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Tranquiliza mirar por la ventana y encontrar toda esa decrepitud. El caos de sombras, hierros y cables que resalta un sol sesgado y cruel como una cuchilla separando uña y carne. Indiferente al dolor, a la humillación que ilumina y contrasta.
Mi pensamiento es como la fachada castigada, lleno de sombras y deterioros, de cables cruzados.
Cicatrices en las redes sinápticas.
Es un orgullo asomarse a la ventana y toparse con algo tan parecido a mi cerebro.
Porque he conseguido la misma decrepitud en mucho menos tiempo que el empleado por el planeta para arruinar la casa.
Soy un recordman de la decadencia.
Y luzco con los brazos en alto una copa oxidada con una sonrisa torcida.

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En Telegramas de Iconoclasta.

valle-de-lagrimas

Alguien dijo poéticamente que la vida es un valle de lágrimas.
No es correcto, hay lágrimas; pero las lágrimas no son el problema.
El problema está cuando el valle se llena de hijos de puta, que son los catalizadores de la efusión lacrimógena.
Los valles por definición e idiosincrasia son bonitos y no son tristes.
Los idiotas son el problema number one del valle.
(Artículo extraído de la Iconopedia).
Creo firmemente en la precisión comunicativa, sea prosa, poesía o periodismo.
Es que ves algunos parajes y piensas: ¿Cuánto tardará un imbécil en llegar para joder la marrana?
Es precisa la reflexión y al mismo tiempo, jocosa. Así se escribe.
Mañana discutiremos de los que escriben «balle», en lugar de «valle». Que también provocan lágrimas de vergüenza y risa.

 

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Ella es indiferente a mí. Y yo indiferente a los de mi especie.

Vivimos y comemos sin importar a nadie. Sin necesidad de nadie por temor a la soledad.

El equilibrio es vivir independientemente de quien viva y quien muera.

No nos hemos saludado, las normas cívicas ahogan la libertad.

Y está bien, es correcto.

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Dicen que se debe morir con las botas puestas; pero no estoy de humor para metáforas hormonales.
Que me quiten las botas, que me duelen los pies.
Y tendrás que ser tú, mi amor, quien me las quite para morir cómodamente.
Es que no existe nadie más quien me las quite. Ni quiero.
Porque no solo me quitarás las botas.
Y es que tu boca es la más extrema cueva del placer.
Obviemos que muero y quítame las botas, desabróchame el pantalón que ya no necesito, que me molesta también.
¡Qué boca tan grande tienes, abuelita!
Morir no siempre es trágico, mi amor. Nos reímos de todo…
Tu mano en mi pubis me hace sentir que deliro, me sitúa en esa frontera difusa entre la agonía y la paranoia.
Por favor… Solo tu aliento ahí, basta para que se me derrame el blanco con espasmos descontrolados.
No tienes piedad ni con el agonizante. Te adoro por tu fiereza, por tu sensualidad que me desquicia, que me saca de madre.
No soy valiente, ni cobarde, no soy nada.
No quiero las botas al morir.
Solo estoy loco, enfermo de ti.
Si muriera con las botas puestas, rozaría tan peligrosamente la mediocridad, que vomitaría con mi último aliento.
Que sea eyaculando en tu boca…
Tú eres María Magdalena y yo Jesucristo.
Es un buen momento para evocar mitos, fantasías.
De haber existido ambos, Jesús hubiera querido morir en la boca de Magdalena.
Como yo en la tuya.
No quiero morir como un hombre bueno y valiente. Quiero ser sacrílego contigo.
Vivir-morir una pornográfica agonía con mi amada.
No quiero botas ni bondades.
Solo el fascinante y cruento amor que nos come.
No me dejes morir en paz, hazme estallar, mi amor.
Y luego, desnuda, tira las botas a la basura.
Tú serás mi epitafio.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Soy un iluso, además de tener que ir urgentemente a la óptica a que me revisen la graduación de las gafas.
Por otra parte, creo que he de atar fuerte mi imaginación. Soy un romántico patológico.
Creí que era una preciosa configuración frontal de tumbas blancas, un simpático cementerio.
Pero no, eran simples balas de heno primorosomante empacadas.
Mierda…
Pues nada, no me rindo.
Así, que le doy rienda suelta a la imaginación y digo que son tumbas, tumbas blancas y anónimas. Porque están en el sitio perfecto y en el día que han decidido que sea de muertos.
Faltan zombis en el prado; pero no tenía ganas de esperar, sinceramente.
Cuando ves una tumba por más de treinta segundos, empiezas a bostezar.

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Alguien debería hacer algo por la masacre de calabazas en esta fiesta cruenta de Halloween y sus muertos de mentira.
Muertos olvidados, que solo se recuerdan por orden folclórico-institucional como motivo de festividad en una hipocresía ya tan habitual, que pasa desapercibida para todo bicho viviente.
Pobrecillas, nacen entre todo ese caos, para luego ser destripadas y convertidas en máscaras ardientes.
¿Acaso os gustaría que os cortaran la cabeza, la vaciaran de ojos y cerebro y luego os metieran una vela dentro?
Stop al maltrato de las calabazas.
Son seres vivos que sienten, aunque retocen en el estiércol y otras impurezas.
Colabora donando 100 € con la ONG Calabazas Life para su protección y conservación.
O bien, apadrina una por 25 € al mes para que aprenda a leer, tener alimento y asistencia médica.
Mañana hablaremos de boniatos o camotes.
Y sobre todo, de las pobrecitas castañas.
Mierda… Estoy acabado…

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Se rompen los vidrios.

Se parten las maderas.

Se quiebra el acero.

La carne se saja.

La piel se abre.

Los huesos se tronchan con espeluznantes crujidos.

Se desgaja la tierra como una manzana cuando la piso.

Y las estrellas revientan.

¿Qué esperas de un mundo en el que reina la fascinante destrucción?

Donde todo se rompe.

Hasta el pensamiento se fragmenta. Tengo sueños destrozados y muertos.

Pobres míos…

Porque no es el movimiento, es mentira.

El movimiento no es la gracia del mundo.

Es la ruptura, la destrucción es lo que de una forma paradójica hace expandirse el universo. El de mi cerebro y el gélido y letal de ahí afuera.

Se rasga el himen como una tela y el prepucio que cubre el embotado glande parece agrietarse sanguíneamente por la presión de la sangre que palpita, que lo expande.

Es un mundo bellamente violento, rugiente y doliente con breves momentos para ternuras y cariños.

Donde trozos de amores muertos son metralla que se estrella contra el suelo sin importar ya.

Me gusta la parte violenta de la vida. Porque romper y destruir es más satisfactorio que crear.

Porque la violencia es un instinto primario sin matices, no necesitas ni te arrebata la voluntad como en el amor.

Porque quiero lo fácil, me cansan los retos.

No soy un atleta de mierda, no quiero batir récord alguno.

Solo destruir, la fácil y fluida destrucción…

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Es como un drama planetario que siempre me turba: la noche devora las montañas y siento la angustia de no saber si mañana estarán. Debería estar con ellas y cuidarlas, consolarlas cuando la noche las disuelve.
Que no les duela, es mi réquiem por ellas.

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Se le achacan méritos y romanticismos exagerados y facilones a los que escriben, pintan o dicen algo ingenioso desde una bohemia comodidad. Desde un bienestar u holganza donde el sudor de la esclavitud laboral y su precariedad, no marca sus inspirados días.

Es fácil y poco meritorio ser intelectual y transgresor cuando eres un afortunado.

Soy adicto al combate, al dolor, la ira y el cansancio. Que se emborronen las palabras con el sudor y escupiendo rabia. O con los dedos mojados de un semen eyaculado con tristeza…

Y así sacar el in-genio de las venas de mis brazos.

De un pene inconsolable…

Bohemios y pensadores de vida fácil y resuelta…

Os enseñaré la verbigracia, el romanticismo y la irreverencia que contienen una gota de sudor y otra sangre. Y a falta de absenta, brindaré por toda la mierda de este mundo con un trago de agua turbia y recalentada.

Ebrio de agotamiento y rabia.

Narcotizado de frustraciones.

Bohemios y sabios de club…

No sabéis nada, ingenuos.

 

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Foto de Iconoclasta.