Archivos para enero, 2016

Morir ante el horizonte

Es tan fácil morir aquí.
Es el momento, es el lugar. A cualquier hora, donde quiera que pises es lo oportuno. Lo que pide cada célula del cuerpo: morir y trascender por encima de la vida o dentro de ella.
No más multiplicarse, es hora de disgregarse.
Solo los que se dieron por muertos y los que llevan como amigo el leal dolor, pueden sentir como el corazón late fuerte ante las nubes que asoman imponentes tras una montaña y te dicen que vayas con ellas. Es como asistir a la creación de la tierra que uno pisa, al aire que corta los labios…
Qué peligro, qué tentación de belleza. No quiero volver a casa.
Me han invitado, de alguna forma, todo me arrastró aquí a este momento. Como si el dolor y el miedo que se ha padecido fueran esos afables amigos que te invitan a entrar en su casa, con su cálida mano posada en tu espalda. Así es como vamos hacia el horizonte.
Adquiere sentido morir cuando lo has visto todo, cuando sabes que ya no queda emoción mayor que la apoteosis del cielo vertiginoso. O la vida que se desprende a jirones de humo blanco de la tierra cuando el sol la hiere.
Las nubes son vapor de agua y yo soy agua, al morir seré jirones. No tendré conciencia de ser; pero estaré, acariciaré otras vidas, entraré en intersticios prohibidos al cuerpo, prohibidos a los ojos.
Es maravillosa la dinámica de fluidos.
Tal vez por ello tenga estas ganas de llorar.
Sin saber, sin doler…
Cuando se existe sin conciencia, no hay dolor, no hay angustias, es la liberación absoluta.
Hay que morir ante la libertad absoluta. La transformación final, lo que los cuerpos agotados y las mentes saturadas necesitan.
En sueños somos perfectos. En la muerte también, no hay lugar para el error. Es tan sincera… Habla claro mi amiga, lo necesitaba.
Para morir llegamos aquí.
Es un proceso natural, lo pide mi piel: extenderse en el suelo y evaporarse, dejar de existir con esperanzas que nunca llegan y angustias. Ser sin más complicaciones.
Como el chillido del águila, o el jilguero que posado en la rama me observa de reojo, ya soy casi ellos.
Observas el maravilloso cielo, la grandeza de la tierra y te das cuenta que la muerte es la meta. Es subir por fin al pódium para poder vivir, para ser libre.
No importa lo que hayas hecho, no hay castigos. Todo lo que una vez fue o estuvo trascendió y llovió sobre nosotros, lo pisamos, lo bebimos y lo comimos. Somos lo que otros fueron, por ello nos odiamos.
Hay que mirar a los amplios y monumentales horizontes para sentir el deseo de abrir los brazos y pedir muerte bendita cuando el viento azota tu ropa de la misma forma que lanza las nubes en una veloz carrera.
Es como si…
Como si tanta vida, pidiera muerte para alejar el dolor de la existencia.
No necesito entender, se acabó buscar.
Está todo ahí, todo lo que murió…
Todo lo que fuimos es el cielo y la tierra.
Mis muertos queridos, os siento entrar entre mi ropa, sois una fría acaricia…
Este es el único momento, en el que es legal llorar.
Ahora sí.
Pronto, ya pronto…

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta (texto y foto)

12485961_10208635383743059_7158019055761354723_o

12466079_10208633336691884_7319828971256970693_o

Acabamos tirados en tristes rincones de la memoria buscando la clave, la conexión que provoca esa angustia. Con la fatalidad de reconocer que el daño es irreparable.
Con la pueril esperanza de encontrar y borrar. Que al menos, no duela a pesar de su peso.
Putas espinas…
Pero somos una red neuronal inviolable, inalterable.
No hay hackers de la tristeza.

La memoria bastarda

(Foto de Óscar París)

 

Soy la bastarda e impúdica memoria que saca de entre los excrementos y alza las secretas insignias de la humanidad: una compresa usada y un condón pegajoso, sucios de mezquindad y mediocridad.
La leprosa reproducción de los idiotas…
Los alzo para que todos se sientan incómodos, para que giren la cara y con hipocresía ladren: «Eso no va conmigo».
Trapos sucios y mi pene latiendo y goteando… Completamente animal, tenazmente ajeno a todo.
Sudo soportando el peso de la bastarda memoria.
Soy la calavera sin carne de un zorro que se suicidó en la acogedora oscuridad.
Al que mataron sin tiros cazadores degenerados sin dignidad.
Sucios, idiotas.
Soy un paria de la realidad, que la ensucia, que se mea en ella y la cubre con horrores y sexos de ciencia ficción.
Con amores imposibles.
Mi amor… No eres imposible, eres insoportable. Disculpa al pregonero de la miseria, al escritor sin drogas que llora sin consuelo alguno el asco y tu amor potente y desesperante.
Estoy acabado ahora, mi bella, mis muslos húmedos, mi coño, mis pezones preciosos… No es por ti, es cansancio. Es explosión.
Soy la memoria bastarda iluminada por un rayo casual de sol. Una pena que se remueve incómoda al ser descubierta.
Y mantengo en alto todo el peso de vuestras miserias que embarazosamente ocultasteis, por ello mis ojos lloran y se escaldan por el esfuerzo; bajo el peso de todo el excremento moral con el que habéis creado la capa de la tierra que pisáis.
Tú no, mi amor, tú estás allá en un lugar limpio. Eres mi luz, la que da textura a mi cráneo, la que me hace trascender. Déjame que acabe con ellos, denigrarlos hasta hacerlos estiércol; y luego ante la calavera del inocente, te beso y te follo.

(Mi gratitud y admiración por la foto que el artista de la luz Oscar París, tuvo a bien prestarme y la que provocó este vómito desesperante y atroz).

 

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

12540876_10208628511691262_1645580757891824965_n

«El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Por eso se nos escapa el presente» (Gustave Flaubert).

El futuro, no me importa demasiado, el pasado es un velo oscuro que apenas miro y el presente lo piso con fuerza hasta agotarlo, hasta que queda detrás del velo.
Cada quien cuenta la feria según le va.
Por otro lado, cuando duele el presente banalidades y conjeturas tienen exactamente la misma utilidad que el cenicero en una moto.

12440698_10208621515236355_8709662720206363052_o

«Los placeres sencillos son el refugio de los hombres complicados» (Oscar Wilde).
Estoy de acuerdo a muy grandes rasgos, pues no puedo ser complejo sin mi vanidad. Por ejemplo: un sencillo lápiz de madera no me da refugio ni placer (me encalambra los dedos, por decir poco, por decir lo mínimo).
Mi refugio está en el elegante y complicado plumín de oro de una Montblanc.
Aún así, un aprobado para Wilde y sus pocos sofisticados placeres.
Me cae bien el hombre.

Jessica Parker Kennedy

En Telegramas de Iconoclasta.

 

SAMSUNG CAMERA PICTURES

 

No sé cual es el final: si salir de la oscuridad o entrar en la luz.
No sé si la salvación es blanca o negra.
Lo único que sé, es que en la oscuridad estoy bien, hay paz.
Y la luz me aterroriza, no quiero que me traspase la carne. Quiero ser un latido en la negritud antes que un borrón que se funde en la luz.
Por eso espero tras ellos, para observar atentamente si la luz los desintegra y gritan de dolor.
No tengo prisa y mi curiosidad es cautelosa.
Soy astuto.
Acabad, avanzad más allá, puede que haya ángeles.
Yo fumo mientras, observando vuestra desintegración.

12401803_10208602025909134_3132538143898330648_o

Vamos valientes, a ver quién es el primero en poner el culo en ese banco helado.
No pienso dejar el pantalón ahí pegado, ni la piel de mis nalgas al levantarme tras fumarme un cigarrillo después de caminar casi cien metros.
Es increíble que en estos tiempos no sean asientos touch que templen culo y genitales por tecnología güifai.
Muchas tablets y smarfones de mierda para luego no poder sentarse en un banco helado en un crudo invierno.
Que los follen.
(La verdad es que me suda el rabo que esté helado o no, solo quería parecer un votante indignado en toda su esplendorosa mediocridad y mezquindad).
Y los reyes magos no existen, somos los padres los que pagamos los putos juguetitos.
Y andando que es gerundio (una conjugación verbal que no tiene nada que ver con face o tuiter).