Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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El hielo hace bellas las cosas y la vida inanimada. A la piel y la carne les roba el color. Como si nos despreciara con la firme decisión de humillar los cadáveres.
El hielo es una bofetada a la vanidad, una risa sarcástica, la última.

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Si hace calor a quejarse y hablar constantemente de esperar la tarde.
Y si hace hielo a quedarse en casa con las pantunflas de osito.
El hielo está bien, aplaca la ira, la sangre hirviendo. A mí, por fin.

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Primeras nieves y las lágrimas congeladas por el frío.
Hay que llevar una navaja en el bolsillo para «secarse» las lágrimas. Que no son de emoción, sino de sueño. Al menos las de primera hora, porque a partir de ahí, todo empeora.
Creo que voy a santificar el día con unos chocolates calientes y llorar si fuera necesario. Soy la hostia puta de sensible y emotivo.

Paseos_01

Hay paseos que pretenden servir para huir de lo horrendo, de la mentira, del asco. Paseos áridos porque no consiguen su objetivo; no cuando lo que se respira es más de lo mismo. Todas esas miserias se llevan impregnadas en la piel y se contagian, corren por las paredes, por la tierra y vuelan por el aire.

La ciudad apesta, apestó siempre.

Y friego las manos una contra otra al evocar hedores, al sentir que no podía escapar de aquello. De ellos.

Hay paseos de espacios abiertos que no pueden ser acotados por normas urbanísticas, ni violados por multitud de humanos. Son esos paseos el único disolvente eficaz del asco y la falsedad.

Los que decapan la miseria de la piel y del ánimo con la soledad (bendita, al fin…) y el rumor del agua, el de las hojas.

El rumor de la muerte monumental y omnipresente en las grandes y pequeñas vidas.

O hay espacio y libertad, o nunca se eliminará esa viscosa mediocridad con la que se despierta a las mañanas.

«Me cago en Dios…. Qué bien he dormido», es el mantra de lo que está bien por fin. La miseria, todas las miserias porque son muchas y de muy variadas formas y colores, han quedado lejos en el tiempo y en la distancia.

Lo notas en la luz que es limpia y en los aromas del aire.

Fumo mirando el río correr unos metros bajo mis pies y los patos flotar en él, como si el agua no se moviera. De la misma forma que yo no giro con el planeta, todo gira a mi alrededor y estoy donde debo, donde elijo.

Soy pato en el río y el sol gira en torno a mí. El viento gélido y el río arrastran cosas y siento lástima por lo arrastrado.

Yo fui un arrastrado, aunque me dolía constantemente y escupía sangre y un semen tóxico. Nunca estuve contento al despertar.

Siento pena por las cosas , seres e ideas que son llevados a donde la suerte quiere. Cosas indolentes que se dejan llevar sin voluntad, con el consuelo que hay más como ellos; con una sonrisa crédula de un espejismo de inexistente determinación.

Pobres los que ríen mientras el agua y el aire los lleva, porque no tienen voluntad y cuando el viaje finaliza, llegan a una playa sucia, a un delta de sedimentos viscosos y obscenos a la belleza y la libertad; pero son tantos que no pueden ver lo que pisan, solo saben que es blando, que es mullido.

Como si la putrefacción no tuviera esa cualidad.

Se convencen de que es otra cosa, de que no es mierda. Es más, afirman que es terciopelo.

Lanzo la colilla al río y se va, se aleja con ellos. Y con ellos llegará a las tierras viscosas. El puente es firme y yo más, no nos movemos porque no queremos.

Es mi turno.

Los patos dicen «cua-cua» y yo sonrío.

Sonrío, camino y hago girar la tierra.
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Iconoclasta

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Suele ocurrir en algunas ocasiones que Marlyn, la directora y creadora de la revista cultural Atramentum, me envía un mensaje:
-A ver que te parece la imagen del texto.
La observo y pienso: Yo hubiera puesto una bandera, un mariachi o la foto de un motel. Pero no, ella ha tenido que ser más elegante, más mordaz y más llamativa.
-Me encanta, siempre me sorprendes. Gracias jefa -respondo pensando que es un redomada astuta con esto del diseño, un poco envidioso soy.
Y luego me he quemado con el café y me he ensuciado con la magdalena, porque en cuanto he visto lo bien que ha quedado, he sentido urgencia por venir a enlazar el artículo y comentarlo.
Así que ya está en Atramentum un ensayo sobre lo que aprendí y lo que concluí de mi estancia en México. Sobre la incredulidad de lo que estaba viviendo y que decidí no olvidar y guardar celosamente, todo lo malo y lo bueno, entre las hebras del papel.
Pero ante todo, es de lectura obligada, la nota final de Marlyn comentando la imagen (y no solo la imagen) usada para ilustrar el texto. Es breve pero tan explosiva y despiadada como una bala en la cabeza.
Gracias por ello, bella directora.
México querido, pero no lindo. En Atramentum.

Invierno cruento

Publicado: 15 noviembre, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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El invierno es imbatible. Nada puede contra él.
En las tardes de los domingos convierte las calles en cementerios con nichos iluminados.
El invierno arrasa el ánimo de los humanos en sus últimas horas de libertad y hace unas calles bella y desoladoramente vacías.
Es curioso como el desánimo de los demás es mi placer y salgo a pasear como si el vacío fuera mi íntimo amigo.
También ocurre al revés, demasiadas veces, en las que el placer de la humanidad es mi desdicha; pero ahora no importa, en este banco helado, en este paseo congelado por el frío y la soledad, sonrío yo. El mundo es mío.
Cuando eres perdedor profesional, los pequeños placeres se convierten en sangrientas victorias.
Ahí va la sonrisa herida por un final feliz que no tendré.
¡Ja…!

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Tiene importancia cada una de tus risas y cada uno de tus disgustos. Porque cada cosa que conozco, en cada acto que te vivo, me acerco más a ti.
Te amaría si fueras genocida.
Soy cada día más tuyo con tristezas, iras y risas, mi amor.
Pero ya sabes aquello que se dice del remojo y de las barbas del vecino ¿verdad?
Yo también puedo ser voluble.
¡Cómo te quiero! Ríe, mi amor. No hay vecinos ni barbas, solo tú y yo.
Incluso trágicamente tú y yo, mi vida.

Trauma neuronal

Publicado: 14 noviembre, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Diario de la alienación traumáticamorosa.
Y no sé a cuanto se cotiza el kilo de neuronas, pero necesito unos gramos, pero ya.

El límite elástico

Publicado: 12 noviembre, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Detengo los dedos en el elástico que hace frontera con la piel del deseo.
De algún modo sé que he de esperar el suspiro, la contracción de los músculos, el abdomen que se retrae en una invitación que ella no controla, los labios que se entreabren con la lengua rozando los dientes, los pechos que se ofrecen en un acto tan obvio que dan ganas de aullar.
Aún no sé cómo puedo tener inteligencia para gestionar toda esa sensualidad, no entiendo como consigo abrirme paso con precisión a través del elástico que marca el límite de la lujuria.
Es tan pequeño mi cerebro…
Solo sé que no habrá retorno cuando el elástico se encuentre encima de mis dedos y rocen la piel oculta. Cruzada la frontera del territorio de su coño, también cruzo la del atávico deseo.
Adiós a la inteligencia si una vez la tuve.
Yo solo quiero su coño y su cuerpo entre mis brazos.
Luego no sé que ocurrirá…
No tengo inteligencia para saber más allá del límite de su braguita.