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Pajas que duelen

Publicado: 16 agosto, 2011 en Absurdo
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Aunque duela, aunque me jodan los conductos seminales, YO me masturbo con furor.

 

Me masturbo desbocadamente, presionando hasta el dolor el glande. Quiero eyacular esperma y la rabia del deseo contenido.

Y sangre si puede ser.

No me masturbo con finura, ni con sensualidad.

Aprieto con un guante de recio esparto mi bálano. Que reviente este puto ser de llanto blanco que tengo entre mis piernas.

Consigo correrme al dejar de sentir dolor. Y es entonces cuando deseo que la boca de mi amada me limpie de sangre la polla.

No nací para ser suave y delicado. Mi piel estaba llena de sangre y grasa. Como la de todos los bebés. Algunos no son conscientes de su fealdad y su suciedad al nacer.

He visto bebés sucios como YO, no hay nada hermoso en el momento primero de la vida. Sólo al crecer y ver que ya siendo hombre expulso blanco y limpio, todo adquiere otro color más amable en mi existencia.

He visto coños llenos de blanca baba, ellas también tienen ese privilegio. No soy machista, no más de lo necesario.

No hay pecado original, solo la suciedad primera con la que nacemos que es un avance de lo que será la vida.

No es pecado, es putada.

Me masturbo y mi pijo es un bebé sucio de sangre y grasa.

Sólo que YO no lloro al nacer, de mi boca se escapa un filamento de baba animal que a veces llega al suelo tan rápido como mi semen.

No lloro; contraigo el vientre y me cago en la santa virgen de puro placer. Soy obsceno y blasfemo con lo que no existe. Existo YO, mi falo y la imagen de su cuerpo en mi mente. Penetrada, reventada, partida en dos. Con sus pechos sucios de mi moco blanco y reproductor. Con su boca estampada por la nata de la vida.

Muerdo mis labios y mi puño se entumece. Me duele la piel que sube y baja, la piel agrietada, el carnal ojo ciego de mi polla inmensa que lo ocupa todo.

Que la llena toda.

Duele correrse, tengo tanta presión que me duele el cojón derecho cuando descargo toda mi vida en mi vientre, en mi ombligo, entre mis ingles…

Otras veces dejo que el semen se vierta por mi puño, que se escurra por mis pelotas, que deje un rastro frío en la cama. Me arqueo y padezco la muerte del tétanos con cada orgasmo. Podría partirme el espinazo en cada corrida.

Y en otras ocasiones mi paja va más allá. Y deseo manchar la tierra que piso, el planeta. No deseo dar placer, solo pretendo humillar y vejar.

Y me miro al espejo, y el ciego ser de amoratada piel que intenta sobrevivir a mi puño furioso, llora una primera lágrima densa que huele a orina y al principio ácido de la vida.

Y mis ojos se enturbian y la realidad se hace triple y cambiante.

Caleidoscopio de carnes desfiguradas, de ojos que se mezclan. De pezones inmensos que se hacen uno solo al mamarlos tan cerca.

Mis piernas tiemblan, y mis nalgas entran en un maldito baile incontenible. Es antinatural, los hombres no nacen para correrse verticalmente porque los conductos se estrangulan. El paso a presión del semen es doloroso.

Y YO mantengo el pijo derecho entre mis piernas; frente al espejo se hace extraña mi imagen manteniendo toda esa erección en verticalidad. La erección obedece a la horizontalidad, a lo plano. La vida es horizontal.

YO apunto con mi pijo al infierno, aunque duela.

La verticalidad es una espada que hiere los vientres de los caídos y mi polla es Excalibur.

La mano izquierda mantiene el pene recto entre mis piernas, la mano derecha pellizca el glande en un masaje atrozmente placentero.

Y la primera riada de semen, puja en mis huevos y duele cuando se abre paso por el pene.

Aguanto dolor y espero la salida de la leche.

Y por fin, con una presión considerable, se estrella contra el suelo y mis pies resbalan en la vida y la pisan y la ensucian.

Y me duele tanto correrme así… Mis pajas no son banales. Mi leche es placer, vida y humillación.

Nunca daré vida, solo busco el placer y el tormento.

Y con ello, vuestra vergüenza y repudio.

Mis pajas son dolorosas, pero todos querrían sentir mi placer insano.

Todas desearían bañarse en mi ácido placer.

Ahogar mi dolorosa eyaculación en sus bocas de labios rojos y carnales.

Soy odiado y deseado.

Envidiado.

 

YO humillo aunque mis pajas duelan.

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Muérete humanidad

Publicado: 26 julio, 2011 en Absurdo
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Me encuentro cercado por mala gente en un planeta pequeño, caliente y apestoso.

Nadie puede sentirse tan contaminado, sucio e infectado como yo.

No puedo alejarme del planeta, mi puerca naturaleza no me deja volar al espacio, no puedo respirar vacío, mi porcina piel no puede tolerar los rayos gamma que vienen de esa asquerosa estrella que llaman sol.

Siempre hay un roce de alguien en la calle que molesta. No tengo escapatoria. Estoy tan prisionero y condenado que mejor sería estar muerto.

No hay suficientes muertes que me satisfagan.

Imagino un mundo cuya tierra está plagada por fin de muertos. Camino sobre cuerpos corruptos y estoy maravillosamente solo.

No camino descalzo, llevo botas de pescar que he encontrado en una tienda a cuyo dependiente muerto se le escapa su hígado negro por la boca.

Mis botas me mantienen a salvo de la corrupción, necesito cosas artificiales porque mi repugnante naturaleza no es suficientemente fuerte.

No hay suficientes muertos cuando abro los ojos…

No siempre estoy a salvo de los infecciosos humores de los muertos, cuando piso sus vientres siempre les rezuma por la nariz un líquido venenoso que es sangre, mocos y vísceras. Me da mucho asco que salpiquen mi pantalón los muertos.

He deseado tanto sus muertes… La humanidad aniquilada es mi gran ilusión.

Y en este bendito mundo no lloro de felicidad porque no soy demasiado sensible; pero me encuentro en paz a pesar de esta peste que desprende la carne muerta.

En fin, no hay nada perfecto…

¡Me cago en la virgen! Todos los muertos huelen de forma repugnante por muy buenos que se hubieran creído en vida.

Incluso odio que estén muertos porque no puedo reprocharles lo apestosos que son.

Incluso muertos son molestos.

Los niños pequeños deberían oler mejor.

Sólo los viejos tienen un aroma a podrido algo más suave. Es normal, están más secos.

Sus tórax no crujen, no se rompen al pisarlos (los piso porque ellos me pisaron a mí, soy rencoroso), tiene que pasar más tiempo, se han de pudrir mucho más. Quiero tener tiempo para verlo.

La serosidad ambarina de sus bocas es una constante en sus rostros.

No hay cuervos ni buitres comiendo de ellos, en mi mundo perfecto nadie quiere comer tanta mierda.

Estoy seguro de que este repugnante hedor con el tiempo desaparecerá. Es muy reciente.

Estoy lo más cerca de la felicidad que puedo estar.

No quiero abrir los ojos, no quiero volver al planeta que me mantiene prisionero. Quiero aspirar el olor a carne podrida antes que sentir el roce de los vivos.

No quiero estar con ellos, entre ellos. No quiero respirar parte de lo que sus mediocres pulmones expulsan.

¿Tan difícil es que ocurra una catástrofe?

No quiero morir, me conformo con la aniquilación de la humanidad. Son odios que me mantienen vivo e ilusionado.

Si pudiera crear de la nada como Dios, regaría la tierra con muerte, con mi orina ácida y que sus vapores mataran y corroyeran hasta el último hálito de vida.

Pero si no hay más remedio, si no puedo mantener esta ilusión y tengo que volver a despertar en este planeta inmundo con la humanidad como plaga, mejor me arranco los pulmones con un gancho.

No quiero volver aquí, no hay libertad, no hay espacio ni para el pensamiento.

Muérete humanidad, ten piedad.

Moriros todos antes de que deje de imaginar y así se haga realidad mi sueño.

No tenéis mucho valor y yo necesito espacio.

Por una vez en tu puta historia, humanidad de mierda, haz realidad mis sueños y déjame cerca unas botas de pescar para no ensuciarme.

Iconoclasta

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Inhumano

Publicado: 4 junio, 2011 en Absurdo
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No soy hijo de humanos.

Cuando de mi glande se desprende una densa gota de fluido que se estira hasta engancharse en mis rodillas ante el dolor ajeno.

No puedo evitarlo, ni siquiera lo intento. No siento nada por la mujer de sonrisa feliz. No siento alegría, ni excitación ante el bienestar y la felicidad de mis semejantes.

Me deprime la sonrisa ajena.

Se desata mi insana erección ante el niño hambriento devorado por las moscas, sólo rozarme el pijo ante esos ojos tan llenos de dolor como de muerte, separo las piernas y consuelo mis depilados, pesados y plenos testículos.

Me paso el dolor ajeno por los cojones. Textualmente.

Sic…

No es por su cuerpo, por su piel o sus genitales ya secos. Tan pequeño y tan poca humedad…

Me excita su absoluta certeza en sus ojos, de que está prácticamente muerto. Que tan pequeño, desea morir.

Me excita y me lleva a una eyaculación enloquecedora saber que toda su vida ha sido dolor y penuria.

No soy humano, ni quiero serlo.

Ni siquiera me apetece investigar si mis padres son verdaderamente chacales. Simplemente sé que esos no son. Un hijo no se masturba ante la amputación de los dedos de los pies de su padre diabético. Me masturbaba cuando él dormía, ante la miseria de su cuerpo, ante su respiración fatigada y sus gemidos de algún sueño de miedo y muerte.

Mi pene es gordo, es como un mazo y apenas puedo cerrar mi puño en torno a él. Según le da la luz, se puede ver una especie de tatuaje blanco seminal en el prepucio: una cara sin ojos ni orejas. Y la boca abierta de forma ostentosamente obscena.

Mi madre me frotaba la polla en el baño para que aquella mancha desapareciera.

Se me resbala el encendedor entre mis dedos cubiertos de semen, y el filtro ya no sabe extrañamente agridulce como el esperma. Me he habituado a él.

Entre las volutas del cigarrillo continúa el desfile de miseria en el televisor mientras mi pene late con los últimos orgasmos. Niños de cuero viejo y arrugado, con visibles huesos, con pelvis que comparten forma y textura con la de los judíos de los campos de concentración o con las enfermas de anorexia a punto de morir.

Vaginas desmesuradas, penes ridículos en cuerpos ya agotados.

Pero solo son sus miradas, sus cabezas giradas con vergüenza, sus ojos vacíos de cualquier tipo de esperanza o alegría lo que me lleva a rechinar los dientes con un orgasmo explosivo.

Me follo a las putas más enfermas y terminales; no soy violento. Sólo soy inhumano. Sus costillas se rompen tan solo porque me pongo encima de ellas. Su organismo, sus huesos están tan deteriorados, que cuando penetro sus coños infectados de sida y resecos, se les rompe hasta la piel de pergamino por un simple roce.

Ellas no se quejan, cobran lo que piden.

Y puede que yo sea lo menos doloroso de sus vidas; pero siento en mi propia piel el crepitar de sus huesos con mis embestidas.

Me gusta, necesito eyacular en sus estómagos hundidos entre las costillas porque acentúa en ellas la sensación de que su vida es una auténtica mierda. Me gusta coser vergüenza al dolor.

Me corro dos veces cuando la puta sufre por mi penetración y luego observa mi esperma amarillento en su vientre y llora.

Y sus lágrimas son la muestra palpable de años de dolor y humillación.

Yo soy inhumano y no tengo la culpa de ello. Sólo disfruto, el daño ya está hecho. Y ha sido por otros humanos, por otros que nacieron de padres de verdad, humanos también.

Soy único en mi especie. Lo llevo bien, con orgullo.

Los buitres no reniegan de su naturaleza por comer carroña y miseria con gusanos. Tienen un buen aparato digestivo.

Yo no sé lo que tengo, pero soy bueno convirtiendo el dolor ajeno en mi placer.

Lloran…

Lo que sufren siempre guardan lágrimas para la humillación.

Nadie puede acusarme de humano, no se me puede juzgar.

No tengo sida, ni tuberculosis, ni lepra.

He follado todas las enfermas que he podido. Sin miedo al contagio ni al olor pútrido de sus alientos, pieles y vaginas.

De sus anos herniados…

Me he quedado con el pezón en la boca de una puta cubana. Padecí una eyaculación precoz ante aquel obsceno cuadro de dolor y miedo. Eyaculé en el suelo ante la puta aullando de miedo a morir.

Nadie puede entender un cerebro no humano.

Mi calzón se moja de viscosa excitación, no ante un cadáver; se me pone dura con las lágrimas de los vivos.

Cuando la madre o el padre sudan dolor e intentan arrancarse el dolor de la piel a arañazos, a mi me sangra leche por el capullo.

Si fuera humano, alguien podría pensar que tengo un bulto en el cerebro. Pero después de tanto gozar del dolor y ante el dolor ajeno, solo se me ha ennegrecido la pierna derecha. Es algo aleatorio, porque sería el pene el que debiera de estar negro como el carbón.

Es una pierna negra como el pelaje de un lobo, como la oscura cueva donde las bestias devoran carnes aún trémulas. Carnes que aún recuerdan el último dolor de su vida.

La pierna se desprenderá como a la leprosa se le desprendió el pezón en mi boca.

Y tendré miedo. Sentiré dolor.

Y nadie me dará consuelo, nadie se excitará con mi dolor.

Soy inhumano y único.

Ninguna mujer se humedecerá al ver que mi pene tiene la misma longitud que ese muñón.

No hay otro ser como yo que se excite ante mi humillación de que cuelguen mis cojones por debajo del muñón.

Ojalá me excitara mi propio dolor. Moriría entre masturbaciones, pagaría a una puta sana para que me la chupara hasta morir.

Es curioso que esté mejor valorado el que provoca el dolor que el que lo observa.

Tampoco es algo que me importe demasiado.

Cuando el semen ensucie mi muñón, cuando lo negro de la pierna alcance mi cerebro, ya me preocuparé por mi propio dolor.

Y aún así, a pesar de mi inhumana naturaleza, seré yo el que le de importancia e interés a vuestro dolor y sufrimiento; porque los humanos solo sentís el dolor ajeno como algo que os puede ocurrir.

Tampoco sois unos santos.

Al final, actúo con vuestro dolor con una justicia que no existe.

 

Soy inhumano, pero tampoco me sentiría del todo orgulloso de ser como vosotros.

Iconoclasta

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Una noche de insomnio

Publicado: 23 mayo, 2011 en Absurdo
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Tienes toda una noche sin sueño por delante, vale la pena aprovechar. No tienes más remedio

Y es mejor así, cuando no hay elección todo está claro.

Los burros tienen orejeras para no salirse del camino. A mí me han metido un dedo en el culo y corro para aliviar presión. Es así de sencillo.

Sólo hay que avanzar en la única dirección, no se puede volver atrás porque el presente es un camino que se borra a cada paso. Tras de ti queda el vacío, un pasado intangible que no da motivo alguno de alegría y en el mejor de los casos regala una destructiva melancolía.

Queda avanzar y buscar un espacio protegidode laluz, incluso de la vida.

No importa que te observen, lo que importa es no sentirse observado. Es tan fácil conseguirlo… Sólo hay que tener la absoluta certeza de que no importas. Y eso es algo que salta a la vista si eres un observador experimentado. Con unos pocos años de vida.

Sólo necesitas un espacio, un lugar donde pasar la larga noche de insomnio y si te sientes extraño en el planeta, ya tienes una razón que explique una noche en vela.

Es un primer e irreflexivo consuelo.

Pero ese enajenamiento no es la causa del insomnio. Lo real es que cuando uno se siente extraño es porque la muerte está cerca, al menos en el pensamiento.

Y lo que tiene la muerte, es que es un excitante más fuerte que la cafeína y te hace pensar en sudarios y cosas que se descomponen.

Y así, la verdad, no hay quien duerma. Una masturbación con este estado de ánimo podría durar horas y no quiero que mi pene se queme.

Es razonable cuando has consumido el ochenta por ciento de tu vida, pensar a menudo en la muerte y concluir que no todo es tan familiar y tan tuyo. Que han pasado ligeros los años y que no te sientes dueño de nada, más bien un juguete de la vida. Es algo connatural a todos losseres vivos.

No todos, hay cerebros demasiado vacíos y para rellenar hueco, se ha llenado de vanidad, de una más que generosa valoración propia.

Ningún camello se ve su propia giba. Yo sí, tal vez por no ser camello.

Conozco perros que me cuentan de su etapa de pensar en la muerte y son más viejos que el sol. Parece que al pensar en la muerte, ésta se aleja, se retrae.

Los perros siempre me hablan porque no dejo que los humanos se acerquen mucho.

Y las esperanzas de que esto acabe pronto, se retraen también. La muerte no vendrá si tengo valor y humor, esperará a que me sienta débil y mierda.

Cuando tenemos valor para afrontar la muerte, nos sobra la salud, es una de esas constantes universales que suelen provocar esa comezón incómoda en los genitales.

Ocurre lo mismo cuando esperas ver hervir el agua en la olla: tarda tanto que te aburres de esperar y cuando arrancan las burbujas, no estás presente.

Estos viejos perros dicen que tendemos a exagerar.

Es más, a medida que envejecemos el tiempo pasa más lentamente, se acaban las noches de insomnio. Nos quedamos dormidos en cualquier sitio y en cualquier posición. Y buscamos el sol.

El odiado sol, la puta luz.

El calor que funde mis tejidos.

Y lo que es mejor: aquella destructiva melancolía que nos asaltaba, se convierte en un montón de imágenes entrañables que la edad ha convertido en auténticos tesoros. Arqueológicos recuerdos de años a.

No se les puede hacer caso a los perros. Son de naturaleza afable y con cierta inclinación al optimismo.

Los perros y yo somos de naturaleza distinta; aún así les presto una cortés atención. Y para que no se sientan mal, no les confieso que estoy en desacuerdo.

Si no tienes un lugar, un territorio íntimo y privado, lo has de crear con tiempos, con momentos.

La mente no es tonta; la mente te dice cuando has de huir hacia ti mismo.

Y te obsequia con una noche de insomnio que realmente es tu verdadero sitio en el mundo.

Es en la noche en vela cuando los pensamientos acumulados y apelmazados por demasiadas horas de sueño y conciencia, caen al suelo pesados como adoquines.

Y ese estruendo de certezas, de deprimentes realidades que la luz pintaba de variados colores, se ofrecen grises a tus pies.

Y es normal vomitar ante la vertiginosa realidad.

Es una cita con la muerte, decidir si vivir o morir. Sentirse muerto y catar así la inmovilidad, la quietud, el frío y la oscuridad.

Nos deberíamos sentir valientes.

Una noche en vela es lo mismo que disfrutar de cien hectáreas de terreno y de cientos de árboles donde orinar para marcar nuestro territorio. Es disponer de una biblioteca enorme sin moverse de casa.

Y eres libre de fumar cuanto quieras.

Pienso que me he equivocado muchas veces. Pienso que quiero ver la luna, el Mar de la Serenidad sin telescopio.

Exijo una pluma diferente para cada palabra que escribo.

No quiero obligaciones de ningún tipo.

Quiero que cada día sea distinto.

Querer es esperar. Son largas horas de espera.

Odio el dolor, odio el aburrimiento… Un momento.

Ya he identificado la causa de mi tristeza vital, de un despertar agrio. Ahora sé porque no quiero abrir los ojos al despertar.

Odio desear porque me frustra.

Ergo odio esperar.

Los perros son pacientes, yo no.

Y ahora que estoy en vela, ya sé porque no puedo dormir bien: dormir es descanso; pero sobre todo espera.

Esperar que sea un día mejor, esperar que al despertar se cumpla lo que deseo.

Era tan fácil encontrar la causa. Sin embargo, imposible de identificar a plena luz del día, o a plena luz de los sueños.

Definitivamente los perros viejos no saben lo que dicen. No han pensado tanto como yo. Duermen demasiado.

Nos pasamos la vida esperando algo. Y el sueño es una larga espera en la inconsciencia.

Siempre espero.

Esperamos nuestro sitio, nuestro lugar para poder ordenar pensamientos y cosas.

He aquí la jodida verdad: no puedo dormir por tanto esperar.

Y lo peor de todo es que espero con cierta impaciencia a la muerte.

A lo mejor pienso demasiado.

Pero no es eso.

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.

Sí que es tarde. Cuando has conseguido lo que más deseabas en el mundo al final de la vida, seamos sinceros, quiere decir que hasta ese logro has vivido fracaso tras fracaso.

Y ser un fracasado aunque hayas cumplido tu deseo, es algo vergonzoso.

Cualquier momento de reflexión me llevaba a una incomodidad sin saber por qué. Hasta que el bendito insomnio te obliga a pasar una noche contigo mismo.

De ahí esa necesidad de tener un sitio: te sientes avergonzado de tantos años de fracaso. Es necesario esconderse y no pasar más vergüenza de la necesaria.

Necesitas una pequeña habitación para que nadie vea lo muy fracasado que eres.

Y la maldita espera, la impaciencia de la infructuosa búsqueda de un espacio para esconder la vergüenza, es el insomnio.

Espera sobre espera es igual a impaciencia al cuadrado.

El insomnio pierde efectividad con el uso.

Cuando el insomnio no cumple su función empiezas a desear la compañía de la muerte.

Y como odio esperar, sólo queda el suicidio.

El presente es un camino que se borra a cada paso.

El suicidio es el único destino. Borra las esperas.

Odio esperar.

Tal vez tome un somnífero para anestesiar la impaciencia.

No creo que vuelva a conversar con esos afables perros, no lo saben todo. No saben nada. Además, me carga su optimismo facilón.

Toda la puta vida para al fin saber que la impaciencia me destruye.

Tantas noches en velas para esto.

No soy muy listo.

Precioso.

Se permiten chistes y fumar en mi velatorio, ésta es mi voluntad.

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Tormenta en el cerebro

Publicado: 11 mayo, 2011 en Absurdo
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Controla la jodida atmósfera; pide al rayo que te parta, porque hay días que es mejor no estar. Días de tormenta. Es hermoso, es sorpresivo que sin ver una sola nube en el horizonte, de repente estalle la tormenta. Es magno. Hasta el cáncer es una sorpresa, un aliciente en una vida sin sobresaltos. Los días, las semanas y los meses están enumerados para que podamos darnos cuenta de que son días distintos. No siempre vivimos el mismo día, aunque no lo parezca. En mi puto cerebro, una sombra que es la propia vida, la puta verdad de que no valgo una mierda, me encierra en un negro ataúd sensorial y psíquico. Los rayos caen quemando y carbonizando grandes áreas de mi alegría. Ennegrecen mi ánimo y resquebrajan mis escleróticas. Los truenos ahogan mis gritos de ira e incomprensión. Y entonces deseas ardientemente que el rayo no sea imaginario. Que sea real y me pulverice en negro carbón, que entre la quemada piel mane sangre brillante como el rubí. La carne abierta… Y me muera con solo un movimiento de los ojos. No existen recursos en mi atormentado y atronado cerebro que puedan disipar esas negras nubes. No hay esperanza. Estoy sometido a la tormenta, no hay cobijo bajo ningún techado. Sólo queda esperar que pase, que la tormenta se agote. Que mi puerco cerebro deje de pensar. Y si dios existe, que me parta un rayo, si puede ese cabrón.

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Voladores

Publicado: 16 febrero, 2011 en Absurdo
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Todos vamos hacia la muerte, sólo que unos creen que lo hacen volando, con elegancia y carisma. Todos quieren volar.

Y todos se arrastran.

Arrastran sus cojones y sus coños por el suelo. Y a pesar de la abrasión, imaginan que vuelan.

Yo soy consciente de que voy al final de mis días arrastrándome como un gusano. No hay vuelo libre, no hay alturas liberadoras ni ingravidez. Soy un gusano que se despelleja arrastrando sus miserias por el suelo.

Ellos, los otros, vosotros… Se reflejan en un extraño espejo que les hace ver alas en sus lomos. Les hace creer en cosas de elegancia y exclusividad.

¿Qué tipo de droga o insania les hace creer que son libres, que tienen alas y libertad?

Porque sus pieles están manchadas de esputos y mierda. Como la mía. Pero yo sé cosas, yo siento que algo no va bien.

Están podridos. Sus cerebros están demasiado maduros y los pájaros picotean en ellos sacando trocitos de podredumbre. Y piensan que son colibrís libando un dulce néctar.

No viste túnicas de ángel, no tienen su piel blanca.

Tontos del culo.

Reptan patosos, con cólicos en el vientre dejando un rastro líquido y oscuro de si mismos. Sus genitales se han llenado de tierra y no es una terapia voluntaria. Es un barro cenagoso y maloliente que sus narices engañadas creen que es agua de rosas.

Mierda.

Sus hijos tampoco tienen alas ni fueron paridos en el cielo. Cayeron de entre sus piernas a una tierra sucia y caliente. Infecciosa.

No estaban envueltos entre plumas de seda. Era sangre y grasa.

Volar… Solo vuelan cuando una carga explosiva estalla a sus pies o cuando caen por un desfiladero.

Solo se vuela cuando te van a matar, porque la mente quiere escapar del dolor y el miedo. No es volar, es huir. Que nadie se confunda. Que ningún poeta cobarde os engañe.

Los humanos son babosas con mocos demasiado densos como para despegar del suelo y evitar pasar por una rama llena de espinas.

Ni siquiera sus cochinos sueños pueden volar; sus sueños e ideales son plomo en el agua. En su materia gris poco inteligente.

Al carajo aves de mal agüero que creéis volar.

Desgraciados.

Me cago en la hostia puta.

Si alguna vez llegarais a volar, vuestra imagen sería repugnante recortados contra el sucio cielo del planeta, de este planeta.

Vuestros genitales… Me da asco imaginaros cagando desde las alturas. Porque aunque os creáis seres alados, cagáis, escupís y vomitáis como cualquier marrano.

Que os jodan, si volarais, sería cazador.

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La Muerte en bici

Publicado: 22 octubre, 2010 en Absurdo
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La Muerte en bicicleta me enseña sus muslos y sus bragas sucias. Pedaleando con sus huesos hace claqué. ¿Por qué va en bici?

Dice que la guadaña la ha dejado en el afilador.

Es casi tan absurda como yo.

Le respondo que si quiere, me lleve cortándome con una cuchara; pero que estoy cansado de oír tonterías. Hasta la Muerte es imbécil en este planeta.

¡Qué puta mierda!

Y mientras tanto, la que me da vida, en la ¡otra parte del mundo!

Tamborileo con aburrimiento mi mandíbula con los dedos mientras el corazón me lo arranca a cucharadas.

Hay cosas que duelen más, sinceramente.

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El caleidoscopio

Publicado: 7 octubre, 2010 en Absurdo
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Alguien me mueve, me gira hacia la dolorosa luz, me rota y a veces me agita.

Estoy a su puta merced. Me fragmento, me rompo.

Soy estrella y después ameba. Mi mente se deshace en mil estallidos de color.

Sin dolor.

Sólo es asombro. Dios está juguetón. Dios me rompe y me rehace.

Dios es un psicópata.

Me transforma como una absurda energía que no tiene utilidad alguna.

Hay colores que se descomponen y en esos momentos la oscuridad reina.

Es desolador verse sometido así.

Descorazonador.

Estoy abandonado.

Podrido.

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Algo de consuelo

Publicado: 13 septiembre, 2010 en Absurdo

Tengo ganas de llorar.

¿Existe alguien por encima de los humanos capaz de consolarme?

Estoy dejado. Muchas veces he sentido pena de los seres que mueren solos, como yo arrastrándose a una sombra.

¿Por qué no se me tiene la misma pena? Quiero ser consolado.

Tampoco he sido tan malo.

¿Estáis ahí? Porque la tristeza me hace arder, os aviso.

Si os arrepentís de no darme un abrazo y consolar mi espalda sacudida por el llanto, si tardáis demasiado, me convertiré en ceniza.

Y os pesará como a mí me pesa la vergüenza ajena.

No quisiera ser sensiblero, pero si supierais lo que duele…

No soy de lágrima fácil, de hecho creí no tener lágrimas. Si lloro es porque la desesperación de la soledad me desgarra en mil pedazos. No lloro por cualquier cosa, lloro porque el miedo y la soledad me parten los huesos.

Quise estar solo, me equivoqué.

¿No podéis aunque sea acompañarme a la hora de morir? Joder… He movido cadáveres de lugar para que se sientan cómodos.

¿Ni siquiera vais a hacer eso por mí?

Yo no pido que me deis la mano cuando escupa la bocanada de mi última sangre.

No quiero ensuciaros, ni contagiaros mi miedo que me congela las manos y no puedo darme calor al corazón yo mismo.

He pinchado un ojo para lanzar un grito atroz y que sepáis donde estoy.

No tenía bengalas para señalar mi posición.

Miradme con pena al menos.

No quiero pincharme otro ojo, quisiera ahorrarme dolor mientras muero.

¿Estáis ahí? Pues yo pienso llorar de todas formas.

Es un torrente de pena que no puedo parar.

Yo sólo quería ser valiente a la hora de morir, demostrar que un cáncer o una hemorragia interna no me causan temor.

Pero si me dejáis solo aquí muriendo, lloraré desconsolado, y toda la valentía que en la vida acumulé, morirá antes que yo.

Y moriré triste y cobarde.

Solo, solito.

Yo no quiero eso.

No he sido malo, no demasiado.

A veces he sido bueno.

¿Estáis ahí?

Me pincharé el otro ojo…

Aún me queda valor.

Sólo un abrazo, me duele la espalda del llanto.

No quiero morir así: cobarde.

Llorando sin que unos brazos me cubran a los ojos del universo.

Un poco de calor, nunca he pedido, nunca se me ha dado.

Una caricia en mi cabeza, con el rostro mirando el suelo avergonzado.

Eso no es nada para vosotros.

Vamos, tenéis que existir. Aunque sea, crearos para este instante.

No dejéis que nadie piense que soy un cobarde.

No me dejéis morir frío.

Os arrepentiréis, habéis llegado tard…

Iconoclasta

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Maldita gravedad

Publicado: 3 agosto, 2010 en Absurdo

Maldita gravedad…

Hasta los pensamientos caen sometidos a esa propiedad planetaria.

Pensar es como escupir al cielo y toda la porquería cae en la cara multiplicando masa por aceleración gracias a la cochina ley enunciada. Y rompe la nariz.

Sangro.

Si fuera más ignorante podría pensar en seres no humanos y banales deidades que me atormentan y hacer así mi mísera vida más interesante.

Lo cierto es que si el escupitajo cayera suavemente, sangraría igual. Porque no solo es culpa de la masa, es culpa del filo.

Maldita sea la gravedad…

Y el filo cortante de un pensamiento enfermo.

Mis pensamientos caen ante mis pies y tropiezo con ellos.

Algunos llevan una emoción que me hace sentir un asesino cuando al pisarlos los aplasto.

No es práctico un pensamiento tan denso en un planeta con una gravedad tan angustiosa.

¡Puta pena! Acabo de pisar una idea feliz y se ha pulverizado con un seco llanto bajo mi zapato.

El sosegante y divertido pensamiento quebradizo… En algunos momentos sonrío pensando que mis emociones son las burbujas de un plástico protector y no puedo evitar hacerlas estallar retorciéndolo con las dos manos.

No puedo evitar ser malvado conmigo mismo. ¿Cómo no lo voy a ser con los humanos?

Porque yo no soy humano, yo no tengo alma. El barro sólo es frustración amasada con lágrimas y saliva animal. Mi barro es indecente en su humedad, jamás se seca, siempre es amorfo. Los sentimientos están tan amasados, que a veces confundo el odio con el amor.

Maldita sea la gravedad, el filo cortante de un pensamiento enfermo y el barro.

Voy a ponerme una redecilla en la cabeza, no quiero parecer uno de esos chulos de putas hispanos de las películas americanas; pero he de asegurar cuantas pequeñas ilusiones pueda.

La gravedad está acabando con mis mejores y peores pensamientos.

Me está destrozando.

¿Y si no fuera solo la gravedad? ¿Y si fuera mi pequeño cerebro anegado y asfixiado en un magma frío y húmedo? Puede que tenga demasiado barro dentro del cráneo. Eso explicaría mi escasa sensibilidad hacia el dolor humano. Y sienta como un hierro al rojo el mío propio. Explicaría porque me odio a veces tanto como los odio a ellos.

No explica nada, no explica una mierda; pero me esfuerzo por entenderme. Por dar importancia a mi pensamiento.

Lo del barro tampoco sería consuelo, porque a mi edad, si el fango no ha salido, no saldrá jamás.

La decapitación no es terapia, es mera actuación. No se necesita ser médico para cortar una cabeza, un simple matarife con un simple certificado de escolaridad, basta.

Tener barro en la cabeza, debería tener también sus ventajas, porque proporciona una frialdad emocional que evita que te partas en dos cuando ves que todo lo que esperas de la vida, cuando todo lo imaginado, el amor como es y se siente, no existe.

Hay que permanecer frío cuando toda la fuerza del pensamiento te golpea y te llama iluso. Hay que contrarrestar con fuerza el ridículo que te invade como un torrente que baja lleno de basura y ramas y afea lo que fue bello. Cuando las propias ideas se ríen de uno mismo revolcándose en un barro, que afortunadamente se mantiene húmedo como mi glande cuando pienso en ella.

Hay que hundirse en el lodo metafísico cuando sabes que te vas a morir sin cumplir lo soñado. No, el barro no calma, pero te asfixia. Es mejor morir asfixiado que patético.

En su coño profundo.

Pero hasta ese acto voluntario de sumergirme en mis propias miserias se me escapa, y la gravedad me hunde antes de que lo haga yo. ¿Es rápida la gravedad o yo soy lerdo?

Yo soy lerdo, un hijo puta con ilusiones rotas que las abraza, que las intenta coger entre sus brazos, para que no caigan y se rompan.

Un triste augusto que gime y ríe al tiempo. La esquizofrenia tiene el encanto de lo irreal e incoherente y el drama de la cadena perpetua en un mundo hostil.

Que besa sus labios en el aire.

Pobrecitas mías… Ilusiones hechas añicos bajo mi zapato.

Maldita gravedad… Siempre está presente como la imbecilidad humana.

Si pudiera llorar lo haría, estoy nervioso, han muerto tantos sueños…

¿No hay plantas de tratamiento de ilusiones rotas?

¿Por qué las hay de basuras y de ilusiones no?

Este no es mi mundo, no puedo seguir aquí. Me hundo en mi mismo, me aplasto contra mis propios pensamientos y el barro no me deja respirar.

No quiero ayuda, sólo quiero salir de aquí.

Nada más.

Abrazarla entera.

Sólo necesito que nadie intervenga, que todos mueran.

Y puede que alguien piense que el mío no es un final feliz.

El que alguien pudiera ver el salir de este mundo como un drama, sería un error.

Porque se me escapa una sonrisa traviesa al pensar que dentro de unos minutos ya no estaré aquí. Es una de esas ideas que he podido conseguir mantener estrechada contra mi pecho, con los brazos sucios de barro. Con la gravedad fumando con desprecio hacia mi dignidad sentada encima de mis hombros.

La vieja puta desdentada gravedad…

Indoloras y repugnantes mamadas de agrio placer.

Esto es una mierda… Por favor, estoy cansado, tengo prisa.

Saber que me voy de aquí, con todo mi barro, y me convertiré en nada, es mi pequeña y bien guardada ilusión. Sólo unos minutos más, y no la pisaré aunque caiga. No se romperá.

Es agradable el olor a nafta del gas, te lleva dulcemente por encima del barro hacia aguas limpias.

Adiós, gravedad ojalá te mueras después de mí.

Muerte ingrávida… ¿Por qué he vivido tanto, si todo era más sencillo?

Iconoclasta

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