Un horizonte de libertad y amor copy

No hay nadie que pueda estropear el momento diciendo que va a llover, que el cielo presagia muerte. Que hace viento…

Bendita la libertad de la soledad…

Cuando amenaza lluvia voy hacia las montañas, con psicótica ansiedad.

Cuando la gente se resguarda, yo emerjo.

Es el cielo que siempre soñé, es la fuerza que siempre quise sentir.

No ver un horizonte de tragedia ha sido la tristeza de cada día al despertar.

He estado a punto de no llegar; pero no le hice caso a nada ni a nadie.

Sigo el camino del dolor ignorándolo. La soledad es compañía y me lleva adentro de mí mismo, con cariño, con paciencia. Calmando mis náuseas por el vértigo de la vida que pasa doliente.

Y un fuerte viento me dice que todo está bien. Me hace sentir indómito, salvaje.

El viento que me forja, que me endurece.

Él serena toda mi frustración pasada, la melancolía de no haber nacido aquí, de llegar a este cielo cuando ya he gastado casi toda la vida.

Mis nubes grises y de un azul cobalto que parecen amenazar con aplastar a todos los seres que vivimos bajo ellas, me dan una libertad que se eleva por encima de las montañas.
Mis moléculas quisieran formar de ellas.

Las nubes tiran de mi piel para arrastrarme allá arriba.

Entrecierro los ojos ante el viento que refresca dolores y cansancios, como si me acariciara.

Y el viento se convierte en los lejanos besos de ella. Ella que me ve como si fuera un hombre completo. El aire es fresco como tienen que ser sus labios, dice que nos olvide el mundo durante los largos besos.

Sus palabras y el cielo denso y funesto. El decorado hermoso y preciso para un vida y una muerte.

Porque es un buen momento para morir con dignidad y amado.
Amando…
Antes de que estropee, por favor.

En el íntimo y solitario camino, el viento se torna ráfagas de amor que arrasan, que me arrancan de mi rostro todo lo que dolió, lo que duele y lo que dolerá. Lo que no gustó y lo que no gustará.

Cierro los ojos pensando en su boca y en las marcas de su biquini, en su culo… Y bajo las nubes que dejan ya caer gruesas gotas, tengo una erección salvaje y libre. Ella sonreiría y me besaría muy pegada a mí para sentir lo que provoca.

Yo sonrío al viento que es ella.

Ella desnuda.

Ella húmeda.

Ella pegada a mí.

No me he dado cuenta del tiempo y la distancia que he consumido y recorrido, estoy tan lejos que soy nube.

Ya nadie me distingue, soy de color azul cobalto para alguien que mire el horizonte.

Me basta con ese privilegio.

Ha valido la pena.

Ahora toca volver, para ello utilizaré medio cerebro para obligar a mis piernas a no quedarse bajo el cielo lo que me queda de vida.

La otra mitad del cerebro trabajará en combinar la palabras adecuadamente para intentar plasmar la belleza de la que soy víctima.

Soy víctima de ella, mi amor.

De las nubes y el viento, mi libertad, mi hombría.

Mi naturaleza salvaje tanto tiempo aplastada por los mediocres días se rebela y se expande, quiere ser vapor y trascender.

Mi muerte digna…

Nadie tendrá que incinerar mi cadáver, un rayo me desintegrará.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Tomomi Nakagawa

En Telegramas de Iconoclasta.

El toro viejo

El toro viejo viene hacia mí, con la cabeza gacha, yo no retrocedí… Fui hacia él. Fue él quien retrocedió.
(Lark rise, de Flora Thompson)

El final de todo
El lejano sonido de los truenos me conmociona, sacude profundamente mi ánimo.
Es el anuncio de la tragedia definitiva. La última.
Y a cada minuto retumban más cercanos.
Es liberación y miedo. Heroína chutada en una vena podrida.
No hay lluvia aún; pero los truenos anuncian, braman.
Gritan cosas de desolación y traen los gritos del dolor y el terror futuros. Próximos como el fin del cigarrillo que se consume entre mis dedos.
Es por algo, las cosas no ocurren por casualidad, las cosas importantes.
No estoy loco.
Mi cordura la avalan años y experiencias y sé muy bien cuando hay amenaza.
Me lo dicen los pelos del antebrazo al erizarse.
Soy yo mismo lo que me preocupa. En lugar de refugiarme, espero con el corazón palpitante que los truenos lleguen con sus rayos arrasando y exterminando.
No busco salvación, quiero estar presente en la destrucción, al precio que sea.
He esperado toda una vida que ocurriera algo extraordinario. Ahora ya sé que estaba equivocado, debía esperar pacientemente a estar muy cerca de la muerte. Porque la ilusión, la esperanza de que ocurra algo portentoso, es mayor que el miedo, la vida me ha preparado, me ha forjado con valentía para la hora de morir.
Primero tuve que aprender que el universo es un conjunto de monotonías invariables. Tuve que sentirme ajeno, sentir aborrecimiento en el alma y en la piel.
Hay extrañas frecuencias en el sonido que rompe contra las cosas y los seres: son los rugidos del final.
Aprendes cuando lo has oído y visto todo y solo queda por sentir lo verdaderamente trascendente.
Aprendí por eliminación.
Estoy sentado en un banco con la mirada fija en las montañas que resaltan con un verde oscuro contra el gris plomo del cielo.
No puede tardar…
Las gotas tienen el sabor a óxido de la sangre.
Las que gotean de mi frente por una vena que ha reventado, la sangre se desliza por mi nariz, se mete en las comisuras de la boca y me provoca cierta ferocidad ese sabor.
No es como yo imaginaba. Cuanto más se acercan los estruendos del cielo, mi pensamiento adquiere una profundidad y claridad que había esperado desde el momento en que nací. Puedo ver las moléculas del aire y los huesos a través de los poros de la piel de los seres humanos. Puedo sentir los latidos de todos los corazones.
La piel de mis manos se agrieta y deja paso a un tejido oscuro y áspero.
Y no hay dolor, es todo lo contrario, euforia.
He sido larva e incubadora de mí mismo, alimentándome de la miseria, envidia, cobardía y mentira.
Cada día, todos los días.
Hoy se rompe la monotonía.
Han de morir, han de caer bajo el peso de su propia podredumbre.
Sucumbirán sin importar nada, con la misma banalidad con la que vivieron.
Soy el tumor incrustado en las redes empáticas de la humanidad y en su naturaleza.
La lluvia es ácida y deshace la piel humana que me cubre. Soy de cuero grueso cubierto de vellos largos e hirsutos.
Mis piernas, mis antes cansadas piernas, se han convertido en dos patas de pezuñas hendidas.
Las uñas han crecido reventando las humanas.
No puedo ver mi rostro, pero hay dientes en el suelo y colmillos donde antes no los sentía.
No sé cuanto tiempo lleva observándome fascinada; pero la mujer tiene el cabello mojado y no presta atención a los cadáveres de ropas de todos los colores que arrastra el río.
La lluvia quema su piel y no parece sentir dolor.
He crecido más de medio metro y provoco sordos golpes sobre el suelo al caminar.
Llevo la mano a su pecho y rasgo la camiseta y sus pezones con mis uñas. Es como si sus pechos estuvieran plenos de sangre para amamantar a mi hijo.
El dolor de mi caricia cruenta entrecierra sus ojos con placer.
La vida tiene una extraña y maravillosa forma y color, como en los sueños.
Me da la espalda para apoyar sus manos contra un muro con las piernas separadas. Le arranco la falda y las bragas. Se la meto, la elevo clavada a mí y gime con los pies en el aire.
La sangre de su coño se desliza por sus muslos hasta gotear por los dedos de los pies. El ácido que llueve la convierte en vapor.
Mi lengua es larga, tanto como para enroscarse en sus pezones heridos desde su espalda, mientras se corre.
El semen negro como mi piel gotea de mi miembro ensangrentado. Ella se debate en el suelo sujetando su coño con fuerza, con espasmos.
El bebé negro de pezuñas hendidas ha rasgado con brutalidad la vagina y ahora mama de sus pechos.
Y crece, crece mientras muerde los pezones y el cuerpo de la mujer se agita como si estuviera vivo por el la voracidad que mi hijo la muerde y mastica. Somos los nuevos pobladores del planeta.
Somos justicia.
El bebé ha sorbido su última gota de sangre, el cadáver de mamá se deshace lentamente con la lluvia exterminadora.
Ha crecido y se ha puesto en pie, pisando el rostro sanguinolento de mamá.
Toma mi mano y caminamos bajo la lluvia, los humanos han dejado de gritar y todo es paz mientras los restos humanos se deshacen.
Se convierten en gelatina roja.
Los truenos han cesado.
Ya sé quien soy. No tengo que ir a ninguna parte.
He llegado.
Los patos nadan indolentes en el río, picoteando los cadáveres. Como si nada hubiera ocurrido.
Y ahora todo está bien.
No tiene sentido nuestra existencia, pero tampoco la tenía la humana.
Son cosas que pasan, seres que aniquilan a otros seres.
Somos azares, moléculas, cánceres y víctimas.
Nada nuevo bajo el sol, cuando aparezca…
Mi hijo toma la cabeza decapitada de un bebé y la sacude como si hubiera algo dentro.
-No hay nada ahí dentro, nunca lo hubo -le instruyo.
Me sonríe. Y yo, por primera vez en años; también.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Unos instantes atrás, antes de que un tractor la rompiera, estaba viva. Su piel parece la del sueño; la muerte no tiene prisa por dejar su marca de obscena podredumbre.
Morir es tan habitual, que no comprendo cómo puede causar temor.

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Hay cosas que compras con ilusión, porque son aterciopeladas, deberían ser dulces y refrescantes. Me gasto la pasta en algo precioso, con el que acariciar mi rostro delicado o bien para hincarles el diente con voracidad.
Pero… ¿Qué ocurre cuando sientes que se te encogen los maxilares, que los incisivos crecen tanto que crees que van a llegar al suelo?
La acidez de estos melocotones o duraznos es casi tóxica.
Cuando he conseguido que todos los huesos y tejidos de mi boca volvieran a tener su forma y sabor habitual, he sentido una profunda tristeza.
Otra vez me ha engañado el destino.
Tan inocentes y bonitos.. Son más agresivos que la puta que los parió.
Se podrían hacer en el culo el injerto de limón con melocotón.
Hijoputas… Qué mal rato he pasado…

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Tengo miedo, cuando llega la noche le posee la euforia gatuna y lo muerde y araña todo, incluso a mí y los dedos de los pies. A veces lo odio.
Yo digo que está poseído. Que es Jekyll y Hyde.
Que además, los muy cabrones, me quitan espacio en la cama.
Un día, cuando yo desarrolle mi tercera personalidad, la cama sucumbirá al peso de la multitud.
Paranoia’s in the night.

Captura

En Realidades Truncadas.

Gimena Accardi

En Telegramas de Iconoclasta.

Captura

En Realidades Truncadas.