«¡Hey, vamos!
Vamos a perseguir la mañana
Esta noche.»
«¡Hey, vamos!
Vamos a escuchar al Sol.
Esta noche.»
Ni los pingüinos de Madagascar tienen tanta marcha.
Hey, Tonight!
Es que no podía dejar la espada tranquila, fuera cual fuera el conducto donde la ensartaba… Era todo un dominatrix.
Y lo que debió amar a Rufián para darle todos esos legionarios…
Seguro que está en el Olimpo bailando al son de I Want To Break Free, con zapatillas de conejito atisbando por debajo de la mini falda de Freddie Mercury.
En el colegio, la historia que me enseñaron era repugnantemente aburrida, suerte que me hice mayor y no creí nada de lo que intentaron enseñarme.
(Vida del divino Julio César, de Suetonio)
«Somos de colores
no tenemos ni nombre,
pero tenemos algo que por la noche se esconde
es un gran sol
un sol dorado
que por la noche se esconde»
«Para decir adiós, vida mía
y te estaré por siempre agradecido
me acordare de ti algún día.
Para decir adiós, solo tengo que decirlo».
Desgarraré tu alma y los elásticos de la ropa interior que cubre tu piel más deseada.
Contra tu sensual voz lanzaré mis gruñidos más erectos y dolientes.
Te diré que me duele tanta dureza, tanta sangre.
Que me des consuelo.
Seré animalidad avergonzando a la razón.
Seré lengua arrastrada, mojada y pesada en tu oscura y seda piel deseada.
Iconoclasta
«He besado el suelo de una sola patada.
El cerdo (policía) y su manguera me han dejado libre.
He probado el odio de la calle del ahorcado».
«…Veinticuatro años esperando una oportunidad para decirle lo que siento y quizás se volviera para mirarme.
Ahora ya tengo que acostumbrarme a no vivir a lado de Alicia.
…no, yo nunca me acostumbré a no vivir al lado de Alicia».
No necesitas oír a nadie, porque lo que ahora importa está ahí.
El tiempo y el agua corriendo juntos, arrastrando vida y restos.
La naturaleza te hace sentir justo lo que precisas.
Ella no habla, te deja solo contigo mismo.
Solo y absolutamente autónomo para hacer lo que debes.
Y lo que debes hacer y lo que se ha hecho, se irá con el agua, irreparable e irreversiblemente.
Las lágrimas y las risas no le importan al río, el arrastra lo que sea, sin piedad, fríamente.
Me dicen las ramas de los árboles que nunca se debe pedir clemencia o perdón porque es cobardía. El arrepentimiento y la cobardía con indignidad se paga.
No hay vuelta atrás, es estúpido alegrarse o entristecerse de nada. Se trata de seguir cometiendo actos, los que quiera, los que deba.
Tiro la colilla al río, estoy de acuerdo.
«Cuanto más crece lo superficial
más nos desvanecemos
en lo más profundo»