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El probador de condones y un documental

Publicado: 30 marzo, 2011 en Humor
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Estaba viendo un documental del mar, dicen que el más caro de la historia: que si rodado en HD, que si meses de grabación, la hostia puta de horas de post-producción, no sé cuantos kilos de caviar y salmón ahumado para el director y el doble de sardina barata para el resto del equipo…

Pues para alguien tan instruido como yo, ese documental era lo mismo que todos los que había visto. La única diferencia estaba en que los pescados hacían ruidos graciosos. Incluso las anémonas hacían ruiditos dignos de una película de Walt Disney. A los cinco minutos de empezar a ver el documental, y en vista de que no salía el consabido tiburón blanco comiéndose un cachorro de foca, o bien el apareamiento de los delfines con su hocico consoladoriforme; me abrigué la picha con un condón y di descanso a mi poderosa psique.

Cuando te pasas todo el día probando condones, al final sientes la necesidad de abrigar el pene. Es inercia, costumbre. Una muy buena costumbre que relaja.

Y así, viendo como una manada de turistas se emocionaba por acariciar una ballena (cosa a la que no encuentro gracia alguna) me quedé dormido.

Será porque me paso el día follando por lo que soñé que follaba: pero en lugar de probar el condón con sabor a Algas del Caribe con la hija de la jefa de vaselinas y anilinas de la factoría de condones, soñé que me encontraba en una playa llena de asquerosas iguanas, observando con lujuria a una sirena de enormes tetas.

Yo me había calzado la polla con un vistoso condón serigrafiado con escamas en 3D metalizadas (creo que ahí radicaba mi pesadilla, temo que mi gusto pueda aproximarse al oriental).

Si mi polla es eficaz, mi cerebro también, es extraño que en un solo ser se dé tanta perfección: pero es algo que asumo con naturalidad y humildad para no hacer sentir inferiores al resto de mediocres humanos.

La sirena no hablaba, sólo emitía unos molestos chirridos. Olía fuerte, a pescado de días; pero tampoco era algo muy diferente al consabido olor a bacalao de todos los coños humanos.

Ella miraba fijamente mi polla enlucida con esas escamas en 3D y sus pezones estaban duros como los arrecifes coralíneos que se podían observar a través de la cristalina agua.

El follar es un lenguaje universal seas mamífero, pájaro, cerdo o pescadilla, todo el mundo sabe cuando se ha de meter en caliente. Bueno, todo el mundo no: sé de más de cien mil millones de idiotas que no diferencian el coño del agujero del culo.

Pero vamos, al final la interesada es quien les guía la polla al túnel del amor y pueden dejar su apestosa simiente en ese coño indefenso y triste porque todos esos millones de palurdos no saben arrancar ni un segundo de placer a su hembra.

Sólo tienen hijos y se sienten orgullosos no sé porque; yo tendría miles de hijos y no me siento especialmente orgulloso.

De cualquier forma hay mucha incultura, porque no sólo existen los condones para evitar embarazos no deseados. Un buen aborto siempre es una salida elegante. Siempre y cuando no lleves a tu santa a la curandera que vive dos casas más arriba. Porque si ella pilla una infección, tu polla también.

Maravilloso.

Y tras esta reflexión sobre el sexo y la reproducción, me dispuse a metérsela a la sirena.

Me sentía un poco desolado, incluso triste al no ver piernas abiertas, una putada…

Pero bueno, ella levantó un poco la cola y observé aquel agujero fresco.

Soy un hombre con un gran poder de adaptación al medio.

Me acerqué a ella, le pellizqué el pezón y me enseñó los dientes con hostilidad, yo creo que quería que se lo mamara, pero a mí el pescado crudo no me va. El sushi es un alimento incivilizado, bárbaro, barato y nauseabundo.

Oriental para mayor inri.

Y tampoco soy muy tolerante con las extrañas y caprichosas culturas culinarias que no tienen tiempo de pasar el pescado por la sartén aunque sea vuelta y vuelta.

Cuando la penetré, casi se me arruga la picha de lo fría que estaba. Malditos peces de sangre fría…

Luego me recorrió un escalofrío de terror al pensar en las espinas. Pero una vez dentro, yo no me retiro porque soy valiente y lanzado.

Ella profería una especie de jadeo que era un chirrido que lejos de desanimarme me la ponía dura. Me observaba como si de un momento a otro me fuera a volver loco, esperando que así ocurriera. Pero mi poderoso pene, libre de mitomanías y miedos de clásicos cómics, continuó su proceso de redención de la libido y pronto cambió sus espantosos chirridos por un claro y coloquial: “más adentro cabrón”.

Ulises las pasó muy moradas con las sirenas porque no era tan hombre como yo.

En vista de que aprendió a hablar, le metí una sardina de premio en la boca y aquello la llevó a un grito infrahumano de placer. Entre las iguanas todo era confusión y copulaban machos con machos sin ningún tipo de escrúpulo ni de vergüenza.

Pude ver desde la roca en la que me estaba tirando a la sirenita, a un turista ya entrado en años que levantó la falda a su anciana madre mientras ésta se apoyaba en la baranda del barco para vomitar por la belleza de las ballenas y la empaló tan profundamente que a la mujer se le calló la dentadura al mar y un delfín empalmado, de un salto se la puso al alcance de la mano. Y allí se quedó, llorando de alegría con los labios hundidos, la dentadura postiza en una mano y su hijo bien metido en ella.

Aunque llorando no es lo correcto, porque la vieja lanzaba unos gritos más potentes que mi puta sirena.

El incesto es tan solo un convencionalismo y los gritos de placer de la vieja madre, así lo demuestran.

A veces la naturaleza entra en armonía y todos los seres de todos los lugares se sincronizan para el precioso apareamiento.

Y ahí me desperté, como estaba muy excitado y el condón bien colocado, llamé a mi santa que estaba en la cocina preparándome la cena, que recién había llegado de trabajar.

-Chúpamela que estoy a punto.

-Cariño, tengo tus vol-au-vent a punto de salir del horno.

-Bueno, si se estropean me haces otros luego; pero ahora te necesito.

Cuando se arrodilló, ante mi pene, le pedí a mi hijo que estaba sentado a mi diestra, que bajara el volumen del televisor.

-Iconoclastito, baja ahora mismo el volumen.

-¿Y por qué no te la chupa en vuestra habitación?

-No me contestes. Mari: dile a tu hijo que no nos conteste.

-¡Nof cofteftef a tuf fadrez o de barto la cara, cabrfón” -contestó ella con su boca llena de mí.

Iconoclastito lanzó una carcajada, mi mujer se contagió y con ello le dio masaje extra a mi glande provocando que eyaculara al instante, llevado también por una risa tonta.

Los vol-au-vent olían a quemado; pero nosotros reíamos felices y yo estiraba el condón lleno de semen amenazando con dar a mi hijo o a mi santa. Al final se escapó y todos reímos felices con la cara llena de semen.

Una vez pasada la euforia, mandé a mi mujer a la cocina y a mi hijo a que se sentara en el suelo porque yo necesitaba el sillón para dormir hasta que me sirvieran la comida.

Por muchos documentales que veamos, no hay nada comparable con la familia.

Ni Costeau, ni National Geograpic. Solo consiguen repetirse hasta el aburrimiento.

Hay que follar más y ver menos tele.

Buen sexo.

Iconoclasta

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Papel higiénico, una odisea en México D.F.

Publicado: 18 noviembre, 2010 en Humor
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La vida es muy puta, a veces no sabes lo que te puede ocurrir.

No puedes pretender tenerlo todo controlado.

Y menos si tu esposa es una reina a veces caprichuda y otras berrinchuda como bien le gusta definirse a si misma.

Esta es la historia de una angustia, de un inesperado momento de tremenda tensión. Cuando tus fantasías sexuales se ven de golpe amenazadas por algo tan extraño y a la vez tan simple, te cuestionas inmediatamente si vale la pena seguir viviendo en estado sereno.

Estaba yo pensando en darle «al que te pego» mientras mi entonces novia hacía sus necesidades en el baño de la habitación de un hotel cuyo nombre y que con el paso del día se convertiría en fuente de confusión. Pero esto es un poco más adelante, no es importante comparado con el batido de cacao mental que mi reina hizo con mis meninges.

Estaba yo acomodándome los cojones debidamente para el rito nupcial, cuando ella, con su voz dulce y hermosa dice: «Qué lejos han puesto el papel higiénico».

Te puedes esperar oír un pedo, puedes esperar el chapoteo de los coprolitos al estrellarse contra el agua del inodoro. Pero aquella frase me hizo sudar y comprendí que sería difícil mantener ayuntamiento carnal con la maciza de mi novia.

Yo no soy exigente y si tengo que estirar los dedos un poquito para coger papel, no me lamento.

No hay nada como estar junto a quien amas en los momentos más íntimos para conocer la verdadera faz de la soberbia.

Yo pensé que lo próximo que diría sería algo así como: «Menuda mierda de hotel has ido a reservar». O peor aún:»Ve a recepción y que instalen el portarrollos donde debe estar». Yo sólo pensaba que el mejor sitio del portarrollos para mi reina, sería en una atmósfera cero, donde flotara continuamente muy cerca de ella. Casi rozando sus dedos para que lo tuviera casi íntimamente cerca. No hay una ingeniería suficientemente avanzada como para hacer eso.

También en ese mismo instante pensé en ofrecerle mis propios servicios para alcanzarle el papel, llamar a recepción para que subiera un botones con un rollo en la mano y además, mi poderoso cerebro ya estaba imaginando la distancia y posición en la que mi novia debía tener el papel higiénico en el baño de su casa. Hice planos mentales; pero no conseguía concentrarme, tenía ganas de follar. Muchas.

Tal vez, tenía a su disposición un enano o un mono amaestrado que le trajera el trozo de papel sin que ella tuviera que inclinarse ni a un lado ni a otro. Ni arriba ni abajo.

¿Cómo iba a imaginar nadie que podría salir algo mal por un accesorio del baño?

Acto seguido, la oí resoplar, como si realizara un gran estiramiento y las costillas presionaran los pulmones forzando así la respiración.

Yo pensé en alguna hernia discal, en un exceso de celo limpiándose e incluso que estaba estreñida. Cuando estás confuso, piensas en mil cosas diferentes.

Cuando salió debidamente satisfecha, parecía incluso cansada.

­-Nunca había visto que se colocara el papel bajo el lavabo -insistió.

Yo pensé que aquella insistencia era por la simple maldad de mortificarme y hacerme sentir mal por no haber reservado habitación en un hotel de diez mil estrellas. Es caprichosa mi reina.

Miré adentro del baño, con los ojos fuera de las órbitas, como haría un caracol asustado, pero no pude encontrar esa tremenda distancia que había provocado su comentario.

Poco duró ese momento de angustia, porque enseguida la abracé y le saqué el tanga que se había puesto hacía unos instantes. Respondió con delicia y ternura. Le susurré unas cuantas veces «puta» al oído, y se me derramó en la boca y en los dedos. No somos de esas parejas que están viendo todo el santo día pajaritos azules a su alrededor portando florecitas en sus patas. Nos amamos en alma y carne.

Carne… Me gusta su carne porque cuando la acaricias te olvidas de la situación del portarrollos del baño y…

Ya estaba divagando de nuevo, menos mal que no me ha oído escribir esto, de lo contrario se pone ante mí con cualquier prenda que pille al vuelo y se pone a doblarla mirándome el alma con sus profundos ojos y diciéndome así: «Calla de una vez, corazón».

Como iba diciendo, cuando acabamos de darle «al que te pego», la miré de reojo, con un poco de desconfianza pensando en el papel higiénico. Me fijé bien en su anatomía: su cuerpo era perfecto, sus brazos largos y estilizados, sus caderas perfectas. Su vientre… Bueno su vientre ahora estaba precioso aunque resbaladizo de mi semen y saliva. No soy un hombre delicado y ella no quiere que lo sea. Y pensé que en medio de toda esa perfección, se le podía pasar por alto su muestra de soberbia por algo tan banal como el papel higiénico.

Me dormí como una marmota con la polla aún latiendo y mi cerebro concluyó que lo del papel se debió a un lógico fallo de los nervios ante la carga sexual de aquel momento.

Al día siguiente, despertándola y soportando sus patadas (no tiene un dulce despertar e incluso creo que por alguna razón desconocida me odia, cosa que me pone), llegó el turno de ir al lavabo.

Yo ya no pensaba en el papel higiénico, sólo fumaba y acariciaba mi pene porque mi novia me tiene caliente todo el día.

-¡Pero si está aquí el papel!

Me tragué el cigarro lleno de confusión y temí que me esperaría un largo día. Que el papel del culo estuviera lejos, pase; pero que encima caminara alegremente por el baño, me hacía pensar seriamente en la estabilidad mental de mi futura esposa.

-¡Mierda! -mascullé escupiendo la ceniza y el tabaco.

-¿No te habrá dado los buenos días, verdad cielo? -le pregunté intentando integrarme con naturalidad en su mente.

-Es que lo tapaba lo toalla… Y yo creyendo que eran los papeles de debajo del lavabo. Ya me parecía que era muy fino eso de limpiarse el culo con kleenex.

Yo pensé que no era cómodo, el kleenex es demasiado suave, no «arrastra» y por otra parte es tan delicado que acabas traspasando el papel y te limpias directamente el culo con los dedos. Me ha pasado.

Entonces lo comprendí todo y respiré aliviado, todo se debía a una pequeña deficiencia óptica.

La amé con más fuerza y acto seguido me doblé como un yogui riendo sin pudor alguno.

A partir de aquel momento, cada vez que entraba en el lavabo para mear, cagar o masturbarme, me reía y como resultado, o bien me meaba fuera de la taza por culpa del movimiento de la risa o bien cagaba con más prisa por el esfuerzo.

Lavarme los dientes imaginando a mi novia estirarse hacia el servidor de toallitas del lavabo, me hacía parecer un perro rabioso. La pica estaba siempre llena de espumarajos expulsados entre carcajadas. Ya no recuerdo si follé mucho, pero reí lo que en mi vida había reído. Ella también, pero ya empezaba a mirarme de forma hostil, amenazándome que si mis risas continuaban, me iba a follar con mi madre.

La amo, pero tiene esa soberbia… Es tan soberbia que me excita como unos cascabeles en el cuello del Diablo de Tasmania.

Hasta los pecados capitales en ella se convierten en virtudes.

Y aquí no acaba todo, aún quedan más cosas que de tan absurdas, eróticas y divertidas, uno se podría esperar ver a Buñuel discutiendo alguna escena con Dalí mientras filman El perro andaluz.

Larga vida a la Reina.

Buen sexo.

Iconoclasta

(Basado en hechos reales, aunque nadie se lo crea)

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Estoy seguro de que si muero soñando algo bello, viviré ese sueño eternamente, es decir: los minutos o segundos que tarde el cerebro en consumir el oxígeno que le queda tras la parada cardíaca, convertirían ese sueño en una deliciosa eternidad.

Y así habré disfrutado de una dulce, apacible y envidiable muerte.

Claro… Y las cabras leen a Marx y a Kierkegaard con gafas.

Sólo un idiota sin cerebro podría morir feliz cuando el corazón se para y los pulmones luchan como cabrones por coger el bendito aire. Un aire que casualmente, en ese preciso instante, se ha retirado un par de metros lejos de la boca y la nariz.

Es de risa, estamos rodeados de apestoso aire toda la vida y cuando lo necesitamos de verdad, se arrincona en un lugar y no se deja respirar.

Ya estaba divagando de nuevo, el sexo me apasiona y me pierdo por retorcidos vericuetos de mi analítica mente.

En definitiva, no hay muerte dulce. El que ha muerto en la cama ha sufrido muchísimo eternizando así su agonía; sin poder abrir los ojos, ni pedir auxilio. Plenamente consciente de que la palmaba solo como un perro.

Decir con el cadáver presente que el individuo ha muerto en paz es alevosa hipocresía y alevosa cobardía. Nada de lo que sentirse orgullosos.

No hay que ser muy listo para darse cuenta de ello. Podéis ser todo lo cobardes e hipócritas que queráis respecto a la muerte; pero taparos la nariz y la boca y aguantad sin respirar todo lo que podáis y luego me decís lo felices que habéis sido.

Si es que sois como críos, esto es una lección de Barrio Sésamo.

Que lo hagáis para prolongar un orgasmo, me parece bien. Pero eso sería confundir la velocidad con el tocino (bacon para los sajones).

Observando detenidamente el cadáver del que ha muerto «dulcemente», veo sus dedos crispados, como si retuviera con ahínco un billete de veinte euros del que no quiere desprenderse, y alguna uña levantada (el de la funeraria no ha hecho un buen trabajo), la lengua mordida, las mandíbulas tan contraídas que hay piezas dentales rotas asomando entre sus labios y las costillas hundidas. Todo esto lleva a concluir que si el finado ha tenido una muerte feliz, yo soy Blancanitos rodeado por los siete enanieves.

Yo me parezco a un muerto así, después de que mi mujer (maciza y divina ella), me ha hecho una paja con ese brío que le da al puño y a la lengua. Pero tampoco es lo mismo.

El del ataúd no ha tenido mi suerte. No ha chillado como un cochino tras un cremoso final feliz.

Ni de coña.

Conozco a su mujer que es mi tía, y a ese no le han tocado el rabo otros dedos más que los suyos en veinte años.

Joder… Si uno se despierta hasta por el zumbido de una mosca. ¿Cómo no se va a enterar de que no puede coger aire?

¿De verdad os creéis esa falacia de la muerte tranquila y apacible?

¿Cómo no se va a enterar de que el corazón se le ha partido en dos y sus pulmones se están anegando de sangre?

No quiero desanimar a nadie ni dar malos rollos; pero del que dicen que ha muerto «apaciblemente», puede deberse a:

1: es mentira.

2: se ha chutado tanto jaco en vena, que en sus pupilas dilatadas aún flotan elefantes rosas con topitos azules, como en una lámpara de bebé.

La cobardía no es una virtud, y cuando se es cobarde hasta para pensar, la mezquindad os hace insoportables, chavales.

Como la de mis ex­­-suegros y mi ex-mujer…

Hablando de ellos, os diré que si un día muero «apaciblemente», se encargarán de decir a los cuatro vientos que es mentira y sufrí más que Amundsen para encenderse un cigarro en el Polo Sur.

Yo también les deseo una apacible muerte.

Además… ¿Quién quiere una muerte apacible? Se debe morir luchando y sufriendo.

¡A ver! Que dé un paso al frente el que odie la muerte dulce de un cerebro paralítico.

A la mierda, menuda valentía.

Tanto hablar y demostrar para nada.

Margaritas a los cerdos.

Podríamos ponerles borlas a las mortajas y ni aún así sacaríamos un ápice de alegría del muerto.

Ni hay alegría, ni los muertos estén guapos. Su piel da grima tanto por el color de cera, como la textura fofa. Y no hablemos de su rigidez, secos como la mojama.

No hay muerte plácida: vamos a repetir todos juntos y luego pasamos a la canción del cinco que en el culo te la hinco.

No quisiera ser se pájaro de mal agüero (la verdad es que me atrae la idea); pero si la muerte os pilla en la cama, de sufrir los minutos más embarazosos de vuestra vida no os libra nadie.

Siempre será mejor la violencia de un tiro o un degollamiento. ¡Dónde vas a parar!

¿RIP? Y una mierda.

No seais chochos.

Buen sexo.

Iconoclasta

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Yo Cupido

Publicado: 5 julio, 2010 en Humor

¡Hola!

Soy Cupido. Y la verdad, no es que sea algo como para tirar cohetes multicolores en forma de pene que estallan con crakeling en la palmera plateada final que metaforiza una eyaculación.

Mi trabajo es fácil, lo hago bien y a veces me siento lleno. Como todo hijo de vecino.

Salvo por el detalle por el que me suelen representar.

Los pintores y dibujantes han sido unos hijos de puta toda la vida: siempre me han dibujado como un bebé rollizo, con mi sonrosado culito al aire. Le dan mejor color a mi culo que a mi cara. Casi nunca se muestra mi pene (como si no tuviera o bien lo llevara metido en la raja del culo), o en el mejor de los casos, me dibujan una patética picha que sólo causa ternura en las mujeres y una sonrisilla imbécil en los machos, que piensan que prefieren ser víctimas del amor que arqueros, y que no quieren un pene tan tonto e inocuo como el mío ni que vivan mil años.

¡Mal! Tengo un pene monstruoso y un poblado pubis. Siempre dejo perdido de pelos de polla el inodoro. Y el culo lo tengo lleno de pelarros y granos. Lo único sonrojado es mi pijo.

¡Gilipollas!

Pero no tengo Cupida.

Yo no vivo sólo de la satisfacción de los enamorados. No soy el tonto de San José que se sonreía como un deficiente mental cuando María gemía lujuriosa en brazos del Espíritu Santo. Hay que ser hipócrita para afirmar que María era virgen después de saber como la trató el sagrado ente.

Aquello sí que era un falo que deprimiría a la más ilustre polla de la industria de la pornografía.

Recuerdo el ruido que hacían los testículos del palomo contra la mesa de madera donde se beneficiaba a María.

Aún me la pelo evocando los gritos y jadeos de la susodicha beata.

Y San José, mientras tanto, dale que te pego al cepillo en plan autista.

Aquello era de lo más absurdo.

Pero está visto que en casa del herrero, cuchillo de palo. Y yo voy más salido que mis alas. Y no son esas ridículas alas de pollo que me pintan. Mis alas son enormes del carajo.

Mi pene, mis testículos y mis alas, tienen la proporción áurea. Sólo que los pintores son unos envidiosos de la hostia.

Para lo que me sirven…

No hay nadie que me lance una flecha y me dé una compañera. Llevo una eternidad pagando para poder tener ayuntamiento con hembra. Las putas pasan de flechas y me señalan el lavabo cuando les guiño un ojo intentando conquistarlas.

Y de ahí mi venganza. Yo también soy rencoroso y perverso.

Muchos que comentan que hoy en día hay más maricas y tortilleras que en ninguna otra época, tienen razón.

Seré bondadoso, pero mi paciencia tiene un límite.

Hoy es un día de esos que no estoy de buen humor, por decir poco, por decir lo mínimo.

Cuando llega el calor, toda/os los idiotas se van a la playa y se ponen cachondos mirando los cuerpos casi desnudos. Cosa que me toca los huevos porque tengo que trabajar a pleno sol, lo que me obliga a aplicar en mi delicada piel crema protectora de factor dos mil setecientos. Y así se me resbalan las flechas entre los dedos y me convierto en el hazmerreír de los dioses.

Acabo de enamorar a una tía con una pierna ortopédica y a un chulo de playa cargado de cadenas de oro, gafas de Elvis y tanga rojo ajustado hasta el asco. Yo quería disparar al parapléjico que estaba un poco más allá para que se sintieran en mayor armonía esos dos tullidos seres. Esta crema es una mierda.

El muy cabrón del chulo, encelado perdido, ya le ha arrancado la pata de plástico y se la quiere beneficiar en plan cómodo, de pie y por un lado. Ella se queja pero aparta el muñón la muy rijosa y se sujeta a la sombrilla mientras se deja embestir.

Unos niños con la boca manchada de arena y crema de cacao los miran con interés.

Así de fácil es enamorar.

El amor es ciego y yo estoy hasta mis rizos púbicos de tanto flechazo al sol.

Y me está poniendo cachondo la manca, hay que ver como guardan el equilibrio los tullidos cuando se trata de follar. Y que comodidad sin la pierna…

Mi pene está listo para la acción y ya no aguanto más, necesito aligerar los testículos porque me cuesta volar.

El año pasado por estas fechas, estaba tan empalmado como hoy y localicé entre toda la borregada que había en la arena a una maciza en topless, tomando el sol con las piernas abiertas. Muy abiertas.

Su novio estaba en la orilla ligando con una mulata que tenía más tetas que cerebro y más culo que tetas. Era más puta que las gallinas de Jericó que aprendieron a nadar para chingarse a los patos. Lo llevaba escrito en la frente con un rótulo de neón del tamaño de un rinoceronte. Pero leer es algo que no se le da muy bien a mucha peña.

Así que a la desatendida maciza le aparté un poco la braguita del biquini después de haberle pegado un buen flechazo en su minúsculo cerebro, cosa que la sumió en un erótico sueño.

Me la tiré con ganas, flotando encima, agitando mis alas rápidamente como un colibrí. Recuerdo haber pensado lo molestas que eran las piernas (la suerte que ha tenido el chulo que se está tirando a la tullida ahora mismo).

Como resultado de aquello, la chica quedó impactada por su sueño y le buscaba alas a su novio. También buscaba el miembro que la llenó y la elevó a la cúpula del placer. Pero claro, el novio no daba la talla y de volar, ni batiendo las orejas a quince mil revoluciones por minuto.

La maciza entró en un estado de ansiedad que la llevó a un tratamiento de seis meses con ansiolíticos y a su novio a una clínica para agrandar el pene si no quería perderla.

Cuarenta grados a la sombra y yo aquí sudando y sin Cupida.

Me limpio bien las manos con arena para evitar que me resbale la flecha, tenso el arco y suelto la flecha que impacta en el corazoncito de un gay que toma el sol con una gorra alemana de cuero negro. Se levanta con su tanga, también de cuero negro y se acerca al patriarca gitano que preside una de esas tiendas que tanto les gusta hacer con toallas y palos de sombrilla robados. El gitano, clase ni tiene ni la ha conocido en toda su vida, su reloj de oro es más falso que un billete del monopoly. La uña larga de su meñique con la que se escarba la nariz y el culo alternativamente, provocan cierto vómito en mi candorosa alma. Y su sombrero negro tiene más mierda que el palo de un gallinero. Eso sí, tiene muchos hijos, muchos churumbeles.

Le pego un buen flechazo que le impacta en su vieja barriga y automáticamente recibe al gay duro con unos besitos en los labios.

Las gitanas lo miran alucinadas, pero tienen que atender a sus hijos que están robando todo lo que encuentran en la playa si no quieren acabar en el trullo en menos de media hora.

Gitano y gay duro, se dirigen al cercano hotel Culo’s and Loca’s bien pertrechados con una caja de condones extra-fuertes y un par de tubos de vaselina.

A la puta mierda el amor. Y este calor de las narices.

Voy a ver si hago un par de lesbianas y me largo a echarme una siesta en las mazmorras del Coliseo.

Otra jornada más a la mierda y yo sin Cupida.

Seguro que la culpa la tienen esos malditos pintores con la estúpida imagen que han creado de mí.

Mañana buscaré un buen pintor para que me retrate en acción con la Janine del puticlub de la carretera de Matalascabras a Despeñachanchas, que es muy exótica y refinada. Y que me dibuje el rabo en todo su esplendor de una puta vez, coño.

Iconoclasta

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¿Quién podría imaginar que la industria del follar precisara ir al espacio para el diseño de unos simples condones?

Yo no, no soy tan idiota como esos investigadores de lo absurdo e inútil.

Acabo de regresar de la estación espacial anglo-germana-hispano-rumana Lechazo I.

La industria de los profilácticos sexuales está tan cargada de tonterías e idioteces como la de los detergentes para las mujeres y sus lavadoras.

Porque me parece (y "me parece" es un forma de ser amable y dar una oportunidad a esos idiotas), que si el semen flota o los condones son más ligeros, es algo que no tiene aplicación alguna.

A mí me va essssstupendo porque me pagan una pasta gansa en dietas extra planetarias; pero ni de coña me voy a convencer de que tiene alguna utilidad. Si acaso, sólo como excusa para subir el precio de las gomas.

Pero aún así, es una idiotez: existe la mentira para hacer uso de ella y se ganaría más dinero si yo me quedara en la tierra follándome a la hija del consejero delegado y que los de publicidad escribieran la mentira para excusar el alto precio de los condones: "Nuestros productos han sido especialmente diseñados y ensayados en el espacio bajo rigurosos controles de calidad científicos". Yo lo escribiría, al fin y al cabo, cuando te pones un condón no es para disfrutar de la literatura y menos de la que luce la caja. Ser empresario no libra a nadie de ser idiota, les pasa a los empresarios como a los obreros, que son idiotas en mayor o menor grado.

Así que allí me encontraba yo: flotando en la estación espacial, sin ser necesario.

Había un tufillo académico un tanto hostil, la tripulación estaba formada por ingenieros, doctores, biólogos y hasta el que limpiaba los tubos de cagar de los trajes espaciales, tenía un doctorado en mierda. Les costó un huevo darme la mano, y cuando les dije que era probador de condones, me miraron el paquete pollal buscando una explicación evidente a mi afortunado trabajo. Algo que evidenciara el porque me ganaba la vida de forma tan bohemia.

Se presentaron uno a uno presumiendo de su currículum académico, y mientras soltaban su parrafada de títulos, yo buscaba el tabaco que me habían quitado antes de subir a la lanzadera.

-Yo me llamo Iconoclasta y puedo dar ayuntamiento carnal hasta doce veces al día, más otras cuatro por placer. No tengo títulos; pero mi pene es la prueba viva de que poseo también una excelencia y que fui bendecido por ella. Y si queréis os regalo un llavero a escala 1:10 de mi polla, que es el regalo promocional de mi empresa, lo podéis usar para seguir vuestros complicados cálculos o como punto de lectura. Y para metéroslo en el culo.

Tampoco eran la hostia puta de inteligentes, no se habían enterado de una mierda de todo lo que dije, salvo de "polla", parece que junto con "coño" se conoce en todos los idiomas.

Normalmente no soy tan borde, pero aquellos ingleses y alemanes, no me caían bien. Al rumano ni lo miré, era el que limpiaba los tubos excrementicios de los trajes y me daba asco por razones obvias.

También me endosaron como ayudante de los ensayos a una maciza contratada especialmente para este tipo de pruebas. Mis compañeros de la fábrica se reían con cierta perversidad cuando me la presentaba el director de la fábrica.

Se llamaba Pandora, que no sé que coño significa; pero me dio muy mal rollo porque hacía babear a la tripulación que reían simpáticos pronunciando su nombre y mirando sus enormes tetas con indisimulada curiosidad no científica, mientras jugueteaban con la cremallera de su traje y hacían sonidos extraños de explosiones.

Da igual que seas científico, filósofo o papa de Roma, al final, ante unas buenas tetas, todos los humanos machos descienden cuatro o cinco escalones en la escala evolutiva.

Mi cultura a veces raya la sabiduría gracias a los documentales televisivos de naturaleza en la sobremesa de National Geographic. No hay nada como hacerte una paja y que entres en la fase rem del sopor pajillero contemplando a un hipopótamo nadar grácilmente en el río Kikicicococuctucocagán.

O algo parecido.

Nuestro reducido departamento de ensayos era un cuartucho acolchado en rojo para que nos pareciera un burdel, con un banco de acero inoxidable fijado al suelo y una almohadilla para que Pandora se sintiera cómoda durante la prueba de esta edición de lotes ingeniosamente bautizada por el departamento de publicidad como: Polvo Orbital Lácteo: Guerra de orgasmos.

Nos habían aconsejado, que debido a la nula gravedad de la estación, Pandora se sujetara al banco de pruebas con unos cinturones de seguridad para evitar accidentes cuando la embistiera.

Tiene su lógica, a veces los idiotas tienen algún arranque de genialidad.

– ¿Qué tienes de especial para haber sido elegida para esta misión? -le pregunté abriendo ya la primera caja del lote.

-Me da vergüenza decirlo, Ico -dijo con un simpático rubor de mejillas.

Con los dedos haciendo estiramientos de los labios vaginales para calentar el coño.

Estaba buena que te cagas.

– ¿Me estás mostrando las muelas del juicio a través de tu chocho y te da vergüenza decirme por qué te eligieron?

Se bajó la cremallera del traje y dejó salir sus dos enormes tetas coronadas por dos morenos pezones que parecían de chocolate. Mi pene respondió con violencia y el glande golpeó la caja de condones que tenía en las manos y la lanzó contra la pared y de esta rebotó a la de enfrente y de enfrente a un lado y al otro y al otro y al…

Y me quedé viendo evolucionar la caja de la misma forma que observo atentamente como gira la pizza en el microondas. Pensando en cosas de complicados cálculos cosmológicos… Hasta que se metió los dedos en la boca, los embadurnó generosamente con su saliva y se mojó los pezones que respondieron con dureza instantánea. La caja me golpeó irritantemente suave en la frente y la cogí sujetándola bien por encima de mi pene que ante aquella nula gravedad, las venas lucían como gruesos cables de acero enviando la sangre de forma enérgica y violenta a todo el cavernoso músculo.

Luego se untó con generosidad la vulva y el tono brillante que adquirió, me hizo babear notoriamente.

Yo ya había hidratado mi pene y el condón casi había caído cubriéndolo de lustroso y terso que me había quedado el pellejo.

-Verás, Ico. Tengo un pequeño problema de nervios: cuando algo me aburre, mi vientre se suelta y me tiro pedos.

– ¿Cómo? ¿Así?

Acto seguido, me tiré uno bueno, con tanto entusiasmo que temí que se me hubiera escapado algo. Los científicos que nos miraban a través de la mirilla de la puerta del departamento, empalidecieron y se apresuraron a bajar el volumen de sonido.

Yo diría que alguno escupió al suelo con asco; como si se hubiera tragado un pelo de mi culo que salió despedido por la fuerza de mis gases.

Me sentí catapultado adelante por la fuerza propulsora de mi propio pedo y frené apoyando mi glande en el coño de Pandora. Abrió la boca en un gemido a la espera de que entrara del todo; me retuve para recuperar el equilibrio.

Se reía con una gracia… Le hubiera follado la boca en lugar del coño. Deliciosa.

– ¿Y eso te da vergüenza? ¿Y cómo sabré que te aburro? No quiero salir despedido al espacio.

Se rió de buena gana acariciando distraídamente mi glande enfundado en el metalizado y dorado condón.

-Seguro que no me aburres, mi astronauta.

Entonces embestí con fuerza. Me pasé y soltó un gritito de dolor, follar en gravedad cero es como super-follar y todo adquiere una rapidez y una profundidad enriquecedoras. Épicas, que diría un académico de la lengua.

Y que fácil… Así en cámara lenta: mete y saca mete y saca…

A veces me entra la vena poética.

Los científicos, recuperados de mi pedo, se agolpaban en la mirilla de la puerta y sus ojos no tenían nada de sabios. Yo diría que se le estaban pelando, pero hablando con propiedad, se estaban haciendo una paja a juzgar por el continuo golpeteo en la puerta.

El condón parecía resistir bien el veloz trabajo de rozamiento en tales condiciones de gravedad.

– ¡Puta! Me voy a correr.

Siempre me ataca el romanticismo cuando el semen está a punto de salir.

El condón pareció desintegrarse en la última y más vigorosa embestida antes de penetrarla de nuevo.

Una hermosa y vistosa gota se quedó flotando en el aire para formar una hermosa bola blanca. Era mágico.

Y sentí calor.

Así que abrí la puerta para ventilar el cuartucho y los tres científicos aparecieron ante nosotros medio encogidos con sus penes asomando por la bragueta de los espaciales pantalones.

-Tranquila Pandora, que acabo con la boca. Júrame que no te tirarás un pedo.

Se río con ganas y se tiró un pedo con alegría.

Tuve reflejos para asirme a la mesa y dejé que el metano agitara mis cabellos. Con la otra mano hacía pinza en la nariz.

Pero aquella ventosidad no había hecho más que desencadenar un hecho sino trágico, al menos terrorífico para la tripulación.

La bola de semen que flotaba fue empujada por los vientos fétidos que lanzó Pandora (aún me sigo preguntando por ese extraño nombre) y aceleró de cero a mil doscientos en apenas un milisegundo.

La bola iba hacia los científicos que dijeron "¡Oh dios mío!" en inglés, francés, rumano, italiano, esperanto y suajili. Incluso me pareció entender algo en cantonés, cosa extraña porque faltaban idiotas para tantos idiomas.

Se pusieron histéricos y ni siquiera se guardaron las pollas cuando vieron que la pelota iba directamente hacia ellos.

Gritaban histéricos, se agarraban los unos a los otros para adelantarse, y gritaban cosas como "¡Mamá! ¡Qué asco! ¡Corred que eso se seca y luego queda duro en la ropa! ¿Alguien tiene una mascarilla? ¡Cerrad la boca por lo que más queráis!"

Todo esto era pronunciado en tal algarabía de idiomas, que parecía la estación espacial Babel.

Me hizo cierta gracia esa cobardía. A veces me masajeo la cara con mi propia leche como bálsamo tras el afeitado. Huele mal, pero me deja una piel preciosa y tal vez por eso, en lugar de besarme las mejillas, mis compañeras de trabajo me las lamen. Me postré frente a las piernas abiertas de Pandora y lamí su coño sin hacer caso al follón de gritos y carreras que hacía la tripulación. No cesaron de gritar y corretear durante los cinco minutos que tardé en hacer que se corriera la bella Pandora, unas seis veces.

Cada vez que esa belleza se corría, me decía: "Hijo puta, hijo puta…"

Me enamoré de ella y desde ese momento mi mujer se hizo cornuda a miles de miles de kilómetros de distancia.

Menuda energía la de Pandora. Los super-pedos en el espacio son super-mega-pedos. Y la leche se extiende por el espacio-tiempo voluptuosa y veleidosa buscando una piel, una boca o unos ojos donde descansar. Mis pequeños iconoclastitos buscando descanso… Un útero en el frío cosmos…

El espacio es inspirador.

Pandora tenía el coño tan empapado, que un denso y brillante hilo de baba y fluido se desprendía desde la mesa al suelo.

Y cuando me estaba encendiendo un cigarro de un paquete que me guardé en los cojones previendo que me los confiscarían, se escuchó un grito desgarrador.

– ¡Arghhhhhhhhhhhh!

Era un grito de asco en alemán. Corrí hacia ellos sin acordarme de meter el falo en el pantalón, Pandora se liberó del arnés y me siguió con sus enormes tetas flotando en cámara lenta.

Cuando el inglés y el rumano me vieron correr hacia ellos con el rabo enhiesto, aplastaron contra la pared sus culos mirándome con los ojos llenos de pánico.

– ¿Qué ha pasado?

El alemán se encontraba de rodillas en el suelo doblado sobre su propio estómago.

-Se lo dijimos: cierra la boca, cierra la boca… Dios mío… -lloraba en inglés el inglés, sacudiendo la cabeza arriba y abajo mecánicamente.

Había llegado al límite de la cordura aquel hombre.

Puse una mano en el hombro del cabeza cuadrada y como si fuera el mismísimo Jesucristo le consolé.

-Vamos amigo, eso no es nada, déjame ver. Vamos, tranquilo.

Alzó su cara hacia a mí.

La verdad, era mi propio semen; pero no era una estampa agradable. De las pestañas le colgaban dos pequeñas gotas blancas que le enturbiaban la visión. De la punta de su nariz pendía un moco perfectamente redondo y la comisura de sus labios estaba impregnada de semen.

Su traje espacial estaba lleno de restos de pollo y arroz deshidratado. El hedor era insoportable.

Así que me sentí samaritano y le limpié la cara con mis calzoncillos, que llevaba en la mano, porque de allí había sacado el tabaco.

No fue perfecto porque le quedó un vello rizado enganchado en la mejilla, pero por lo menos ya podía respirar sin temor a tragarse otro chupito leche.

La cosa mejoró cuando fijó su mirada en los enormes pezones de Pandora.

Le di unas palmadas en la espalda y lo ayudé a incorporarse.

– ¿Por qué no le acompañáis a la ducha para que se lave? No lo dejéis solo en estos momentos.

Sus compañeros miraban mi polla ahora dura de nuevo con desconfianza cuántica.

-Y nosotros vamos a seguir con lo nuestro que aún quedan diez lotes que probar antes de que nos vengan a recoger dentro de de tres días.

Pandora se postró ante mí, cogió sus enormes tetas entre sus manos y me hizo una paja con ellas. Eso no era trabajo, era jodienda pura y dura.

La ayudé a manejar las tetas para que se acariciara el clítoris, que asomaba tímido pero muy duro entre sus dedos. Resbaladizo y poderoso como una enana blanca.

Decidí hacerme el macho en aquella nula gravedad. La levanté en brazos y sujetándola por las nalgas, le comí el coño hasta que sentí como se corría en mi boca.

Mi pene cabeceaba en la ingravidez y otra lefa quedó flotando cual nívea medusa en el aséptico (hasta hacía unos minutos) clima de la estación espacial.

Cuando se corrió gritó de nuevo cariñosamente: "Hijo puta, hijo puta" y yo le contesté: "Mi puta, mi puta", nos dirigimos a nuestro departamento a seguir trabajafollando sin descanso.

Yo no estaba presente; pero gracias a las cintas de video, pude ver durante la cena lo que aconteció durante nuestra jornada laboral.

El rumano se encontraba en la cocina preparándose un sobre de polvos de lechón al horno y unas cuantas patatas fritas en brick espacial sin darse cuenta de que la bola de leche que había quedado suspendida en el aire, se acercaba a él.

Y lo que son las coincidencias de la vida, al aburrido astronauta le dio por dejar en el aire un chorro de yogur líquido para luego tragárselo como si fuera un caramelo. Como esas viejas demostraciones que hacían los astronautas en los documentales televisivos para que los ignorantes televidentes se sintieran profundamente emocionados por tal derroche tecnológico. Miles de millones de dólares para que un idiota se tomara un vaso de leche como si comiera un bombón flotando.

¿No es cierto que algo está fallando en la evolución de la humanidad? Nace cualquier cosa.

En definitiva, la bola de semen avanzó hasta colocarse al lado de la de yogur. Si eres inteligente; lo más probable es que tu semen lo sea también.

El rumano, miró con total ausencia de inteligencia las dos bolas volubles y trémulas que se agitaban ante sus ojos y le echó un vistazo a la botella de yogur que tenía en la mano. En su frente se iluminó en letras de neón: "¿Habré dejado escapar dos tragos en lugar de uno?".

Ni corto ni perezoso, abrió la boca como un pez que come tranquilamente entre los arrecifes coralinos y se tragó una de las bolas. Cerró los ojos con cierto placer y se relamió.

Si no hubiera sido tan glotón…

Abrió de nuevo la boca y se tragó la segunda. Los ojos que estaban cerrados ante el placer del dulce manjar se abrieron como platos. La textura, no es la misma y el rumano no debía ser trigo limpio porque se dio cuenta demasiado pronto de que se estaba tragando una mamada ya fría. Aquel tío era un profesional.

Y parece que tienen el estómago muy delicado los astronautas, porque vomitó como una fuente.

Y todo aquello quedó flotando en el aire.

Alarmados ante el rugido a cloaca rumana, el alemán y el francés acudieron a la cocina y al entrar, sus rostros se toparon con la papilla.

Como en la canción del elefante que se balanceaba en la tela de araña y llamó a otro elefante que se empezó a balancear también, ellos también lo hicieron, me refiero a vomitar.

Se puso en marcha el dispositivo de emergencia porque los filtros purificadores de aire se obturaron. Se quedaron encerrados y aislados en la cocina hasta que se tragaron todo lo que flotaba y el aire quedó razonablemente limpio.

Más tarde, cuando mi bella Pandora y yo acudimos a la cocina, los encontramos sentados en silencio. Nos miraban con un odio atroz mientras cenábamos y mirábamos con una amplia sonrisa el video de los hechos. Ahora comprendo lo dura que debía resultar la convivencia entre los antiguos marineros que tenían que soportarse meses y meses a lo largo de una travesía sin fin.

Pero no pensaba que en el espacio ocurriera tan rápido. Aunque si las velocidades son mayores, es lógico que el hastío también sea más veloz en presentarse.

Ni lo sé ni me importa.

Pandora, con sus felinos ojos negros brillando aún de lujuria y ante el deprimente espectáculo dijo:

– ¡Por Dios, qué muermo de gente! Aburren a las ovejas.

Y ni corto ni perezoso se tiró uno bueno.

Los científicos ya no gritaron, lloraron de forma queda directamente y yo le di una palmada en el culo a mi diosa. Me encendí un cigarro y prendió una ligera llamarada que nos chamuscó a todos el pelo y el sistema anti-incendios se puso en marcha dejando ir una gélida neblina helada.

-Pues ya sólo falta que granice mierda -dijo el alemán en alemán.

Los científicos furiosos, nos apresaron, nos encerraron en nuestro departamento de folleteo y nos lanzaron al espacio rumbo a La Tierra.

Son unos idiotas intolerantes los cientifistas todos.

Los odio.

Cuando nos rescataron en el mar, mi amada se encontraba evidentemente aburrida y se tiró un pedo que despeinó a los marineros cuando abrieron la puerta de la cápsula de emergencia.

La besé profundamente y me tiré un pedo con ella.

El amor nos hace tan primitivos…

Dicen que llegamos a tierra firme en un tiempo récord, que jamás un barco había surcado tan rápido el océano.

Cuando llegué a casa, la que ya no quería me preparó una buena tortilla de patatas y me la follé sin ninguna alegría pensando en Pandora.

Un tímido pedo se me escapó en la noche.

– Cerdo -díjome cariñosamente la que no quiero.

Buen sexo.

Iconoclasta

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Leyes y necesidades

Publicado: 18 marzo, 2010 en Humor

No creo que haya un serio problema en mi cerebro. Todo lo contrario: soy puro instinto sin grandes complicaciones.

La única ley que puedo entender es la que dicta mi lógica y mi instinto. La que dicta mi necesidad.

Las leyes creadas por otros hombres inferiores a mí en inteligencia, fuerza y valor son completamente intrascendentes y si transijo con algunas de ellas es solo para poder vivir cómoda y relajadamente.

Esta amabilidad por mi parte, esta tolerancia hacia la imbecilidad, desaparece en el momento en que se convierten las leyes y normas en un obstáculo para la consecución de mi objetivo o la solución a un problema. Normalmente, YO y las leyes nos toleramos bastante bien. No hago caso de ellas y ellas no hacen caso de mí.

Por obstáculo considero el lento proceder de las administraciones de los gobiernos. Y me parece lento cuando la espera se prolonga más allá de quince minutos.

Quince minutos es el tiempo que aguanta mi corazón a un ritmo tranquilo cuando necesito algo. Pasados los quince minutos, mi corazón se acelera y ya me siento liberado del cumplimiento o respeto de cualquier ley o norma.

Mi tiempo es tan valioso como el de cualquier ministro o cualquier lerdo funcionario.

Ni necesito ni quiero que nada ni nadie guíe mis pasos.

No soy como otros que se comportan como mi perro, que cuando lo suelto de la correa, durante un tiempo no sabe que hacer con su libertad.

Así pues, es perfectamente justo y justificable que emplee la violencia para imponerme a otro cuando las leyes no me dan soluciones.

No voy a esperar a ser anciano para que alguien me devuelva lo que me ha robado, por poner un ejemplo. Si alguien me roba, le arranco los pulmones.

Porque de esto se trata convivir en sociedad: imponerse a otros haciendo uso de las leyes y normas. Subiendo así en el escalafón de dinero, posición social y poder.

Los hay que hacen uso de leyes y normas y estoy yo que hago lo que me conviene.

Si la ley actúa rápido, soy su más seguro servidor (y una mierda). Si es más lenta, entonces sueño con vientres abiertos y vísceras resbalando por enormes tajos que vacían de sangre los cuerpos en muy pocos segundos.

También me gusta ser lírico además de pragmático.

No es algo socialmente aceptable, pero me importa el rabo de la vaca loca ser aceptable o no.

Sinceramente, mi simpleza es ejemplar y si todos fuerais como yo, la raza humana evolucionaría más rápidamente y mejor.

A ver, que las mujeres deseosas de ser madres de sanos , vigorosos y hermosos bebés levanten el dedo y se quiten las bragas. Tengo para todas.

Hay que saber que cobardía, conformismo, integración y colectividad, no son cosas de las que sentirse orgulloso y que van en contra del instinto predador con el que nacemos.

El otro día sin ir más lejos, una retrasada mental gorda como un tonel, apestosa y con la ropa pringada de restos tóxicos procedentes de su continuo hociquear entre la basura, me exigió un cigarrillo y unas monedas.

Yo no le hice ni puto caso. Además, me daba asco.

Pues la subnormal se puso tras de mí y siguiéndome por el paseo gitaba: "¡Este payo no me ayuda! ¡Este payo quiere que me muera de hambre! ¡Este payo quiere que sude por un cigarrito!".

Con mucha educación y evitando acercarme a aquella bola de sucia manteca (¿he apuntado que carezco de empatía alguna?), le dije:

-¿Quieres hacer el favor de dejarme en paz?

-Si no me das un cigarrillo y unas monedas no me voy.

"Me cago en diosssssss", pensé yo intentando no llamarla "sucia hija de perra" (sic).

No habían pasado ni cinco minutos; pero mi corazón se aceleró (los quince minutos de paciencia se pueden acortar en función de la irritación).

Así que en lugar de acudir o pedir ayuda. Cogí un tubo de hierro de un contenedor de escombros y le di un buen golpe con él en el muslo izquierdo.

Soy un macho fuerte que practico habitualmente el levantamiento de pesas y soporto estoicamente la imbecilidad diaria, con lo cual puedo afirmar con una rotunda claridad de mis preciosos ojos verdes, que soy fuerte como un toro.

Ser fuerte de espíritu está bien cuando vives en un asilo o en un manicomio. Cuando eres libre, tienes que tener una buena masa muscular para imponerte. Sobre todo, si no te hacen ni pizca de gracia las leyes y tienes que apañártelas tú solo.

O sea, que cuando golpeé lo hice a conciencia, intentando ser devastador.

Darwin se masturbaría con lágrimas en los ojos sabiendo de mi precisa adaptación al medio. Soy el eslabón perdido que todas las mujeres desean.

Y acerté. Pegó un berrido ensordecedor y cayó al suelo destocinándose, rodando sobre sus michelines, derramándose a si misma por todas partes. Como una masa informe. Estoy seguro de que sus padres no se sentirían orgullosos de ella.

Parecía una masa de gelatina aullando.

Había bastante gente por la calle; pero el rebaño sí que es empático y decidió ser cauto y no meterse donde no le llaman, porque era fácil imaginar (y a mí más) que me quedaba hierro y fuerza para rato.

Nadie ayudó a la cerda. Y nadie me molestó.

Si hubiera avisado a un policía para que me sacara de encima a la zampabollos, aún estaría hablando del tema.

Y tengo cosas que hacer. Tenía que comprarme una nueva edición de El Quijote encuadernada lujosamente, e ilustrada por un dibujante que dicen que es lo que rima con joya de bueno. Quería vaciar el libro de hojas y usar las tapas como decoración en una nueva estantería que no compré en Ikea. Seré pobre; pero tengo mi orgullo.

Me gustaba la Odisea; pero era pelo más estrecho el lomo y no me convenció.

Alguien podría decir que soy un tanto misántropo. Pues se equivoca, yo no voy a misa jamás y menos en trompo.

Soy gracioso cosa mala.

La gorda se levantó la falda para mirarse el golpe. Era asqueroso, estaba aún más sucia por dentro que por fuera y de sus ennegrecidos muslos emanaba un asqueroso hedor a orina y menstruación seca. Podría ahorrarme los detalles; pero me apetece incomodar. Y si yo me jodo, que se jodan los demás.

Es lo que hace la ley, los jueces, los abogados y los que los sobornan; que nadie me juzgue a la ligera.

Se le formó en la cara exterior del muslo una aparatosa ampolla hemorrágica que se estaba hinchando de sangre. Por lo visto se había roto un capilar. Y el edema empezaba a ser espectacular. A veces las cosas salen bien sin pensar demasiado.

Lloraba sin poder tocarse por el dolor del épico hematoma; pero no me dijo ni una palabra cuando la miré a los ojos con el tubo de hierro en la mano aún.

Estos bichos aprenden rápido.

Comportamiento condicionado: Si lo haces bien galleta y si no, latigazo.

Soy instruido, además de cultivar el sexo, el cuerpo y la marihuana, también cultivo la mente.

Di media vuelta como un valiente torero ante el astado y me encendí un cigarrillo con el ritmo cardíaco ya más tranquilo.

Leyes… Yo no soy un buen ciudadano, no quiero ser siquiera ciudadano. No tengo esa ambición.

Conque me dejen tranquilo tengo suficiente.

Y en efecto, cuando al cabo de dos horas y con mi precioso libro bajo el brazo, pasé por aquel lugar, de la gorda sólo quedaba una mancha de sudor en el suelo.

Y mirad, ¿veis como tengo razón? Ahí tenéis a la retrasada mental frente al estanco esperando que salga algún cliente para pedirle tabaco y dinero.

La miro, ella me mira. Le sonrío afable mostrando todos mis dientes amarillentos del tabaco pero de formas preciosas. Y ella se acaricia un poco el muslo.

Eso sí, hay rencor en su mirada; el bicho está resentido. A veces debería llevar cáscaras de fruta para darles algo de premio.

Pues bien, no me dice nada, no me pide un cigarrillo ni tabaco, ni hace ademán de acercarse. Estoy a punto de pensar que no es tan deficiente mental como parece.

Lo que yo os diga, la única justicia que hay es la que uno mismo aplica.

La única norma es la que te dicta el instinto para hacer lo correcto en el momento adecuado. Y la prueba está en que el instinto le ha dicho a la gorda que no era buena idea molestarme y lo ha puesto en práctica.

Hay cosas tan obvias como un truño* en la nieve.

*(Nota del autor. Truño: una mierda como un puño)

Y coñorín coñorado, este cuento se ha acabado.

Moraleja: dale caña y tira. Si tienes que esperar que la ley te ayude, lo tienes crudo.

Tic, tac, tic, tac…

Alea iacta est y veni, vidi, vici.

(Sé latín).

Llevad siempre una buena barra de hierro encima, no siempre encontraréis material didáctico a mano.

¡Eseso-eseso-esesostodo amigos! (Porky Pig, nuestro rey favorito, sin igual)

Precioso…

Iconoclasta

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PLUTON

El 9º y último planeta, el más alejado del sol. La luz que emite es amarillenta y hay un disco a su alrededor porque los plutanacos usan el espacio como vertedero y los restos flotan creando ese caprichoso adorno.

Es el planeta más frío, alcanza el 0 absoluto.

Visitar Plutón requiere invertir el presupuesto anual de ropa en un solo día. Y mucha fuerza para poder moverse con tanto peso encima.

Es sabido que los seres vivos se adaptan a las condiciones de su entorno y la evolución los lleva a modificar su morfología y carácter hacia una vida más fácil y útil en su medio.

Los plutonacos son los más histéricos llevando a cabo su evolución, comen y beben como cosacos todo el día y fuman que parecen chimeneas. Son tan activos que el más sereno de los seres que moran el Sistema Solar puede acabar hasta las narices del maldito dinamismo plutonaco.

Me pusieron muy nervioso; si están sentados repican con los pies en el suelo continuamente. Si están de pie charlando, se balancean inquietos, y si pasean lo hacen a la carrera.

Mi mente sagaz intuía que es por culpa del frío; no hay quien pare quieto un instante. Sin embargo, no me cuadraba porque hacían las mismas idioteces en el interior de los edificios donde se encontraban calentitos. Y eso me llevaba por lógica a pensar que no se fiaban de las centrales ni redes eléctricas, que era tal el frío que sentían, que vivían estresados ante el temor de un apagón. El quedarse sin calefacción requería vestirse muy rápidamente la decena larga de abrigos que había que llevar encima para sobrevivir a aquel clima hostil.

Estaban en un constante estado de alerta. Pobres…

Me metí en un bar cualquiera al azar, había cientos. Pedí una cocacola y me la sirvieron caliente, esperé fumando pacientemente a que se enfriara apoyado en la barra.

-¿Tu no te mueves?-me interrogó el plutonaco que oscilaba a mi derecha.

Bebía un buen vaso de aceite de hígado de bacalao y hasta mí llegaba el hedor. Sé que este clima es extremo y es necesario proveerse de vitaminas; pero me parecía excesivo, prefiero caer anémico a vomitar mi propio estómago.

Y encima lo tomaban humeante.

-Un poco sí que me muevo, pero prefiero que me monten.-le respondí con mi innato ingenio.

No lo entendió y yo me quedé mirándolo con una sonrisa pícara y simpática mientras su cerebro daba vueltas y vueltas a lo que había dicho.

Al cabo de diez minutos me cansé de mantener la sonrisa y esperar una muestra que me hiciera creer que su mente había llegado a entender algo.

Le hice una pregunta más directa al Einstein.

-¿Dónde paran las putas?

-Aquí no hay putas; si quieres lo haces y ya está. Cuando veas a una tía que te guste, te acercas y la pisas.

Me gustó aquella metáfora ornitológica sobre el acto sexual. Sentí un repentino afecto hacia aquel planeta tosco y frío, de palurdos y libertinos habitantes.

Los plutonacos son de color gris oscuro, una necesidad para poder absorber el calor de los pocos rayos de sol que les llegan. Son imberbes porque hace un frío que pela. Y son más bien bajos, entre 1 punto 5 y 1 punto 6 m. de estatura.

Le ofrecí la mano al palurdo como agradecimiento por su atención y despedida, la aceptó crujiéndome tres falanges. Me movía inquieto soportando el doloroso apretón sonriendo.

Son muy efusivos los plutonacos.

-No te preocupes, no creo que haya ningún apagón por ahora.-me dijo, sin duda pensando que mis pies bajaban y subían alternativamente como respuesta a un estado físico y mental de alarma ante un apagón.

Soy una máquina procesando hipótesis.

Tras varios minutos más con mi mano apresada en la suya, se acordó de devolvérmela. Ya daba igual, gracias al corte de la circulación sanguínea se me había insensibilizado y no me dolía.

Me largué de allí tras haberle pagado los cuatro vasos de aceite de hígado de bacalao, no se resistió a ello, si no que insistió.

No son generosos en ese planeta.

Como soy decidido y mi apellido es peligro, salí a la calle dispuesto a follarme a la primera tía que se cruzara en mi camino (estaba ya harto de tanto viajar y quería acabar el estudio de una vez para volver a casa).

Es muy difícil reconocer el sexo de un plutonaco en el exterior, llevan demasiada ropa. Y más difícil aún es saber si la plutonaca está buena.

Me guié por mi instinto y por los tonos pastes en azul pálido, rosa y verde que vestían la mujeres. No me arriesgué con los colores neutros y oscuros. Detecté y localicé a una tía que andaba-corría tranquila y veloz en sentido contrario al mío. Sólo pude apreciar sus ojos de entre los 10 Kg. de ropa que llevaba encima, capucha incluida.

Me preparé mentalmente para ponerme en su camino y decirle alguna gracia que le indicara que era mi voluntad mantener ayuntamiento carnal con ella.

Y como ella, tan solo mostraba mis preciosos ojos verdes en la profundidad de la capucha.

Me planté delante cortándole el paso. Se detuvo frente a mí y sus ojos se dulcificaron.

-¿Quieres foll…?

Tomó la iniciativa, no me dejó acabar mi estudiada pregunta.

Fueron cuatro pisotones rotundos, me pateó cuatro veces seguidas, 2 el derecho y 2 el izquierdo.

Con los pies helados y a una temperatura de 0 absoluto (-276 ºC) cualquier pisotón suave duele como una amputación traumática.

Y aquellos pisotones no fueron suaves. Lloré como un crío por el intenso dolor.

Se retiró la capucha y grité asustado, era más fea que Picio; retiró la mía también, me abrazó y me tumbó en el aire aguantándome en vilo con sus poderosos brazos. Mis doloridos pies pugnaban por no resbalar en el suelo criogenizado.

Me sentía mujer bailando un tango.

Abrió la boca y me llegó un nauseabundo olor a podredumbre, me besó los labios y me metió la lengua hasta el píloro.

Me estaba cansando ya de tanto sexo bucofaringeo.

Saltaba a la vista que acababa de beberse unos cuantos vasos de aceite de hígado de bacalao y lo degusté entre arcadas.

Llevó una mano a mis cojones y grité.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Me dio 10 apretones mientras le rogaba que me dejara vivir.

-¿Ya?-me preguntó.

Le dije que sí mil veces con la cabeza.

-Es que los tíos altos me ponéis…

Me soltó y siguió su camino rumbo a un destino desconocido para mí.

Me mantuve reflexionando en el aire dos segundos y por fin caí de espaldas contra el suelo, me di la vuelta para esconder mis lágrimas y consolé con el calor del guante helado el dolor de los genitales.

Caminando con los pies aplastados como un pelícano, me dirigí a un supermercado; compré un tubo de dentífrico y un cepillo de cerdas blandas porque no quiero que me sangren las encías.

Entré después en el bar, pedí un vaso de sifón con cubitos y palmeé con los pies hasta el servicio.

Cuando conseguí sacarme las botas y desprenderme de los diez pares de calcetines de lana, pude apreciar la magnitud de la lesión. Se habían formado hematomas que iban desde las uñas hasta los tobillos incluyendo el empeine.

Me lavé los dientes y la lengua con vigor y vehemencia tras haber vomitado. Cuando salí del servicio me sentí más relajado.

Tomé un solo trago de sifón y volví al exterior combatiendo mi pánico.

Un grupo de plutonacas hembras paseaban-galopaban veloces y sonrientes hacia mí. Miré el suelo haciéndome el loco y doblando las rodillas para parecer más bajito me apreté contra la fachada de un edificio.

Me interceptaron, las miré angustiado, dos de ellas se pusieron frente a mí y las otras seis hicieron cola detrás. Aguanté casi con dignidad los 8 pisotones, pero cuando me retiraron la capucha no me dejé coger en sus brazos y me tiré al suelo hecho un ovillo. Llorando de nuevo.

Me llamaron nenaza e impotente y se largaron al trote.

No me gustaba nada el follapisa, era doloroso, estúpido, extraño e incluso anómalo.

A pesar de esto, decidí en aquel momento llevar la iniciativa y no largarme sin follar, o al menos sin haberme esforzado como es habitual en mí.

Eché a caminar de nuevo y esta vez todo lo rápido que me permitían mis pies destrozados.

Me detuve un momento para aspirar un pulmón que se me había salido por la boca y seguí mi furiosa carrera.

Una plutonaca con sus anoraks color rosa caminaba 20 pasos por delante, me lancé al trote imprimiendo velocidad a mis palmeados e hinchados pies y me coloqué frente a ella.

Se paró.

Levanté rápidamente el pie derecho para darle un fuerte pisotón, acumulé energía en la boca del estómago y lancé el pie con un grito de guerra. Pisé el suelo. ¡Qué rápida era la mala puta!

Levantó el suyo y lo bajó con una fuerza que no lo parecía, me pisó y sentí algo sísmico.

No me arredré y levanté el otro pie al tiempo que le decía:

-¡Me cago en tu madre!

No fallé, fue ella la que me esquivó y me piso en contraataque, sin que pudiera hacer nada por evitar mi propio drama. Me sentí abandonado.

Grité de dolor, me abrazó, me sostuvo en el aire, me besó, sentí de nuevo el aceite de hígado de bacalao inundar mi ser como un torrente fétido aunque ya no sabía tan mal como al principio. Me masajeó la laringe con la lengua y aunque le rogué hecho un mar de lágrimas que no lo hiciera, lo hizo. Me estrujó 10 veces los huevos.

Ni en este 2º polvo sentí excitación o placer alguno. El follapisa no me decía nada, no me gustaba.

Me recogió del suelo un plutonaco y al ver mi desconsuelo y angustia, me escoltó hasta el aeródromo para que no me volviera a pisar otra hembra ardiente.

Por el camino me aclaró que la zona erógena está en sus pies y que si muchos se balancean no es por un atávico temor a un apagón eléctrico, simplemente se la estaban pelando. Eso sí que me cuadraba, porque nadie podía ponerse a follar en pelotas en Plutón.

Le di las gracias y 30 sistemas que me exigió por la compañía y la información. Me destrozó la mano con un caluroso apretón.

Por mi parte le expresé mi asco hacia Plutón y sus mujeres. Confesó que eran realmente feas, pero como no se iban a poner en pelotas y cuando se sacaban la capucha cerraban los ojos, tanto les daba.

Me importaba una mierda la forma en que nacían y como se desarrollaban los plutonacos así que no le pregunté por miedo también a que me sacara más pasta.

Despegué de Plutón con los cojones gordos y tumefactos (si no fuera por el dolor y el color, no me hubiera importado que estuvieran gordos) rumbo a mi asqueroso planeta la Tierra (no estaba de buen humor). No pude hacerme una paja en tres días.

Pasé casi una hora molesto por la humillación y violación a la que fui sometido en Plutón.

———————————————————–

ULTIMA REFLEXION

Hace ya un año que realicé aquella exploración para conocer y difundir los diferentes comportamientos sexuales en el Sistema Solar.

Estoy seguro de que no copularé jamás fuera de la Tierra.

Da igual que una mujer me diga que está caliente pero; no lo quiere hacer conmigo porque es muy bonita la amistad. Sé que en cuanto vea los billetes en la cartera, todas esa amistad se irá a la mierda y nos convertiremos en perros en celo.

Los terráqueos somos complejos, ilógicos y terriblemente predecibles.

Y eso da seguridad.

Si deseáis más información, no acudáis a agencias de viajes porque todo lo encuentran precioso. No os hablarán del follaoreja o el follapisa.

Ellos sólo quieren vender y vender.

Lo mejor que podéis hacer para manteneros informados, es llevar este dossier y leerlo; aprended de mi dolor y humillación. Por sólo 700 sistemas seréis sabios.

Y sobretodo no olvidéis vuestros condones hiperlubricados, sedosos y sensitivos: La polla del Sistema Solar.

Su integridad ha sido probada por mí, en persona.

Además, tenéis el aliciente de encontraros un condón con restos de mi semen; si lo encontráis, remitidlo en sobre cerrado de PVC a Latex Manufacturated Pleasure y os regalarán un llavero enorme: mi pene a escala 1/10.

A ver si os creíais que no iba a hacer negocio la empresa después de subvencionarme.

Ni que yo iba a sacar beneficio de mi odisea sexual. Además de carnal soy material.

Poneos negros de tanto follar.

Buen sexo.

 

 

Iconoclasta

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Sexo en el Sistema Solar: Urano y Neptuno

Publicado: 22 octubre, 2009 en Humor

URANO

Es un planeta oscuro el 7º del Sistema Solar, es pequeño y los días son tan cortos como los de Saturno.

Es el anti-Saturno por su fealdad, -170 ºC, verdoso oscuro y las bandas de su atmósfera son nubes de metano con amoníaco.

Debido a esa atmósfera mierdosa, maloliente e irrespirable, se hace difícil interactuar sexualmente con los uranitas.

El uranita es un cruce entre terráqueo y pulpo. Se apañan bien con sus tentáculos, incluso más de lo que me podía imaginar.

Ni siquiera los poderosos filtros Hepa de mi nave pudieron evitar que se inundara de un auténtico olor a mierda al entrar en la atmósfera uranitas.

Viajar no proporciona esas alegrías místicas que dicen experimentar los románticos viajeros; a ver si son capaces de apreciar con una sonrisa beatífica la belleza de un planeta que huele a mierda y amoníaco.

Cuando uno se cruza con un uranita dan ganas de pincharlo con un arpón y meterlo en agua hirviendo con una pizca de sal y laurel durante 45 minutos para después, servirlo troceado en una tabla de madera con un chorrito de aceite de oliva y pimentón picante.

No son bellos ni ellos ni ellas. Su tronco es antropomórfico, pero en lugar de pies y manos tienen 3 tentáculos al final de cada extremidad. Tienen 12 tentáculos y es peligroso cuando no eres capaz de controlarlos todos cuando estás próximo a un uranita.

Sus rostros son más agradables, algunos casi tan guapos como yo. Se distingue fácilmente a los machos de las hembras porque las hembras tienen cara femenina y los machos masculina.

Y son promiscuos como la madre que los parió. Cuando a un individuo de cualquier lugar del Sistema Solar le llaman pulpo por su costumbre de meter mano en los cuerpos de forma rijosa o lasciva, también lo están llamando uranita.

Son amables y muy cordiales, pero al igual que en el Sol, no pude disfrutar de un acercamiento íntimo debido al traje de respiración autónoma que me veía obligado a usa para protegerme de aquella agresiva atmósfera.

El hotel donde me alojé contaba con atmósfera acondicionada, pero los uranitas no podían acceder sin traje. Si no das, te dan y se te dan te jodes, es una constante universal que uno va reconociendo en todos los lugares.

Me tuve que mentalizar de que tan solo me limitaría a pasear, cotillear todo lo que pudiera y probar su comida, que en la atmósfera adecuada (la mía nativa) dicen que es deliciosa.

No hay nada más molesto que comer entre uranitas.

Entré en un restaurante con habitáculos para extranjeros, eran burbujas de metacrilato con aporte de aire respirable y sellada. Una vez dentro de ella, pude liberarme del traje de respiración.

El sonido ambiente llegaba claro y diáfano, y de este modo llegué a sentirme completamente integrado en el bullicioso ambiente. Unas troneras y ventanas de doble cámara, servían para que los camareros pasaran a través de ella la comida y bebida.

Lo desagradable de comer entre uranitas, es la carencia total de vergüenza y decoro que ostentan. Llegáronme a sacar de quicio las constantes ventosidades que dejaban escapar. Era un continuo pedorreo que en principio me quitó el apetito. Soy solidario, rencoroso y vengativo, me tiré un pedo muy sonoro, tan sonoro que el uranita maricón que se sentaba en una mesa contigua, a mi vera, se giró y me sonrió.

Me arrepentí en apenas unos segundos de lo que hice, puesto que el pedo lo metabolicé yo solito, sin ayuda de nadie; tan solo con mis pulmones. Me olvidé llevado por la pasión de la venganza, que me encontraba en una burbuja, aislado.

Entraron dos uranitas hembras que tomaron asiento en la mesa contigua a la mía, a la siniestra; cosa que agradecí porque tendría el pretexto de entablar conversación con ellas y evitar el comprometido cruce de miradas al que me sometía continuamente el julandrón que estaba sentado a mi diestra.

-Perdonad. ¿Sabéis si por aquí hay algún lugar, un local para terráqueos con ganas de fiesta?

-¡Anda qué casualidad, somos putas!-dijo la rubia tirándose un pedo.

Me encantan las hembras sinceras directas y desinhibidas.

-¿Trabajáis en un local de alterne?

-No. Hacemos la calle.

-¡Vaya!-exclamé desanimado, no siempre soy locuaz.

Estaba visto que en ese planeta, definitivamente, no podría mojar.

-Te podemos hacer una paja aquí mismo por 20 sistemas.

A veces creo que hay un dios que cuida de nosotros, que nos mece y acuna en sus brazos protegiéndonos de ingratos y áridos destinos.

Me bajé la bragueta del pantalón echándole unas jaculatorias al buen dios y dejé el cipote al aire, oculto bajo la mesa.

Se tiraron dos pedos y rieron las muy picaruelas, se aproximaron a las troneras y cada una metió un tentáculo por las más bajas. Los tentáculos reptaron como serpientes por el suelo hasta situarse bajo la mesa y subieron palpando mis piernas hasta que por fin sentí las ventosas en la polla. Parecían pequeños labios besando y succionando a la vez.

Aquello era la paja de las pajas.

Ni siquiera la continua sucesión de pedos que se tiraba el celoso marica, eran capaces de sustraerme al placer que estaba sintiendo.

-¿Te gusta terráqueo?-me preguntó con voz sensual la morena.

-Sí, muchísimo.

-Lástima que no te la podamos chupar, vería que carnosas son nuestras lenguas.

No les hice ni caso, me concentro mucho cuando gozo. Eso y que las muy guarras me excitaban más para que me corriera enseguida. Son muy putas las putas.

Por lo demás, eran muy discretas, el resto de sus tentáculos manejaban con total naturalidad los cigarros, vasos, tenedores y cuchillos de la mesa; comían como si no me estuvieran haciendo una paja.

El camarero me sobresaltó.

-¿Desea algo más?-miraba con disimulo los tentáculos que agitaban los faldones del mantel esbozando una sonrisa de listillo.

-¡No, coño!-le dije irritado.

Y se largó tentaculeando a la zona de camareros.

-¡Oye terráqueo! Cuando estés a punto de eyacular avísanos, danos un toque en los tentáculos. Si nos pringamos con tu semen se nos irrita la piel.-me dijo la rubia.

-¡Joder! Mira que tengo una caja con 850 condones en la nave. Bueno, no os preocupéis, os daré un toque antes de salirme de madre.-les dije demostrando así la riqueza de mi lenguaje.

Tras casi 30 segundos, toqué aquel follón de tentáculos bajo la mesa.

Se retiraron y me dejaron abandonado a mi eyaculación. Mis cojones comenzaron a bombear y sujeté con fuerza y contenido sentimiento el tenedor en mi puño.

La morena me guiñó un ojo y al momento volví a sentir el tentáculo masajeando el bálano.

Las putas tienen buen corazón y ese ángel tuvo el detalle de no abandonarme en ese importante y bello instante.

-Eres una hermosura.-le dije agradecido.-Te daré 20 sistemas más.

Una ventosa succionó mi pijo en el momento más feliz; un pedo de alguien sonó a lo lejos, no me importó, estaba en el séptimo cielo.

Sentí el semen chorrear por aquel intenso masaje.

Las putas mantenían una conversación como si nada pasara; escupiendo mis últimas gotas conté sus sugerentes tentáculos. 24 tentáculos se movían y reposaban algunos encima de la mesa.

Y calculé con una sonrisa satisfecha que el que estaba bombeando aún mi pijo era el nº 25.

"Cada uranita tiene 3 tentáculos y sólo 3 en cada extremidad. Y cada uranita tiene 4 extremidades y sólo 4 4 extremidades x 3 tentáculos = 12 tentáculos x 2 putas uranitas = 24 tentáculos".

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, miré bajo la mesa y allí estaba el tentáculo, escurriendo mis últimas gotas de leche; enfundado y protegido por un condón rosa. Llegaba desde mi diestra. Lo comprendí todo; clavé con fuerza el tenedor en el infecto tentáculo nº 25, en el momento en el que el maricón me lanzaba un sonoro beso. Mis ojos se oscurecieron aterrados.

Si yo lo veía todo oscuro, el pulpo marica lo debió ver de color rojo, porque pegó tal alarido de dolor que provocó un pedorreo generalizado. Una especie de escatológica histeria colectiva.

Los uranitas tienen el vientre muy flojo.

El local se sumió en una atmósfera densa y verdosa, momento que aproveché para calzarme el traje de respiración y largarme de allí sin pagar. A las putas no les di propina.

Jamás hubiera reconocido públicamente que un maricón remató aquella paja; pero este testimonio servirá de ayuda y advertencia para otros putañeros espaciales sin experiencia. Que sirva al menos para el bien común aquella humillante experiencia por la que pasé.

A las dos horas estaba probando en mi nave el masturbador ultra Octopussy, especial machos.

Cuatro ventosas unidas a un tentáculo de realista movimiento me dejaba bizco mientras la nave penetra en el universo profundo.

Precioso de verdad.

NEPTUNO

Mi penúltima escala y el 8º del Sistema Solar.

Dicen que Tritón y Nereida, sus dos satélites, son de una belleza espectacular. Eran dos piedras sin ningún tipo de elegancia. El planeta en si, es una gigantesca charca de agua fría. Una Nueva Orleans pero más grande y oscura.

Sus habitantes, los neputnosos, viven en agua, comercian con el agua, se cagan en el agua y follan en el agua.

Parece ser que el nombre de su planeta los motiva mucho.

Son tímidos los neptunosos.

No es aconsejable para los que tienen el ácido úrico alto comer demasiada cocina uranita, como la típica que sirven en los restaurantes típicos en los que es típico pedir los típicos platos uranitas.

(Creí que jamás saldría de ese párrafo)

El 90 % de su alimentación es marisco; y va a precios reventados. Mucho más barato que las naranjas ácidas en la Tierra.

Entre los dedos de las manos y los pies tienen membranas interdigitales que imagino debe ser una mejora evolutiva para obtener más placer en sus tocamientos sexuales. Para mí, sus órganos genitales son tan invisibles como lo son los de los lenguados de la Tierra.

No importa, Freud dijo que un hombre seguiría siéndolo hasta que le cortaran la lengua. Freud era un feriante con divertidas sentencias.

La voz de los neptunosos es un agudo chirrido y me recuerda mucho a los chaperos travestis que rondan las cercanías de los estadios de fútbol de la Tierra; no me refiero a que ofrecen una mamada por unos pocos sistemas, sino a la falsa femeneidad con la que hablan.

Un taxi me llevó del aeródromo al barrio más putero, Glubs Pleasure.

El taxista era un emigrante vasco al que le costaba ya mucho hablar euzkera o español por la cantidad de años que llevaba en Netpuno. Me instruyó con su chirriante acento en lo que debía hacer para que en su genética timidez una puta neptunosa accediera a follar conmigo.

Tampoco tienen mamas y es difícil distinguirlas de los machos. El sabelotodo del taxista me indicó que lo mejor para los extranjeros era pronunciar unas palabras a través de un tubo de plástico, un suave embudo en el que en su extremo más ancho, estaba cubierto por una membrana transductora que a mí me parecía película plástica para proteger bocadillos vegetales con atún. Casualmente llevaba en el maletero 560 Provocadores del ansia de follar.

Aquel humano no conocía la sutilidad ni falta que le hacía, me sacó 100 sistemas por el Provocador del ansia de follar y 60 por la carrera de apenas 5 minutos.

Pensé en llamarlo hijo puta vociferando por ese aparato estúpido; pero hay pocos taxis en la zona y es muy posible que tuviera que volver de vuelta al aeródromo con él.

Me dejó frente a una sala de baile llamada La Sirena Cerda.

Con todos los neptunosos que me cruzaba en el interior del local, ocurría lo mismo: me dirigían la mirada a los ojos, la desviaban avergonzados hacia el provocador y luego daban media vuelta dándome la espalda avergonzados con una vergonzosa sonrisa.

Si en un principio pensé que eran tímidos, en aquel momento concluí que también tenían estupidez congénita invariable para todos los individuos.

En la barra del bar pedí un licor de sargazos rojos y me sirvieron también un cuenco con pulpitos vivos a modo de acompañamiento, que usé como cenicero.

Me sobrevino una arcada con el primer trago de licor. Abandoné el vaso y aferré con resolución el Provocador del ansia de follar.

Salté a la pista de baile, me coloqué frente a una neptunosa con un ademán sensual y me llevé el Provocador del ansia de follar a los labios para pronunciar la frase que el taxista prometió que la excitaría y obligaría a mostrar sus órganos genitales, disponiéndola así al apareamiento.

El apareamiento según el vasco es lo mismo que follar. Viajar enriquece.

-¡Abrete de piernas que te la meto!-le grité ante todos.

Quedó paralizada, se puso roja como un tomate y lanzó un graznido de vergüenza.

Su entrepierna se inflamó formándose un bulto que se abría lentamente por una ranura que iba desde el interior de los muslos hasta el inicio de la zona ilíaca (si es que tenían huesos). De aquel bulto y en mitad de la pista, cayeron dos cojones como dos camiones y un pene largo y fino como una anguila.

Era un macho, el taxista me explicó que las escamas de la cabeza en las hembras eran de un discreto tono rojizo. Las escamas de los machos, plateadas.

Buscando una explicación que fuera mejor que creer que el cochino taxista me tomó el pelo, vi que encima de la cabeza del neptunoso había un foco rojo que teñía las escamas.

Rompió a llorar, cogió sus cojones y el pene entre los brazos e hipando disgustado y avergonzado, se perdió tras la puerta de los servicios.

Yo no me amilano ante la adversidad, así que oteé el horizonte en busca de escamas rojas sin foco encima del tarro.

Me planté con gallardía frente a una neptunosa que bailaba medio borracha con la cabeza colgando indolentemente en un ademán de desoladora soledad. Pedía a gritos compañía, un cliente.

-¡Abrete de piernas que te la meto!-dije a través de aquella repelente bocina.

Tuve el presentimiento que aquello tampoco tendría final feliz cuando lanzó un alarido de sorpresa.

Otro neptunoso con los huevos por el suelo. También lloró desconsolado y se dirigió a los servicios dejando tras de si un rastro de confeti rojo en el aire que desprendía de su cabeza plateada.

En la pista me miraban todos con temor, quedé en el centro de un amplio círculo cuando retrocedieron al unísono.

Fueron 10 segundos cargados de tensión hasta que el discjockey hizo sonar Paquito el chocolatero y se olvidaron de mí para graznar todos juntos un extraño "hey, hey, hey".

Parece que tampoco tienen mucha memoria los neptunosos.

Puse más interés, examiné ausencia de focos rojos y elegí una neptunosa al azar, cuando me puse frente a ella le di un fuerte soplido en la cabeza para comprobar la ausencia de confeti de cualquier color. No había confeti.

Me miró horrorizada y al tiempo se le escapaba una risilla de lo más estúpida.

Ya me sentía más familiarizado con la fórmula y dije sin gritar pero con firmeza:

-¡Abrete de piernas que te la meto!

Se tapó la cara con una mano, avergonzada perdida, con la otra mano me quitó el Provocador del ansia de follar.

Debía temer que se lo repitiera y hacerse agua excitada perdida.

-Son 50 sistemas y el vivero lo pagas tú.

Habló muy claro y no sé si eso del Provocador del ansia de follar, era realmente un transductor o un timo del taxista vasco. De cualquier forma, me emocioné vivamente al oír aquellas palabras tan significativas para mí.

Entre sus piernas estaba creciendo un pequeño bulto que se estaba convirtiendo en una especie de pequeña hucha con forma de coño.

Neptuno es carnalmente retráctil.

Mirando al suelo y sonriendo nerviosa con su natural timidez, salimos de La Sirena Cerda para cruzar la calle y dirigirnos a El Vivero de los Enamorados, le pagué la pasta al neptunoso de recepción que se estaba poniendo hasta el culo de pescadito crudo.

Bajamos por una escalera hasta llegar a una piscina redonda de la que salía luz de su interior. Genial, tan hortera como los hoteles de las cataratas del Niágara. Me desnudé en escasamente 1,5 segundos y en menos tiempo aún, la muy puta me dio un empujón y caí en la piscina.

-¡Me cago en Dios! ¡Qué fría está, so puta!-le dije sin el Provocador.

Estaba empalmado cuando entré en contacto con el agua y supongo que por el brusco cambio térmico, el pene se quedó colapsado así de duro y firme pero, con un matiz azulado. Me sentía orgulloso de mi hombría.

La neptunosa puta se zambulló en la piscina dando voltereta con triple salto mortal y tirabuzón. De paso me dio una lección de cómo entrar en el agua elegantemente y no como yo. Son importantes los detalles.

Se colocó frente a mí, abrió sus piernas y la penetré con toda naturalidad y elegancia también.

Le hubiera preguntado si estaba gozando para que me dijera que sí, pero aún no estaba seguro de si me entendería sin el provocador.

Cruzó las piernas tras mis nalgas y estiró el torso atrás. Formábamos una coreografía de una belleza extraordinaria. Mis cojones estaban duros como pelotas de cuero por el intenso frío, sin embargo mi pene estaba calentito y empapado de su humor sexual.

Sin previo aviso, la puta me arrastró hacia el fondo de la piscina, yo estaba enganchado a ella; su vagina había aprisionado firmemente la polla y tuve que bajar acompañándola en su caprichoso paseo.

Se agitaba en vaivenes rápidos contra mi pubis (lo hubiera podido hacer igual sin tener que ahogarme. El instinto tira mucho de nosotros) y como era vergonzosa, no me miraba a la cara y no se daba cuenta del alarmante color amoratado de mi tez.

Para mayor inri y desasosiego, estábamos rodeados de vidrios y tras ellos las mesas de un restaurante; estaba repleto de neptunosos que nos miraban avergonzados y algún terráqueo que gritaba:

-¡Animo, paisano! Dale caña a la sardina y que aprenda lo que es un hombre.-no soy neptunoso y me sentí avergonzado.

No le hice ni caso.

Me era imposible desengancharme de la neptunosa y me sentía ya tentado de respirar agua y forzar así mi evolución hacia la respiración branquial.

Ya veía la luz brillante al final de un túnel cuando sentí en el glande una presión extraña, un músculo lo estaba oprimiendo y liberando alternada y rápidamente; una especie de bombeo. Sentí a continuación arder el pijo y un placer intenso provocó que los dedos de los pies se me contrajeran como si me hubiera puesto calcetines tres tallas más pequeños.

La puta apoyó sus pies en mi pecho y estiró las piernas con fuerza, salí disparado contra los vidrios dejando una estela de esperma flotando en el agua y con los dedos aún doblados por el placer y la asfixia.

-¡Joder paisano! ¿Qué comes para hacer tanto yogur?-gritó verdaderamente entusiasmado y admirado el animoso terráqueo.

No le respondí porque tenía prisa por emerger, encenderme un cigarrillo, y respirar.

-Hijalagranputa, cerda de mierda.-le grité a la puta apenas comenzó a salir mi pelo a la superficie.

No me hizo ni puto caso, cogió el bolso, mi dinero y se largó.

Lo que temía se hizo realidad, de vuelta al aeródromo me llevó el taxista vasco.

No levanté la mano para que parara, lo reconocí y me quedé muy quieto para que pasara de largo pero; me reconoció y paró delante de mí. Me hice el loco, como si no fueran para mí los bocinazos que estuvo dando durante cinco minutos.

Como la situación se estaba volviendo más molesta a cada instante, abrí la puerta del taxi.

-¡Hombre, es usted! ¡Qué alegría!-mentí.

Y el vasco me llevó hacia el aeródromo a través de los canales y barrizales del oscuro Neptuno. Aún sentía frío.

Me cobró esta vez 100 sistemas por la carrera le pagué, me bajé y a través de la ventanilla le pegué el Provocador del ansia de follar en la oreja y le grité:

-Chorizo de mierda. Me ha dicho tu madre que pases por la farmacia y le compres un bote de crema hidratante porque le he escaldado el coño de tanto tirármela. No tardes que le duele.

No sé que coño pasó, pero cuando se iba a bajar del taxi, seguramente para darme un abrazo, le creció el paquete pollal cosa mala y no pudo.

-Abrete de piernas que te la meto.-le dije con crueldad.

Se sonrojó con una sonrisilla idiota y bajó la mirada a algún punto de sus cojones hinchados.

Desaparecí tras las puertas de la terminal sin esperar que se abriera de piernas.

Me duché con agua hirviendo en mi vieja y confortable nave y sin ningún tipo de alegría puse rumbo al último planeta de mi tour turístico.

Me unté el glande con abundante pomada anti-hematomas por una especie de cardenal que me salió en el pijo. Lo verdaderamente importante es que mi pijo seguía allí, me temía lo peor.

Reflexioné durante unos minutos admirando esa pequeña porción de la Vía Láctea (aquel mes más láctea que nunca en lo que a mí se refería) y quise relajarme, dejar de oír aquel "plop" humillante transmitido por toda la piscina cuando la puta me lanzó fuera de si.

"No todo es belleza en otras civilizaciones o formas de vida, hay verdaderos cabrones en el universo.". Anoté esta frase llena de sensibilidad y profunda sapiencia y me comí un bocadillo de anchoas que chorreaba aceite y me puse perdido.

 

 

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Mi vida como oso hormiguero

Publicado: 11 octubre, 2009 en Humor

¡Hola! Soy un oso hormiguero.

Soy simpático y tengo una trompa y una lengua muy larga.

Zzzzzzz… Y muy rápida… ¡Qué buenaz laz hormiguitaz, laz termitaz…!

Indecentemente larga y voluptuosa.

¿Los osos hormigueros son tan salidos como me siento yo ahora mismo?

Esto tiene que ser un sueño, fijo. Me gustaría saber de donde coño ha sacado el subnormal de mi subconsciente la idea de convertirme en oso hormiguero. Joder, si no he visto documentales de naturaleza en varios meses. Y seguro que no hay referencia alguna al oso hormiguero en el libro de los sueños, es un asco ser tan profundo.

Venga, a disfrutar, no te jode…

Debo ser un oso hormiguero extraño y neurótico, porque los osos hormigueros no miramos el culo de las humanas pensando en que nuestra lengua es algo más que una tira insecticida para atrapar hormigas o termitas, o algún que otro coleóptero de pequeño tamaño, pocket-coleópteros para ser más técnicos.

Y tampoco es lógico que un oso hormiguero sienta asco de comer hormigas. Es más, me apetece un bocadillo de tortilla de atún con queso, patatas fritas de luxe con salsa de ajo, kétchup, coca cola y un batido de chocolate con mucha nata por encima y pasarle la lengua por el coño a la camarera que está como un queso de buena.

Vaya mierda; esto debe ser uno de esos sueños que se intuyen largos. La gilipollas de mi mujer me despierta cuando estoy soñando con la del tercero, como si lo supiera. Y cuando me ha de pegar un codazo para sacarme de una pesadilla angustiosa, no hace nada.

No pienso meterle mi larga lengua y mucho menos mi nariz entre las piernas, ella se lo pierde por borde.

De momento el sueño no está mal, tiene sus ventajas ser oso hormiguero. Cuando soy hombre y me levanto de la cama, tengo que hacer a un lado mi órgano genésico por lo erecto y lozano que está, es difícil doblarse con aquella obscenidad dura entre las piernas. Es una pesada carga la erección matinal.

Tampoco hay que exagerar, al menos ayuda a llevar la toalla mientras te enciendes un cigarro camino de la ducha.

En las patas de atrás el dulce báculo del amor es mucho menos molesto.

Me siento lírico, imagino que los osos hormigueros son seres sensibles. Porque normalmente lo llamo polla.

Y los cojones quedan mucho más recogidos, donde vas a parar.

¡Me cago en dios! A la mierda las nike de ciento cincuenta euros, con esta mierda de uñas…

Es muy dura la vida de un oso hormiguero. Malo si andas sobre dos patas y malo si andas sobre cuatro. ¡Qué asco de vida!

Y de fumar rien de rien, acabo de destrozarme un ojo con estas garras.

Me parece que no soy tan simpático. Ya lo dice el refrán: el ojo del culo del amo es más gordo que el del caballo y lo engorda.

Los osos hormigueros no sabemos de refranes.

Me voy a pasear a ver si pillo unos escarabajos para desayunar. Hay que ver como tira el instinto, cómo los animales nos adaptamos con suma efectividad a un nuevo medio. Empiezo a sentir asco por la salsa de ajo.

Y si de paso me puedo cepillar a una osa hormiguera… ¿Estamos en peligro de extinción los hormigueros osos?

No, no quiero ser un oso amoroso, no jodamos, que ya bastante cruz arrastro con este pedazo de rabo peludo que ya ha roto toda la colección de cajitas de música del recibidor. Que se joda mi mujer, que sólo me quiere por mi cuerpo.

Anda que no gritan los humanos. Los niños no tanto, los niños más que nada son molestos porque me tiran las envolturas de las golosinas que sus madres les compran para librarse de hacerles la merienda, y las cáscaras de las pipas. Son unos hijoputas. Las madres gritan y cogen a sus hijos como si yo fuera Godzilla.

– ¡Qué asco de bicho! -gritan.

-Seguro que es un ornitorrinco.

Está visto que ser inculta no es ningún obstáculo para ser madre; si fuera humano les diría que su madre sí que es una mala bestia.

Hay que estar en el lado de la irracionalidad para darse cuenta de la cobardía y la falaz personalidad intrínseca íntimamente ligada e intrincada en el tejido espiritual del ser humano.

Está visto que me he convertido en un oso hormiguero con estudios. Con lo anterior he querido decir que menuda caterva de subnormales son los humanos.

Sin embargo, me limito a soltar con total tranquilidad un buen chorro de orina perfumada en la arena donde juegan los niños. Tengo la esperanza de que haya una osita hormiguera por aquí cerca.

Una mujer con gafas negras y un bastoncito blanco, sentada en el banco frente a una valla de cemento (mira que hay sitio para dirigir la vista y ésta mirando al muro… ¡Qué bueno Pink Floyd!) pregunta en voz alta que es lo que está ocurriendo, se parece a aquel negro cantante, el estiviguonder moviendo la cabeza de un lado a otro. En el bolso lleva pegado un posit que dice: Ojos que no ven, es que además de ciega eres tonta.

Seguro que si fuera humano, me reiría, porque se me ha escapado un aire extraño por esta larga nariz, como una leve ventosidad; pero exenta de porcentaje alguno de metano.

La observo con curiosidad y lanzo mi lengua entre sus muslos porque me ha parecido ver que le sube una hormiga por las piernas.

Yo que estaba preparado para el grito… No entenderé nunca a los humanos.

Se ha quedado callada y con la boca abierta mientras rebusco con mi larga lengua entre su falda la apetecible hormiga.

Yo diría que le he tocado algún punto nervioso y las convulsiones le hacen castañetear los dientes. Me he de dar prisa en encontrar la hormiga. Yo diría que se está meando. Y que espeso…

La gente, a prudente distancia, nos mira en silencio; algunos mascan chicle rápidamente y otros se mojan los labios con la lengua.

– ¡Joder con la ciega! Pues no es puta… -dice una madre que protege con sus grandes tetas a su cría redonda y oronda, con evidente envidia.

Yo no sé a que se refieren, pero mi instinto me lleva a buscar ositas hormigueras, la orina de la ciega debía estar cargada de feromonas y ahora mi naturaleza animal ha adquirido pleno esplendor. Incluso he de ser cuidadoso al trotar, ya que las largas uñas arañan deliciosamente mi hermoso dolmen de la fertilidad.

¡Y ahora me pica!

Un momento… Tengo una lengua larga, una nariz larga y como hacen los perros, yo también puedo hacerlo en mitad de la calle.

La ilusión de mi vida se ha hecho realidad, al fin puedo pasarme la lengua para limpiar la dura y cremosa protuberancia del amor. Me gusta este romántico vocabulario. Los osos hormigueros somos en verdad seres sensibles donde los haya.

¿Es normal que los osos hormigueros tengamos tal riqueza léxica?

¿Qué dice la güiquipedia al respecto de la psicología de los osos hormigueros y su afición por lamerse continuamente su dulce bastión del placer voluptuoso?

Tendré que meterme en un cibercafé, esto de ser culto como oso hormiguero empieza a angustiarme, a llenarme de inquietudes.

No puede ser…

Una osa hormiguera acaba de cruzar la calle, la gente no es discreta, cacarean como gallinas asustadas.

-¡Osita hormiguerita! No corras.

-Hola Oso de gran pseudo-probóscide -me saluda esquivando un envase vacío de yogur que por el color de los restos, debía de ser de menta.

Empiezo a estar cansado de los académicos de la lengua.

– ¿Quieres que ejerzamos nuestro derecho a la reproducción mediante el cortejo pre-nupcial, un dulce cunillingus y una felación con nuestras largas lenguas para después pasar al coito directamente?

¿He dicho que estoy hasta los mismísimos de los académicos de la lengua?

¿Por qué tienen que ser tan complicados los sueños? Ahora sí que se empieza a convertir esto en una pesadilla.

– Preferiría que me lamieras el coño y me la metieras -respondióme sutil y con vivo ingenio sorprendiéndome así.

Joder, ya era hora…

Madavillozo…

– Icono, cariño… Despierta tienes una pesadillaaaaghfffff

La osa hormiguera se está transformando en algo enorme y sin pelo, como el muñeco michelín, a medida que su lengua acaricia mi membrillo de la fertilidad…

Mi mujer, a la cual quiero y que no quepa duda (obsérvese como silbo a un lado distraídamente ante la flagrante mentira) siempre me tiene que despertar en el momento más oportuno, mira que ha tenido rato para hacerlo, no te jode.

Pues ahora no se la saco de la boca hasta que sufra mi dulce petit morte acompañada de cremosa erupción pseudo-láctea enriquecida con aminoácidos esenciales sin que se le derrame una sola gota de la boca.

Esto sí que es enseñanza inducida durante el sueño.

Si va a vomitar…

Iconoclasta

JUPITER

El 5º planeta y once veces mayor que la Tierra. Es llamativa en la superficie una gran mancha roja; es el reflejo de miles de rótulos de neón del gran centro de ocio y prostitución del planeta: The Lujurious Ludopata’s Jupit Center.

Las bandas alternadas entre claro y oscuro que envuelven el planeta, indican la caprichosa concentración de mierda en la atmósfera; más oscuro, más mierda.

Usan en sus vehículos y centrales eléctricas un combustible sólido que atufa el aire cosa mala.

Los jovianos y jovianas carecen de conciencia ecológica porque les sobra planeta por todos lados.

El joviano es muy rápido en sus movimientos y no tengo claro si es algo genético o se debe a su estrés ludópata; algo neuróticos, vamos.

Cuando tomaba tierra en Júpiter, aparecieron una gran cantidad de cintas transversales que cruzaban la pista de aterrizaje, resultaron eficaces y acortaron en más de 2 Km. la carrera de frenado.

En un primer momento pensé que los jovianos estaban obsesionados por la seguridad.

A todas las naves que aterrizamos al tiempo, nos extendieron una alfombra azul que iba desde la escalerilla hasta el edificio de la aduana. Unas letras jovianas impresa en la alfombra y al pie de la escalerilla parecía ser un mensaje de bienvenida.

Soy una persona de una gran sencillez y no me dio la gana de caminar por aquella alfombra que tenía más mierda que el palo de un gallinero. En apenas unos segundos comprendí porque en Júpiter todos se mueven con tanta rapidez. Puse el pie en el asfalto y lo noté húmedo.

-Aquí pasa como en la Tierra, el suelo está bien limpito y recién fregado y nos ponen una alfombra mierdosa para que no dejemos marcas.-recuerdo haber pensado.

La misma lógica de la Tierra parece extenderse como una pandemia por todo el Sistema Solar. La cuestión es esforzarse por ser idiota en cualquier parte del universo.

Avancé el primer paso y salí disparado hacia la aduana. Deseé estar descalzo y no haberme cortado las uñas de los pies en 20 años; el suelo estaba cubierto por una capa oleosa, la lluvia joviana que devolvía la mierda lanzada a la atmósfera, de nuevo a la superficie. Concluí que el combustible no tenía propiedades biodegradables y que ni el suelo estaba limpio ni habían pasado el mocho por las pistas.

En mi vertiginoso resbalar hacia el edificio de la aduana, pude leer en la alfombra y en español (unos 50 cm. más adelante de la bienvenida en joviano: "Caminen por la alfombra, el firme es deslizante".

Llegué el primero y agradecí que unos metros antes de las cristaleras del edificio, hubieran montado una barrera con viejos neumáticos que dulcificó el impacto. Un grupo de jovianos se intercambiaban billetes de 10 sistemas gritándome y jaleándome en los últimos metros de mi resbalosa carrera.

Dos de ellos me miraron con odio y los otros me dieron palmadas en la espalda agitando el dinero en las manos.

Como no hablábamos el mismo idioma, les saludé.

-Hola, hijos de puta.

No tuve que lamentar daños físicos pero; psicológicamente la humillación de aquella entrada triunfal me hundió por cuatro o cinco segundos.

El joviano agente de aduanas me deseó que disfrutara de la estancia y le respondí que ya lo estaba haciendo.

Los jovianos tienen un tono de piel azul pálido. Las hembras tienen tres tetas dispuestas verticalmente. Los machos dos cuernos en la frente, pequeños como chichones.

Y ambos sexos tienen la raja del culo horizontal, de ahí su característico caminar torpe e inclinado adelante.

En los inodoros me tenía que sentar de lado para no dejar medio culo colgando.

No cuidan el turismo.

Lo más llamativo es su elegancia en el vestir y sus pies descalzos.

Las uñas de los dedos de manos y pies son largas, gruesas, duras y eternamente sucias.

Como mejillones de roca.

Las paredes de la ciudad estaban llenas de de arañazos y restos de uñas clavados. Daba grima ¿os acordáis de aquel pozo de la vieja película El silencio de los corderos?

El suelo lucía la misma decoración.

Un joviano corría veloz por la acera tras una joviana, ella cruzó la calle con el semáforo en verde, el joviano aún no había llegado al cruce cuando el semáforo cambió a rojo y los coches arrancaron.

Entendí el porque sus uñas eran tan fuertes y miré con tristeza y complejo las mías. Y el resbaladizo y peligroso suelo.

No decía nada el folleto de la agencia de viajes respecto a ese característico suelo y por ello no creí conveniente dejarme crecer las uñas y hacer un tratamiento endurecedor.

Para frenar su carrera, el joviano clavó las uñas de los pies en el suelo y en la pared las de las manos. Muy desagradable aquel sonido penetrante, chirriante.

Tardó 3,9 segundos en detenerse y recorrió 10 m., un coche le pisó el pie derecho y le debió decir al conductor auténticas barbaridades a juzgar por los gritos.

Llegar al hotel que se encontraba a 300 m. del aeródromo (más silencioso que los del famoso centro de ocio) me costó más de 60 resbalones. Cuando no resbalaba y respiraba tranquilo un joviano o joviana usaban sus uñas para detenerse y me rechinaban los dientes. Aquellos sonidos eran constantes y me llenaban de desasosiego.

Cuando por fin puse los pies en mi enmoquetada habitación, lloré prolongadamente para desahogarme de los nervios pasados en los ¾ de hora que llevaba visitando Júpiter.

Recobré la entereza encendí el televisor y cambié de canal hasta dar con el pornográfico.

Además de la extrañeza de ver follar a tíos y tías con el culo horizontal y las tres tetas verticales, y tener cuernos, sentí asco y repugnancia por sus uñas.

Me alegré que la película no tuviera escenas fetichistas en las que se chupan los dedos y por consiguiente meterse las uñas hasta las amígdalas.

Pensar en sorbetes de mejillón me descompuso por unos segundos.

Me relajé, dejé que mi nabo se expandiera por todo el universo, me la pelé y me sentí preparado para irme de putas.

Que no se piense nadie que siempre pago por follar. Esto sólo lo hago en vacaciones porque hay poco tiempo y mucho que follar; no puedo pasarme dos horas dorándole la píldora a una tía para follármela.

Uso a mi conveniencia los recursos que me ofrece el Sistema Solar como todo buen ciudadano.

No soy como esos tontos que se va a follar a Cuba, donde creen que ligan y luego se traen montada en la chepa a una cubana más puta que las gallinas y que se va a quedar con su mierda de piso cuando a ella le salga del coño divorciarse.

Me acerqué medio resbalando a uno de los cientos de casinos que había a lo largo de las 178 avenidas.

Localicé y detecté como puta a una joviana alta y de verde melena. Sus tres tetas eran enormes y se amontonaban una encima de otra, los tirantes del sujetador se transparentaban bajo la blusa de seda blanca y subían desde la entrepierna hacia los hombros.

Parecía un arnés de seguridad pero; me la ponía dura.

Distraído en admirar sus largas piernas di un paso descuidado y me planté contra la pared en la que ella se apoyaba haciendo girar el bolso, a su lado. Casi íntimamente cerca.

Me dolía mucho la nariz y sangrando con un fuerte acento nasal, la saludé.

-Hola, puta. Quie…

No me dejó acabar la frase.

-Hola, putañero, límpiate la sangre de la nariz. 60 sistemas el completo, 10 de la habitación y una copa de Delapierre dulce.

-Claro y si quieres te lo chupo.

-Está bien, putañero, te perdono la copa de cava.

Hasta para hablar eran rápidos.

Los chirridos de uñas continuaban, me estaba poniendo en tal estado de nervios que se me pasaron las ganas de regatear el abusivo precio del quiqui.

Un taxi paró ante nosotros antes de que acabara de levantar el brazo.

-La pensión está aquí mismo.-díjome la puta.

-Estoy reventado, no puedo dar un paso más.

Creí que quería decir que la pensión se encontraba a unos minutos de allí. Subimos en el taxi, arrancó y apenas recorrimos 8 m., paró frente a una pensión.

¿Nunca habéis tenido la sensación de que sois idiotas? Yo nunca hasta aquella noche y en aquel instante.

El taxista y la puta debieron contarse algo jocoso porque se reían sin ningún disimulo y con ganas.

El micro-paseo me costó 5 sistemas que el uñilargo no se cortó un pelo en cobrar.

Con paso firme y decidido recorrí los treinta y cinco metros que había del taxi a la recepción de la pensión. Pasé como una exhalación entre dos jovianas que manejaban dinero observándome e incluso señalándome. Me dejé tres uñas clavadas en la pared de la recepción durante la frenada.

La puta chirrió hasta mí con suma elegancia y naturalidad.

Ya en la habitación pude moverme con seguridad y fui más rápido que la puta poniéndome en pelotas. Claro que ella sólo se sacó la blusa y el arnés.

Me dejó chuparle los pezones y aprovechó para darse una capa de barniz de poliuretano rosa en las uñas de las manos, cosa que me desmotivaba bastante.

Esnifar prolongadamente aquel barniz me provocó una hilaridad tonta.

A los 10 segundos (me esforzaba por ser rápido) la dije:

-Ahora te jodo, puta.

Apenas vi como lo hizo, pero se quedó en pelotas; el pubis estaba poblado de vello rojizo y los muslos brillaban empapados. Era una máquina de follar.

-Estírate putañero.

Era una mujer poco agradable y cordial.

-No. Yo monto.-me impuse.

Separó bien la cama de la pared (no le pregunté por ese tonto capricho) y se estiró sumisa y aburrida en la cama; cuando abrió las piernas mostró la enorme vulva de enormes labios que goteaban fluido.

Eso me puso como un toro.

Casi me lancé encima de ese cuerpazo. Si la cabecera de la cama hubiera estado atracada contra la pared, ahora estaría sorbiendo líquidos por una pajita. Se lo agradecí en mi interior.

Era resbaladiza como una serpiente en el fango. Cuando tomé impulso alzando el culo para penetrarla, salí disparado por encima de su cuerpo y recorrí con la polla los tres pezones y la barbilla; se me dobló el torso al quedar en el vacío y tuve que apoyar las manos en el suelo para no caer.

-La mamada te va a salir por 15 sistemas más.-pronunció lentamente, con dificultad. Mascullando cada palabra con la boca llena de polla.

Fue un accidente que liberó un poco la tensión acumulada en mí y que a ella le sentó como una patada en el coño.

-Mira putañero, vamos a hacerlo bien.

Me tumbé panza arriba con el pene erecto, un regalo para la puta.

Se sentó encima sujetando y guiando el bálano y cerré los ojos para disfrutar plenamente. Al instante sentí una especie de movimiento sísmico, la cama vibraba y las paredes parecían moverse.

Sentí algo extraño y fugaz en mi pijo y grité:

-¡Ahhhhh!-y me corrí.

El polvo duró cinco segundos escasos.

Con la misma rapidez le pagué a la puta y ni la noche pasé en el hotel que había pagado.

Acabé hasta la polla de Júpiter; volví a resbalar por la pista hasta mi nave para ir más rápido y me largué del resbaladizo Júpiter.

Con el piloto automático activado, me pude duchar y me froté la piel como un neurótico, tenía grasa en cada poro, en cada vello. También me unté crema hidratante en el pene escaldado por el veloz coito al que me sometió la puta joviana.

Lloré por unos segundos de nuevo y luego, ya más sereno me puse hasta el culo de comer lentejas con chorizo.

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SATURNO

El 6º planeta por su distancia al Sol y el más bello por su gran disco y el esplendor de los anillos que lo forman.

Como curiosidad: un día saturniano dura 10 horas y 14 minutos.

Es todo un espectáculo ver Saturno a medio millón de Km. de distancia; el rico colorido de su disco produce al observarlo una gran serenidad. Cuando aterricé en Saturno, quedé anonadado por su atmósfera clara y cristalina; las distancias se hacían engañosamente cortas merced a aquella nitidez.

Los saturnianos son seres soberbios, orgullosos y xenófobos. Los más hijo putas del Sistema Solar.

Y más horteras que un cerdo con diente de oro.

Su piel es tornasolada, nacarina. Dan ganas de vomitar ante tanta belleza.

Son altos y espigados. Las mujeres no tienen mamas y los sexos se distinguen por el color de la nariz: hembras verde y machos marrón.

En la aduana, el agente le dijo a su compañero cuando me coloqué frente a su ventanilla:

-Mira, otro terraca.

-¿Motivos de su visita?-me preguntó.

-Follarme a una saturniana.

Me miró con los ojos cruzados y hostiles.

-¿Cuánto tiempo tiene previsto permanecer en Saturno?

-Lo que me cueste comprar una puta y tirármela.

Me sonrió más amable, no hay nada como ser un hijo puta entre hijo putas. He viajado mucho.

Me sellaron el pasaporte y al entregármelo le pregunté:

-¿Tiene alguna hermana guarra que sea puta?

-Yo no, pero la mujer de mi colega lo hace por 90 sistemas e incluye a su hija sin costes.

Anoté la dirección del domicilio del agente y me tendió la mano de mala gana, se la estreché sin cordialidad. A mí no me gana nadie a borde si me lo propongo.

Compré unas gafas polarizadas para atenuar el efecto estroboscópico de tanto tornasolado, y luz nítida de bellos matices.

Un auténtico coñazo, la belleza hace bostezar a las ovejas.

No había mucho ambiente en la calle, la peña se apeaba rápidamente de sus coches para meterse en su casa y los pocos que paseaban, al cruzarme con ellos me giraban la cara ostentosamente.

Los termómetros marcaban 45 ºC.

Los comercios vendían artículos de lujo a precios astronómicos; por ejemplo: una gorra con un disco como el del planeta a modo de visera: 45 sistemas; justo la mitad que un ménage a trois con la mujer del agente de aduanas y su hija.

En las tiendas en las que entré a curiosear me seguían y controlaban; era una situación violenta porque cuando era un nariz marrón el que me seguía, no sabía decirle que no era maricón como él. Mi saturniano es muy limitado.

En cambio, a las saturnianas les ofrecía pasta por un quiqui rápido. La dueña de una lencería, me seguía constantemente y le ofrecí 20 sistemas por una follada.

-Palurdo terraca…-y me dejó tranquilo mientras acababa de darle un vistazo a las bragas, sostenes no había.

Como quiera que no conseguía intuir en que zona se encontraban las putas (no habían zonas deprimidas ni bulliciosas) intenté preguntar a algún aborigen, pero me hacían un gesto para que no me acercara más y decían no llevar nada suelto encima.

No podía soportar más el calor y entré en un bar. Supe que era un bar porque miré por las cristaleras haciendo pantalla con las manos, porque no había letrero alguno en el exterior que lo indicara.

Estaba decorado con decencia y buen gusto, era como esos de la Tierra que están hechos para las mamás que tras el gran trabajo de dejar a sus hijos en el cole, necesitan relajarse cotorreando con sus colegas.

Resumiendo, parecía una granja bollería.

Estaba a rebosar de napias verdes y deduje que estando todas las saturnianas allí metidas, era imposible que hubiera ambiente de vida en el exterior.

Tal vez sea porque soy de naturaleza frívola y sexual y un tanto simple, la cuestión es que todas aquellas narices verdes y respingonas me pusieron cachondo.

Además, allí en el bar, no habían los 45 ºC de calor que hacía en la calle. Comprendí que era normal que estuviera tan lleno el local, aunque seguía sin cuadrarme el que no hubieran narices color mierda.

Paciencia y perseverancia son mis apellidos, si uno va reuniendo datos, acaba entendiendo el porque de las cosas.

No soy un ejemplo de higiene para la humanidad pero, tampoco soy un cerdo, por lo que deduje que si se taparon la nariz las mujeres más cercanas, fue porque tenían un sentido del olfato patológicamente desarrollado en su desmesurada sensibilidad.

Me olisqueé los sobados peludos (llevaba camiseta de tirantes) y aún olían al desodorante de dos días atrás.

Dejé de preocuparme ya seguro de mí mismo.

Me acerqué hasta la barra y le pregunté a la camarera:

-¿Dónde coño están las putas?

Me sonrió con amabilidad y el resto de mujeres pareció relajarse y observarme con menos soberbia.

-Todas estas lo son; hace tanto calor ahora que no hacen la calle.

La miré asombrado y cogí una de las tarjetas del dispensador de plata y diamantes. Estaba escrita en varios idiomas, incluido el terraca y decía:

Casa de putas La Lujuria Solar.

Las más exquisitas bellezas saturnianas.

Abierto las 10 h. y 14 m. del día.

Gran variedad de precios y servicios.´

Todas las chicas con certificado médico.

-Pues ya podríais haber colocado un letrero, coño. Ponme una cocacola.

Caminé entre las mesas examinando la mercancía. Puede que no tuvieran tetas; pero sus piernas largas, esbeltas y discretamente musculadas prometían esconder entre ellas el más sugerente de los coños. Su actitud orgullosa y altiva las hacía deseables.

Opté por sentarme con una solitaria porque en el caso de hacer el ridículo, prefiero ser discreto. Cuando me acerqué a ella creí entender que decía al verme:

-Vaya mierda.

-Desde luego, el calor ahí fuera es insoportable.-intenté mantener mi dignidad.

-¿Vamos a follar?-le pregunté ya cansado de prolegómenos.

-Vale terraca; pero antes paga.

Le dejé en la mesa 90 sistemas y me reprochó que faltaran 10; tenía mucha calderilla y vacié el monedero en la mesa; sumé los céntimos hasta llegar a 8,5 sistemas.

-Ya está bien, potentado.-me dijo haciendo acopio de paciencia.

Me guió hasta una zona de habitaciones a la que accedimos a través de una cortina de terciopelo rojo con brocados de hilo de oro y una cruz de calatrava del tamaño de un cerdo.

Si el mal gusto y la vulgaridad fueran delitos, los saturnianos morirían en la trona-láser.

Nos desnudamos y no le encontré el chocho.

-¿Dónde tienes la raja?

Y me enseñó el culo.

-Digo la otra, el coño, puta.

-Las saturnianas no tenemos esa porquería entre las piernas, no somos unas tiradas.

-¿Y los narices color mierda no tienen pene?

-¡Qué asco…! ¡No!

Encima de puta, delicada.

-¿Y cómo os reproducís?

Me dio unas gafas de protección como las de los soldadores, me las puse intrigado sintiéndome fetichista.

Hizo una serie de arrancadas con la garganta e hizo emerger el pollo a la boca y me soltó un escupitajo de color verde, como los genuinos, que me lanzó atrás.

Se me revolvieron las tripas y cuando me aferré a las cortinas de seda para limpiarme con ellas, sentí un placer extendiéndose desde el moco hacia las extremidades incluidas el nabo.

-Te perdono porque está guay, pero que no toque la cara.

-¿Ya estás, no?

-Claro que no.-dije con el pecho chorreando mocos.

Y con la picha más dura que pata de cabra.

-Pues nuestros hombres ya se hubieran corrido.

-Oye puta, no he pagado 89,5 sistemas para que me escupas y largarme con un calentón, así que sigue.

-No me quedan más pollos.

-Pues me devuelves la pasta o me la chupas.

-Yo no me meto eso en la boca.-dijo señalando mi pene que cabeceaba pidiendo más.

Salió fuera del folladero y la sentí hablar con sus compañeras.

-Arreglado, te irás satisfecho.

Fui escupido 15 veces por 15 putas diferentes y aún así, no miro con buenos ojos la escatología.

Me entró complejo de Jesucristo.

Cada escupitajo superaba y se sumaba al placer del anterior y antes de que me llegara el 15, ya me estaba corriendo.

Debía ser una droga con un efecto neurológico general, porque nunca me había corrido castañeteando los dientes y haciendo el pino. Yo no sabía hacer el pino.

¿Entendéis por qué quiero ser discreto y no estar demasiado acompañado? Nunca se sabe cuando puedes caer en el ridículo más espantoso.

-Tenéis poca clase hasta para esto.-comentó despectiva la puta nº 15.

No le pude responder porque aún me repicaban los dientes y como estaba haciendo la vertical con las manos, hacía también el ridículo; el semen y los mocos se escurrían por mi nariz, por el pecho, la boca…

Y no por este orden.

Era muy desagradable sobre todo porque los fluidos se habían enfriado y estaban más espesos.

Entró un grupito de 20 putas más para observar mi extraño orgasmo, me hicieron fotos y no tuvieron la delicadeza de darme un cacahuete las muy racistas.

Recapacitando, el sonido que hacían para sacar el moco del gaznate era muy desagradable y el tacto repugnante, pero cuando hacía efecto se convertía en un cortejo sexual exquisito.

No obstante, me sentí herido en mi orgullo machista y cuando recuperé la compostura, arranqué una miasma cargada de alquitrán y nicotina de lo más profundo de mi ser y se lo escupí contra el pecho de tabla a la puta 1 cuando se estaba vistiendo.

-Hijo de pu….-intentó decir, aunque nunca supe que era lo que quiso comunicarme.

No pudo acabar su frase, se tiró al suelo gimiendo como una perra y extendiéndose el escupitajo por la caja torácica, retorciéndose de placer sincero.

Y pensé orgulloso que había nacido para dar placer a las hembras fuera como fuera.

-¡Más! ¡Más! ¡Cabrón, dame más!

La escupí hasta quedarme seco.

Era de locos, me tuve que masturbar por lo caliente que me puso de nuevo la saturniana.

Le di un beso en la boca para que se sintiera más mujer; un arrebato romántico.

-Eres un guarro.-me insultó con náuseas.

Cuando salí al salón no había una sola puta y era de noche. No había pasado ni una hora y media desde que entré.

-¿Cómo puede ser de noche ya?-le pregunté a la camarera.

-Terraca, aquí el día dura 10 horas terráqueas.

-¿Y las chicas?

-Haciendo la calle.

Salí de la casa putas satisfecho, asqueado, excitado y apestado; no me permitieron ducharme porque les daba asco el pelo de mis sobacos.

En la calle había gente hasta en las alcantarillas y no hacía el asfixiante calor de hace un rato. Ni siquiera hacía calor.

Es lo que tiene viajar solo y no hacer ni puto caso de las guías turísticas, es muy difícil dar con el lugar y el momento idóneo llevado por la sed de aventura.

Camino del aeródromo pasé ante un corrillo de putas que me escupieron con suavidad, para incitarme.

-Iros a la mierda, guarras.

Me sonrieron con simpatía.

Cuando despegué y me sumergí en el espacio, sentí la experiencia como un sueño subrrealista; me duché y con lana de acero tuve arrancarme los restos de escupinajos y semen. Afortunadamente no me escupieron en los huevos.

Fumando un cigarrillo y tomando un café, repasé la guía turística, no me había equivocado, allí decía: "se practica el sexo a todo trapo*"

Pasé por alto la nota del asterisco que decía así:

"N.T., errata, léase escupitajo".

No importa, hubiera ido de todas formas, no soy delicado con estas cosas del follar.

Lancé un pollo al suelo y me eché en la cama para reflexionar con un condón de precioso tornasolado color verde metálico en la picha.

 

 

Iconoclasta

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