Archivos para diciembre, 2015

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Los puentes existen con el fin de ser cruzados o saltar desde ellos.
Y seré muchas cosas; pero acróbata no.
Para una salida digna están los gases domésticos y el monóxido.
Por otra parte, es un bonito puente sobre un río, mejor cruzarlo.

En Realidades Truncadas, de Iconoclasta.

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Feria de ganado lanar. Ripoll. Oct. 2015.

La novela es buena; pero la pregunta en sí es toda una genialidad. Dan ganas de comprarse la novela para leer el título dos veces o más al día.
Si miramos a ovejas reales, es muy difícil imaginarlas con un cable en el culo por el cual recargar sus baterías.
Las ovejas son tan estoicas… Es improbable que un androide pudiera acudir a esta indiferente bestia para cultivar sus inquietudes oníricas.
Philip K. Dick, el autor de la jocosa y amoral pregunta (y de paso de la novela de ciencia ficción) debía de pasar por una crisis existencialista donde el mundo que lo rodeaba y contenía, le sugería semejante interés.
El mundo comenzó a balar con aburrimiento en sus oídos y pensó en que si fueran eléctricas las dichosas ovejas podría desconectarlas y si fuera robot, desconectarse él también.
O algo así, no sé. Yo sueño con leones que con aburrimiento desgarran carótidas. Es otra forma de desconectar lo que no me gusta.
Tan cientifista y tan rústico el amigo Dick…
Es pura envidia, porque yo me encuentro en un medio rural y no he llegado a ese grado de sofisticación filosófica.
Me dan una rabia los ocurrentes…

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Cada rincón de la montaña guarda unos recuerdos.
Es un paseo por la serena y cálida nostalgia.
Al fin tienen un lugar donde descansar mis momentos pasados.
Está bien…
No tenía donde guardar los secretos a la luz.
Se estaban enmoheciendo, se descomponían junto con mi vida. Necesitaban aire, sol, lluvia, hielo…
Ahora están a salvo todos los que vivimos, morimos y sentimos.
Cada rincón da cobijo a un pasado y tiene sus propios aromas, sus colores que identifican los ojos un poco cansados ya.
Hay rincones de la vida y la alegría, del sexo y el placer, del dolor y la muerte, del cariño y la ternura.
La risa y el llanto… Maldita paranoia hermosa…
Tanta tragedia, tanta comedia. Es una obra magna, no debía morir conmigo.
Observaba en tiempos oscuros, desde tristes ventanas las lejanas montañas; sin saber porque mi piel quería desprenderse hacia ellas. Era la tristeza de su lejanía, de la imposibilidad.
No sabía que debía salvar lo vivido, vaciar mi carga y dejar sitio a más vida, a más pasado.
Me horrorizan los ancianos que mueren en sus pasados, que cierran los ojos con melancolía a lo que fueron.
Yo quiero morir en el presente, viviendo cosas nuevas, creando nuevos recuerdos. Continuamente….
Hasta que llegue la Gran Noche de la Luna Nueva Eterna y se mantenga para siempre en mi horizonte.
Tengo un archivo de nostalgias que miro subiendo y bajando montañas. Y de vez en cuando, arranco una hoja para olerla y acariciarla.
Luego, se deshace dulcemente como una muerte buena entre mis dedos.
Soy un presente acariciando el pasado, confortado por el rumor y la sombra de sus hojas pequeñas y hermosas.

Regalos de navidad

En navidad, cumpleaños, aniversarios, bodas o cualquier otra celebración, los regalos son lo más importante.
La peña no se congrega unas pocas veces al año para demostrar amor o cariño.
Acceden a soportarse y verse las caras por la cuestión de los regalos.
Es así en todas las regiones del planeta, lo que me lleva a concluir, que la tan cacareada globalización, debió comenzar ya en la edad del bronce.
Yo, si voy a casa de mis padres o suegros por navidad, es precisamente por la cuestión de los regalos. Ya hace mucho que demostré que les tenía cariño, amor, respeto y todo ese bla, bla, bla…
No puedes estar toda la vida siendo cariñoso o acabas con diabetes y chutándote insulina dos veces al día.
La prueba de que es cuestión de obsequios está en que los visito dos o una vez al año y acabo agotado, aburrido, deprimido y con la sensación de que me han estafado tiempo de descanso que tanta falta hace.
Y como yo soy la viva representación del ciudadano medio (mi foto sale en las enciclopedias, en la entrada: anodino) y los ciudadanos medios o mediocres son legiones (no me gusta nada, nada, alardear de mediocridad; pero hay momentos en la vida en los que hay que rendirse a la evidencia, maldita sea) por lo tanto, no estoy diciendo ninguna cosa rara, cuando en verdad, os digo, hijos míos, que la cuestión del cariño anual es por mero interés en todas las latitudes del planeta.
Y en la Luna si hubieran colonos cultivando meteoritos selenitas.
Vamos, que es la postura común de toda la peña, salvo raras excepciones como la madre Teresa de Calcuta y otros proverbiales mártires y mesías.
Y tenemos razón, porque pasamos toda la jodida infancia dando besos a todo el mundo. Hace décadas que demostré lo mucho que los quiero a todos de mierda. Coño.
Así que para mí es de una importancia vital lo que me regalan, y como he dicho anteriormente, si para mí lo es, para el resto de los humanos, también.
La única espiritualidad de los millones y millones que no son dioses, leonardosdavinci o desorejados como Van Gogh, es la que desprenden al dormir o al entrar en celo reproductivo.
Al grano.
Lo más insoportable de conseguir los regalos, es el intercambiodebesosespecialementemotivosenlasnavidades.
Cuando empiezan a darse besos y abrazos, me abro del salón-comedor de dos metros cuadrados y digo muy alto y claro:

―¡Me estoy meando!

Y me fumo un cigarro mirándome los granos de la cara en el espejo oyendo sus felicitaciones a lo lejos.
Cotorras todos…
Cuando vuelvo del lavabo e intentan abrazarme, dígole a mi acosador/a:

―¡Pero si nos acabamos de felicitar!

Me miran un poco confusos en general, pero como van ya por la tercera o cuarta copa de cava y yo soy muy firme, seguro y decidido; abortan el beso o el abrazo, pensando que seguramente tengo razón.
Hay cosas en las que no soy como todos, no soy listo; pero lo que me diferencia del resto, es que tengo ciertas habilidades adquiridas.
Una vez tengo en mis manos el miserable paquetito blandito de los abuelos, que inevitablemente son calcetines o calzoncillos y el paquete mediano que es la colonia que mi mujer me regala invariable y aburridamente también cada año, le presto mucha atención al paquetito más pequeño que es la incógnita del año. Es de la rácana de mi cuñada.
Elucubro que podría tratarse de uno de esos encendedores baratos que no soportan más de dos encendidos o un llavero. Así que abandono los otros regalos y me centro en ese con desconfianza.
Al desenvolverlo, hago como que no me doy cuenta de que está envuelto con papel de carnicería y mal envuelto.
Mi mujer se acerca saltarina contra mí, con las piedras de ese collar feísimo hostigándole las tetas (el regalo miserable de su hermana) en el momento que grito con disgusto y asco:

— ¡Un Batman Lego con cadenita de tapón de fregadera! ¡Joder lo que me gusta, cagondiós…!

Mi cuñada se acerca con una bufanda que parece un cerdo despedazado, me quita de las manos el repugnante Batman Lego y de un tirón lo descabeza.

—Es una memoria USB de medio giga.

—Gracias cuñada —consigo mascullar tragándome el final: hijaputa.

Y muy contenta ella por haber demostrado su originalidad como regaladora, se da media vuelta con dinamismo azotando mi preciosa mejilla con uno de los extremos de esa vulgaridad de bufanda, regalo de mi esposa, su hermana.
Con el asco que me han dado siempre y de muy pequeño los muñecos lego con sus cabecitas cuadrangulares y su pelo-casco tan deprimente y tercermundista.
En un momento en que todos hablan como loros mascando patatas fritas y ganchitos de queso, dejo caer el Batman-Lego-USB al suelo, lo piso y le doy una patada lanzándolo bajo el sofá de tres plazas tipo burdel que decora el salón de mis suegros.
De nuevo mi mujer me molesta:

— ¿No vas a abrir los otros regalos?

— ¿Cuál quieres que abra primero: los calcetines o la colonia?

—Eres un borde —me responde sin un ápice de espíritu navideño.

No le respondo porque pienso que he salido perdiendo este año, como casi todos: el puto Batman-Lego, la colonia y los calcetines no justifican o compensan las cuatro horas que aún me quedan de soportarlos esta noche. También pienso en el divorcio, en el genocidio y entiendo los asesinatos que nadie se explica.
Solo a quien le regalen un Batman Lego, podrá atisbar un poco de mi angustia.
Dejo caer la ceniza en el suelo porque sé que a mi suegra le irrita mucho y me siento a la mesa.
Menos mal que solo es una vez al año, de lo contrario no sabría si tirarme al metro o a la taquillera maciza.
Estamos abandonados.

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Iconoclasta

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Existe el pensamiento, existe el sueño y existe la esperanza.
El pensamiento es la lógica, el comportamiento que permite interactuar con otros seres de la sociedad para sacar el beneficio que uno busca o parte de él o algo que se le asemeje remotamente. El pensamiento puede ser efectivo o inútil.
Depende del grado de ambición, arribismo y envidia de cada individuo.
El sueño son las imágenes e ideas que el pensamiento no ha sabido tratar cuando dormimos, imágenes reales que han pasado desapercibidas se transforman en cosas absurdas, intensas, interesantes y capaces de hacerte despertar moralmente hecho mierda.
Las espera o esperanzas son imágenes que se forman durante la ejecución del pensamiento. En plena consciencia. Las esperanzas son resoluciones piadosas cuando el pensamiento espera una reacción ante algún acto que ha llevado a cabo. Es soñar despierto y hacer una partida de ajedrez con movimientos aleatorios y con prisa.
Y ahora que lo tenemos claro, vamos a cantar la canción del 5 con el padre Abraham y sus pitufos (esto es solo narcosis).

Cumple años Helena Christensen

Publicado: 25 diciembre, 2015 en Sin categoría

Helena Christensen

En Telegramas de Iconoclasta.

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Los dedos solitarios se tornan fríos como la escarcha que en la madrugada se forma robando el poco calor que los seres guardan en su interior.
En los dedos solitarios, el frío se posa primero en la piel, en segundos se filtra hacia la carne y luego, imparable, enfría la sangre que contienen, que es bombeada gélida al corazón y al cerebro.
No importa lo mucho que te abrigues, el frío ya está dentro. Te congelas desde el alma hacia los pies; por dentro y desde dentro.
Y es entonces cuando piensas en las cerúleas pieles, en las uñas amoratadas, en párpados que se abren repentinos sin voluntad y los dedos misericordiosos que los cosen.
Sin embargo, el frío de la soledad no mata, se queda en el justo grado de helor para que puedas escribir de tu desprotegida piel, del calor que sabes que no llegará nunca. Tomas la pluma y escribes frío tras frío, como en épocas antiguas de mantas en hombros y piernas y unos dedos demasiado rígidos, a la luz de un pábilo agitado por la tristeza.
El frío de la soledad no te mata, solo espera y asiste frotándose ávidamente las manos, a tu suicidio.
Te asomas a los vidrios sucios de la ventana, para ver la luna lanzando sin piedad sus rayos de hielo sobre la faz de la atormentada tierra.
Sobre ti.
Y observas la piel que el frío ha cortado, que apenas contiene la sangre de tus dedos y vuelves a la mesa a seguir escribiendo; porque así haces tu pensamiento sólido, multidimensional; puedes incluso sentir su dureza en la oscuridad al pasar los dedos por él.
Existes más que en ningún otro momento de calidez.
El mecanismo es preciso, es certero; sino tienes la piel que te ha de confortar, la escribes y describes en un paranoico concierto de rasguños y golpes de plumín sobre el papel y la mesa. Haces tu tragedia tangible y mensurable. Y todo ese esfuerzo se convierte en calor.
El papel arde con letras al rojo vivo.
La transmutación del pensamiento en materia, solo es posible cuando hay una fricción que provoca el calor, cuando es tu gélida y desconsolada sangre la que escribe.
Luego, en un rincón oscuro donde no llegue la luz de la vela que tiembla, te llevarás al pecho esos pensamientos arrugados con los puños crispados y llorarás una cálida tristeza. Te sentirás trascender, concluirás que amar es tragedia. Que la voluntad y la soledad son los dos átomos que forman la molécula de la libertad. Y la libertad es creación.
Y se sabe que todos los partos del mundo duelen.
Eres un privilegiado al hacer materia del amor. Un combustible.
La soledad a esas alturas de la madrugada, es un cigarro entre los dedos y unos ojos que se cierran con sueño ante el papel. Es una sonrisa triste al meditar sobre tu propia locura.
La fría soledad se esfuma lanzándote imprecaciones, porque hoy no habrá suicidio. O al menos, ahora.
Guardas ese papel arrugado en un cajón con la ingenua esperanza de que un día, vivo o muerto, tenga entre sus manos la masa de tu pensamiento y sepa así que no fueron solo palabras, si no sueños que congelaban el alma.

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Iconoclasta

 

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Nadie vulgar y mediocre te va a dar una sorpresa. La peña, es absolutamente previsible; solo molestan, agotan recursos del planeta e irritan hasta que los eliminas o te los quitas de encima.
Es tan adocenada la multitud…
Si se tiene la suerte de encontrar un humano con inquietudes y cierta charla amena, serás sorprendido; pero es una lotería entre tanto descerebrado. Las estadísticas no tienen piedad con nosotros, los superiores.
Pero los hay, conozco tan pocos, que es desesperante hacer una estadística.
No hay que perder la esperanza, aunque la paciencia hace eones que viaja por el espacio profundo lejos de mí. Aún queda vida para que pueda encontrar otro ser a quien escuchar sin mirar al cielo acopiando paciencia.
Porque tontos, borrachos y lerdos de sexo de motel y urinarios de bares y antros, son previsibles como el camino que hace el tren todos los días. El censo es prácticamente infinito. Son monolitos, mojones de la sórdida e inconsolable vulgaridad. Aburridos hasta el vómito.
Quisiera estar a salvo de ellos en lo que me resta de vida.
Yo soy absolutamente obsceno y depravado, pero no me meto en según qué sitios ni en según qué coños. Solo escucho, sonrío y pienso pornográficamente que no sé que hubiera querido ser; pero doy un soplido aliviado de no ser «eso».
Que nadie sepa que mi cerebro tiene la carencia de la empatía.
Porque pienso con cierta malicia, que estupidez con muerte se paga. O debería.
Creo en el elitismo, la clase y la elegancia.
Un snob sin dinero. Odio cuando las cosas no son perfectas.
Puta madre…
No sé de qué me sorprendo.
Lo normal es que los mediocres sean mediocremente pobres porque la economía se sitúa a sus niveles de intelecto; pero no es así, hay idiotas nadando en la abundancia.
¿Dónde están los retos intelectuales, las sorpresas?
Es desesperante.
¡Mamá…!

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(Han pasado dos días y sigue siendo insoportable escuchar constantemente hablar de ellas)
En verdad, no son democráticas, son simplemente populacheras. Algo que distrae a la manada y le hace creer que participan en algo importante.
Porque vota hasta el que va con la jeringuilla clavada aún en la vena o el que su aliento apesta a licor o cerveza ya rancia. No jodas…
Como siempre, el resultado de las elecciones, es que han ganado casi todos. Los que han perdido han sido poquísimos. Es un aire fresco de optimismo que no me contagia hasta el punto de sentirme mínimamente identificado con sus alegrías inmaduras. No me ponen en absoluto nervioso con sus brindis y saltitos.
Especialmente emotivo me ha parecido el discurso del nuevo mesías de «Jodemos», que al final, ha quedado en tercer lugar.
Y se ha confundido, porque hablaba como si fuera el presidente de toda Europa, alguien debería decirle que no va a ser coronado césar.
Siempre hay alguien que da la nota graciosa.
Porque otros ganadores y perdedores, han desarrollado su más absoluta y aburrida mediocridad. Nada nuevo bajo el sol.
Menos mal que no he perdido el tiempo votando.
Saber que mi voto no ha servido para ser contabilizado junto con el de los lerdos, me da tranquilidad.
Y mira que bien, que estas navidades, en lugar de uno, habrán nacido dos salvadores.
Aleluya…
Estoy «fragmentado» (no he podido resistir la tentación de usar el nuevo adjetivo que se ha puesto de moda).