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En Realidades Truncadas.

En Realidades Truncadas.

¿Por qué cuando alguien viaja a un lugar raro o exótico que solo conoce su puta madre con suerte, te pregunta si has estado allí. Y además, si hace poco, para mayor inri?
Ves sus manos temblorosas con una cámara fotográfica cargada con siete u ocho mil fotos, dispuesto a enseñártelas todas.
Hay que tener reflejos y hablar rápidamente:
-No sé dónde está Cincronopios, no tenía pensado ir allá y ahora que se existe, tampoco. ¿Por qué cojones tendría que ir? ¿Y tú por qué has ido? Tiene nombre de medicamento para deficientes mentales. ¿Eres peregrino de alguna religión? ¿Hay sexo gratis? ¿Es un viaje regalo de Chedraui o similar? ¿Una oferta de agencia? ¿Incluye excursiones en burro?
Y no hablemos de la odisea que te pueden contar por unos segundos de puenting o paracaidismo. Te van a mostrar sus gráficas cardíacas, de presión arterial, el nombre del instructor como si hubieran practicado sexo y unas muestras de heces y orina.
Más vale perder un amigo que soportar tres horas de malas fotos y explicaciones aburridas.
La amistad está patológicamente sobrevalorada.

Su sonrisa de luz…
Los pezones erizados, las piernas entreabiertas, una mano en el vientre deslizándose suave, los labios entreabiertos, la lengua fresca y húmeda. Su vagina tan brillante…
La penumbra la envuelve en halo de deidad.
Que preciosa criatura intuyo y espío, que siento y presiento.
Mi pene latiendo, un segundo corazón.
Bendita sea la secreta y ávida lujuria.

Llueve de nuevo, el aire se limpia de cenizas y cosas muertas que son arrastradas a las cloacas formando un fango miserable.
Pareciera que llueve mierda.
Es tan tarde… Y yo en la cama sereno, erecto por puro instinto animal o por el sonido de la lluvia… Tal vez soy un degenerado.
Espero que la lluvia acabe su trabajo para poder exponer mi piel a un aire fresco y consolador.
Soy delicado.

Atención: el espíritu de la navidad ya está acechando; como cada año habrán transformaciones drásticas que harán de la chusma gente bendita de un corazón tan grande y bondadoso como mi erección matinal.

Se amarán todos durante unas horas y serán completamente inconscientes de su hipocresía.
No hay suficientes balas de plata ni ajos para combatir esas transformaciones.
Solo la pornografía podría ser un refugio seguro y liberador durante unos minutos contra toda esa bondad y beatitud del carajo.
Hay que aguantar estoicamente durante unas horas, hasta que se emborrachen y embrutezcan y se deshaga así la falsa piel de la bondad.
Por si acaso, no estaría de más llevar una estaca de madera escondida en la cintura, por si algún «bondadoso/a» se resiste demasiadas horas a ser el miserable que es habitualmente.
Es que en navidad es tan habitual infravalorar la sinceridad y la naturalidad…

Vivir intensamente.

Os equivocáis, no sabéis nada. No habéis aprendido, ni tenéis capacidad para ello.
Vivir intensamente es imponer el propio pensamiento sobre el rumor de cientos de voces, de motores y música barata.
Vivir intensamente es enmudecer a la humanidad y caminar con el pensamiento a todo volumen.
Yo soy la intensidad y el resto, lo ajeno, lo que no puede anular mi pensamiento.
La ciudad y lo que contiene es un mal derechazo de un pugilista mediocre. No ganará nunca.

Nunca se vuelve al punto de partida, no se puede comenzar algo de nuevo.
Los puntos de partida se pierden a la partida.
Es estúpido decirlo, ¿verdad?
Pues eso, cuando creas por un momento que has vuelto al punto de partida, visita al neurólogo.
Has caído más bajo de lo que pensabas y no te das cuenta por algún daño cerebral degenerativo.

El mundo a veces es maravillosamente impredecible.
Acabas sintiendo repugnancia por lo que creíste amar. Y aparecen seres que no conocías a los que tienes que acabar amando.
Y el asco que sientes por aquello que se convirtió en miseria y suciedad, se torna rápidamente en indiferencia. Sientes que no es necesario partir, que duele marchar por esos seres que han marcado tu vida y han combatido la repugnancia.
El tiempo que uno creía haber perdido, simplemente se convierte en una anécdota. Y ríes.
Para conocer esos seres se requiere fuerza y determinación. Aquello que ya no está de moda entre la moral de los mediocres: nobleza. Mantener un ideal de ética y amor, aunque duela.
No es una reflexión edificante, es un canto a la experiencia. Algo inusual en estos tiempos, en este planeta.
Es algo serio y grave como la bala que sale del cañón de un fusil.
Porque nadie sin inquietudes, sueños y determinación puede transmutar la repugnancia en un cúmulo de seres a los que amar y recordar siempre. Es algo que te ganas a pulso.
Hay una gran dosis de vanidad en estas palabras, tanta como esfuerzo, tiempo y voluntad nos cuesta cumplir con los sueños que perseguimos.
Nos merecemos la mirada franca y cansada de ceño fruncido que el espejo nos devuelve a las mañanas.