hay que ir a lo fácil y banal?
¿Eh?
Qué disgustos me dan estos sabios de mente dispersa y remolona.

La palabra es cortante

Publicado: 7 mayo, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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La palabra es cortante

Si de verdad cortara, no lo haría, sé de mi cobardía.
Lo preocupante es que no se me seca el cerebro, sigo escribiendo.
Lo que me preocupa es la locura.
No puedo tener un final feliz.
Como si los hubiera…

Iconoclasta logo

Certificado: los deficientes mentales (que no son lo mismo que los idiotas, hay matices que solo un iconoclasta puede definir con quirúrgica precisión) son sorprendentes donde quiera que sea el continente que los contenga completamente descontenidos.
Soy débil, disculpad este arranque de retórica por mi parte.
Es decir, pululen por donde pululen siempre te sorprenden, al menos la primera vez; que no es poco y es de agradecer, porque así no sientes la necesidad (por la gratitud de la sorpresa) de arrearles una hostia y elevarlos al espacio exterior frío y letal.
Ya sé qué me vais a decir: «yo también he convivido con un deficiente mental (macho o hembra) en casa durante un largo tiempo, como tú»; pero esos no cuentan porque no sorprenden y si a vosotros os han sorprendido, a mí no.
Así que no me toquéis los cojones antes de empezar.
Una vez en la calle se abre todo un abanico de posibilidades para asombrarse ante la podredumbre que algunos cerebros pueden llegan a alcanzar.
Y ya no te cuestionas…
Por favor, los delicados, los seres sensibles integrados en esta sociedad de mierda, están a tiempo de dejar de leer esto. ¡Vamos, vamos, desfilando que es gerundio! Que luego no quiero oír críticas sesudas, pseudo intelectuales, escrupulosas y emotivas.
Sigamos.
Y ya no te cuestionas si es un daño congénito, una enfermedad o simplemente aplicas la navaja de Ockham pensando que todo es maravillosamente simple porque simples son sus cerebros: en el momento alegre y gozoso (es de esperar, a veces soy optimista) del acto de sexual para procrear al bicho, alguien se equivocó de agujero, se torció, se dobló, estaba borracho uno o ambos, o no estaba muy limpio ninguno de los cónyuges o copuladores.
Y salió eso.
Es sorprendente que en pleno calor mexicano, con el sol radiando en todo su esplendor sobre moi, salga el tonto de la colonia de un local oscuro como boca de lobo (a pesar de que hay sol no puedes ver ni los huevos que están delante de tus narices en el mostrador, debido a un mal entendido exceso de ahorro eléctrico en ese minisúper, miserables…) y te quiera vender Matrix en pleno calor del 2014 como una novedad. Como me puso delante de las narices el DVD, tardé un poco en darme cuenta, pero me miraba a mí, a pesar de que sus ojos miraban a alguien invisible detrás de mis hombros.
Era el ser más bizco que he visto en toda mi vida.
Porque así, de sopetón, pensé que se trataba de un cinef… cinéfago (¿se dice así, verdad? bueno, vosotros me entendéis) vendiéndome su reliquia.
Y comprendí que había topado con el típico deficiente (tonto del pueblo) de la colonia de Indecente Madero.
Entonces envié finamente a la mierda a Matrix y los retorcidos dedos que lo soportaban incómodamente cerca de mis preciosos ojos verdes.
Vuelvo a casa de recoger a la pequeña en la guardería y aparece en el horizonte sucio de cables y polvo amarillento, la gorda con el gafete colgado eternamente del cuello dispuesta a preguntarme durante más de cuarenta minutos cosas tan importantes como: ¿cómo se llama la niña? ¿eres el padre? ¿y la madre? ¿te portas bien, bebé? ¿estudias mucho? ¿es posible que no pueda comer camarones por lo caros y calientes que están?…
Pero soy listo, porque ya la había visto previamente en acción, así que se queda hablando con la pared, mientras yo voy con la pequeña de la mano hacia la casa, doscientos metros más allá de la deficiente. Tiempo transcurrido entre la primera pregunta de la gorda y el tele transporte que ejecuté: 0.8 segundos, 3 centésimas. Tengo que lucir mi super crono.
Y así ocurría en días alternos e incluso días consecutivos.
La idiotez en el mundo es imparable.
Y no hago mención del mecánico de amortiguadores, al final de la calle, ya tocando a las torres de alta tensión para que jueguen los niños alegremente trepando por ellas tras haber cruzado una calle de cinco carriles de coches de ida y otros cinco de vuelta.
No sé si era deficiente mental; pero deforme, mucho.
Si alguien recuerda la película Los Goonies y busca con velocidad 32x en el reproductor para no tardar demasiado, encontrará al hermano deforme de la familia de criminales torpes que da sentido a la película y me ahorrará la descripción. Solo hay que añadirle a la calva unos puñados de pelos hirsutos tipo quimioterapia y ya tenéis el retrato del mecánico.
Y como si fuera mi maldición, como si tuviera imán para atraer a los deficientes mentales, llego a Europa y me encuentro una mañana también muy calurosa con un tipo más grande que yo avanzando directo contra mí, con gafas también más grandes que las mías mirándome fijamente, causándome el temor a una violación; pero simplemente me pregunta balbuceando si le doy exactamente 1, 2 euros.
Pienso en lo muy refinado y exótico que es el imbécil y le digo que no. Se aleja pidiéndome perdón por las molestias y siento que he sido un poco brusco, así que me enciendo un cigarro como castigo.
Otra mañana de domingo, justo en el otro extremo de la ciudad donde tuve el primer encuentro con ese deficiente, me lo vuelvo a encontrar y me pide 1,2 euros. Y como se están celebrando festividades por algo del santo del pueblo que seguramente fue colgado por los huevos por los franceses en el año no sé cuantos antes de cristo, me siento generoso y saco el monedero.
Pues no llevaba un euro y veinte céntimos, llevaba menos.
Y encima en pequeñas monedas. Sería idiota el hombre, pero contaba como la mejor de las calculadoras casioscientific que venden de oferta en los grandes almacenes de verduras y productos a punto de caducar.
«Solo hay un euro con cinco céntimos» díjome casi llorando el hombretón.
«Bueno, pues ya te queda menos, chaval», intenté consolarlo y seguir cojeando.
«No los quiero», y me los dejó en la palma de la mano tras casi treinta segundos de estar contando moneditas con el sol cayendo en mi cabeza cubierta por una gorra marca Adidas que valía más que los zapatos del deficiente.
Estuve a punto de arrearle una hostia, porque aunque fuera más grande que yo, yo soy mucho más malvado y sé muy bien como generar mucho dolor con pocos golpes.
Lo sorprendente, dejando de lado que me devolviera el dinero, fue la velocidad con la que me dejó para ir a buscar a otro ser humano que le pudiera dar su euro con veinte.
Pensé que me seguiría eternamente esperando las monedas que le faltaban.
Por supuesto, no le pregunté para que quería esa cifra tan exacta: si no quieres oír idioteces, no preguntes.
Y esto sucedió ya hace 43 horas.
Y ahora, ya en casa, fumando, reflexionando sobre la malicia intrínseca en el ser humano y si nació idiota o lo hicieron (a toda la especie, me refiero), decido entre salir de nuevo a la calle y enfrentarme con todos esos seres de mente infecta o quedarme en casa a salvo de calor e imbéciles.
Y decido que está bien, me gusta que me sorprendan. Bajaré a la calle mañana y compraré más tabaco.
Como no conozco el miedo, que vengan, tengo un montón de monedas sin valor para entretenerlos como si fueran palomas picoteando salvado rancio vendido a los viejos y niños a precio de caviar en la plaza Cataluña de Barcelona.
Sí, ya sé que soy sensible y empático; pero es que están en todas partes, viaje a uno u otro continente, allí hay uno, esperando con sus gafas, con su obesidad, con su mirada bizca, con sus pelos de quimio…
También he visto por ahí al perro andaluz de Buñuel, que aún no sé en qué escena de la peli aparece, pero es muy surrealista. Soy un cinéfago aficionado.
Buen sexo, y cuidadoso.

ic666 firma
Iconoclasta

Destellos dementes

Publicado: 3 mayo, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Reflexiones redes def

Necesito ser demente y escapar, no volver a la realidad. No seguir en el mundo tangible, aborrecible, despreciable. Erróneo.
Ya es tarde para la esquizofrenia. Es una enfermedad de jóvenes y yo soy milenario.
No es bueno besar las patas de las ratas, están sucias. No hay certificado de higiene.
¿Existe el destello de la brillantez? Yo no le visto.
No vale la pena recomponer lo roto, no hay tiempo. Mi pluma luce en el suelo aplastada.
Lo que un día atesoré, se rompe aunque lo cuide; lo rompen otros por envidia, por indolencia.
He rascado el codo porque me duele y hay un feto de araña. Hay arañas mamíferas que tejen telas de mierda en el suelo.
Que se joda la araña de mierda, no necesito un repugnante hermano que eche más mierda a mi piso.
Ocurre pocas veces; pero pasa: la hediondez no consigue arraigar. Aunque da dolor de cabeza evitarla. ¿Quién quiere una cabeza? ¿Era necesario que naciera con el cerebro prisionero entre huesos?
Es un dolor de cabeza irritante, porque no es locura. Es de encierro.
Las cabezas son pequeñas, no tienen espacio y tras el sueño te encuentras ahí dentro.
Otra vez.
¿Los que tienen una gran capacidad craneal son más libres? Yo quiero un cráneo grande aunque sea ridículo el tamaño de mi cerebro. No me importa que al morir lo pesen y se rían. Importa no estar oprimido.
¿Los ciegos se sienten oprimidos? Seguro que no, porque no se pueden imaginar el poco espacio que hay en el mundo.

Cecilia Chechu Bonelli

En Telegramas de Iconoclasta.

Frivolidad

Publicado: 30 abril, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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Me gustaría ser relajada y marcadamente frívolo; pero no tengo esa habilidad de la simpleza. Solo se me da realmente bien el sarcasmo cruel.
¡Qué le vamos a hacer! Cada cual es como es de mierda.

Por los sueños

Publicado: 30 abril, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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Por los sueños

Porque en los sueños no soy cojo y no duele follar.
Porque en los sueños puedo correr y subir una montaña.
Porque en los sueños no me acuerdo con tristeza de lo que un día pude hacer.
Porque en los sueños no estoy en el mejor lugar en el peor momento.
Porque en los sueños no escribo.
Por todo eso vale la pena no volver a despertar.
Porque morir es no doler.
R.I.P.
Ojalá…

La nueva generación

Publicado: 29 abril, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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Reflexiones redes def

Todos a coro:
«Creo firmemente en las ejecuciones inmediatas, en la evisceración, en las lobotomías, la electrocución de los genitales, el electroshock y en levantarles las uñas con palancas.
En inyectarles petróleo, darles de comer carne de sus hijos, la circuncisión de los párpados y la extracción de sus pulmones».
Ahora mis pequeños, es hora de nacer.
Y recordad: un asesinato sin dolor es como un flan sin caramelo.
Es hora de poner en marcha el Apocalipsis. ¡Ah… Qué hermosas son algunas tradiciones!
Os maldigo a todos vosotros y los vientres de vuestras madres.
Moriréis todos.
Nos vemos en cuarenta años.
Siempre sangriento: 666