Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

¿Vivir sin amor?

Publicado: 11 noviembre, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Reflexiones redes 2 def

Sé qué es el amor porque conozco el odio y el asco.
Hay quien dice que no se puede vivir sin amor. Yo digo que es mentira; la intensidad del odio te lleva a respirar grandes bocanadas de aire.
Quien no imagina vivir sin amor comete un acto de ingenuidad.
No es que sea mentira lo del amor y la vida; pero no ha conocido el odio.
Y el odio no es nada desdeñable.
Y si además le añades sexo ¿para qué quieres amor?

Muerte en el bosque

Publicado: 10 noviembre, 2015 en Citas, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Un sapo muerto 2

Cuando paseas por la naturaleza el suficiente tiempo para captar todas sus sutilezas, te das cuenta de que hay más cadáveres que seres vivos puedes ver.
Es una tragedia continua a la que te acostumbras, pisas la muerte y la respiras, muertes en miniatura, muertes que parecen estatuas, muertes dulces, muertes que parecen reposos.
Y luego, piensas que parece que nunca hayan estado vivos.
Eso te hace ver la muerte como un estado más.
Y te das cuenta de que no importa quien eres, que has hecho, si has sido merecedor de algo. Moriré como ellos, sin poder elegir el lugar ni el momento.
Y no habrá nada más, es la certeza más absoluta.
Cuando has visto cadáveres humanos y se hace cotidiana la muerte día a día, ya no es posible sostener las creencias de cobardes e ignorantes.
Tal vez, al igual que el sapo, intente parecer vivo, intente dar un paso más. Aunque no lo creo, porque al fin y al cabo, seré consciente de mi muerte.
El sapo no sabía que iba a morir, se quedó a medio salto de la vida. Con los ojos muy abiertos, esperando comer una última mosca.
Es hermosa la muerte en el bosque.
Parecemos héroes cuando morimos libres.

Captura

Una fúnebre reflexión en Realidades Truncadas.

La más pura imperfección

Publicado: 6 noviembre, 2015 en Absurdo, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Reflexiones redes 2 def

Soy un dechado de imperfecciones que no tienen tiempo ni paciencia para convertirse en mediocres perfecciones.
Soy lo que la lluvia no puede arrastrar: una capa de tristeza que no se degrada, no se diluye.
Soy fuel en el agua del ánimo.
Cristo el charlatán no pudo redimirme, no sirvieron de nada aquellos latigazos y escupitajos que ofrendaron al loco.
Solo sé que soy lo que no tiene arreglo, la miseria que la muerte se llevará en estado puro.
Soy la imperfección incontaminada.
La más perfecta imperfección.
Parece contradictorio; pero ¿qué no lo es?

Reflexiones redes 2 def

El dolor no forja ni endurece.

No hace fuerte a nadie, no lo curte.

El dolor enfurece, provoca miedo y fatiga y hace asquerosa la vida.

No tiene nada bueno. Los sofistas y piadosos no saben de qué cojones hablan, no tienen ni idea. Si sufrieran dolor, matarían a sus hijos si fuera oportuno para librarse de él.

El dolor no es virtud, es el constante aviso de que algo va terriblemente mal.

Y la certeza de que con el dolor no va a haber un final feliz, eleva la ira al cuadrado.

Pero si alguien es amado por alguien que padece, debe saber que se encuentra entre los seres más amados del planeta: siete u ocho como máximo. Nueve si diera la casualidad de que está naciendo otro ser tan amado en este momento.

Que nadie busque ventajas y consuelos en el dolor. Sería cobardía y una patética candidez.

La inocencia, a partir de según que edad, pasa a ser hipocresía o imbecilidad.

Solo el ibuprofeno en dosis de 800 mg. por comprimido, puede dar un efímero consuelo.

«Hola, cielo.
No quiero ser romántico, no es un buen momento porque hay un dolor que pulsa muy adentro, donde la mano posándose no puede conjurarlo o consolarlo.
Y me lleva peligrosamente a la ira, a descerrajarme un tiro en la puta cabeza.
Solo quería decirte que si no hubiera tanto dolor, te sonreiría más a menudo.
Y te juro que si no te amara tanto, no te hablaría nunca.
Y éste último juramento es pura retórica, porque si no te amara con todas mis fuerzas, no estaría contigo. Jamás sumaría al dolor el hastío.
Te amo con todo mi dolor.»

El demiurgo
«…bueno, entonces agradezcamos al demiurgo por el reencuentro.
Y ahora sí me voy convenciendo que nunca es tarde para lograr lo que se quiere»

Nunca es tarde. Aún muerto buscaré la forma de lamer tu pensamiento y tus palabras, sólida e inextricablemente unidas a la piel y la carne que deseo .
No hay concepto de amor sin tu pensamiento, sin cada palabra que dices en el momento preciso, con la pasión segura, con la firmeza absoluta.
No basta la carne, lo quiero todo.
Podría haber agradecido a un dios el reencuentro, pero no sería específica, sería demasiado fácil. E infantil.
Y ella puede ser cualquier cosa, pero infantil sería una idea desconcertante, absurda.
El demiurgo en su connotación y en su fonética provoca una turbación atávica en la razón, hace banal al dios conceptual y universal.
Su idea es absolutamente efectiva y acertada, es tan inteligente la muy amada…
El demiurgo… El creador y administrador de un caos o el universo. Como si un idiota (dios usual) creara algo verdaderamente complicado y otro ente (el demiurgo) tuviera que dedicar su tiempo a darle coherencia y orden.
El demiurgo es más que un dios: la parte imbécil de la divinidad, la que crea cosas y seres por aburrimiento, con despreocupada crueldad. Y luego retoca.
Ergo, usa la inteligencia, se da cuenta de lo que mucho que se ha equivocado.
Cosa que explica tantas miserias: a veces sufre accesos de ira contra sí mismo.
A mí me ocurre.
El demiurgo es creador y responsable, un dios es solo un idiota con suerte.
Hay filósofos que llegan a la conclusión de que el demiurgo es el pensamiento humano y otros que es la maldad; pero lo cierto es que no hay maldad en el pensamiento humano, solo una falta de eficiencia intelectual.
Semánticamente dios y demiurgo es lo mismo: creadores.
La semántica me la paso por el culo, hay palabras que llevan encerradas sutiles y subliminales imágenes en su redacción y dicción. Lo culto es tentacular, no se conforma con la versión para dummys.
Me gusta creer en el demiurgo. Y en los centauros si ella los nombrara.
Agradecer al demiurgo el reencuentro…
Como si el demiurgo no tuviera cosas mejores que hacer.
Ella es el demiurgo y si es maldad, beberé maldad entre sus piernas, la sorberé de sus pechos y de sus labios.
Y la he imaginado desnuda, hermosa. Potente ordenando las cosas del universo, poniéndome frente a ella, donde debo, donde quiero estar.
Solo sé que es más inteligente que yo, y es privilegio para un ser de mis características, de mi cultivada brutalidad.
En cualquier caso, sea cuestión de azar o de la voluntad de una entidad divina y oscura, en este reencuentro yo gano y ella no tiene fortuna como yo.
Yo gano su amor, su pensamiento («no dejes de pensarme» me dice y yo siento que me hago jugo de vanidad), su belleza y su piel.
Ella solo gana algo como yo.
Pobre demiurgo cegato.
Necesita lentes.
Urgentemente.
Haré lo posible para que me adore desbocadamente, para que se sienta absolutamente amada, tanto que sentirá que soy lo mejor que ha creado. No tengo escrúpulos, creo en la mentira porque la verdad es mediocridad, desencanto y tedio; es absolutamente innecesaria mentarla. Las verdades existen para ser ignoradas, para estrellarme contra un muro pensando que no puedo morir. Es mi capricho y la verdad no tiene poder de convicción.
Quien sepa de la vida no necesita averiguar verdades, solo usarlas o desecharlas a su conveniencia. Los hay que nacemos enseñados y los hay inseguros que necesitan cantar sus verdades continua e hipócritamente, o buscarlas husmeando y envidiando vidas y espacios ajenos.
Las verdades son para los niños, los hombres solo buscamos el demiurgo y su cegata voluntad para lamer sus ingles deslizándose sin pausa hacia el eje de simetría de sus muslos.
Ordenando el universo a lengüetazos lentos y arrastrados.
Dejando mi vida en sus manos, que le dé sentido, que me haga útil.

ic666 firma
Iconoclasta

Donde debemos

Publicado: 2 noviembre, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Es un día tan frío y gris que te sientes próximo a otros seres que viven bajo el mismo manto. La única diferencia es que a mí ya me esquilaron; por lo demás, disfrutamos de los días de plomo y frío. Estamos bien, donde debemos.

Somos montaña, somos frío y lluvia.

Una ofrenda a mis amigos mexicanos tan vivos

Era el uno de noviembre, sábado. Y día de muertos.
No creo en los muertos, hay muerte y todas las cosas se acaban, o retóricamente, fenecen.
Una vez muertos los humanos y los animales, no hay razón para dedicarles nada porque dejan de existir. No hay almas libres y flotantes en el mundo; pero ya se sabe que las gentes necesitan alicientes para vivir y no deprimirse, por ello se crean celebraciones que les haga olvidar por unos minutos su miserable vida esclava.
Los muertos también pueden ser un buen motivo para pillar una buena curda.
Yo no celebro nada de eso, porque nadie puede engañarme sobre mi mierda de vida, prefiero joderme de ira e insultar, a sonreír como si fuera idiota mientras me la meten por el culo sin mantequilla.
La Antorcha Humana hizo un arco en el cielo y sonreí al salir a la calle.
Así que de México me traje esa hermosa tradición de las ofrendas del día de muertos, solo que yo celebro el día de vivos, de mis queridos humanos que ríen y hablan y cantan y juegan.
Lo despreciable tiene también un recuerdo para no olvidar que hay mala gente, no soy tan estúpido de obviar lo repugnante en nombre de lo bueno. Las dos cosas conviven entrelazadas como la sangre y las heces del excremento de un enfermo.
Era un gran día el de los muertos del 2014, mi día escogido. Ansiadamente esperado para obtener la libertad y echar la podredumbre de mi lado. Tras más de dos años de lucha, por fin era el momento propicio para deshacerme de la rémora, ya no tenía el pretexto de sus hijos y un lugar para ellos y continuar su chantaje. Doy gracias a sus borracheras por ello.
Soy lo que rima con joya de rápido aprovechando las oportunidades (obsérvese que me soplo y froto las uñas de la mano en el pecho).
Así que mientras ella se tiraba al deficiente mental de su compañero de trabajo en el almacén (o en un motel de mal gusto, como otras veces y con tantos otros), ambos sacando la lengua y diciendo: «cuidado no nos vayamos a trompezar con las manderas, porque ya vistes: están deshordenadas». Yo salía con un buen amigo al centro de la ciudad a desayunar unos tacos y ver tiendas de electrónica.
Bueno… Solo unos tacos no, mi amigo se comió un plato de fruta y helado que pensé que no se acabaría nunca (XXXL). Eructamos los dos al tiempo, a pesar de que yo no comí de aquella montaña de fruta y dulce; yo devoré un taco árabe con queso que aún me hace la boca agua al recordar aquellas buenas carnes.
Qué buen recuerdo… Empezó bien el día y yo sabía que seguiría así, tenía ese buen presentimiento de que el día de muertos sería a partir de entonces, especialmente festivo para mí.
Supermán surcó el cielo con los calzones por fuera, como siempre, contrastando contra un cielo gris.
Decidí celebrar mi particular día de muertos (por lo que iba a morir) ofrendándome una consola Nintendo con un juego de Super Mario Kart. Ya estaba saboreando mi futura libertad y tranquilidad.
Un sujeto con retraso mental (no patológico, sino adquirido con voluntad) y analfabetismo, no tiene futuro con alguien medio inteligente o un tanto informado. Así que es normal que se estuviera revolcando en mierda con un idiota mientras yo me gastaba una pasta en un buen desayuno y electrónica.
Hacía muy bien, porque ningún ser con ciertas inquietudes o ética puede permanecer demasiado tiempo al lado de alguien como aquella rémora sin sentir que está tirando su tiempo a la basura. Mejor que se quedara con el burro, porque era eso o nada.
Además, los idiotas se aburren si no tienen algo que llevarse a la boca, lo que sea.
Lo que sea por infectado o sucio que esté…
Los tontos con los tontos, es la única forma posible de que sean medianamente felices. Siempre están buscando entre la basura y encuentran algo todos los días: justo lo que yo desecho.
Hulk, con un rugido iracundo, le arrancó el motor a un coche que circulaba por Reforma porque invadió el paso de peatones mientras lo cruzaba.
Cuando vas bien acompañado o solo, el mundo se hace más interesante. Estaba contento aquel sábado, ya sin presión.
Así que tras llegar a casa y despedirme de mi amigo hasta la noche, en la que pasaríamos una velada de juego, charla y música acompañados de mi querida amiga, su esposa, me dediqué a conectar la consola esperando con impaciencia a que la «licenciada» llegara con su rótulo de neón en la frente que decía: he cogido con el tarado esta mañana y esta noche de muertos cojo con él y con otros.
Y me parecía bien, solo quería que desapareciera.
Borrarla con un par de palabras muy claras.
Esas ofrendas mexicanas, son hermosas, son entrañables; aunque no crea en el motivo por el que se hacen. Me encantaba el gusto y el cariño que ponen en crearlas, la cantidad de detalles que habían en aquellas mesas repletas de dulces, velas, papel picado y objetos de recuerdo, fotos, comida y flores.
Y su olor…
Aquella hermosa pequeña queriéndose comer los dulces, montando guardia para hacerse con uno. Como la echo de menos…
Y así, a las cuatro de la tarde apareció con su impecable hipocresía y olor a macho idiota impregnado en la piel y en la ropa; envanecida como una «Reina Midas», solo que lo que toca lo convierte en mierda.
Bugs Bunny me preguntó royendo una zanahoria: ¿Qué hay de nuevo, viejo?
Y ambos la miramos con una media sonrisa.
A las cuatro y media, configurando la consola, comiendo unas croquetas y sin apenas mirarla a la cara, la envié a la mierda, literalmente. Tras llorar un poco porque a partir de ese momento tendría que pagarse ella solita el plan de su celular, se largó con ese aroma rancio de las cogidas reproductoras, conejiles y recientes en moteles y cuchitriles sucios.
La ordinaria cerró la puerta tras de sí y ya no volvería a verla nunca más. Cerré los ojos por fin descansado, fumando sin ser consciente.
Me duché para quitarme ese aroma que dejó en el aire y empecé a pensar en maletas, viajes y apartamentos, en nuevas ciudades y en acabar de configurar la consola para empezar a jugar.
La mañana siguiente fue una mañana de claridad y de paz, de liberación.
El gran día de muertos fue mi día de vivos.
Y todo empezó a ir bien, a la semana siguiente en el cine vi una gran película de ciencia ficción y viajes tristes: Interstellar, mi primer y agradable recuerdo de mi ansiada soledad y libertad. Maravilloso. La primera experiencia que barrió los años de sordidez con aquel burro a mi lado.
Cada día el aire era más limpio, los amaneceres de cafés y música tranquila. Las mañanas y las tardes de chocolates helados y paseos.
Y mi piel más limpia, ya no había rastro de la rémora.
Encontré un paraje precioso para vivir y poner kilómetros de por medio entre aquella y yo; sabía que cuando necesitara dinero, haría lo posible por ensuciar mi vida de nuevo.
Cuando vives al lado de algo podrido, te salpica continuamente, te lo has de quitar de encima y alejarte para no enfermar. Tiene el coste de dejar lo que quieres, nada es perfecto.
Y por ello, por mis amigos, me traje el cariño de las ofrendas, para recordarlos siempre: cigarros, inquietudes, charlas y risas…
Elegí aquel día de muertos a conciencia, con frialdad. No me importaba esperar semana más o menos; me di el gusto de que fuera en ese día tan especial en México.
Día de muertos: una metáfora y una realidad.
Quedaría un entrañable recuerdo de aquellas ofrendas que ya no volvería a ver en mucho tiempo, me dejarían un dulce sabor de la añoranza de un lugar y una gente hermosa: mis amigos que combatían con su presencia la miseria que aquella tipa arrastraba tras de sí cuando entraba en la casa.
Y así ofrendo a lo vivo, a lo que quiero, en este día de muertos.
Tengo una ofrenda de cariños con rummys, juguetes, cartas, canciones, dulces, refrescos, cerveza, botanas, paletas, helados y letras de amor y amistad. Cierro los ojos escuchando la película de Matilda, con mi pequeña amada amiga comiendo cacahuates muy pegada a mí en el sillón. Conservo el calor de su cabecita en mi brazo.
El Capitán América vuela sobre su escudo y rompe una farola. Es espectacular la libertad, te deja ver cosas que antes estaban oscuras. No tener que soportar la miseria de otro ser.
Jugamos al rummy los amigos mientras nos contamos los más increíbles chismes y chistes en noches musicales y nebulosas de placenteros cigarrillos.
Un charco de agua de hielo deshecho en el suelo y risas a la madrugada.
Y tomamos gigantescos cafés y raciones de pastel durante horas de charla, llenando ceniceros.
Risas «jamonas»…
Y ofrendo a lo malo, a lo podrido, para que jamás vuelva. Para no olvidar que existe la ponzoña. Una ofrenda con un cochecito verde y uno gris con gusanos dentro, metidos en un zapato sucio de tacón que reposa en dos tangas sucios y apelmazados. Y un vestidito corto negro, barato y sucio de manchas blanquecinas y vómito. Esa ofrenda la tengo al lado del cubo de la basura.
Yo no ofrendo a los muertos, ofrendo a los amigos siempre vivos, a la libertad que conseguí aquel día, a las mañanas libres y frescas. En mi casa no entrarán muertos, solo acepto cariños y sonrisas en una ofrenda para sonreír al pensar en ellos.
Y tengo ese monumento al asco que me hace suspirar aliviado al recordar que un día como hoy, un uno de noviembre, pude arrancarlo de mi vida. (http://ultrajant.blogspot.com.es/2015/03/adios-putilla-adios.html)
Queridos amigos mexicanos, si un día nos encontramos de nuevo, que sea un uno de noviembre, que es el día (mío) de mis mejores amigos y momentos. Por mucho que digan que es de muertos.
Feliz día grandes y pequeñas amigas y amigos, no os olvido.
Sois tantos, que sois innombrables, vosotros sabéis que os quiero. Eso es lo que importa.
Hasta pronto.

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Iconoclasta

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Es hora de decirte obscenidades al oído. Ya he dejado claro al universo lo desesperadamente que te amo.
Ahora por tus ingles ha de correr la baba que escurre de mis belfos y tu monte de Venus debe lucir el rastro de mis dedos que lo acarician lascivamente crispados.
Ahora el alma reside en tu coño.

Y aquí una congregación de tranquilos y pacíficos ciudadanos, harto tranquilos y conformes con todo. Antes, sin drogas, pornografía y la internet, se vivía mejor. Mano dura es lo que hace falta…
Y también los hay que ven la tele, rezando lo mismo.