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Luna de mierda,

al observarte siento asco.

Siento odio por mis vergüenzas,

por mis penas obscenamente expuestas.

A tu luz, a tu puta luz

a tu podrida luz

a tu alabada luz.

La noche debería ser oscura

como las mentes sin cerebros,

agujeros negros que trabajan

y matan bajo la luz del cabrón rey,

del Luminoso.

Ramera barata chuleada por el Sol…

No eres un astro

ni una compañera de la Tierra,

eres un buitre que otea miseria en lo oscuro,

una lechuza deforme.

Tengo un misil que borraría la vida humana,

en segundos haría mierda la carne

y las casas.

Apunta a tu faz lechosa y pringosa;

para que mueran todos lentamente

en la ya eterna oscuridad de las noches,

abrazados a su cobardía.

Ojalá estalles y dejes de iluminar

la tierra en las noches

el planeta y sus reproches.

A los miserables y sus penetraciones…

Eres el consuelo de los cobardes,

la fantasía de los simples,

la molestia en mis retinas.

No más cochina luz,

no es bueno alumbrar lo que somos.

Revienta puta luna.

Que los locos se queden sin tu lunática visión

y que el mar muera,

y con él los animales todos

y los hombres todos.

Apágate puta del astro rey, estalla;

no lo hagas más, no luzcas.

No eres tan bella como dicen

eres un tumor en el cosmos

luces porque estás infectada,

de nosotros, de humanidad.

No me entiendes, porque eres idiota

como el dios que te parió.

Cuando al final

por fin el sol se oculta,

apareces tú, guarra entre las guarras.

Cerda blanca…

Y me expones de nuevo a la luz

junto con todos ellos.

¿Quieres ver la cópula de los mediocres

en sus cuartos con luces apagadas?

¿Te gusta eso, aborto de lechuza?

Eres un ojo enfermizo.

Yo que no los quería ver por unas horas,

yo que espero la noche para no saber…

Odio la luz.

Y la tuya es tan falsa como mediocre.

Revienta, luna mierdosa

y da oscuridad con tu muerte

a la noche de una puta vez.

Para siempre si puediera ser.

Quiero descansar de tanta luz

y tanta vida.

Me dueles en los ojos.

Mueves los mares y riges

menstruaciones y partos.

No es necesario que hayan partos

ni mujeres ni hombres,

no alimentes su idiocia.

Mi semen es estela de plata bajo tu luz,

pero no quiero oro ni plata,

solo lo negro.

No quiero ver que viven,

que respiran.

Necesito creer en las noches

que no se hará la luz nunca jamás.

Es mi esperanza lo que rompes.

La sangre roja por el día

tú la haces de color mierda con tu luz,

creas presión con tu gravedad en mi cabeza

y me robas esperanzas oscuras.

Tu luz no es fría,

es traidora y alevosa.

Hipócrita…

Eres solo una puta piedra

iluminada en la esquina de una calle

por un triste neón de night-club.

Y es por ello que luces

anaranjada en algunas ocasiones.

Como si el rubor de tu voyeurismo

te delatara en tu decadencia.

Iconoclasta

Los muertos me usan, se asientan en mi pecho, cargan sus almas sobre mí.

Pesan como la carne de una pierna rota.

Cada noche, cada sueño, en la oscuridad inconsciente; observan con curiosidad y expectación mis ojos cerrados oprimiendo con su inmaterialidad mis costillas.

Temo a los muertos que roban la paz a mi sueño como lo hacen las vergüenzas y los rencores acumulados.

Detritus de una vida…

Y aún los amo, no soy malo. No soy tan malo como me parezco a mí mismo.

Aunque no recuerdo bien sus caras. Es un problema que me angustia.

Los muertos provocan apneas. Donde antes había aire, ahí están ellos, inmaterialmente vertiginosos e inalcanzables desplazando el oxígeno.

Es imposible que pueda algo estar tan muerto…

Qué puta pena.

Sin embargo, se acuestan en mi carne por las noches, cuando duermo y no puedo dominar la irrealidad que hay párpados afuera.

Presionan, reclaman atención.

Saben que están muertos y necesitan hacerse notar.

Respirando a los cadáveres de los cadáveres mis pulmones se quedan vacíos, porque no son nada, lo sé. Son nada y nadie sin remedio.

Y aún así, parasitan el sueño y el descanso.

A medida que avanza el tiempo la verdad se revela rompiendo fantasías e ilusiones.

El peso de esas almas es ahora pena y su inexistencia ni siquiera es vacío. El vacío es una idea romántica y pueril.

Ocurre que el aire, cuando están muertos, sabe a mierda si los amaste. Ellos son ahora mi vergüenza: el espejismo de una infantil esperanza.

Caí en mi propio engaño como un niño que cree en los superhéroes y los viajes en el tiempo. Un niño que no sabía que un día de sus cojones saldría leche.

Me espera lo mismo que a ellos: morir y ser nada. Ser un ladrón de aire de ellos, los que quiero.

Sentaré mis rodillas en los vivos que amo, aunque no quiera. En las noches seré el que roba y acapara sus respiraciones. Robaré un aire que no me pertenece. Respiraré de sus bocas hasta que comprendan y asuman que soy un espejismo, un sueño vano de consuelo.

Una vida en el más allá que no existe.

Avergonzados como yo lo estoy, me diluiré en el tiempo y seré reemplazado por algo tangible que al despertar pueda ser enfocado, tocado, respirado. Todo aquello que no deja un vacío, que no robe el aire.

Me cambiarán, como yo lo he hecho, por el humo del tabaco, la primera orina de la mañana, el dolor de un tejido podrido o la fiebre de una enfermedad cuando el sol conjura la noche.

Los muertos pesan sin ser nada, sin existir.

Qué extraña es la muerte, qué mentirosa y cobarde la vida…

No le temo a morir, no importa demasiado vivir.

Porque si hay algo que pesa más que un muerto, es la vergüenza de haber pensado que podían vivir, creer durante un instante que podría un día volver a oírlos, tocarlos o verlos.

Ahora queda el bochorno de haberme robado yo mismo el aire.

Seré un muerto ruborizado en el pecho de mis vivos.

Iconoclasta

Soy nadie,

mierda para Dios y jueces.

No grito, mascullo escupiendo saliva.

No me duele, sudo.

No creo, ignoro.

No respeto, soporto.

No desprecio, detesto.

No gozo, la meto y me corro.

No convivo, no pedí nacer.

No hay raíces, padre está muerto.

No hay recuerdos, madre está muerta.

No respiro, un océano a los pies de mi hijo.

No habito, soy reo.

No soy eterno, la eyaculación es efímera.

No creo, los observo y los juzgo.

Soy nadie,

tal vez un pene erecto.

No tengo espacio, soy materia cósmica caída en La Tierra.

No circula mi sangre, no tengo.

No tengo rostro, los ojos miran un espejo árido y vacío.

No soy nada y mi pensamiento truena.

No pienso y ardo con mi alma corrosiva.

Soy nadie y sueño con mundos silentes.

Soy nadie y esplende con dolor la vida en mis ojos.

Asaz vida…

No son nada y muertos y enterrados ocupan menos espacio.

No soy bondad ni equidad, maldigo todo lo que respira.

No tengo compasión por los hijos deformes,

por la piel pegada al hueso,

por un vientre herniado,

por la risa de una madre,

por el llanto de un amor roto,

por la mamada de una boca de encías sin dientes.

No soy paciente, la vida dura una mierda.

Soy nadie, hijo de un semen caído.

Iconoclasta

En algún momento durante su formación en el útero, una espora corrupta del hongo de la vida se introdujo en su organismo a través del cordón umbilical y anidó en su cerebro parasitándolo.

No vivo, estoy parasitado por un hongo putrefacto, repugnante y voraz que deja esporas por todo mi cuerpo. Se llama vida y su nombre científico es Viventes fungus.

Los hongos habitan en lo oscuro y en lo podrido. Tal vez me formé podrido…

Tal vez sea mi parásito, yo mismo.

Se formó en el vientre materno, fue parido y luego creció con la temible conciencia de que su vida iba a ser excesivamente larga. La sintomatología era la de una alergia al planeta y a la humanidad.

La comezón en mis orejas es tan mortificante que la aguja con la que rasco allá dentro, me hace cada día más sordo a los humanos. La esporas que despide mi hongo atraen cucarachas y moscas que dejan sus huevos en mis tímpanos, produciendo fiebre en mis ojos que lo ven todo teñido de negro y rojo.

A pesar de todo, creció para aprender a identificar con certeras palabras la porquería que sus ojos observaban y le rodeaba. Era como si tuviera que convivir con un loco y un cuerdo dentro de un mismo cráneo, y la conciencia de su vida podrida, la auténtica verdad de su existencia, estaba presente en cada segundo de su tiempo.

No se entiende bien a estas alturas de su madurez, si el cerebro es el parasitado o su hongo es el pensamiento humano. Tal vez inhumano.

El hongo putrefacto se ha hecho cada día más grande y cuanto más espacio ocupa, más mina mi humor y esperanzas. La vida, ese hongo repugnante, sabe agredirme una y otra vez.

Rompe mi sonrisa y cualquier afecto.

Cuando hace daño, lo duplica con la siguiente acción. Si me encuentro tendido en el suelo, el hongo encuentra a alguien o algo que me aplaste con más fuerza. Soy perseguido y acosado por ese puto parásito que soy yo mismo.

Es difícil de explicar.

Es imposible.

Es inútil…

Se convirtió en un ser desarraigado de todo lo natural y lo humano. Se hizo cínico. Cualquier cosa animada o inanimada que le provocara una emoción, se hacía indecentemente larga en el tiempo hastiándolo. Estar en el mundo era ser prisionero.

Se convirtió en un psicópata que odiaba la vida.

Grito y conjuro la muerte de mis hijos con una ira desbocada. Escupo sangre deseando la muerte, el genocidio y la destrucción. Soy más malo que ese repugnante Viventes fungus.

He madurado y adquirido mi plenitud, mi pleno desarrollo mental. Soy más sabio que nadie.

Me han despedido del trabajo, no me quiere mi esposa, ni mis hijos.

Si no amo mi vida, no amo la de nadie. No importa que me rechacen porque lo rechazo todo por sistema.

Estoy desbocado. Mis hijos se pudrirán como yo y no importa. No conocen el maldito hongo. Bendita inocencia…

Bastante asqueado estoy de la vida para atender la de otros.

Mi esposa vomitó cuando vio mi pútrido semen en su pubis.

Mis hijos sienten asco de mi aliento.

¿Fue una especie de puta mi madre? ¿Por qué me transmitió ese ponzoñoso hongo de mierda? La odio con toda mi alma aunque esté muerta.

El hongo apenas tarda unos segundos en provocar la mala suerte e infectar la médula de los huesos, el ánimo y la cordura de la víctima. Sus testículos están endurecidos por tumores y sus masturbaciones son sórdidas y dolorosas. Se hace pajas para aliviar la presión de ese semen verde que le duele. Está solo, alejado de todo en un apartamento vacío, sin muebles. Con las paredes cubiertas de un terciopelo negro y viscoso. De hongos de la vida corrupta que su piel suda y contagia.

Soy tan malo como esa seta que me pudre y que lanza sus raíces de estiércol por mi médula espinal. Siento el sabor a mierda en mi boca cada día, cada hora, cada minuto…

Cuando más tranquilos deberían estar los humanos, ante la madurez mental, él se sentía más asqueado de sus conocimientos y de la vida. Reprochaba a su propia existencia su esclavitud eterna en el planeta. El hongo y su pensamiento eran simbiosis pura.

Pero yo sé hacerme más daño y dañar más que él. Puta vida de mierda… Acabaré contigo aunque me joda yo. Nada puede calmar mi ira y mi locura cuando soy agredido por el hongo de mierda. He llegado al límite de la paciencia.

Vida cerda.

Morir es acabar con él. Fumo puros habanos hasta ahogarme, hasta espesar la sangre tanto, que el corazón es incapaz de bombear. Los dedos de los pies se pudren y con ellos la vida: ese hongo asqueroso que me poliniza de miseria y repugnancia.

Me gusta especialmente la parte del puro habano, me gustan los buenos cigarros. Y que me la chupen también, aunque el precio de que un humano esté tan cerca de mí, hace mierda mi erección.

Las paredes hablan. Son colegas del hongo, su universo es un manto de musgo negro y viscoso. Negros muros como sus uñas y la carne de todos sus dedos a los que ya no llega sangre roja.

Todo está mal y a mi familia se le escapa una sonrisa alegre al saberse a salvo de mí. De mi hongo.

—Deberías saber que ellos no están contagiados, solo tú tienes ese hongo, nadie más lo tiene. Tendrás mala suerte y mala vida hasta el fin de tus días. Nadie compartirá la mierda contigo.

—No seas locuaz —le respondo a la pared.

Es genético, es mierda que me pudre con sus raíces extendiéndose y rompiendo mi ADN y la ilusión. Coloniza el cerebro y la carne.

Y los huesos, amén.

No está registrado el hongo en ningún libro, en ningún ensayo. No hay fungicidas, no hay cura ni tiempo para hallarla. De hecho, solo uno de cada cien generaciones, nace infectado por el hongo de la vida: Viventes fungus.

Es larga la existencia cuando ese hongo asqueroso coloniza la médula de mis huesos, mi bienestar, mi dinero, mi amor…

Lo corrompe todo.

Y yo me hago más daño si puedo, no bajo la cabeza ante nada ni nadie. A costa de mi vida, a costa de todo…

No tengo miedo, solo es asco por la vida, por el hongo repugnante que lanza sus esporas venenosas sobre mi piel y las vísceras. Por dentro y muy adentro.

Vive en lo lóbrego y húmedo de mi cerebro, y es descomposición.

Vivo esperando lo peor, lo que como es para la vida de mierda, para alimentar ese hongo. Todo se lo lleva él: los nutrientes y mi sonrisa.

Cómo lo odio. Es el hongo del hastío, la monotonía y lo gris. El hongo del esfuerzo y la pobreza, la esclavitud y el cáncer.

Odio la luz que ilumina los ojos de los que ríen y odio su organismo libre de parásitos.

El hongo provoca una melancólica envidia, de una forma inevitable. E induce al fracaso y la desesperanza constantemente.

La vida, el triunfo de los demás, es la prueba continua de mi fracaso.

Les infectaría metiéndoles en la boca mi pene lleno de esporas y raíces de pesimismo y fracaso. De malas suertes y lesiones.

De pobreza y necesidad.

Cuando la vida te parasita, no puede haber tratamiento ni amputación, la única salida es el suicidio; pero requiere un valor que se adquiere con el constante sufrimiento y hastío. Y eso llega con la madurez.

He rociado las paredes con cloro y el hongo se ha desprendido convirtiéndose en líquido negro. Mi cigarro se ha apagado entre los dedos y ya no me parece repugante ni difícil beber lejía, esa mierdosa seta me ha provocado tanto dolor y hastío que nada puede ser peor.

Y quiero sufrir para que sufra el hongo también.

Ojalá no exista nada tras la muerte, porque seguro que me esperaría otra pijosa seta.

Brindo con cloro por la muerte de la humanidad.

Maldita sea mi suerte…

Hay quien se pregunta si es posible que la miseria llene tanto la vida de una persona durante tanto tiempo. Tal vez, piensan algunos, que es dejadez.

Tal vez el hongo esté en sus uñas. Tal vez creciendo en sus hijos. Es igual, aunque comieran mierda, el hongo de la imbecilidad, el que infecta a toda la humanidad, les haría ver que comen caviar.

Iconoclasta

Ocurre en cualquier momento, en un segundo comienza un apocalipsis gradual: la mirada borradora destruye las formas, los colores, las cosas y las personas.

Destroza todo el amor y el odio del mundo, es la extinción total de vida, materia y espiritualidad.

Si es una afección psicótica o una mutación ocular, no importa porque el resultado para quien la padezca o disfrute, es idéntico: la aniquilación total. Y la realidad es absoluta para el que borra todo aquello que ya se ha cansado de observar.

Suele ocurrir cuando los ojos se encuentran relajados, asaces. Cuando una masturbación solitaria ha creado una intensa fantasía idealizando una realidad que no existirá. Es una forma de supervivencia en un mundo hostil que insulta nuestra inteligencia con vidas y cosas que nos han hastiado durante mucho tiempo haciendo la vida inviable.

La mirada borradora aflora cuando el semen se enfría solo entre los dedos, con la leche aún borboteando por el meato del bendito pijo, que es el único que placer nos da. La mirada desdibuja entornos y contornos. Los colores se convierten en cera caliente derramándose por el suelo. Los ojos de las bestias de dos y cuatro patas caen de sus cuencas lánguidas y elásticas deformadas por su propio peso.

Ocurre cuando ya se sabe todo de la vida y comprendes que no hay otra dimensión, ni otro lugar donde ir que se pueda parecer mínimamente a lo que sueñas.

Todo comienza con una lágrima que desenfoca el planeta. No es la lágrima lo que deforma las cosas, la lágrima solo es un producto nacido de la desesperanza.

El mundo que imagino es perfecto y la realidad hedionda. Estoy abandonado.

Ante esta comprensión es cuando se adquiere un super poder, o una enfermedad mental. Y la mirada borradora comienza a radiar su destrucción sin que se pueda evitar; igual que una fusión nuclear nadie puede parar. La gente muere silenciosamente, desaparece.

“No quiero desaparecer así”, “No puedes borrarlo todo”.

El que no quiere desaparecer, siempre te ha querido joder la vida, no hay que hacer caso; hay que borrarlo empezando por el cerebro. Sí que se puede borrar todo cuando la enfermedad de los ojos borradores ha destruido todos los anticuerpos de la razón, todo es posible. Como sumergir todas las vidas y todas las cosas en el Mar del Olvido Cósmico. Solo queda su luz molesta viajando en el espacio, demasiado lejana para que la pueda ver y borrar.

La mirada borradora llega para vengar las ilusiones asesinadas que jamás ocurrirán. Es mi némesis contra una vida de mala suerte. Odio a los triunfadores por nada en especial. Si no puedes ganar, odias. Es así de simple. Con los años aprendes a sentir asco por los afortunados, por los inteligentes, por los que más ganan. Deseas aniquilar a todo ser dichoso que te echa en cara tu fracaso con su existencia de mierda.

Y rindes culto a tu polla, que para eso la tienes. Y escupes tu felicidad por el pijo con cada cosa que borras.

El mejor amigo del hombre no es el perro.

Los contornos de los seres humanos ya prescindibles en lo que queda de mi vida, se difuminan con el aire; cosa que provoca una náusea, un mareo. Poco importa, porque aunque vomitemos, es bueno que desparezca todo aquello que no nos gustaba o nos gustó en algún momento. Lo importante es que mis manos están nítidas y el semen forma perfectas y definidas gotas en mi pubis. Eso no se puede borrar, no lo quiero borrar.

El semen es un conjunto de hijos borrados.

No es quedarse ciego, porque lo ves todo. Observas toda la muerte y la venganza contra la mediocridad y lo plano ante el triunfo ajeno agonizante. La mirada borradora se convierte en heroína que corre veloz por mi sangre y necesito inyectar más y más.

El sol ya no tiene una forma definida, ese hijoputa que tanto me ha calentado la piel, que me ha podrido dando vida a otros… Es ya un foco que ha perdido intensidad. Ya no es la puta estrella creadora de una vida mierdosa.

Mi mirada acaba con la vida que el sol creó y el frío se instala en los huesos y en las entrañas de todo lo animado. Solo mi pijo desprende vapor escupiendo semen.

Sin tanta luz todo se ve mejor: las cosas horrendas ya no se pueden maquillar con un contraluz y si existiera algo bello, se podría apreciar con más detalle.

Los pelos rojizos de mis cojones se saturan de color como las hojas muertas en el otoño. Gracias a que he borrado el sol.

El vómito ante la mirada borradora se mantiene nítido, como un monumento, una obra de arte perfecta ante lo que se diluye y desaparece. Mi asco es mi obra eterna en lo que queda de este mundo.

La mirada borradora es voraz e ingobernable, ya no hay segundas oportunidades. No más esperas, es hora de que todo desaparezca.

Menos mi polla y yo.

Lo corrupto ya no se sostiene, no tiene ojos, no tiene músculos, ni huesos. Lo que odio es leche sin pasteurizar. Dura nada bajo mi mirada borradora.

Los rostros han perdido detalles, todos son idénticos deshaciéndose y lloran su muerte intentando con sus manos indefinidas, cubrirse de mi mirada.

Las casas y sus fachadas son rostros con ojos sin color ni movimiento que lucen bocas abiertas sin labios ni dientes. Hay ventanas como cuencas vacías, en las que se borran familias que se creían felices, intentando dibujarse los rostros con pintalabios y acuarelas infantiles.

Los hay que aún no saben que se están deshaciendo y piensan en ir al médico porque creen que es conjuntivitis el no verse a si mismos en un mundo que ha perdido luz.

Los más inteligentes, no saben que los estoy borrando. No eran tan listos como ellos u otros pensaban.

La mirada borradora es justicia plena y los que un día triunfaron a costa de mi fracaso, ahora mueren por mi voluntad. Mi triunfo.

Sus carnes se estiran y se derraman por el suelo con sangre descolorida, los perros ladran perdiendo sus mandíbulas blandas al aire y se desangran por las desparecidas arterias. Los pájaros se convierten en borrones de tinta en un cielo caótico mezclado de azul y blanco que se diluye para convertirse en nada.

La mitad del gato que descansa en el alféizar de la ventana, se descuelga varios metros y su mirada es triste como lo fue la mía antes de ser borradora.

Yo me mantengo íntegro, mis manos son perfectas y mi cuerpo es sólido.

Con cada árbol, con cada coche, casa y ser vivo que desaparece, mis fracasos se olvidan y los recuerdos se hacen amables. Yo vivo y la humanidad y lo que la contiene, muere. Por mi voluntad.

Mi santa volición.

El miedo y el dolor de la humanidad se ha convertido en mi gozo, en mi sueño cumplido.

Todo lo que me rodeaba carecía de importancia, porque no siento más que alivio con toda esa muerte.

Nada importaba demasiado, y ahora me queda el pesar de no haber cultivado antes mi mirada borradora. Todo se podía borrar y he dejado que durara demasiado tiempo. Era tan fácil acabar con lo anodino…

Las vidas ajenas no son más que simples dibujos que alguien trazó mal y de malhumor. Y yo he pagado ese error demasiado tiempo.

Que mueran, que desaparezcan, que dejen de existir y que no quede huella de nada. Que luchen y fracasen contra mi mirada borradora.

Que se jodan, no los soporté nunca.

Yo regaré la nada con mi semen blanco, sólido, dulce y cálido.

Que no abran la boca los que mueren, o se tragarán el maná de mi placer.

Llega la noche, y el mundo está más silencioso que nunca. La luna es un queso podrido y aguado, las estrellas no brillan, solo son manchas blancas de grasa.

Mi cama está definida y mientras borro mirando por la ventana la luna y el cielo negro, mis ojos piden descanso. Hay poco ya que borrar, puedo dormir tranquilo y acariciar mi triunfo que está erecto y deja un rastro incoloro, espeso y de fuerte olor entre mis dedos.

La mirada borradora es excitante…

Me pregunto donde despertaré mañana si casi todo se ha borrado, qué comeré o adonde iré. Sonrío por primera vez en muchos años ante mis dudas, ante lo desconocido.

No importa si mi muerte es el precio por gozar del privilegio de una mirada borradora. Ojalá naciera mil veces para hacer mil veces lo mismo en otros mil planetas.

Aunque me joda.

Yo no seré borrado como los vulgares, moriré con mi cuerpo íntegro, como un hombre.

Si alguien no ha muerto, que aproveche unas horas de vida mientras duermo, mañana no quedará nadie.

Que mi mirada borradora me libre de vosotros.

Iconoclasta

La alineación de Venus y Júpiter

Publicado: 20 marzo, 2012 en Absurdo
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Venus y Júpiter se alinearon de forma horizontal como los focos de un avión lejano, como los de un coche que se va estrellar como nosotros. Como ojos fríos de un juez o magistrado, como la mirada obscena del sacerdote que se toca en el confesionario.

Tal vez se alineen en vertical en otro momento, para mostrar como copulan los planetas. ¿Júpiter se folla a Venus o al revés? Es igual, se lo pueden montar por turnos. No me importa demasiado la astronomía, solo es curiosa, no afecta a mi ánimo, ni mi voluntad; pero me ratifica algo: hasta el firmamento es cambiante y no como la vida en este pequeño planeta donde nada se mueve.

Si Júpiter con su gran tamaño destrozara a Venus, la gente se deprimiría y pensaría en catástrofes y en que algo no está bien en el Universo.

Yo digo que el Universo es atroz y devora y mata toda la vida que puede. La Tierra está en un proceso que para nosotros dura una eternidad; pero para el Sol y otros planetas, nuestra vida acaba de empezar, somos un error que hay que apagar.

Es solo una hipótesis, es solo una ilusión, mi ilusión, de que no todo está tan muerto ahí afuera, me gusta pensar en las largas distancias y que éstas sirvan para algo. Que sirvan para hacerse inaccesibles los seres mejores. Que se encuentren a salvo de la plaga humana. De todas sus leyes podridas, de sus jueces y magistrados de penes siempre erectos ante la violación que cometen a diario con los inocentes. Jueces y magistrados lamiéndose el ano el uno al otro, sodomizándose en alineación vertical. Follan los planetas y follan los hijos de puta que marcan y dictan las leyes para sus amos más poderosos. Encierran y hunden a los inocentes en nombre tan solo de la polla de su amo rico.

Se limpian el culo con sentencias y exhortos.

Hay sacerdotes follando niños en el nombre del Cordero Divino. Sacerdotes de ano negro, cuyo ojo está representado en el Triángulo Divino del Verbo. No es un ojo brillante, eso es pura alegoría. Las religiones son anales y el único ojo por el que observan es el del culo.

Hay un iris ovalado que todo lo ve desde el cosmos: es el meato de un pene divino. No hay misterios en la Santísima Trinidad. No hay esoterismo en ninguna religión, solo mandatos por el que los sacerdotes de todas las épocas, puedan seguir metiéndosela a los pobres y a los ignorantes, de la misma forma que jueces y magistrados se tocan y se ensucian las togas con el esperma que escupen encima de los inocentes.

La humanidad acepta el Legal Ano y la Carne en Barra Divina como si les protegieran de algo. Quieren pensar que ese olor a humor sexual rancio que infecta a padres, hijos y nietos, es algo normal, el precio de un bienestar.

Ven a Júpiter y a Venus como dos trozos de piedra lejanos, no ven que un día en una fracción de segundo, todo se apagará. Y jueces, magistrados, sacerdotes, papas, gurús, etc… Reventarán en el mismo momento en el que sus penes bombeen en los esfínteres y almas de inocentes y pecadores sin que a la hora de la muerte, tengan algún tipo de gloria. El semen de los marranos solo apesta y se hace rancio entre el excremento de los culos inocentes.

Todo es tan sencillo… Las leyes son escritas por degenerados al servicio de más degenerados. La religión es una sarta de mentiras para ignorantes y débiles anímicos. Cobardes…

Es necesario que mueran todos para que todas las leyes y todas las normas queden suspendidas en una órbita de algún planeta hasta desintegrarse.

Que las biblias, los coranes y todas las palabras religiosas escritas, floten en el espacio como basura helada .

Una imagen de la virgen colisiona contra un código civil y se rompen en mil pedazos de cristal ante la mirada congelada del juez que sodomiza a la mujer de los ojos ensangrentados por los puñetazos de un macho que ríe en el estrado.

Es la única alineación que me gustaría ver.

La alineación de los planetas solo me deprime, me obliga a pensar que este mundo de mierda es un error y todos los seres que hay en él también.

Cierro los ojos y flotan los cuerpos congelados en el vacío cosmogónico: el papa bendice el feto arrancado del coño de una niña-monja y el sacerdote hace hisopo con el semen que derrama su polla.

Una negra sucia de muslos oscurecidos le arranca el clítoris a una niña con el borde de una lata oxidada.

Flotan en el espacio y tarde o temprano no quedará nada de esos muertos cerdos.

Se desintegrarán… Es mi consuelo.

No hay constelaciones de horóscopos en mi espacio, solo degeneración, abuso e injusticia.

Hay muertos por fin.

Júpiter y Venus se han alineado para dar un poco de consuelo espiritual a mi mente presa en este lugar.

Lo malo es que Venus y Júpiter, son solo dos idiotas testigos que jamás podrán hacer nada por nadie.

Y los jueces penetrarán las bocas de todos los padres, las madres y los hijos que no tengan suficiente dinero.

Y los sacerdotes de las religiones todas, continuarán sacudiendo sus manos en un púlpito resbaladizo de sangre y esperma, cegando los ojos de los crédulos. De los ignorantes.

Apenas ha servido ni para hacer una buena foto esa alineación.

O tal vez, solo haya sido alienación, un error semántico.

Iconoclasta

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Girar

Publicado: 15 febrero, 2012 en Absurdo
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Soy un hombre que intenta hacer girar muy rápido el mundo, todo lo que cae entre mis dedos de una forma u otra acabará girando sea cubo o esfera. O un simple papel. Los cuerpos…

Deseo que todo rote a gran velocidad, que todo salga disparado al espacio, al vacío asesino donde solo respiran planetas y cometas.

Ha de haber movimiento para que el tiempo corra más veloz y salir cuanto antes de este círculo vicioso que es la vida.

Para que ocurra el fin del mundo más angustioso que se me pueda ocurrir ha de girar La Tierra a una velocidad tres mil veces mayor.

Un tiempo rápido. Porque lentamente nadie se va. Siempre están delante de uno, molestando, dejándose ver sin que podamos hacer nada para apartarlos de nuestro horizonte, pudriendo la imaginación, clavando en una cruz la libertad y la creación.

Los nichos son inamovibles, ellos los enterrados, siguen ahí durante siglos y milenios. Quietos y demostrando que en la vida hay escaso movimiento, ergo un tiempo demasiado largo.

Quieren descansar de pudrirse y simplemente desintegrarse con rayos gamma en algún lugar del cosmos. Alguna novedad no puede hacerles daño.

Si el tiempo del placer es breve. ¿Por qué el del dolor dura siempre?

Hay un error con la concepción del tiempo. Dios es un hijoputa que lo ha hecho mal. Si existiera, le metería mi reloj por su Sagrado Ano.

Este tiempo que me pudre con su inamovilidad…

¿Por qué vive tantos años lo que no me gusta? ¿Por qué se reproducen? Una fuerza centrífuga los tendría que arrancar de su coito mutilando los genitales y que se congelen o ardan por los rayos cósmicos en el espacio.

Veo cosas que son peonzas en potencia; seres racionales e irracionales. Se me ocurren innumerables formas de hacerlos girar. Si les pego un buen tiro con postas del doce en un hombro, girarán sobre sus pies. Rotarán entre sangre, carne y huesos destrozados. Si los tiro por un barranco rodarán alcanzando cada vez más velocidad. No importa que giren alejándose o a mi alrededor.

Quiero un tío vivo girando con mil cadáveres ensangrentados subiendo y bajando en los caballos.

Soy un sol en busca de su sistema planetario, localizo planetas vulgares y apagados para que giren en mi poderosa atracción. En mi locura.

Podría cortar las cabezas y meterles un grueso palo en el muñón para hacerlas girar como trompos.

No es por asesinar o por odio. Son imágenes que me pudren el ánimo con su necesidad de hacerse realidad.

Pudiera ser que el amor fuera una frecuencia del movimiento, como lo es el tiempo. Un efecto-causa-efecto-causa-efecto-causa… No entiendo, no soy cuántico.

No necesito amor, lo hago por moverme más rápido.

Sin movimiento no hay tiempo y los segundos cuelgan pesados de mis párpados, solo sé eso. Eso ocurre en mi mente, a mi alrededor.

Cuando todo gire no me sentiré tan decepcionado con la vida. No observaré lo que me irrita por demasiado tiempo. Seré libre de ellos y permaneceré tranquilo en el vórtice del ciclón de seres y de cosas deformadas por la velocidad del movimiento que me dará armonía con el planeta. Con lo que quede de él.

En lugar de hastiarme, me veré reflejado en las pupilas de los rostros que giran asustados y congestionados por una sangre con demasiada aceleración.

No basta que solo los objetos se muevan, los edificios son espectaculares desintegrándose con la velocidad de la rotación; pero no sienten vértigo y dolor. Los gritos y los temores imprimen más velocidad rotativa-creativa. Cuando se vacían de sangre dejando rojas coronas circulares en el suelo, la belleza se suma a la velocidad giroscópica. Y si hay belleza, mi muerte será más soportable.

Es hora de girar, de morir. De salir expulsados de la vida por una potente fuerza centrífuga.

Que giren cuerpos y cabezas con pasión.

Hay que amputar extremidades para que el giro sea uniforme y elegante.

Los perros tienen demasiadas patas. Una vagina es un buen agujero para clavar un pivote al cuerpo, siempre y cuando cortes las piernas. Los cuerpos no son perfectos, tienen cosas molestas innecesarias. El tiempo no las usa para correr más deprisa.

Los anos también son un buen alojamiento, pero requiere cortar el pene para lograr simetría.

Lo que no gira está muerto, congelado. Como mi pensamiento en el filo de un vaso con agua que se mantiene inclinado y no se decide a derramarse. Es horrible…

No hay desenlace y observo el mundo detenido, las horas enmoheciéndose en el filo de la saeta de un reloj. Tal vez se haya agotado la batería…

Tal vez mi imaginación es inmensa para un mundo tan vulgar y decadente.

Tengo un dado que hacer girar y demasiado tiempo para hacerlo, no es bueno vivir tanto. No es bueno para la humanidad, un día podría hacer girar cosas y seres.

Y no les gustaría.

Iconoclasta

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La podrida soledad

Publicado: 7 enero, 2012 en Absurdo
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Es un llanto roto en un rostro cárdeno. Una boca muda y abierta.

Y mi mano entre las piernas, sujetando los cojones que suben de terror hacia la garganta. Que duelen, que están demasiado llenos de hijos que no nacerán. De niños y niñas que se ahogan prematuramente en las cloacas del infierno, o del cielo (solo es una cuestión de orientación). Todo parece estar muerto cuando estoy solo. No quiero, no sé como ser solitario conmigo.

No sé gestionar mi insania.

Hay un corazón negro y una oscura boca que grita. Es un infarto macabro en un corazón pútrido. Se parte el músculo sin un solo sonido, derramando un racimo de uvas rojas que destilan vino muerto.

No lloran, los muertos miran sus putrefacciones sin mayor interés.

Ellos morían, mueren, morirán. Y me piden que vaya con ellos.

“Es hora de partir, de venir aquí, con nosotros”.

No encuentro la puerta. Quiero ir para que callen.

He pintado y resaltado con mis heces las paredes transparentes de un mundo sin dimensiones y no hay resquicios.

No callarán si no voy.

Hay un filo que brilla y una piel que pulsa con demasiada sangre. Las venas son serpientes que se han de cortar.

No soy bueno afrontando horrores.

¿He dicho errores?

Es un error la gota en mi glande caliente y sin meter. Ardiendo en mi puño. Una polla que debería estar (dentro de).

Clavándose, alojándose, bombeando, corriéndose.

Haría vapor en su boca si se la metiera. Si me la chupara.

Es un error estar pegado a un cuerpo que no encuentra consuelo, a una mente que no acaba de encontrar la belleza, ni la sonrisa.

Hierve el semen marchito en la bolsa de mis huevos. Quisiera arrancarlos, no sirven para nada.

El semen se derramaba de su sexo y aún caliente caía de nuevo en mi glande. Entre los pelos de mi polla se secaba.

No quiero estar solo con el vello apelmazado de miserias que no son lo que mana de su coño.

Hay mierda en las paredes dimensionales y mi dedo sangra. No es una pared perfecta. Hay rajas, hay púas. Y los muertos golpean e insisten al otro lado.

La mierda es mía, mi obra. Mi gran obra. Mi puta obra.

Si ella estuviera les daría la espalda. No puedo hacer otra cosa que estar con ellos.

Con los otros no me hace falta sexo, solo un vientre abierto y una longaniza de intestinos enredada en mis pies.

Un niño muerto lamería la mierda si pudiera. No puede deshacer con su lengua muerta e hinchada las paredes transparentes. La mierda está del otro lado, del mío.

“¿Lo ves? La mierda está ahí contigo. Pasa a esta lado”, me dice lamiendo la tranparente pared sin conseguir tocar las heces. Solo deja un rastro de sangre, pequeños coágulos que se deslizan hacia arriba y se secan a los pocos segundos.

Me pica el cerebro y me lo rasco solo. No hay nadie, no está ella para que observe los piojos. Para que los mate.

Que los maten a todos.

Los muertos deberían morir también, no es lógico que respiren, ya tuvieron su tiempo.

¿Por qué no dejan el mío tranquilo?

Yo no los jodo.

La jodo a ella cuando la tengo.

No llega, y aún me queda mierda en el vientre para pintar la dimensión pútrida. Prefiero el horror-error al vacío de ella.

Hay un resquicio pequeño, como si se hubiera roto por la presión de ellos, de los podridos, de los muertos. De los que no hacen caso de las cosas que se desprenden de sus cuencas vacías.

Y la cuchilla abre la vena. No duele.

El niño se asoma y lame el excremento: “No es buena tu mierda”.

Y me da la mano sin hacer caso de la sangre que baja por mis dedos.

Está helada su carne, pasar la pared dimensional duele, duele mucho. Es un fogonazo que me corta todo el tejido y el pensamiento.

Paso la lengua por la pared sucia de mierda, al otro lado donde nada huele ni duele.

Ella llora un cadáver que ya no me pertenece.

Iconoclasta

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Escribir jode

Publicado: 17 octubre, 2011 en Absurdo
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A veces falta algo, una distracción, algo que no sea el papel y las putas letras.

No falta nada, se trata de impaciencia. Hay mucha presión para continuar escupiendo una quimera tras otra aún aleteando en mi boca. Esos horribles peces me miran y sienten vergüenza de ser tan feos y venenosos. Y grandes, porque cuanto más grande se es, más empeora todo (la discreción es importante cuando se es un mierda, y procuro esconderme en la oscuridad, con las musarañas). La naturaleza los hizo así, yo los he colocado en el borde de la repugnancia, si algo es feo, no tiene derecho a existir. No en mi mente. Que se desintegre su ignominiosa faz de la tierra.

—No nos hagas esto —lloran deshaciéndose.

La vista está cansada, me duele la cabeza. Más presión.

Debo descansar.

Debo escribir todas las putas aberraciones que pueda en el menor tiempo posible; tengo poca vida de tiempo.

Un elefante aplasta el cráneo de un niño y debo escribirlo y describirlo.

La madre toma al pequeño entre sus brazos y el cerebro se escurre como una tripa lavada entre los huesos aplastados. Es hermoso el drama de la muerte con sus impactantes emociones. El payaso llora chorros a presión de orina y el tigre lame la sangre en la arena. La madre mete los dedos en la cabeza vacía, intenta acariciar el alma de su niño.

Es un estallido de color el de la desesperación…

Hay mucho dolor y mucha desolación por escribir.

Se escurre una parte de mis sesos por la nariz, es un moco que no me puedo despegar de los dedos. Me asfixia. Respiro por la boca y cae un cuerpo sin extremidades ni cabeza.

Debo escribir que soy Saturno vomitándome a mí mismo. Y una vagina enorme escupe mi cabeza sin ojos, y como una calabaza, hay una vela en su interior encendida prendiendo fuego a los sueños.

Es posible, todo es posible.

No quiero escribir más, me duelen los dedos y se aferran con fuerza al bolígrafo y rasgo el papel. Las gafas se empañan por el aliento hirviente de Satán que ha metido un palillo chino en mi oreja. Profundo…

Un Satán que he creado yo por obra y gracia de mi locura.

Me deslizo suave y dulcemente a la demencia. Olvido el lugar y la atmósfera, no soy presencia. Soy todas las pesadillas, soy todas las ilusiones pervertidas. Que nadie se ofenda, no me voy por mala educación. Me voy porque un cáncer con forma de rata me está destrozando las entrañas. El dolor enloquece.

La cordura es ahora una tira de piel seca y translúcida. Había un rastro de sangre y rápidamente se ha secado adquiriendo un color marrón, parece mierda.

¿Es posible que deje el bolígrafo un rastro de gemidos entre la tinta?

No lloro, yo solo sufro con una sonrisa. Los locos sonríen en su universo por muy pútrido que sea. Se ríen burlonamente de la realidad y se tocan la polla sin preocupación.

Quiero vaciarme, escribirlo todo de una vez por todas, no quiero más ideas en mi cabeza.

El anzuelo se ha prendido en alguna parte de mis entrañas, porque intentar pescar la cordura es un acto vano, es lanzar el sedal en el arrecife de los idiotas donde flotan paquetes de tabaco deshechos. Saco intestinos sin ningún tipo de poesía, son tripas llenas de mierda.

Al tirar de la caña sale un hijo muerto, el anzuelo atraviesa su mejilla creando una sonrisa de espanto y pena, es demasiado pequeño, corto el anzuelo y lo devuelvo muerto al agua. Si no puede nadar, que flote; pero que se aleje de mí el dolor.

Separo los labios y la vulva me ofrece el clítoris perfecto, el áureo placer. Ostentoso en su tamaño, me llena la boca y un ángel mete su virginal dedo en mi ano. Acaricia mi próstata sensible y me orino mordiendo el placer; y el amor se va en forma de espiral de humo por un ventilador en el techo.

Escribir me jode, es un dedo angelical, es un palillo en la oreja.

El ying y el yang son dos hijos de puta uno a cada lado del espejo y el coño bendito la ilusión rota. La lengua que no llega.

Las semillas del kiwi son trozos de cristal, vomito sangre. No compraré más kiwis si tuviera tiempo de ello.

Mi polla no es un adorno, no puedo amar olvidándome de mi pene. El perro lo lame y no está mal hasta que arranca un pedazo de glande. No hay dolor; pero da miedo el perro, da miedo no tener polla.

No tener sexo.

—Tenemos que irnos —dice mi padre desnudo lleno de llagas.

—¿A dónde?

—La muerte no es lugar ni tiempo. Deja el perro, deja que te coma la pilila, no te hará falta.

—Lárgate, padre. Esto no es muerte, es mi mente enferma, solo puedes empeorar.

Aferro al perro por la cabeza sintiendo la garrapata henchida cerca de la oreja, lo elevo hasta mí y muerdo su nariz arrancándosela. Ya no sé de quien es la sangre.

Padre se ha marchado triste con las manos en los bolsillos de su decadente y decrépita desnudez, vuelve al infierno. Solo quería compañía; pero tengo que escribir aunque joda. Aunque amara a mi padre, seguiría escribiendo mierda, aunque muriera de nuevo.

Aunque resucitara con las vísceras por fuera.

Escribir jode.

Y debo escribir mientras haya un solo ser vivo a quien ofender, a quien despreciar. Yo mismo soy uno.

Bajo el párpado deslizo un mondadientes, me pica el globo ocular. Escribir es una alergia. No hay antihistamínicos, solo una cuchilla afilada que libera presión en el tejido y el alma.

Y el alma es un conjunto de porquerías debidamente ordenada por emociones, por falsas emociones, por ilusiones, por la muerte que ronda.

Es mejor follar sin nada en el cerebro, es mejor meter mi destrozada polla en un agujero de carne y olvidar que soy, que existo.

Escribir jode; pero no es joder.

¡Qué puta gracia!

Iconoclasta

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El sueño de mediodía

Publicado: 15 septiembre, 2011 en Absurdo
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El sueño del mediodía vence a Dios. Es un buen momento para masturbarse.

A MÍ también. Tenemos alguna cosa en común.

¿En qué piensa Dios cuando se masturba?

Sé positivamente que no tiene mi poderosa imaginación o no hubiera creado esto.

Aunque para los creyentes y los patriotas está bien. No necesitan gran cosa porque un cerebro estéril no crea inquietudes.

No son creativos y no pueden imaginar a Dios haciéndose una paja en su paraíso, en su cielo o en su universo paranoico.

He comido bien. Estoy caliente…

Yo me masturbo ante la resistencia del ano que se opone a mi lengua.

Puedo masturbarme con la dureza del excremento que empujo con mi pene.

Me deshago en semen ante la imagen de ella sujetando su vientre presionado por mí. Dentro y profundamente…

Dios siempre come bien, tiene que estar muy caliente aunque sus perversiones son infinita e inescrutablemente peores.

Me imagino lamiendo su regla, revolcándome en los meados que se le escapan por orgasmos de indecente e inusitada intensidad.

Pero Dios no. Dios se masturba ante el reventado sexo infantil.

Dios nos envía su poderoso semen regurgitado sobre los podridos pechos que se pudren de cáncer.

Dios se la menea soñando con invadir un coño lleno de pus y miseria.

Dios penetra por el culo al niño de color negro ceniza que no tiene carne bajo la piel.

Dios sueña con meter su aséptica, sagrada y pequeña polla en la boca del muerto sin piernas ni intestinos.

A Dios lo tendrían que incinerar en una pira alimentada de excrementos. Por malsano; ser creador no es excusa para masturbarse con tanta miseria. Hay que tener estilo, clase, ética…

Y sobre todo, no hay que aburrir.

Dios es un degenerado que castra a sus creaciones, solo sueña con llenar agujeros que previamente ha corrompido.

Tengo sueño y YO y Dios nos masturbamos al tiempo.

Pero yo follo lo que me ama porque amo.

Él sueña que folla toda esa miseria porque su puta creación no es más que el reflejo de su mente enferma.

Dios no ama, simplemente ignora mientras su pene lanza un semen transparente y sin fuerza. Tiene que chascar los dedos para crear, no disfruta con ello. Está aburrido. Su aparato reproductor no sirve y no sabe como arreglarlo.

El Gran Creador…

Dios se hace una paja ante la virgen que pare un niño con su himen intacto.

YO me la casco ante el himen sangrante que ha ensuciado mi pene.

Cuando hemos comido, cuando nuestras barrigas están llenas, llega el sopor y con ello las ganas de sexo. YO y Dios somos iguales.

El sueño de mediodía llega para Mí, para Dios y para los otros.

Él extiende su sexo podrido, su imaginación corrupta por todos los que en él creen.

YO solo gozo y pienso que siente envidia de mí, y en algún rincón de su podrido ser todopoderoso, debe sentir asco de si mismo.

Dios creó el mar, la tierra, el cielo, los animales y los hombres; pero algo no fue bien, algo falló en su cerebro blando, en todo ese poder mal administrado.

Es lo que tiene el azar: crea dioses con una limitada imaginación que practican un extraño sexo.

No comió bien, su digestión se hizo pesada, ergo sus masturbaciones fueron aberrantes.

Pesadillas…

Tengo sueño. Tengo mucho sueño.

Y estoy caliente.

Como Dios; pero con más gracia, con más placer.

Haciendo menos daño.

Iconoclasta

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