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Amor de madre

Publicado: 8 septiembre, 2009 en Humor

Está visto que ni en el medio rural y sanote se puede uno zafar de la estupidez, si a ello le sumamos que es patológicamente rústica, podemos imaginar al palurdo en cuestión con una gorra de propaganda de abonos y con unas ubres de vaca en lugar de genitales.

Es desagradable la imagen.

Pero no más que el tatuaje que llevaba en el antebrazo: amor de madre.

Me encontraba en la terraza del único y pequeño bar de la aldea tomándome una venenosa coca-cola (los recios amantes del vino y el buen beber dicen que eso sí que es una bebida mala y artificial; ante lo cual miro mi hermoso paquete genital y mis poderosos brazos preguntándome porque siempre me toca escuchar las cosas más molestas y estúpidas. Reflexionando si mi destino es una broma de mal gusto o simplemente fui muy hijoputa en una vida anterior y ahora purgo mis pecados tropezando con tanto imbécil), cuando el andoba en cuestión, que se encontraba en la mesa situada a mi siniestra le dijo a otro cateto remangándose la camisa y mostrando el antebrazo: "Ésta es la única que nunca me traicionaría y la única que me quiere".

En el antebrazo y tatuado con tinta azul (seguro que con un vulgar y baratísimo bolígrafo bic) estaba dibujado el rostro de algo parecido a una mujer y debajo de esa cosa horrenda se podía leer una infantiloide caligrafía: Amor de madre.

Pedí otra coca-cola nervioso perdido, se me encendió solo en los labios un nuevo Montecristo nº 1 y mi poderoso cerebro empezó a elucubrar.

Realicé una profunda y dolorosa introspección al infierno de los subnormales.

Es inevitable como el cáncer que mi mente afilada como un bisturí se sumerja en los superficiales cerebros de los otros humanos menos favorecidos por la genética que yo.

Esos tiparracos que se tatúan la sentencia, tienen un tremendo y refrescante morbo. No es que me exciten; a mí un tarado sólo me da asco; pero el rústico palurdo me hizo pasar un entretenido rato aspirando el delicioso humo del tabaco y dejando que la glucosa del refresco me inundara en aquel lugar de infecto olor y calor, abandonándome a mi poderosa imaginación.

A los "amores de madre" los imagino acariciando la cara interna de los muslos de quienes los parieron, con el rabo muy tieso y susurrándoles obscenidades en los oídos: "Guarra, trágatela entera, querida madre. Que no caiga ni una sola gota, mamá" y demás lindezas de este tipo.

Es algo sucio de imaginar, porque viendo como son los hijos, te puedes hacer una idea de cómo será la madre, y prefiero masturbarme mirando al hombre elefante antes que a sus guarras y queridas mamás.

Yo adoro a las mujeres en general y tengo muy buen gusto, no me tiro cualquier cosa; pero estos palurdos enamorados de su madre no se cortan ni un pelo y dicen abiertamente al mundo lo mucho que quieren a su madre y lo putas que son el resto de mujeres.

Me hacen sentir molesto, por decir poco. Por decir lo mínimo.

Y parece ser que a la peña se la pela bastante, nadie se siente necesariamente mal por este tipo de amor. Como aún tenía en mente a la dependiente de la tocinería, mi erección dispersaba y suavizaba mi ira.

Es el único caso de incesto ampliamente aceptado por la sociedad, incluso provoca ternura el rabo del hijo entre las piernas de la madre.

Lo precioso y sentido del tatuaje…

Y llegué así a pensar en la tremenda, dramática y a la vez romántica redundancia que la vida ofrece con estos seres: hacer madre a la madre de nuevo.

¿No es graciosa la endogamia rural y a la vez un poco inquietante?

Esto del amor de madre, es algo que no llegaré a entender jamás. Mi madre no me pone ni un poco y las embarazadas me desmotivan sexualmente.

Jamás podría tirarme a mi madre como lo hacen los que la quieren tanto, e incluso se lo tatúan.

Y tampoco considero a mi madre como algo beatificable, hay en el planeta mujeres más simpáticas y más follables, e incluso menos mentirosas.

Aún así, la imagen de esos hombres enamorados de su mama, arrodillados frente al chocho que les dio la vida y babeando profusamente, me parece de una ternura exquisita.

Cuando me acabé el puro entré en el lavabo, me masturbé pensando en las tetas duras y de marcados pezones de la dependienta y luego, como un romántico adolescente bulímico, me metí los dedos en la boca para purgarme de toda esa mierda de amor de madre.

Si es que me acosan los imbéciles. Al igual que en un conjuro, me acosan en todo tiempo y desde todas las direcciones.

Es un asco ser tan listo, tan macho.

Buen sexo.

 
LA TIERRA
 
Para que el estudio parezca objetivo y serio, apuntaré algunas características de mi planeta natal aunque sea aburrido y más de lo
mismo.
Por supuesto, no fui tan gilipollas como para hacer escala el planeta. Preferí comprar tabaco en Marte aunque fuera más caro.
La Tierra es el tercer planeta del Sistema Solar y tiene muchos colores.
Sexualmente se lo montan gracias a penes y vaginas; los más solitarios o refinados con vibradores y succionadores.
Es un poco caótica la comunicación sexual, sobretodo en las mujeres que cuando están lubricadas, calientes, ansiosas y ovulando, le
dicen al macho que no quieren follar aunque es mentira. Si no discuten previamente, no follan.
Los machos en cambio, son de lo más simple y si les chascan los dedos, son capaces de correrse antes de bajarse los pantalones.
Ni de coña disfrutan los terráqueos del humor venusino.
Son complejos en cuanto a la comentada contradicción, pero el mecanismo excitante, el cortejo, es sencillo: se insultan, se humillan,
lloran, ríen y por fin follan.
En este orden inalterable.
Las ¾ partes de los terráqueos dicen follar a menudo, son embusteros por naturaleza y unos bocazas.
A mí particularmente me encanta ver como se lo montan un par de tortilleras y sacar mi miembro terso y reluciente ante ellas. Es bonito
convertir a una lesbiana en mujer decente. Cuando consigo esto, me siento como un misionero sexual.
Y no miento como los otros terráqueos bocazas que me avergüenzan con sus mentiras. No soy solidario con la hipocresía, ni corporativista
como los médicos.
Intentar decir alguna sutileza o mentira piadosa de la Tierra es tirar margaritas a los cerdos.
 
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MARTE
 
El cuarto planeta del Sistema Solar, pequeño y rojizo.
Tiene abundancia de piedras y líquenes.
Los marcianos tienen un tamaño aproximado al de un cartón de ducados de pie. Dispuesto verticalmente más exactamente. Sus pieles rojizas
tienen la textura rugosa de un jabalí y cuando hablan lo hacen a gritos como sus primos los italianos.
Su alimento lo constituye el musgo y pequeñas hierbas que un terráqueo sólo podría metabolizar por vía intravenosa debido a su
repugnante sabor.
Dos argentinos tuvieron la feliz idea de montar un asador y ahora tienen más de 160 locales franquiciados.
Hasta los marcianos han cambiado de hábitos alimentarios y pasan de musgo y hierba.
Sexualmente se lo montan con los mismos medios que nosotros, salvo por una dolorosa diferencia que convierte a los machos en los seres
menos activos sexualmente del Sistema Solar.
Los servicios que las putas ofrecen a los extramarcianos, se limitan a felaciones varias: felación de una puta, o felación llevada a
cabo por un montón de putas a determinar en el momento de la transacción.
Lo habitual es que te la chupe un grupo de 3 putas marcianas, que gritan si cesar entre chupada y chupada.
Como es lógico, esta pobreza en la variedad de sus servicios se debe a su pequeño tamaño que hace inviable la penetración por parte de
un extramarciano que sea mayor de 7 años.
Tras comerme dos churrascos, un entrecot poco hecho, dos hamburguesas gigantes, una bandeja de patatas fritas y 8 latas de cocacola;
sentí la necesidad de follar.
Las hembras marcianas llevan siempre consigo dos piedras del tamaño de sus puños, cuya función no experimenté gracias a mi inteligencia
y rapidez de reflejos; de lo contrario estaría cantando un aria que haría palidecer de envidia a un castratto.
Afortunadamente en Marte están preparados para el turismo y hay zonas de edificios construidos al tamaño normal de las distintas razas
del Sistema Solar.
Y las casas de putas y pensiones de follercio, aunque no muy frecuentadas en comparación con otros planetas, también estaban diseñadas
para el placer de seres de mi tamaño.
Un cartel indicador, unos metros pasado el asador, mediante una flecha orientada al nornordeste rumbo 70º 6’ 40”; indicaba: “Putas”.
Así que giré a la derecha suavemente.
Siguiendo aquella dirección me encontré con un grupito de 6 putas que vociferaban como verduleras. Les pregunté el precio de la mamada.
La más vieja meditó unos segundos girando con habilidad las piedras en sus puños y me gritó con lo que a mí me pareció hostilidad:
-35 sistemas y te lo dejamos limpio, sin que caiga una sola gota en la sábana.
-Vale, puta.-le contesté desgañitándome para no desentonar.
-Y por ser tan guapo te hacemos gratis el nativo final feliz.-volvió a vociferar.
Serán putas, pero son muy buena gente. Aunque a mí se me complace con las cosas más sencillas.
-Vamos a chupársela, chicas.- gritó sin ningún cuidado a sus compañeras.
La discreción no es su fuerte.
Subimos a la habitación 101 del hotel Las Marcianitas de tu Vida y me sentí igual que Blancanieves si contabilizaba mi pene en el censo.
A través de la ventana abierta frente a la cama, podía ver una habitación de la casa de enfrente; era como la de una casita de muñecas,
y en ella una pareja de marcianos macho-hembra se encontraba en los prolegómenos de la reproducción.
No me extraña que las hembras marcianas sean tan promiscuas, los marcianos tienen; el pene enorme, representa la mitad de su altura. En
cambio, los testículos son ridículos, canicas que apenas son visibles.
Me arrepentí de no haber cogido mi cámara fotográfica; podría haber aportado documentación gráfica reveladora de la actividad sexual de
aquellos nativos folladores. Me la hubieran robado de las manos en Videos Sarnosos, un programa de videos aficionados en las que se
premia lo más insólito, violento y sexual.
Me tumbé en la cama y las seis enanas saltaron sobre mis muslos, mi vientre, mi polla…
En medio minuto estaba el pene duro y lustroso como el obelisco de la plaza de la Concordia en París. Los vecinos de enfrente me
excitaban, era como ver una película porno y que seis guarras enanas te la estuvieran chupando.
La marciana ensartada como una brocheta por aquel tremendo pollón era una imagen tierna y llena de amor, de inconmensurable belleza. Me
emocionó vivamente. La pobre no podía ni moverse con todo aquello metido entre las piernas.
-¡Pártela en dos!-le di ánimos mentalmente al concentrado marciano.
Dos lenguas me masajeaban y limpiaban los cojones y otras cuatro se ocupaban del bálano en toda su extensión. Ya me había acostumbrado a
sus gritos y confié en que no me morderían llevadas por el entusiasmo de sus ininteligibles discusiones.
Entre la rendija de los párpados aprecié que el marciano follador, transfiguró su mueca de placer (sacaba la lengua por un lado de la
boca) en una de profundo temor.
-¿Ya?-le preguntó su guarra con un grito muy molesto.
-Aún no, por favor… ¡Aún no!-sentí su pánico, había drama puro en la voz del enanito pollón.
No lo entendía, estaba cantado que iba a correrse. Estas cosas las noto.
Yo sí que me iba a correr, contraje el vientre y las enanas aceleraron sus lenguas, estaban atentas a su trabajo. Eran unas putas muy
eficientes.
Entrecerré suave y perezosamente mis preciosos ojos abandonándome al placer, y entre los pelos de las pestañas, como entre una nebulosa,
vi llorar al marciano. Con un ademán de inconsolable resignación no exenta de un malsano placer le dijo a gritos a la marciana:
-Ya…
Y yo a mis mini-putas:
-Me voy a correr zorras. Preparaos para tomar un sabroso requesón.
Y es que hay momentos en los que como éste no puedo reprimir mi desaforado romanticismo.
La marciana alzó sus piernas aún ensartada y abrió los brazos en cruz.
El marciano cerraba con fuerza los ojos.
La marciana sostenía una piedra en cada mano y las sujetaba con fuerza, se incorporó lo que pudo y lanzó una mano contra otra por debajo
de las piernas.
Son muy ágiles las marcianas.
No creí que esa horripilancia estuviera ocurriendo a escasos metros de mí. En menos de medio segundo le golpeó dos veces los testículos.
Son muy rápidas las marcianas.
El grito desgarrador del marciano confirmó la realidad de lo que yo creía que era una pesadilla, un espejismo, una alucinación, un mal
viaje… Las dos piedras golpeando los pequeños huevos del marciano era una cruel y descarnada realidad.
Al instante dejó de gritar, puso cara de imbécil, como cualquiera que se corre (excepto las actrices porno) y eyaculó como un bendito
con algunas lágrimas recorriendo aún sus mejillas.
La actividad de mis putillas había cesado, pero yo ya notaba mi leche presionar los conductos seminales.
Cinco de ellas formaban un semicírculo alrededor de los pies de la cama, la más vieja estaba arrodillado entre mis muslos abiertos con
una piedra en cada mano y mirando mis cojones fijamente.
Mi mente es ágil en estas situaciones del follercio y recordé aquello de “nativo final feliz”.
La puta ya lanzaba y cerraba los brazos como si quisiera abrazarme la polla, giré a un lado en plena eyaculación a pesar de bizquear de
placer. Me libré de que me aplastara los huevos pero; no de pagarles la lavandería. Con mi brusco gesto de evasión las rocié a todas con
mi leche.
Les caían goterones de semen desde la cabeza hasta los ñoños vestiditos azul cielo.
Son cursis vistiendo las marcianas.
Estaban más serias que una ninfómana sin baterías en el consolador; les di cinco sistemas para la lavandería, y por el tamaño de los
vestiditos, imagino que les llegó para un mes. Además, me salieron más baratas que el cubata que le pago a la puta del bar que hay al
salir de mi empresa a mano derecha.
-Para que te acuerdes de nuestro nativo final feliz.-me dijo la vieja ofreciéndome las dos piedras.
Las cogí con asco porque a saber que cojones habían chafado aquellas piedras y cuando salí a la calle las tiré.
Un taxi me llevó al aeródromo y los gritos cordiales del marciano me provocaron una fuerte jaqueca.
Despegué del peligroso Marte rumbo al próximo planeta masticando diez comprimidos de analgésico.
 
Iconoclasta
 

Sexo en el Sistema Solar: Venus

Publicado: 15 junio, 2009 en Humor

 

VENUS

El planeta más cercano a la Tierra, el día y la noche duran 117 días terrestres y las nubes que a veces lo cubren están formadas por gotas de ácido sulfúrico. Es el 2º planeta por proximidad al sol; conocido como lucero del alba, también es vespertino visto desde la Tierra en esos momentos.

Cuando llegué era de noche y más que un lucero parecía una bombilla apagada. Como quiera que la noche dura casi 60 días terráqueos, compré unas postales tomadas de día, más que nada para que mis compañeros de la fábrica no se rieran de mí. Tengo la mala suerte de llegar tarde muy a menudo para admirar la belleza. Recapacité para no ponerme de malhumor: “yo sólo vengo a follar y me importa un huevo la belleza planetaria”.

Los venusinos y venusinas son los más parecidos a los rasgos antropomórficos terráqueos; salvo en las orejas. También hay que decir antes de nada que la hembra venusina es voluptuosa, tiene unas tetas en las que perderse y unas caderas que pensé inocente de mí) que habían evolucionado de esa forma tan ostentosa para asirlas con fuerza en el momento de la monta.

Como decía, sus orejas, además de para oír, son órganos sexuales. El asunto del cerumen viscoso y a todo lo que nos lleva la imaginación, lo voy a obviar porque me aburre. Sus orejas no son asquerosas; de los lóbulos penden unos discretos apéndices carnosos. Son rarísimas. Me costó tiempo, una vez aterricé y aparqué a oscuras, comprender porque me daban esos dolorosos tirones de orejas las venusinas macizorras.

El sexo venusino es lamentable, tienen un carácter bromista e infantiloide y nunca se tiene claro si quieren follar o jugar al tú la paras. En pocas horas acabé de los nervios. Ves a un tipo sentado en la mesa del bar tirándose continuamente de las orejas y piensas: o es sordo o gilipollas. Y es que cuesta imaginar que se está masturbando sin reparos el muy carnal.

Son tan desinhibidos que siempre ríen cuando oreja-follan. No entendía sus risas cómplices y maliciosas cuando me metía el dedo y la oreja y me rascaba.

-¿Te la rasco yo?-me preguntó solícita una niña venusina.

Era deprimente admirar esos cuerpazos venusianos, empalmarse, soltarles el piropo más obsceno al decirles lo que haría con sus tetas y que se rían. Le quitaban importancia a mi pasión y adocenado romanticismo. Imagino que ese carácter infantil tiene que ser una consecuencia directa de su extraña conducta sexual, todo el día tirándose de las orejas como escolares en el recreo tiene que hacer polvo las neuronas.

Los venusinos más ancianos, además de arrastrar las orejas por el suelo, han optado por usar una grandes orejeras electrificadas. Se les ve tristes y aburridos; están hasta las propias orejas de sexo.

A pesar de todo, tuve un orgasmo místico; no es que mis orejas hubieran evolucionado en un par de días para adaptarme al medio y garantizar mi mensaje genético, su continuidad. Ocurría que los tirones de orejas eran tan fuertes y seguidos que al final repercutían en mi pijo. No tiene base científica pero; soy fácilmente sugestionable con esto del sexo.

Así que la buenorra de XXY-J36, cuando notó que me corrí (estábamos en un cine. No me dio la gana de que me tirara de las orejas en el parque infantil) dijo con un gritito feliz e ilusionado:

-¡Me toca!

Me metió el dedo índice con fuerza en la oreja. Dolió infinito, de cojones más concretamente. Y encima no me había dado tiempo a disfrutar plenamente de mi orgasmo. La muy cerda, con su dedo encastrado en la oreja mía, jadeaba, llegó un momento en que lanzó un grito muy irritante provocando la risa entre el público de la sala y se corrió también. En cuanto me dejó la oreja libre salí corriendo hacia una farmacia para que me recetaran o hicieran algo que cortara la hemorragia.

Salí de Venus a toda hostia, me hice una paja para contrarrestar el trauma sufrido en el cine y tiré el condón usado al espacio donde aún debe orbitar como un lácteo satélite alrededor del lucero del alba.

 

 

Iconoclasta

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Sexo en el Sistema Solar: Mercurio

Publicado: 16 mayo, 2009 en Humor
El primer planeta del Sistema Solar por su proximidad al sol. Temperatura media: 410 ºC, una nevera comparado con el Sol. Desde la Tierra se puede observar como un discreto lucero matinal y vespertino; lirismo…
Si tenéis una garganta delicada o problemas de escrúpulos, no viajéis hasta él en busca de sexo.
Usan los dedos con una lujuria insospechada; se les podría llamar guarros sin faltarles demasiado al respeto.
Los más entusiastas de la biología extraterrestre, redactarían un ensayo de 800 tomos sobre esa forma de folladedos.
Aparte de que los mercurianos son más negros que el carbón incluidas las escleróticas; resalta especialmente una complexión ancha, pesada. Son muy musculosos y musculosas.
Su cabello es como vello chamuscado y los dedos de las manos (siete en cada una) son indecentemente largos.
Sudé mucho en ese planeta; para tomar algo fresco, la gente se tenía que meter en cubículos refrigerados (neveras transparentes) con los que los bares estaban equipados. La cocacola hirviendo me da asco, así que entré en 45 neveras en poco más de cinco horas y me pasé más de una semana resfriado.
Más de la mitad de las neveras del bar estaban ocupadas por parejas de mercurianos, se besaban sonoramente en la boca, audibles a pesar de que la nevera en la que me encontraba libando cocacola por una pajita, estaba herméticamente cerrada y me excitó de una forma tonta. Parecía ser el único que no ligaba y yo tengo mi orgullo.
Los mercurianos no son discretos.
Las tetas de las mercurianas no eran muy grandes debido a su masa muscular; aún así me ponían y decidí follar con una nativa. A pesar de las diferencias físicas, pensé candorosamente que aquellos seres no se diferenciaban demasiado de nosotros.
Salí de la nevera y me dirigí a la caja para pagar; me las ingenié para preguntar al cajero sobre los lugares en los que podría encontrar sexo de pago sin provocar una situación incómoda y comprometida.
Se encontraba agachado bajo el mostrador buscando algo entre los pestaches, y aprovechando que no miraba mis preciosos ojos verdes, entablé conversación.
-¿Dónde se folla aquí? ¿Dónde están las putas?
El hombre se incorporó dándole un cabezazo al mostrador, me miró como si la culpa fuera mía.
Por sus ojos llorosos supuse que ese había alegrado de encontrarse con un paisano. Era un inmigrante terráqueo.
-Pilla un taxi y que te lleve a la C/ de Los Dedos en el barrio de Las Bocas. Que te deje al inicio de la calle, en la acera izquierda y paseando te dedicas a recorrer la calle, te ofertarán las putas sus servicios y eliges el que más te guste. En la acera de la derecha son maricones, no cruces o pasarás un mal trago.-me explicó con un fuerte acento gallego.
-¿Y de precio?
-Una mamada 8 sistemas aproximadamente, y si pillas a un vieja te lo hará por 4.
-¿Y la follada?
-Cuenta unos 20 sistemas, pero si eres novato no te lo aconsejo.
Lo de novato me picó un poco.
-Pues muchas gracias.
-De nada, polaco. Son tres sistemas.-me dijo el muy gallego.
-Joder, por un sistema más me la hubieras chupado.-me quejé del precio.
Me dio recuerdos para mi madre a la cual decía conocer íntimamente; cosa que dudé porque ella siempre había sido puta en Barcelona.
Salí a la calle y el cigarrillo se encendió solo por el intenso calor que hacía.
El taxista exhibió sonrisa de listillo cuando le pedí que me llevara a la C/ de Los Dedos. Rajaba y rajaba y rajaba de las muchas mamadas que le habían hecho gratis gracias a su encanto y apostura de mierda; yo fumaba y recapacitaba sobre los bocazas, no eran una especie única en la Tierra; se prodigaban por todo el Sistema Solar como una plaga.
El idiota se había dejado más de cinco veces la recaudación del taxi con un puta barata.
Me apeé tras pagarle 15 sistemas (los taxis son un robo en todo el Sistema Solar) e inicié el paseo por la C/ de Los Dedos.
Apenas di dos pasos cuando una puta italiana me pidió 25 sistemas por un polvo. Ni le respondí, si les das vidilla a las putas italianas se te cuelgan de la chepa hasta que te quitan el último céntimo de sistema; quería tirarme a una mercuriana.
Se me ofrecieron tres terráqueas más, una rumana, una rusa y una cubana. Ni caso.
Y cuando ya había caminado casi 10 m. y mi esperanza de tirarme a una nativa se desvanecía, me salió al paso una mercuriana más lisa que una tabla, pero con los pitones del tamaño del dial de una radio capilla.
-25 sistemas por un completo.
-De acuerdo.
Me condujo hasta la pensión y pagué 10 sistemas más; empecé a temer que la subvención de mi empresa se agotara con los cinco primeros coitos.
Ya en la habitación le pagué lo acordado y en apenas cinco segundos me desnudé. Me obsequió con un beso en la mejilla perdidamente emocionada por el dinero y se arrodilló para felarme.
Nunca olvidaré aquella boca de un calor abrasador, ni los largos dedos que me tenían los cojones pillados y controlaban las contracciones con gran habilidad y profesionalidad.
Unos sonidos que provenían de las habitaciones vecinas me descolocaban un poco. Eran sonidos como de náuseas, se repetían aleatoriamente e incluso llegué a sentir el sonido del vómito contra el suelo, los acompañaban risillas libidinosas.
Me daba igual, soy un profesional del sexo y no necesito a Wagner para follar, no necesito ambientes románticos; con mis obscenidades ya procuro yo mismo el ambiente adecuado. Mis bajos instintos no necesitan silencio ni concentración.
Se me pasó por la cabeza que aquella pensión podría ser un refugio social para alcohólicos, o bien era costumbre emborracharse hasta vomitar como lo hacen ingleses y alemanes.
Me iba a correr sumido en estas reflexiones cuando la puta dejó de chupármela y me empujó tirándome de espaldas en la cama.
Cuando se acomodó a mí, sentí otra vez aquel fuego abrasador, su vagina era un horno y mi polla una calzzone de parmesano. Se me escaparon cariñosamente las palabras joder y mierda.
La mercuriana era pesada y dura como la madera. Su coño no, era suave como vaselina caliente.
…tres, cuatro, cinco, seis…, es el número de embestidas que le di cuando dije con un hilo de voz:
-Me corro…
Cerré los ojos de placer, me cogió los huevos con sus kilométricos dedos y abrí la boca para exhalar mis elegantes gemidos de placer con las que les obsequio para que se sientan más mujeres y femeninas. Es una propina desinteresada.
Tensé los dedos de los pies para correrme y…
No podía respirar y sentí una náusea que me iba a vaciar el estómago si me dejaba la boca libre, claro.
Me había metido los siete dedos en la boca, como ella se metió los otros siete en la suya.
Aquello era puro expresionismo.
Nunca me había corrido con tanto asco.
Los dedos presionaban y jugueteaban con la campanilla y las cuerdas vocales.
Recordé con inquietud aquella vieja y gran película Garganta Profunda; desde que la vi en mi infancia, busqué inconscientemente a una mujer como aquella heroína de clítoris laríngeo. Y comprendí con una luz clarificadora la angustia de la guarra.
Intenté sacarme de la garganta aquellos dedos, pero no tenía suficiente fuerza. Por fin, la puta sufrió tres, o cuatro, o cinco contracciones y liberó mi boca y la suya con un suspiro relajado y satisfecho.
-Arghf, affgh, argh…-le decía mientras se limpiaba los dedos en las sábanas.
Enseguida comprendí que en la habitación vecina, en ese momento no había un anónimo alcohólico, sino un putañero corriéndose.
-¡Hija de puta!-conseguí articular al fin.
Respondiendo que puta mi hija si la tuviera y en caso contrario mi madre, me explicó que meterse los dedos en la boca durante el clímax sexual, era un reflejo imposible de reprimir en los mercurianos. Observé con tristeza la cocacola maloliente y nachos a medio digerir que se escurrían de la sábana al suelo.
Me duché y salí de aquel planeta literalmente asqueado.
No vayáis a Mercurio si no sois decididamente fetichistas.
 
 
 
 
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Sexo en el Sistema Solar: El Sol

Publicado: 28 abril, 2009 en Humor

El Sol es una enorme estrella caliente, un sitio muy de paso en el que apenas apetece estar más de cuatro o cinco horas.
Se debe ir protegido con un buen traje anti-térmico; sus habitantes están ardiendo todo el día, por lo cual sólo se ven llamas.
Y claro, sólo pueden follar entre ellos.

Tuve que entrar en un sex-shop para estudiar su comportamiento sexual.
Me tenían que transportar en una grúa taxi. Los humanos de unos 80 Kg., pesamos casi dos toneladas en ese inmenso globo de gases y plasma a elevada temperatura que es el Sol.

Pagué una pasta por nada, me colocaron unas gafas de sol con las que apenas podía ver, me metieron en una cabina y tras cerrar la puerta, bajó la persiana metálica que daba a un escenario. Un vidrio manchado con salpicones de mil corridas, y ahumado, era la separación entre el público de otras cabinas y los actores.

Aparecieron dos pelotas de fuego botando contra las paredes y el cristal; de repente se unieron, sonó un silbido irritante que salía de aquella única bola y tras seis segundos de puro aburrimiento en los que no pasó absolutamente nada, se separaron las dos pelotas entre una nube de chispas. Y quedaron quietas cada una en un rincón inflándose y desinflándose rápidamente.
Y subió la persiana.
Me sentí estafado.

En definitiva, los solarianos van quemadísimos y follan sin ningún tipo de refinamiento.

Cuando la grúa me transportaba hacia el exterior, al pasar por la entrada de nuevo, llamé hijo puta al encargado del sex-shop.

Me cobró casi 100 sistemas por esa mierda de espectáculo.
Se notaba que estaba acostumbrado a que lo llamaran esas lindezas y me regaló un llavero que como todo lo de allí, era una bola de fuego chispeante.
Retiré lo de hijo puta y lo llamé ladrón. No me hizo caso y me explicó que el llavero era un pene saltarín que al ponerlo en la palma de la mano daba saltitos para acabar simulando una eyaculación ígnea. Observé la tontería fijamente y no fui capaz de imaginar que hiciera todo aquello que el encargado decía.
Es más, me dio la impresión de que me estaba tomando el pelo.

-Pues te lo metes por el culo.- le dije a modo de despedida.

Me contestó que lo haría delante de mí por 20 sistemas.
Ya en mi nave, a medida que me alejaba del Sol hacia Mercurio, mi humor mejoró y me la casqué por puro vicio y costumbre en el saloncito de la nave.
Nunca más le daría un céntimo de sistema a los solarianos.

 

 

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Sexo en el Sistema Solar: La Luna

Publicado: 23 abril, 2009 en Humor

 

LA LUNA

Es el satélite de la Tierra, mi planeta natal. Lo que en la Tierra pesa 1 Kg., en la luna pesa 164 g.
Está llena de cráteres y es molesto y penoso pasear por su superficie.

Las erecciones son allí mucho más ligeras y potentes. No se siente esa presión tan dura que provoca hasta dolor de huevos como ocurre en la Tierra.
Es un poco violento ser turista o extra-selenita y caminar por sus calles porque todos los machos andamos notablemente empalmados. Los machos selenitas nos tienen por unos salidos sin remedio. Las hembras no entienden eso de “salido”.
Las tetas de las selenitas y otras hembras no autóctonas, lucen y se mueven como en ningún otro planeta; y eso no ayuda al problema de la continua erección.

Los selenitas son altos y delgados, albinos en su mayoría. De los sobacos les penden unas largas melenas blancas y en la cabeza, machos y hembras exhiben una cresta rojiza recubierta de un rizado vello negro.
Extrañas gallinas.

A mí me da asco esa excrecencia que tienen en la cabeza, sinceramente; pero no debo ser el único que lo siente porque las putas y chaperos selenitas, llevan siempre la cabeza cubierta con gorras de la Pepsi o el Pizza Hut.

Son ambos sexos muy empalagosos y enamoradizos, es inevitable acabar con una selenita en uno de esos tan cacareados y preciosos cráteres, metiéndole mano en el culo y dándole un beso atornillador que acaba aburriendo al más melindroso y espiritual de los machos del Sistema Solar.
O a la hembra (no puedo evitar pensar como un macho porque no soy nada tolerante conmigo mismo y me cuesta ponerme en situación femenina).
Tienen una lengua larga y rasposa que acaba irritándote las cuerdas vocales una vez se han controlado las náuseas.

¡Ojo con la expresión vamos a echar un polvo! Su alimento los constituyen los minerales del suelo lunar, si les dices eso, te meten un puñado de polvo en la boca a tal velocidad que no tiene uno tiempo de reaccionar. A mí no me pasó; pero un grupo de terráqueos que habían llegado en sus naves tuneadas, borrachos y en busca de sexo fácil y económico (la Luna es una astro de 2ª categoría, un satélite, vamos), pasó una mala experiencia.
El más borracho y bocazas del grupo y recién apeado de la nave, gritó:

-¡Vamos a echar un polvo!

Les metieron a todos tal cantidad de polvo en la boca, que los sanitarios tuvieron que golpearles con un cucharón de madera en la nuca para que se vaciaran de tierra y polvo. Las putas selenitas, mientras tanto sonreían satisfechas de saber tratar a los machos extranjeros.

Son tan espirituales los selenitas que follan por antenas.
De entre los vellos de sus crestas siempre ingrávidas, cuando se excitan, emergen unos apéndices de unos 40 cm., un par por cabeza. Macho y hembra se dan la espalda mirando al aterciopelado espacio y trenzan entre si las antenas. Cuando los dos pares de antenas se han convertido en uno firmemente enlazados y cambian del gris perla al morado, exudan un líquido lechoso que les cae por la cara y recitan con voz melodiosa:

-¡Kindrescas estarticante, congojo!- (Coño que gusto, ya me he corrido).

Pues que queréis que os diga, no lo encuentro tan romántico.

Con los terráqueos, lo que hacen las putas y ninfómanas o simplemente adúlteras, es apresar el pene con las antenas y lo retuercen hasta que al macho se le saltan las lágrimas y en ese momento piensan que ha eyaculado. En realidad nos corremos después, por el placer que uno siente cuando se la liberan.
He visto hombres curtidos llorar como niños y a los segundos siguientes gritar como cochinos al correrse.

Las selenitas son muy populares entre los ambiguos que disfrutan tanto con mujeres como con travestis.

Yo le pedí a una puta una mamada desconociendo las características de su lengua y tuve que gastar tres tubos de medio kilo de cortisona en gel por la irritación que padecí. Eso sí, te dicen muchas veces que te quieren, como las zorras cubanas. Son muy sensibles.

Pero quienes disfrutan verdaderamente del sexo lunar, son las terráqueas. Los machos selenitas las penetran grotescamente con sus antenas y ellas, al no eyacular, gozan durante largo tiempo. Incluso les da un morbo añadido, los machos lloran de pena al no conseguir la eyaculación de la hembra. Y es que si una mujer terráquea paga, aprovecha hasta el último céntimo y se retienen de correrse lo que haga falta; así que el pobre gigoló selenita cobra una mierda por un polvo de dos horas de intenso trabajo y encima marchan con la cabeza cabizbaja al no conseguir que la hembra eyacule. Los he visto tirarse al suelo desesperados por su fracaso y llenarse la boca de polvo y excrementos hasta que les salen por las orejas. Hay una fuerte carga dramática ahí. Deprimente…
Y es que las mujeres terráqueas no se cortan un pelo tampoco.

Visto aquello y tras el doloroso francés, me subí a mi nave y despegué rumbo al Sol.

 

 

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Sexo en el Sistema Solar: Prólogo

Publicado: 16 abril, 2009 en Humor

 

Soy un probador de condones, esto quiere decir que trabajo en una empresa dedicada a la manufactura del látex con fines gozosos y libidinosos, amén de la proverbial profilaxis.

Resumiendo: me la casco todo el día, saco un par de condones elegidos al azar de cada lote fabricado y me masturbo con cada uno de ellos. Si no chorrea el semen o no se rompen, los vuelvo a meter en su envase. Certifico después la integridad del lote y ya pueden distribuirse por los supermercados, tiendas de sexo y farmacias.

Suelo probar unos 25 condones por día y esto no es un alarde si no mera información.

Este año he decidido pasar las vacaciones visitando los principales astros del Sistema Solar y realizar un amplio y detallado estudio del comportamiento sexual en esos planetas un tanto desconocidos.

Entre ellos la Luna y el Sol.

Y es que disfruto y adoro mi trabajo, por profesionalidad y por un afán carnal e incluso científico, pasearé por el Sistema Solar manteniendo relaciones sexuales con los individuos femeninos nativos de cada lugar visitado.

Ante mi afán científico y por este innovador estudio a nivel planetario, mi empresa me ha subvencionado los condones, el tabaco y las putas.

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01-8-2250 DC a las 9:30 AM despego del aeródromo de El Prat del Mutante (Barcelona) rumbo a la Luna.

31-8-2250 DC. Aterrizo en el aeródromo de El Prat del Mutante (Barcelona) directo desde Plutón. No pienso escribir ni enumerar por todas las miserias que he pasado, es muy pronto aún para reflexionar objetivamente.

Estoy cabreado, me duelen los huevos y me he quedado sin un céntimo de sistema.

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1-10-2250 DC

Hace poco más de un mes que regresé de mis vacaciones; ya no me duelen los cojones, no estoy cabreado y he cobrado la paga extra de beneficios.

Ahora sí que dispongo de la suficiente serenidad como para relatar mis experiencias sexuales en el Sistema Solar.

Valga decir ante todo que no fue para tanto.

El agosto pasado, cogí mi vieja y potente nave Eyaculación Match 2 (un modelo del 2245 DC) de marca General Glande´s Corp.

Salí literalmente disparado al espacio una vez comprobé que mi empresa había ingresado en mi cuenta la pasta de las subvenciones prometidas. Yo no adelanto ni un sistema de mi bolsillo.

Con la tarjeta de crédito bien cargada con 3500 sistemas, me sentí seguro, protegido y motivado. A continuación detallo los resultados de mi investigación, un proyecto ambicioso que anhelaba realizar desde hacía un par de semanas, momento en el que se me encendió la bombilla. No soy como esos investigadores del National Geographic que tardan años en preparar un viaje y planificar cada día y cada palmo recorrido. Ni voy pidiendo dinero a filántropos; mi empresa me subvencionó a cambio de llevar una pegatina gigantesca del condón rey, el que más se vende en la empresa: Imperator penis. Es de color dorado y graba los sonidos sexuales.

Una vez realizado este proyecto, mi vida no ha cambiado en absoluto y sigo sin entender nada. He aprendido que no hay distintas culturas y formas de vida y sigo creyendo que hay un buen manojo de idiotas pululando por el universo.

Nunca en la vida se os ocurra (si podéis elegir) salir en pleno mes de agosto por el Sistema Solar, hay una cantidad de subnormales e idiotas pilotando que da asco.

Y que decir de las largas colas en los Doneer Kebbap.

En fin, no me enrollo más porque no me vais a hacer caso pensando que estas cosas sólo me pasan a mí. Os podéis ir a la mierda, desagradecidos.

Comenzaré este estudio, por el orden en el que fui apareciendo en cada planeta. Empezando por la Luna, porque aunque sea un satélite, un astro de segunda, es digna de mencionar. Ninguna puta merece ser despreciada; las selenitas son tan guarras y dignas como las jovianas.

Visité después el Sol y posteriormente, viajé a través del Sistema Solar, de planeta en planeta y en orden de lejanía creciente del Sol.

Me hubiera gustado prolongar 3 meses más mi viaje y conocer más a fondo cada planeta pero; me acababa de comprar un videoholograma de 100.000 gigapixels con el que puedes incluso tocar la imagen, y me quedé sin un solo sistema.

La subvención de mi empresa tampoco era como para tirar láseres iónicos con forma de polla.

Además, cuando a mi jefe le expuse que me faltarían dos meses para realizar un estudio más exhaustivo, me dijo no sé que coño, de que si era duro el rostro de la vida y si se querían escaquear de currar los probadores de no sé qué. Había muchas interferencias en la conferencia y supuse que hablaba con otro al que yo no conocía.

Cobro una mierda a pesar de lo importante de mi trabajo.

 

 

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Yo, Dummy

Publicado: 15 enero, 2009 en Humor
Soy un dummy que se da golpes continuamente. Tenazmente. Me gusta el deporte de riesgo. Soy osado. Me soban, me fijan en asientos de vehículos y me usan para toda clase de pruebas violentas. A veces, me tiran desde alturas que si no fuera dummy, harían que me cagara por la pata abajo. El miedo a veces puede ser muy romántico. Espero ansioso que me lancen contra sus tetas. La ingeniera jefa está buenísima, ya vería la muy maciza si el dummy se está quietecito de la misma forma que cuando lo sientan en el coche para matarlo. Disfrutando haciéndole daño. Y es que tengo otro trozo de dummito pegado a mí (concretamente entre las piernas) que te cagas. Soy como Pinocho pero en polla y no lo digo porque sea un mentiroso charlatán asexuado hijo de la mente senil de un carpintero. Cuando me lanzan desde una altura mortal, volteo en el aire con gracia y agilidad felina para no aterrizar de cara al suelo. Con este pedazo de dummito que tengo siempre vistoso y altanero, me quedaría clavado en la tierra. Incluso podría doler. Aunque los dummys no sienten dolor. Eso dicen. Alegar ignorancia no exime de responsabilidad a los envidiosos. Y todo porque soy un dummy muy bien dotado. Estoy seguro de que no lo hacen para salvar vidas humanas. Son como hienas los ingenieros. Soy un dummy pegado a un dummito que los acompleja hasta la vergüenza. Da igual lo que hagan, yo no tengo miedo. Si me han de arrojar al fuego o meterme entre un montón de hierro, no gritaré. Y si ha de doler que duela. Soy arrojado y crash y test son mis apellidos. Claro que no soy un dummy idiota; prefiero que hagan las pruebas de impacto las familias en sus vehículos; que se estrellen con felicidad fraternal; así en familia con los corazones henchidos de felicidad dominguera. Muy unidos, como debe ser. Que nadie se piense que los dummys somos misioneros, yo no lo soy. Nos gusta follar como a todo el mundo. Aunque a este gilipollas que tengo por compañero y que le falta un brazo y una pierna, no dice nada. Simplemente choca sin ningún tipo de inquietud. También hay dummys idiotas y viejos. Los ingenieros son unos hijoputas. ¿Por qué no hacen las pruebas con los peluchitos de sus hijos? Me encanta que la ingeniera jefa me roce con sus pezones cuando me acomoda en el asiento y afloja el cinturón de seguridad para que me haga más daño. ¡Qué guarra y masoca es! Me pone a cien en todos los aspectos. Es una ocupación que está bien, vives la emoción del riesgo y después te pasas media vida viéndote a cámara lenta, adetrás, adelante, rápido, congelado. Empalmado. Me gusta cuando saltan los cristales y se clavan en mis ciegos ojos. Y lo que más disfruto: cuando el impacto es muy fuerte, me doblo tanto que puedo besar mi dummito y tenerlo metido un buen rato en el agujero de mi cara. Si tuviera ojos de verdad, me quedaría bizco. He de reconocer que hay un poco de frustración en mi mente de maniquí de impactos; los humanos son cortos y no se dan cuenta de mi sexualidad y mis necesidades. A mí el amor me importa tan poco como el arañazo del retrovisor de la puerta del conductor; no quiero cosas imposibles como el amor. Soy un dummy que conoce sus limitaciones. Estoy nervioso, espero impaciente que la ingeniera jefa se siente en mis rodillas. A veces ocurre; hay días en los que ha de regular los sensores del salpicadero, se sienta en mis rodillas y mi dummito se mete dentro de ella. Y estamos así un buen rato hasta que lanza un gritito y se pasa la mano por el cuello entrecerrando los ojos. Yo me hago el tonto; pero a juzgar por lo empapado que queda mi dummito, la ingeniera jefa ha pasado un buen rato. Y yo. No siempre ocurre, otras veces es un mecánico que huele a sudor rancia el que me pasa el sobaco por la cara. Si tuviera dientes y boca articulada, le arrancaría de una dentellada la piel y la melena que le cuelga. Lo bueno si escaso, es totalmente angustioso. ¡Hala! ¡Ya está!, ya han encendido el motor del coche y han dejado en la pista un bloque de hormigón del tamaño de un cerdo. Bueno, al trabajo. A ver si hay suerte y el impacto me dobla hasta poder meterme el dummito en el agujero de la cara.

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Dangerous Pezons (final)

Publicado: 8 diciembre, 2008 en Humor

La puta me saludó con frialdad.

—¿No es un poco pronto? A las seis de la tarde se toma un café o se va al gimnasio.
Era una amargada.
—Trabajo en el turno de mañana. Y si no quiero que mi mujer se entere de que le pongo los cuernos y me gasto la pasta de las gratificaciones, he de llegar pronto a casa. Así que empieza a hacer alguna gracia, porque me ha costado una pasta —la saludé yo también.
—¿Así?
Se había cogido los pezones entre los dedos de cada mano y los comenzó a estirar, estiraba tanto y sin cuidado que parecían que los iba a arrancar, el broche central del sujetador se abrió y sus grandes tetas parecían pender aún más pesadas de su delgado y pálido pecho. Salían chorritos de leche entre los dedos que caían sobre sus piernas y braguitas.
La verdad es que la puta valía aquella pasta. Abrí la bragueta del pantalón y metí la mano necesitado de masturbarme.
Se dio unas fuertes palmadas en los pechos. Los pezones dejaban escapar de nuevo, finos hilitos de leche en aleatorias direcciones.
—Mira como me castigo por mala. Toda esta leche tirada por el cuerpo, por el suelo… ¿Qué comerá hoy mi hijito?
A mí la hambruna me la pela, no soy sociable ni solidario. Soy un hombre que folla y poco más. Así que su hijito me la pelaba también; pero he de reconocer que era de una malicia bárbara.
—Yo también tengo alimento aquí —y me saqué el pene por la bragueta, tiré de la piel y descubrí el glande amoratado por la gran irrigación sanguínea. Notaba cada vena retorcerse en torno al bálano como raíces buscando agua en una tierra seca sin vida.
Las cosas de follar siempre me inspiran líricas imágenes.
Emy separó las piernas, se llevó la mano a la braguita rosa de algodón y apartó la tela que protegía la vagina hacia la ingle tirando del camal. La vulva apareció brillante y mojada de leche materna.
Haciendo tijera con los dedos separó los labios mayores de la vulva y un clítoris largo y grueso floreció de entre aquella carne mojada y flexible. Nunca había visto algo así de grande. Se me hizo la boca agua y un filamento de fluido se desprendió lentamente de mi glande como símbolo de admiración.
De pronto, quedose quieta mirando fijamente mi polla. Está bien hidratada y cuidada, me depilo por higiene laboral y la someto a breves sesiones de rayos UVA para que tenga una bonita y apetitosa apariencia, ya que sirve para ilustrar algunos folletos de instrucciones de uso y publicidad de los condones. También es utilizada como modelo para realizar algunos regalos promocionales. Realmente, el noventa y cinco por ciento de mí, está en la polla. Son cosas que con las que uno aprende a vivir.
Abrió el cajón del tocador y sacó uno de aquellos famosos consoladores que se regalaba mediante sorteo. El ó la concursante debía enviar la prueba de compra de una caja de condones de la línea “Penetraciones de ensueño” y recibía como regalo la reproducción de mi pene a escala real.
Me emocionó vivamente.
—¡Eres tú! —exclamó mirando con incredulidad la polla de resina y la mía.
—Psé —dije con mi locuacidad habitual.
Y dejé de cogerme la polla para sacarle brillo a las uñas de mi mano derecha en el pecho.
Los ojos de la puta se entrecerraron como sólo una mujer aquejada de lujuria aguda puede hacerlo, levantó las piernas al tiempo que las abría y abierta en todo su esplendor se metió a mi hermano de plástico en el coño, tan rápida y profundamente que sentí como mi glande intentaba salir disparado para meterse en aquel coño indecentemente lleno y mojado.
Me aproximé a ella y acaricié sus pezones con mucho tacto, estaban tan duros… Se masturbaba con vehemencia y ya que me tenía cerca, me cogió con fuerza el pene y lo meneó como una posesa.
—Eres tan puerco… —y cerró con fuerza el puño en mis cojones.
Yo pensé en la imprevisibilidad que me comentó la recepcionista sobre las madres putas primerizas y no conseguí ser comprensivo. Lancé un grito muy agudo, casi femenino y tuve que darle una bofetada para que me soltara. Emy aflojó inmediatamente el puño y me dio un beso en la punta del pijo con una sonrisa traviesa. El reguero de sangre que bajaba por la comisura de sus labios, le daba un aire de vampiresa.
Y seguí jugando con sus pezones. Lo del tacto exquisito y la sutilidad me dura lo que una botella de agua mineral en boca de un etíope y cerré con fuerza mi puño en el pezón izquierdo. Emy se quejó y el chorro de leche que salió le dio de lleno en un ojo. El rímel negro se mezclaba con la leche y parecía desamparada; había una fuerte carga dramática en aquella habitación de puta.
Apreté más el pezón hasta que la punta enrojeció saliendo por el puño y ella clavó las uñas en mi bálano hasta hacerlo sangrar.
—¡Qué hijo de puta eres, cabrón!
A mí, incluso me gusta que me traten como un mierda durante el cortejo sexual, pero aquella puta parecía Regan (la niña de El exorcista), pero como mi pijo estaba rozando su teta derecha, sentí más gusto que miedo.
Y además, si una tía te dice eso moviendo la estatua de tu propia polla en su chocho, no tienes porque tomártelo todo a mal; en el fondo te están rindiendo culto como a un dios.
Ya quisiera dios meter su cabeza en el coño de una mujer caliente.
El follar me hace épico, fuerte, heroico y viril.
Dejó el pene de plástico clavado en su vagina y se dedicó a acariciarme los cojones con la otra mano. Yo los contraje con miedo a que sufriera otro ataque de imprevisibilidad.
La obsequié metiéndome el pezón dolorido en la boca y se le escapó un suspiro que casi provoca en mí una vergonzosa eyaculación precoz. Serán putas, pero tienen una forma de gozar muy intensa para desquitarse de los polvos aburridos y a-orgásmicos de los que son objeto por parte de la mayor parte de sus clientes.
Cuando mordí el pezón, aunque lo hice con cuidado, me inundó la boca de leche, tosí y me salió por la nariz. Le cogí un marlboro y me lo encendí para ayudar a pasar aquel mal trago. La nicotina y los alquitranes volvieron a crear una capa protectora en mi laringe y combatieron eficaz y rápidamente los nocivos efectos de la leche.
—¡Eres la más puta de las putas! —le susurré al oído.
Le saqué la polla plástica y la tiré al suelo, hice presa en el superclítoris y con los dedos índice y pulgar lo masturbé como si fuera un micropene. Emy, o se había ilusionado mucho con conocer al probador de condones de su marca habitual de condones o necesitaba un polvo de verdad como una loca. Porque cuando le metí los cuatro dedos en la vagina sin ningún cuidado, comenzó a golpearse los pezones con las púas del cepillo para el pelo. No sé por donde pasó la mano para hacerse con él; pero apareció allí y pensé en lo maravillosa que es la vida cuando nos ofrece su magia.
Le apresé bien la teta con la mano que tenía libre y le mantuve el pezón alto para que pudiera castigarse más certeramente. Noté como se me escapaba una gota de semen por el pijo y apreté el culo, la próstata y todo lo que pude para que aquello no fuera a más.
—Te está sangrando el pezón —así que saqué lentamente los dedos de la vagina para que se relajara.
—No, no, no… —se lamentaba entre gemidos.
No recuerdo bien lo que dije, sólo recuerdo palabras inconexas; estoy seguro de que dije algo sobre cagar, dios, la puta, la madre y algo sobre arrancar una cabeza a puñetazos.
Tengo unos prontos malísimos.
No sé como llegó aquella pinza de largas púas para el pelo a quedar enganchada en mi tetilla. Supongo que debería haber imaginado que algo así podría pasar cuando ella jadeó excitada:
—¿Te gusta joderme los pezones, eh cerdo?
Me la arranqué como King Kong se quitaba las pequeñas lanzas del cuerpo y continué trabajándome a la puta ignorando el dolor y la humillación.
Me coloqué a su espalda, muy zorro yo, cogí su otro pecho, que estaba menos magullado, lo elevé hacia su boca y la obligué a que mamara su propia leche. Yo tenía el pene pegado a su espalda y me frotaba rítmicamente contra aquella piel hidratada con crema especial para putas; que es una sub-marca de Dolce y Marrana especial para profesionales.
Ella solita y sin que yo se lo dijera, encogió los labios con fiereza y cerró los dientes apresando al pezón. Una y otra vez lo hacía resbalar por entre los dientes. No había que ser puta para saber que aquello dolía una barbaridad.
Pues siguió así hasta que se hinchó como el pulgar de mi mano.
La obligué a apoyar los pechos en el tocador con el culo en pompa y las piernas separadas. La penetré profundamente y bombeé en su coño hasta que noté como su coño se contraía, en ese mismo instante una oleada de humedad inundó mi polla y cuando la saqué, goteaba zumo de puta.
—Cerda, puerca, asquerosa, zorra… —le recité en el oído mientras se apretaba el pubis y el coño con la mano intentando contener el placer.
Conseguir que una puta se corra antes que tú, tiene mucho mérito, no soy un hombre humilde y de hipócrita modestia. En aquel mismo instante, pensé en pedirle dinero por el polvo; pero por puta que fuera, seguro que tonta no. Y dominé así mis fantasías sexuales de ser puto.
Los pezones daban pena, penita, pena de hinchados, amoratados y duros.
La obligué a tenderse de espaldas en la cama y yo me puse a horcajadas sobre su vientre, con aquellos tremendos obuses rozándome el pene.
Metí el pene entre las tetas y ella las apretó contra sí con ambas manos a la vez que los agitaba arriba y abajo.
Cuando sentí que la paja tocaba a su fin, le dije:
—Y ahora el tratamiento para la hidratación de los pezones.
Presioné el meato del glande contra la areola de su teta izquierda hasta que el semen empezó a derramarse pecho abajo. Hice lo mismo con la derecha hasta vaciarme completamente.
Y sintiendo un hambre atroz, le masajeé con mi propia leche los pezones hasta que estos se relajaron y ella también. Yo pensaba en la merienda. Follar me da hambre.
—Iconoclasta… Ummm… ¿Me firmarías mi juguetito?
—Claro, como no —recogí la polla de plástico del suelo, la limpié en la sábana y estampé mi firma con prisa. Se lo metí en el coño de nuevo.
—Te regalo una segunda sesión —me ofertó frotándose distraídamente el monte de Venus.
—No puedo quedarme más tiempo, tengo que recoger a mi hijo en el gimnasio.
—Puta loca —le dije a modo de despedida.
—Te amo —respondió imprevisible de nuevo y sentí cierta vergüenza, soy un hombre humilde.
Ojalá hubiera sido así de imprevisible hacía unos minutos la hijaputa.
Entré en la hamburguesería y dejé la camisa perdida de mayonesa y ketchup. Me embrutecí por el hambre a pesar de la irritación de mis testículos y la tetilla derecha.
Cuando llegué a casa, puse los cojones en agua muy caliente suspirando de alivio y aplicándome mascarilla hidratante en el pezón derecho intentando que consiguiera reducirse a su tamaño normal antes de que mi mujer llegara de trabajar para hacer la cena y se le ocurriera acariciar mi poderoso pecho como tantas veces suele hacer cuando tiene ganas de follar.
Peligro es mi apellido…


Iconoclasta

Dangerous Pezons (I)

Publicado: 27 noviembre, 2008 en Humor
El nombre del local, aunque vulgar, cacofónico y provinciano; tiene su misterio. Soy un probador de condones aventurero.
Uno no sabe dónde se puede encontrar el peligro, si en los pezones propios o en los ajenos. Si los pezones son peligrosos o hay peligro para ellos.
“Peligro es mi apellido” pensé. Y me dirigí hacia la entrada.
Una teta artificialmente rosa y plástica alojaba un pulsador a modo de pezón y sobresalía con lujuria de la jamba de la puerta de entrada asquerosamente pintada en rosa pálido.
No me meé encima epatado por la originalidad derrochada porque soy frío, calculador y carismáticamente grave; pero a juzgar por el olor, o aquella entrada era el pipi-can del barrio o el cliente que tocaba el timbre, efectivamente se meaba encima emocionado por la decoración exterior.
Lo presioné con asco y froté el índice en la madera del marco parar arrancar cosas invisibles que se hubieran podido adherir a mi suave y tersa piel.
El sonido no me inmutó, mi sagacidad natural me hizo temer algo así; pero alguien con menos sangre fría que yo, miraría a izquierda y derecha avergonzado ante el elevado volumen de la grabación de gemidos sexuales que hacían de melodía del timbre.
Abrió la puerta una mujer de pelo castaño recogido en un moño desgreñado en la nuca, gafas de concha blancas y estrechas. Una falda oscura de tubo le llegaba hasta las rodillas y estaba tan ajustada que era obvio que no llevaba bragas.
Tampoco llevaba medias que cubriera aquella piel lamible. Una camisa roja y brillante cuyo enorme cuello se abría hasta posarse en los hombros, mostraba un escote indecente que descubría las curvas de sus pechos, escondiendo con dificultad las areolas. Cada vez que respiraba, los pezones eran iluminados por la luz y me la puso dura. Estuve tentado de pelármela delante de ella y dejarle un billete de veinte euros en la boca.
No sabría decir de qué color son mis calzoncillos; pero a las tías buenas, más que admirarlas, las escaneo y quedan grabadas en mi memoria para siempre. Tengo un importante banco de imágenes de mujeres deseables para mis gratos momentos de auto-complacencia.
La puti-secretaria-recepcionista se hizo a un lado con un simple “buenas tardes” y entré rozándole los pitones con mis poderosos hombros.
Se puso delante de mí cuando cerró la puerta y caminó con dificultad debido a la ajustada falda y la altura de los tacones de los zapatos de charol negro.
Llegamos a una mesa de madera estilo Luis XV, más falsa que un billete de Monopoly.

—Siéntese, por favor.

Exhibió una sonrisa preciosa que me hizo sentir bien y me enamoré de Vicky. Su nombre estaba escrito en un letrero dorado con letras caligráficas negras que se encontraba delante de un libro de registro, con la portada ilustrada con dos grandes tetas cuyos pezones se encontraban amoratados y magullados. Uno de los pezones estaba desmesuradamente dilatado por una bomba succionadora. Lo sabía porque veo muchas pelis porno.
La verdad, soy valiente cosa mala; pero aquella imagen puso duros y erectos mis propios pezones.
Pensé en volver inmediatamente a casa con mi mujer y mientras mi hijo hacía los deberes, que mi santa me la chupara. Y encima gratis.
Vicky, abrió el cajón central de la mesa y sacó un álbum de tapas negras satinadas, en letras azules Arial tamaño un millón, se podía leer: Dangerous Pezons. Lo colocó frente a mí girándolo y lo abrió.
Era un muestrario de las putas de la casa y además de ser todas preciosas, sus pezones eran de un tamaño desmesurado, incluso en las que tenían las tetas pequeñas, los pezones parecían dos misiles blandos que se prestaban a meterlos entre los labios y tirar de ellos hasta que la puta gimiera entre dolor y placer.
Algunos de aquellos pezones parecían doblarse por su peso y longitud; pero cuando se excitaban (por cada puta había una foto de antes y después) se elevaban con lujuria y gallardía ante un mundo hostil, peligroso e insensible. De nuevo me sentí emocionado y lírico.
—¿Y por qué lo de Dangerous Pezons? A mí me parecen monstruosos; pero no me inspiran miedo. Y pezón en inglés es nipple.
—Nuestras chicas tienen una técnica especial para usar sus pezones. Algunos son peligrosos y otros no, como los pimientos de Padrón, vamos. ¡Ja ja ja ja! —su rústica expresión la hizo más adorable aún— En esta incógnita se encuentra la exclusividad de nuestro negocio. Hay chicas que trabajan con tal dedicación que sus pezones acaban tan irritados que los clientes sienten que han conseguido doblegarlas y tienen el orgasmo más intenso de su vida cuando las chicas llorando, piden que les curen los pezones y les apliquen crema cicatrizante. Y para hacerlo, se han de acercar bastante a ellas y ellas se dejan hacer. El resultado final depende tanto del cliente como del carácter de la chica elegida para el servicio —me explicó al tiempo que pasaba el bolígrafo señalando las distintas modelos y su precio.
—Y sé cómo se escribe pezón en inglés, pero en mi casa hago lo que me sale del coño.
Debería haberme casado con esta mujer, el destino es una mierda y siempre sale alguien a quien amar de la forma más inesperada.
El pecho izquierdo había salido completamente fuera de la camisa y yo no le hacía ni caso al boli. Sus pezones eran normales, preciosos y bien proporcionados.
—¿Por qué son de distinto precio?
—Según la chica y su técnica, emplean diferentes tiempos para dar placer al cliente. A mayor tiempo, más precio.
Era lógico y justo. En las cuestiones del follar, no es como en el trabajo, la política o las leyes. El sexo de pago suele ser caro; pero justo.
Había una morena de media melena, ojos oscuros y con unas areolas tan oscuras como su cabello. Los pezones parecían tirar de las tetas y tenían una preciosa forma cónica. En la foto del después, los pezones sobresalían como dos dedos más entre sus manos y las areolas se contraían con los poros de la piel erizados. Los pezones estaban húmedos.
—Esta —señalé.
—Emy aún tiene leche, hace un mes y medio que fue madre y te podría ahogar con todo lo que le sale de ahí. Aunque la hace un poco irritable en algunas ocasiones. Las madres primerizas son un poco imprevisibles.
A mí me la pela, “dangerous es mi apellido” pensé con la polla presionando salvajemente dentro del pantalón y sintiendo como el baboso flujo empezaba a cubrirme el glande.
Si arrastrara mi pene por el suelo, confundirían mi rastro con el de un caracol.
—El pago del servicio por adelantado. ¿En metálico o tarjeta?
—En metálico —estaba buscando el sobre con el dinero semanal que me daban en negro como gratificación.
Le pagué los doscientos cincuenta euros y aún me quedaba en el sobre para tomarme una hamburguesa royal con patatas deluxe y salsa de cebolla, unos fingers de queso, una cola grande, dos croquetas de jamón, un trozo de tarta de chocolate, un batido de fresa y un café con leche con galletas cookies. Me gusta merendar bien cuando acabo el trabajo y cuando acabo de follar. Aunque en mi caso pueda parecer lo mismo, probar condones bajo la presión de un horario y unos objetivos por día, no puede considerarse del todo placer.
Soy un currante y punto. Empiezo a vivir cuando se acaba la jornada laboral y las pajas y cópulas a las que someto a mis compañeras de trabajo, son sólo tareas ya rutinarias. No es lo mismo eyacular por obligación que por devoción.
Mi mujer no se siente especialmente engañada cuando me tiro a tres o cuatro mujeres al día en mi departamento; pero si se entera que voy de putas, me monta un pollo de te cagas moragas. Cuanto más conoces a las mujeres, más seguro estás que se pasan por el coño los procesos lógicos en sus cerebros eficaces, agudos y retorcidos. Son caprichosas y volubles; pero si están buenas y húmedas se les puede perdonar.
—Puerta 3 A. No llames entra directamente, es demasiado pronto para la clientela, madrugador.
Me dieron ganas de llamarla puta y usurera, pero pensé que si volvía otro día al local, no habría buen rollo.
—¿Y tú no sabes hacer nada con tus pezones?
Estaba seguro de que se ruborizaría, pero algunas veces la vida nos sorprende de la forma más deliciosa y a veces también, espeluznante. Así que me arrepentí al instante de haber hablado.
Se abrió la camisa hasta descubrir ambos pechos, rebuscó a tientas en el cajón mirándome a los ojos con fiereza y sacó una grapadora con la gracia de un prestidigitador.
Se llevó el instrumento al pezón izquierdo y presionó.
Aunque todo duró una centésima de segundo, mi mente captó con todo detalle y nitidez el pezón aplastado por el cabezal de la grapadora, la lengua voluptuosa asomando entre sus dientes. Los dedos de afiladas uñas sujetando el pecho y la otra mano aferrando con fuerza el aparato. Satánico.
Lanzó un gritito y sus ojos lloriquearon un poco. Se me pusieron las pelotas duras como el cuero.
Con la respiración agitada y la grapa clavada en el pezón, se recogió con el dedo el proyecto de lágrima para evitar que se corriera el rímel y de nuevo con su obscena lengua entre los dientes y la respiración agitada, hizo pinza con los dedos sobre la grapa y lentamente la sacó. Se resistía y el pezón se tensaba y tensaba hasta que por fin comenzó a deslizarse a través de la grapa y volver a su lugar. Cuando se la sacó del todo, noté que me había clavado las uñas en las palmas de las manos al apretar con fuerza el culo y por simpatía los puños.
Yo soy muy poco delicado, puedo aguantar sin asco correrme en la boca de una mujer; pero a pesar de mi serenidad, aquello me espeluznó y mi polla dentro del calzoncillo se quedó lacia como un pelele. Además soy un profesional y la delirante escena me preocupó, aquellas grapas no estaban esterilizadas, no se encontraban en un medio suficientemente aséptico.
—También lo hago con los clientes —me explicó.
Mi cerebro estaba haciendo toda clase de ruidos procesando toda la información y rápidamente, en apenas doce segundos le pregunté:
—¿Emy es también aficionada a los objetos de papelería?
Sonrió como una niña; pero en puta.
—¿Quién sabe? Los pimientos de Padrón que unos pican y otros no.
Di media vuelta antes de acabar de oír el refrán porque tengo poca paciencia para la sabiduría popular y me dirigí al pasillo que me había indicado. En cada puerta de las seis que había a ambos lados del pasillo, colgaba una teta con el nombre de la puta.
Cuando abrí la puerta, mi pene había resucitado y mi glande se encontraba de nuevo resbaladizo y cremoso.
Cuando Emy se giró hacia a mí desde el tocador frente al que estaba sentada y vi aquellos pezones al aire a través del sujetador blanco sin copas (especial lactancia), el pezón grapado entró a formar parte de los recuerdos de un pasado lejano y cuasi onírico.

(continuará)



Iconoclasta