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Tentación

Publicado: 9 noviembre, 2011 en Amor cabrón
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No hay nada elegido al azar. Cada gen, cada trozo de piel y cada cabello han sido diseñados por algo o alguien no-humano con una concepción desmesurada y alienígena de la provocación.

Alguien la programó para que la tela negra que cubre sus pechos, resbalara por su piel y mis humanos ojos asistieran a un eterno discurrir del deseo.

No tengo alma, la he vendido por ella.

Su piel es blanca y repele el negro encaje, provoca la destrucción de la tela por manos y bocas colapsadas y crispadas de una tentación ya delictiva.

No sé distinguir la imperceptible frontera entre la desesperación y la tentación.

Solo sé que soy un bálano herido de lujuria del que cuelga una gota densa sin llegar a desprenderse nunca.

Ella es mi tentación, y mi tortuosa gota que busca su blanca piel para extenderse.

Para evaporarse.

Iconoclasta

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Sin piedad

Publicado: 8 noviembre, 2011 en Amor cabrón
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No hay descanso, se acabó la chica buena.

El cabello está alborotado de deseo. Es hembra en celo, no reproductora. Predadora de deseos y voluntades.

Seré su alimento sin poder evitarlo. Sin quererlo…

Bellísima en su agresividad, como mantis religiosa de implacable mirada, es trama y trampa de cuerpo lujurioso. Es pura selección natural en lucha cruenta por un placer.

Vive en la cima de la cadena alimentaria, yo soy su alimento.

Soy víctima de la más terrible hipnosis del mundo animal, alimento entre su piel. Un pene amputado en lo profundo de su sexo ávido.

Ella sin piedad, yo sin opción.

Sin perdón.

Iconoclasta

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Algo de ejercicio

Publicado: 30 septiembre, 2011 en Amor cabrón
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Abdominales, pesas, bicicleta.

Algo de ejercicio por la mañana, en la soledad de la mañana.

Tengo sed. Me canso.

Los brazos tiemblan, la espalda no se relaja.

Sudo.

Los cuádriceps hacen de mis piernas dos troncos palpitantes.

Y no es suficiente.

Mi rabo no se da por enterado y está duro.

Soy un hombre y la amo, hasta aquí todo parece normal.

La amo con todos mis músculos cansados. Es una luz que no se apaga en mi minúsculo cerebro.

Suelo pensar que soy idiota, porque toda la sangre se la lleva mi polla dejando seco el cerebro.

Pullover: doce kilos que elevo con los brazos por encima del pecho y hago descender por debajo de la cabeza estirado en el banco.

Las costillas están oprimidas, el abdomen tenso.

No me concentro porque mi pene, el que me hace idiota, exige alojarse en su boca, en ese mismo ejercicio. Y exige el roce con su minúscula tanga que se hunde en su sexo, como si lo hiriera.

Escupo saliva ¿por el esfuerzo o por la excitación? No lo sé, mi pene habla.

Si mi reina estuviera aquí, ahora, se sentaría clavada en mí, y no dejaría caer las pesas. Soportaría como un macho la presión salvaje de su coño atenazando mi miembro.

Con los putos pectorales tensos.

Y como un crucificado, me sentiría asfixiar.

No tengo el control. Por mucha disciplina, por mucho ejercicio diario que haga; no puedo erradicar su imagen cuando duerme; cuando abuso de su inconsciencia y meto los dedos en su raja. Cuando exprimo el pezón que asoma por encima de su blusa con los labios.

Apertura de brazos con mancuernas: extiendo los brazos semiflexionados para que mis pectorales de contraídos pezones se tensen, se rasguen; para que reviente el corazón si es necesario. Si puede…

Necesito que se extienda encima de mí, necesito que aplaste sus pechos en el mío y que mi pene recio se aloje y se frote entre sus muslos.

Dejo caer las mancuernas. No tengo el control, ni siquiera voluntad.

Bajo el pantalón y atenazo con fuerza el indómito rabo que supura ya viscosidades ignominiosas.

Lo maltrato hasta que mis cargados testículos duelen.

No hago caso de ese estímulo, el dolor no es suficientemente fuerte para que mi polla se rinda. La boca de mi reina amada enmudece mis gemidos y acompaña mi mano en el furioso vaivén del puño. Mete la lengua entre mis labios cuando mi pene es una fuente caliente que inunda el ombligo y el vientre de semen.

No está, estoy solo. Quedan unas horas para que vuelva.

Ya no oigo mis jadeos, la casa está silenciosa y fría.

El esperma se ha enfriado en mi piel y lo extiendo pensando en ella. Soy un hombre cansado, satisfecho, un bulto que respira, una conciencia perdida en un limbo… No sé bien que soy ahora.

El pene descansa lacio, aún palpita. Mi reina debe estar sonriendo.

Quedan cuatro series por hacer: bíceps y hombros.

Tengo que darme prisa ahora que la sangre llega a mi cerebro.

Ahora que la bestia está dormida.

Cuento cada repetición con la serenidad de un amor sereno, de un amor armónico; puedo evocar sus palabras y tengo memoria de los momentos vividos.

Ahora que mi polla está agotada y mis músculos obedecen a mi voluntad no soy idiota. No soy irracional.

No es cierto, no se cumple la premisa mens sana in corpore sano. No en mí.

Soy un cuerpo sano con esquizofrenia de amor y deseo.

No tengo el control.

No lo necesito.

Algo de ejercicio no puede hacer daño.

Mañana músculos dorsales y un beso negro…

La bestia despierta.

Es incansable.

Iconoclasta

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Un puzle chino

Publicado: 30 agosto, 2011 en Reflexiones
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Algo no acaba de ir bien, no acaban de encajar las piezas. Se hace difícil montar el gran puzle del amor cuando hay que oprimir con tanta fuerza las piezas para que encajen en su lugar. Los dedos duelen y acaban temblando ya entumecidos.

La frustrante sensación de que la próxima tampoco encajará bien me irrita.

¿Por qué no presta atención el fabricante a la calidad de sus productos? Es importante que las piezas encajen bien, suavemente. Porque de lo contrario, podemos encajar las que no son correctas y la confusión se torna caos.

El caos está bien en el puto cerebro de otro, yo no quiero caos en el mío.

Cada error es una desilusión.

Es un puzle horrible el del amor. No es amor, se trata de amargura.

Dicen que el amor hay que cuidarlo día a día, fortalecerlo, alimentarlo con ilusiones; pero las ilusiones no se han troquelado bien y alimentas todo: frustraciones y dichas, como ocurre con los bultos extraños en el cuerpo.

Lo malo y lo bueno tienen en común la alimentación, a ambos les sienta todo igual de bien, igual de mal.

El amor es una bacteria patógena que enaltece lo bello y lo horrible en idénticas proporciones.

Algo falló en la prensa de Puzzles del Cochino Amor S.A. Las piezas no acaban de casar bien unas con otras, la fotografía se separa del cartón. Queda feo.

Hay horribles huecos.

Y alguno lleno con mi polla; pero no es suficiente. Y solo tengo una polla.

Pego las piezas con semen gris. Un ámbar que apenas tiene valor y asegura que las piezas que encajan no se muevan, aunque asegure la podredumbre. No me puedo permitir el lujo de perder lo bueno por erradicar lo malo.

La vida dura muy poco como para entretenerse en esas cosas. Los hay que mueren intentando arreglar las cosas que están mal por no tener cojones, por no tener valor de soportar tanta mierda.

Hay piezas extrañas que no pertenecen al tema y uno se empeña en encajarlas. Hay piezas que no quiero que estén, y están. Las odio con toda mi alma de enamorado amargado.

Sobran piezas en mi puzle.

Sobra ese hijo de puta. Que un cáncer le coma el cerebro y lo estornude como un moco por la nariz. Me meo en él. Que se muera cuando esté dentro de ella, que se le muera encima, cuando la folla.

También falta alguna.

Carencias…

Se rompen las uñas cuando intento sacar la pieza mal encajada. Porque lo que está mal entra penosamente; pero cuando sale, lo hace desgarrando y arrancando trozos de carne ¿o es cartón?

Estoy confuso y el dolor se suma a la frustración.

Es una profunda tristeza que se muera el amor entre las manos. Girando la pieza entre los dedos siento la agonía subir como una descarga eléctrica a mi corazón.

Y un latido se pierde, o tal vez simplemente se ha convertido en una punzada.

Las piezas que no encajan son vudú en mi cerebro.

No debería ser tan difícil sostener el amor. Debería ocurrir suave y dulcemente.

El hálito del amor muriendo es un soplo helado que roba el calor de la piel. No es algo que transcurra suavemente, es una brusca congelación. Del corazón.

Aunque no sé bien donde está el jodido amor, digo el corazón porque así lo dicen; pero a mí me estalla de dolor la cabeza y siento que los cojones me arden.

Y acabo aterido de frío. Insensibles las fibras nerviosas, incapaz de imaginar la ternura de una piel cálida.

A mi puzle le faltan las piezas de un lado plano, las que ayudan a orientarte en el universo. Son necesarias para delimitar los confines del amor y no enloquecer en un universo donde no sabes bien si estás al derecho o al revés.

Un universo difícil de encajar.

Tal vez sea yo una pieza errónea, una tara que al fabricante le ha pasado por alto.

Mis ojos son de distinto color, es un error. Un error imperdonable de impresión y troquelado.

Como encajan los sexos de los amantes. Así deberían encajar las mil cosas, las mil emociones.

Mil lágrimas…

No entiendo donde encaja mi mano masturbadora. No comprendo porque aún follándola sigo deseando estar dentro de ella, a todas horas.

No hay consuelo ni paz en el puzle del amor.

Soy una pieza que encaja tan mal como la angustia latente de la muerte que nos divorciará.

Es una lágrima la que ha estropeado la pieza que ahora gira blanda y podrida entre mis dedos. Las piezas deberían ser impermeables.

No es un gasto significativo en el proceso de fabricación plastificar el puzle y darle algo más de vida.

Un puzle con condón…

No puedes comprar cosas chinas, se te rompen en las manos solo al desembalarlas.

Mi amor es chino y por ello nació roto.

Es barato mi puzle, no tenía otra cosa.

A la mierda, no pienso perder más el tiempo, lo acabaré, lo encajaré, encajaré yo mismo en el planeta como el feto en el útero de la preñada a punto de parir y cuando me haya engañado y sea medianamente feliz, el puzle arderá conmigo en la cama, cuando una colilla prenda el colchón donde descanso de tanto girar piezas que no son.

Iconoclasta

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El amor platónico hoy en día es el inicio de unos tremendos cuernos cuando el que lo padece y la que es la protagonista de sus sueños está casada o arrejuntada.

 

Ahí es cuando el marido o pareja o novio de la platónicamente adorada, tiene que empezar a sacar brillo a sus cuernos.

En otros tiempos, cuando los amantes se comunicaban por correspondencia postal, ya que no había internet, ni teléfono móvil y ni siquiera había divorcio; los cuernos no llegaban a lucirse lo bien que se lucen ahora. Es que da gusto ver a cornudos y cornudas paseando sus osamentas por las avenidas y calles de los pueblos y ciudades.

Porque ocurre que ella sonríe complacida al sentirse la gran diva de los sueños de un hombre. La vanidad de saber que se es hermosa es una auténtica apisonadora imparable. Campo abonado para los cuernos.

(También valdría narrarlo al revés, desde la perspectiva de que es el hombre el que le pone los cuernos a la mujer; pero soy hombre y me siento más a gusto así).

Yo mismo me puedo hacer tremendas pajas con las palabras de amor y mensajes de gran humor y cordialidad que puedes ver en los muros de las redes sociales. Y es que imaginarse a una mujer hermosa masturbándose ante la cara (vía messenger, yahoo o skype) del que la ama platónicamente es una imagen de impactante y eréctil erotismo.

Salen ruiseñores de su coño (del hombre no quiero imaginar lo que sale porque me dan asco todas las pollas menos la mía).

El proceso es que ella empieza a sentirse más feliz que nunca con los pequeños mensajes de humor y amistad (qué asco) que son cada vez más esperados en el ordenador y en el móvil. Y en poco tiempo, se encuentra mirando a su hombre habitual con cierto asco.

Y piensa: ¿Con ésto me he juntado yo?

Sí ya sé que narrado así suena asqueroso; pero la realidad la puedes maquillar con los colores que te salgan del coño o los huevos; pero sigue siendo así de simple y divertida para los que lo vemos desde las gradas del Estadio Olímpico de los Cuernos Virtuales y Reales.

En la otra dimensión, el amante platónico se mata a pajas virtuales y recurre a todos los medios gráficos para encontrar con que excitar a la bella. Y lo más efectivo suelen ser los mensajes de no más de tres o cuatro palabras. Cosa que me hace pensar que la bella, además de serlo, debe ser idiota o cuanto menos, imbécil. Pero se le puede perdonar porque está buena.

En la dimensión más práctica y triste, está el hombre habitual de la bella, que empieza a ser una especie de bulto aburrido que es incapaz de provocarle las sonrisas que ella lanza a su teléfono móvil.

Es inevitable que a uno se le escape la risa al observar una pareja de este tipo, ella pegada al teléfono, él pegado a sus cuernos mirando un triste plato de sopa mal cocinada.

Esto es un proceso habitual en todos los casos. Yo lo sé todo, porque soy el que provoca que las mujeres miren más el teléfono que a su hombre y ellas follan pensando en mí.

No es por vanidad, porque la vanidad es cosa de las bellas. Es porque si alguien confiesa a su platónico/a amante su amor enloquecido, es para follar y no por vanidad.

Yo no me paso el día follando para pensar que las nenas que se ofrecen voluntarias para probar los condones de la fábrica donde trabajo, están enamoradas de mí. Simplemente desean a alguien muy hombre llenando sus coños.

Normalmente, las parejas de amor platónico duran un mal polvo y mientras tanto con sus parejas habituales entran en conflictos tremendos que les lleva a estados de estrés y ansiedad, siendo el culpable, precisamente, el cornudo.

Y aunque los amantes platónicos se toquen frente a una cámara, el hombre de la bella, ya puede ir afilando sus cuernos, porque le servirán para pinchar aceitunas cuando el camarero se olvide de servir palillos. Se toquen con las patas de pollo del caldo o con las alas de un ángel, el cornudo no pierde dramatismo alguno en su estatus.

Hay cosas que ocurren cada día y ésta es la más evidente y más habitual, porque si de algo sirve internet, es para buscar pareja virtual artificial o real y lucirse como un humano de unas aptitudes que rayan en la divinidad; pero esto solo entre los amantes.

Porque el cornudo piensa de ellos que son dos cerdos del tamaño de un tren mercancías.

Esta es la más vulgar, la más adocenada de las relaciones que se dan por internet.

Este proceso degenerativo para el cornudo no debería ser demasiado doloroso a menos que sea imbécil, porque si convives con alguien, hay que ser muy idiota para no darse cuenta de los pequeños cambios que se operan en la mujer (me la pela que me llaméis machista, pero yo nunca pienso como mujer) que es adorada platónicamente por otro hombre. Lo ideal es pasarse por el forro todo ese amor que quedó en el pasado y empezar a buscarse la vida por otro lado. Con un par.

El momento culminante llegará cuando ella le diga: “Cariño, tengo que pasar un par de días en la Columbia británica porque formo parte del jurado de una revista que otorga premios literarios, y que sólo existe allá. ¿No te sabe mal verdad?”.

Yo es que me parto de risa.

Total, él hubiera hecho lo mismo si hubiera tenido un amor platónico femenino.

Y es que con internet, cualquiera que sepa poner bien los signos icónicos que se usan con paréntesis, dos puntos, la X, la D y la madre que los parió a todos, se convierte en el amante perfecto. En el más simpático de los seres y en el que la bella piensa en muchas horas al día arrepintiéndose de haber elegido un hombre tan aburrido como pareja real.

El amor platónico en internet, es más barato y fácil que gastarse el dinero en putas para quitarse la frustración del poco follar. Y por otro lado, si el adorado o la adorada es feliz, el público dará palmas de alegría ante tan maravillosa relación. Ya que verán en ello, que ellos también podrán ser así de dichosos.

Pero la culpa no es de internet, que nadie se engañe, la culpa es que siempre hay quien tiene una polla más gorda que la nuestra y que sus dedos son más ágiles para pulsar iconos y decir cosas tan aburridas que nunca entenderemos como es posible enamorar con ellas a una idiota.

Bueno, mientras os folláis los unos a los otros virtualmente y en el mejor de los casos, escasamente. Yo me voy a probar el lote de condones Andorransdiv11122xytelamamo, que son especiales para los viajes a Andorra de las parejas un tanto promiscuas y platónicamente enamoradizas.

Los cornudos: tranquilos, no desesperéis porque es algo que siempre llega, os largáis a otro sitio que hay más mujeres que subnormales. Tampoco es un gran drama.

Buen sexo.

Siempre abundante: El Probador de Condones.

Iconoclasta

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Ave Aragón

Publicado: 12 julio, 2011 en Amor cabrón
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Yo te inundo Aragón

clavada estás a mí

mi amor es contigo;

lujurioso tu cuerpo

entre todas las mujeres,

y bendito es tu coño

que lamo, Aragón.

Mi reina Aragón de Boca Plena,

ruega por mí,

ignominioso y lujurioso

ahora y en la hora

de la penetración,

de tu gemido,

del intenso orgasmo. Amén.

Mi semen sea contigo y en tu boca.

Iconoclasta

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¿Dónde te escondes?

Publicado: 10 julio, 2011 en Amor cabrón
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¿Dónde te escondes?

En un trozo de pensamiento.

¿Dónde te escondes?

Entre los pliegues de mi piel y mi carne.

¿Dónde te escondes?

En tu coño.

¿Dónde te escondes?

En tu húmedo coño.

¿Dónde te escondes?

En tu abierto coño.

¿Dónde te escondes?

En tu bendito coño.

¿Dónde te escondes?

Anido en las heces de mis propios intestinos fermentando emociones.

¿Dónde te escondes?

Estoy en el semen que llena tu sexo, que se derrama por tus muslos.

¿Dónde te escondes?

Entre tus pechos.

¿Dónde te escondes?

Hay planetas que no existen. Estoy en ellos.

¿Dónde te escondes?

En la miseria humana, su desdicha me alimenta.

¿Dónde te escondes?

En ataúdes cerrados.

¿Dónde te escondes?

En el gemido de tu orgasmo.

¿Dónde te escondes?

En la tinta que tatúa tu nombre en mi piel.

¿Dónde te escondes?

En tu boca que lame mi pene recio y duro.

¿Dónde te escondes?

En añicos de ilusiones.

¿Dónde te escondes?

En mi polla.

¿Dónde te escondes?

En los clavos de Cristo, en las mantecas de Buda.

¿Dónde te escondes?

No me escondo, estoy.

¿Dónde te escondes?

Entre los vivos.

¿Dónde te escondes?

En mi lóbrego cerebro.

¿Dónde te escondes?

Entre las páginas de una biblia obscena.

¿Dónde te escondes?

No me escondo, no tengo miedo.

¿Dónde te escondes?

No me escondo, anido.

¿Dónde te escondes?

Soy dios, me escondo en la humana banalidad.

¿Dónde te escondes?

En las llagas de los enfermos.

¿Dónde te escondes?

Donde todo el mundo teme, donde nadie quiere estar.

¿Dónde te escondes?

En la bendita muerte.

Iconoclasta

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CaterpillarMan

Publicado: 9 julio, 2011 en Amor cabrón
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Soy un mazo que no para. No dejo ni un solo resquicio al amor y a la ternura, destruyo sistemáticamente todo rastro de cariño.

No es un capricho, cuando el amor no sobrevive, cuando has intentado algunas veces cultivar cariño y has fracasado, te das cuenta de que no sirves para estar enamorado.

Soy el mazo que destruye ruinas y pulveriza recuerdos. Soy un tractor demoledor sin freno, sin gobierno. “Caterpillar” dice la placa que tengo pegada en mis genitales.

Soy un martillo pilón ciego de frustración. Con la polla ardiendo.

Es tan extraño destruir todo acto de amor con el glande derramando semen…

Me gusta la ira de la soledad, la tremenda carga de mi semen blanco mojando el hormigón demolido del Páramo de los Cariños.

Riego con semen para evitar que llegue a mis pulmones el polvo cancerígeno de los recuerdos hermosos.

Mis puños sangrando.

Mi pene latiendo.

Solo el deseo y la lujuria se sobreponen al puto amor. La ira duele, es un derrame de sangre; y aún así hace rígido mi miembro hostil al amor.

La ternura es algo inaccesible.

¿Alguna vez fui tierno? ¿Alguna vez amé?

Me cago en dios.

Y en la virgen también.

No creo en mitologías, pero estas cosas molestan a los crédulos. Hay muchos crédulos que creen en el amor eterno.

Idiotas… Están locos.

Tengo un agujero en el colchón lleno de semen seco y un poco de sangre de los cortes que los restos solidificados provocan en mi pijo.

En mi bendito pijo…

Soy el martillo que perfora lo estéril, el que fertiliza recuerdos ya muertos.

Mi desesperación nace de no follar, no es por falta de amor. Quiero hundir mi sacratísimo pene en un coño profundo y caliente.

Y no hay coño.

No hay agujero tierno.

Sólo hay ruinas de hormigón que he derruido con descontrolado indecoro.

El agujero cortante en el colchón se hace deseable a pesar de oler a bebés muertos, a corruptos amores.

Soy un martillo hidráulico y machaco hasta la esperanza, la aplasto contra la tierra, la aplasto aferrando mi bálano con dureza, con un intencionado descontrol.

“Caterpillar” es lo que llevo tatuado en la muñeca de la mano masturbadora. De la mano demoledora.

Quedo vacío durante unos instantes, unos momentos para fumar, para llenar de nuevo mis cojones de semen.

Es tan duro el amor, son tantos los recuerdos…

Tengo que seguir trabajando, no puedo dejar nada en pie en el Páramo de los Cariños.

No soy Atila: por donde escupo mi semen, ahogo hasta los recuerdos.

No soy Atila, soy CaterpillarMan y desintegro el amor. Todo el amor.

Iconoclasta

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Acta de amor

Publicado: 21 mayo, 2011 en Amor cabrón
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Tengo una reina dormida en mi cama.

Una reina que amo, que me ama. Y tal vez se sienta sola mientras yo escribo.

¿Pero cómo escribir de quien amas si está frente a mí, a mi alrededor?

Cuando tu amor está presente la besas, la abrazas, le dices que la amas; pero no escribes. Sería tonto perder así el tiempo con ella.

Mantienes tus sentidos a la espera para acercarte a ella, controlas que nadie pueda interrumpir un momento íntimo con ella.

Son demasiadas tareas juntas para añadir encima la literatura.

Son necesarias las barricadas para besarse parapetados tras los sacos terreros de un mundo hostil e injerente.

Es necesario que yo no duerma para hacer constar en acta que la amo.

Mañana iré al notario.

Ella no necesita esos formalismos. Yo sí porque no soy muy locuaz. Mi voz es fea, mi dicción sosa.

Cuando lee en voz alta, las palabras se hacen pura dulzura, hay inflexiones de sensualidad. Ella con su propia voz se siente más amada con mis letras. Soy un hombre poco cultivado en las artes oratorias.

Es importante que ella duerma a veces cuando escribo.

Aunque crea que está un poco sola.

Sé muy bien que no es agradable sentirse solo; pero es una breve percepción por la que debe pasar. Ni ella ni yo tenemos la culpa de mi torpeza. Me parieron así de lerdo con la oratoria.

No tengo un tono de voz adecuado para recitar mis ideas de amor y ternura porque mi pequeño cerebro no conecta bien con las cuerdas vocales.

Y encima he pasado las tres cuartas partes de mi vida sin decir cosas de amor; sólo las escribía.

Las soñaba como algo fantasioso e imposible.

Es razonable y excusable que algún rato en alguna noche, pueda sentirse sola cuando me levanto de la cama para escribir lo que no acostumbro a pronunciar.

Y así hago constar en acta que la amo, que su piel es mi consuelo, mi cobijo y mi alegría.

(Por no hablar de lo muy dura que me la pone).

Gastaré cierta cantidad de dinero en un notario; será una buena inversión.

Y así cuando yo muera y se sienta agónicamente sola, podrá confirmar leyendo este acta certificada por notario, que aún muerto la sigo amando. Que duermo muy pegado a ella.

Y no como zombi, si no como un espíritu de amor. Algo dorado y esponjoso recién salido de la centrifugadora para que no le cause una fea impresión.

(Esto último debe certificarlo el notario como punto importante, porque mi reina es un poco cobardica por las noches).

Iconoclasta

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Asfixiante amor

Publicado: 17 mayo, 2011 en Amor cabrón
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Me asfixia, me ahoga con sus labios que me inundan.

No vivimos un orgasmo sincronizado; es asfixia conjunta.

Es la estrangulación de cuerpo y alma.

No sé donde empiezo ni donde acaba ella.

Me roba el aire que debería respirar.

Me ahogo en sus abrazos ante la presión de su carne, su piel…

Suave, densa.

Los poros tampoco pueden respirar.

Sólo puedo sudar.

Los besos… Amar nunca ha sido como respirar aire libre, no con ella.

Es mentira: el amor no hace un mundo nuevo y feliz. No hace el aire puro.

Amar es respirarla. Y su bendita carne no puede asimilarla los pulmones.

Es hundirse en la mismisima sima de su placer sin aire.

Todos los pulmones desean respirar aunque estén enamorados.

Y ella es una aberración de la supervivencia.

Ella no es vida, da su vida, es un suicidio a dos.

A veces se para el corazón pensando en ella.

No hay tiempo para aire, hay que sorber la vida misma; su coño, sus pechos, su piel a tiras si es necesario.

El centro del universo es pesado como un agujero negro y ahí todo es absorción.

Y me hundo en ella buscando un fondo que no hay.

Lamo entre sus piernas, con los dientes asomando. Es la furia de amar a tumba abierta; no hay consuelo.

Los dedos…

Mis dedos están untados de ella, se han hecho dependientes de su piel.

Tienen el estigma de su amor metido entre las uñas.

Y mi pene está gélido fuera de ella; necesito su coño profundo, caliente.

Asfixiante.

Nos derramamos entre gemidos que nadie podría decir que es placer. Hay angustia de épocas de soledad y ausencia.

Cicatrices…

Nadie podría decir si es placer la entrega es dolorosa porque nos hace olvidar la respiración. Parece agonía liberadora.

Como si la vida también pesara demasiado.

Resisto la carga de profundidad que es la contracción de su placer y mi espinazo parece partirse por el esfuerzo. Deseo que se parta, ser una serpiente rota a sus pies.

Deseo mi piel entre sus uñas cuando dobla el universo en dos con sus gemidos. Cuando de su vientre nace y alumbra el placer puro: un bebé que se derrama entre muslos y pubis al ser parido.

La vida misma se autofagocita y la puedo lamer entre sus ingles. Restos frescos de amor.

Benditos los niños del placer asfixiante. Somos los padres carnales de niños sin pulmones.

Amar agota.

Amar dando la vida es agonía hermosa.

Hay que ser valientes; pero la valentía es una opción. Con ella no hay alternativa, es el único camino: asfixiarse en su amor.

No hay voluntad de heroísmo.

Morir en ella, con ella, entre ella y dentro de ella.

Iconoclasta

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