Archivos de la categoría ‘Sin categoría’

1

En Los manuscritos del Iconoclasta.

Odiada mía

Debería odiarte porque por mujeres como tú los hombres son idiotas.
Hay una frecuencia en tu voz que me hace perder el hilo de mi propio pensamiento y balbuceo incoherencias de amor en tu oído. Olvidando lo que debía decir como hombre formado.
Con tu voz me haces adolescente provocándome una punzada en el pecho que solo puede calmar tu abrazo, tu respiración.
Tus pechos presionando el mío.
Me deshaces. Por favor…
Debería odiarte porque tu llanto es mi canto de sirena. Porque buscas el consuelo de mis brazos y los labios para recoger las lágrimas. Destruyes mi fortaleza construida con tesón a lo largo de los siglos, amén.
Provocas una ternura infinita que desconocía poder sentir.
Me siento vulnerable, indefenso frente a la apabullante carga de tu sensibilidad.
Debería odiarte porque has destruido mi independencia, ya no puedo concebir los días solo. Te odio…
No hay paz sin ti.
Debería odiarte porque haces de mí un absurdo trípode cuando clavo la mirada en tu escote.
Debería odiarte porque tus labios hermosos secan los míos cuando los contemplo.
¿Te das cuenta, odiada mía, que haces de mí lo que me esforcé en no ser?
Estás rozando la ilegalidad, es prácticamente secuestro lo que haces conmigo.
Debería odiarte por llevarme por sueños imposibles, cuando ya era hombre que ensuciaba sus manos y pies con el polvo en el que se convierten los seres al morir.
Odiada mía, debería odiarte cuando dices amarme y siento que no soy de acero forjado, si no de piel y carne temblorosos ante ti, encima de ti, dentro de ti…
Pienso que nunca conseguiré besarte tanto por lo que te odio. Tu piel es inabarcable como un universo en mi mente pequeña y simple.
Cuando tus ojos brillan al verme, siento el vértigo de los años cientos en los que nadie me miró así. No lo sabía todo, odiada mía.
Qué equivocado estaba…
Me doblo con una arcada ante tanto tiempo perdido sin ti.
Y te odio cuando la melancolía de tu ausencia me hace llorar.
Porque los hombres no lloran, cuando lloran están derrotados. Mírame, soy tu trofeo encima de una chimenea.
Antes no sentía esas «cosas» brotar de mis ojos, eso no iba conmigo.
¿Qué me has hecho, detestada mía?
Te odio porque dividiste mi vida en «a. de Ti» y «d. de Ti» (antes y después de Ti), como si fueras un hermoso y divino Jesucristo de cuerpo rotundo y sensualidad perfecta.
Partiste mi vida con «Piénsame» y un «Te pienso».
Convertiste una parte de mis oscuras edades en prehistoria.
No sabes lo que sufro al escribir «debería odiarte» o «te odio», porque la sola idea de odiarte, me provoca convulsiones. Duele imaginar que por un milisegundo pudiera aborrecerte.
¡Te odio!
No…
Te amo con toda mi alma. Es la única forma de concluir este listado de reproches por lo que has hecho de mí.
Te amo a pesar de que has hecho avanzar el tiempo a velocidad de híper-espacio. Hay tan poco tiempo y tanto que amarte… Me falta vida ahora, cielo.
Pero ¿sabes, odiada mía? Vendería la mitad de mi vida al diablo o a dios si existieran, para que mis últimas horas fueran contigo.
Pacto morir a tu lado.

 

f4b59-ic6662bfirma

Iconoclasta

1

El impreciso amor, la desesperante imprecisión de puño y letra.

En Los manuscritos del Iconoclasta.

Barbie Obscena

Y sonríes arrebatadora, desafiante ante la idea que se me escapa de los labios en un susurro que es gemido.
Barbie Obscena porque sabes que me enloqueces y tomas el control. O simplemente me lo arrebatas. No sabría decir, no encuentro tiempo para pensar.
Tu rostro es belleza tallada, una muñeca; pero tu mirada…
Es despiadadamente sexual.

No pienso en muñecas cuando miro fascinado tus labios.
Barbie Obscena no es una muñeca; pero de alguna forma te he de llamar cuando las palabras no son capaces de dar consuelo a la incomprensión y a lo atónito.
Quiero morir sobre tu cuerpo y dentro de él.
¿Acaso has pensado por un segundo que quiero ser virtud y decencia?

¿No ves cómo me tiembla la boca y se cierra mi puño mirando tus pechos que agreden la tela con esos pezones deseados?
Barbie… túrica.
No quiero acariciarte suavemente y decirte que te amo. Quiero invadir tu boca con mis dedos y con la otra mano tu coño.
Hasta que tus piernas se separen mirando a mis ojos encelada y pidas que te desgarre hasta el alma.
Profundamente.
Soy corrupto ante ti.

Y tú no eres un ser etéreo, eres esa Barbie Obscena que me enamora y jadea con el coño húmedo pisando los ojos de un Kent muerto, al que las ratas de este mundo le han comido los brazos.
Tu piel oscura marca mi deseo salvaje. La haré brillar con la baba que desprende mi lengua infame.
Los Kent de brazos desmembrados y penes impolutos girarán la cara avergonzados con sus plásticas cabezas deformadas y quemadas por los cigarrillos de mi desesperación.

¿O acaso te has creído que mi pene es plástico rosado?
Palpita como los monstruos gruñen peligrosos en la oscuridad. Como el corazón del diablo que va a devorar tu alma.
Soy la más excelsa corrupción.
Una inflexión, una rotura de lo humano.
Una sima en la bondad y lo pueril que deja una herida dentada como una sierra en los hielos árticos.
En tu oído susurro: «Te voy a joder y tu ano también es mío».

Y un bebé llora en la cuna por los hermanos que no nacerán, que mueren salpicados sobre tus pechos duros y en torrente se deslizan por tu abdomen crispado, obscenamente arqueado.
Inundando el ombligo que es antro de mi lengua ávida.
Semen blanco, piel oscura, pezones duros…

No quiero ser Cristo en la cruz, no quiero sufrir por ti, por amarte con desmedida. Quiero ser la cruz y tú clavada en mí. Que los mesías lloren la arrolladora y cruel lujuria.
Dos coronas de espinas ciñen tus muslos inmortales y hieren mis sienes.
Soy una atrocidad atávica que no tiene cuidado con tu piel deseada, lamida, arañada, amada….
Amada, amada, amada.

Piarán gorriones sin alas agitando sus muñones ensangrentados por la muerte de los plásticos muñecos y la ternura, por la obscenidad de mi acto.
Por el amor hipertrofiado que hace menstruar tus pezones en mi boca, entre mis labios y dientes.
Y así, el deseo es desespero y arpón en el espiráculo de un delfín de risa eterna y ojos cerrados ofreciendo su blanco vientre al sol.
Barbie obscena de muslos brillantes… Cuando los separes sujétate con fuerza a mi pene inconsolable, porque descendemos al infierno.
Aunque no sé si es descenso o ascenso. No hagas caso, la coherencia de mi pensamiento se ha ido a la mierda con tu mirada de muñeca obscena.
Agarra con firmeza la carne que no controlo, que es tuya. Es por ti esta esquizofrenia.

Mi Barbie hermosa, oscura como una noche de luna muerta.
Somos el vicio y la perversión de este tiempo, de este lugar.
Barbie obscena, tu raja tiene la exacta medida de mis dedos imperfectos y toscos. La profundidad necesaria para enterrar mi inhumanidad.
Un filo de navaja arrastra el jabón y el vello que ha cortado y las uñas de tus dedos hieren la sábana con placer prohibido, amoral.
Nata salada en tu monte de Venus…

Corruptos somos bajo el potente foco de una luz que hace sombras de los gemidos y hace arder la piel.
¿Entiendes ahora porque no es un tópico cuando te llamo muñeca?
¿Puedes comprender que haces de mí una aberración?

Me elevas por encima de toda ética y toda moral, no importa que sea corrupto, que sea lo que nadie quiere ver ni oír.
Contigo trasciendo. Da igual adonde, solo sé que salgo de cualquier órbita conocida por la impía belleza de tu mirada obscena.
Solo sé que sudo y lloro y bramo las horas sin ti.
De profundis ab tuum cunnus clamo: ego amo te. *

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta
*Desde lo más profundo de tu coño grito: te amo

Morir cada día

Publicado: 22 octubre, 2015 en Sin categoría
Etiquetas:

12017605_10208126081610824_655892972038053926_o

La tragedia nuestra de cada día: la muerte del día.
El sol lanzando sus últimos bramidos de luz, haciendo del color un drama.
No le tengo lástima.

Tótem en Atramentum

Publicado: 10 abril, 2015 en Sin categoría

Tótem Atramentum

En Atramentum|Voces Subversivas. Revista literaria dirigida por Marlyn Centeno.

Siempre por el filo.

http://realidadestruncadas.blogspot.mx/2013/07/siempre-por-el-filo.html

La piel de un reptil.

http://realidadestruncadas.blogspot.mx/2013/07/la-piel-de-un-reptil.html

No importa el rumbo.

http://realidadestruncadas.blogspot.mx/2013/07/no-importa-el-rumbo.html

Reposando en el filo.

http://realidadestruncadas.blogspot.mx/2013/07/reposando-en-el-filo.html

El tranquilizador acero.

http://realidadestruncadas.blogspot.mx/2013/07/el-tranquilizador-acero.html

Votadle

Presentación de Fantasía Circense

Publicado: 13 noviembre, 2011 en Lecturas, Sin categoría
Etiquetas:

Amargas sonrisas

Publicado: 26 diciembre, 2010 en Sin categoría
Etiquetas:

-Hola, me llamo Adriano y se me ha roto la sonrisa ­-el hombre miraba al suelo con timidez.

­-¡Hola Adriano! No sonrías pues. Te saludamos -corearon al unísono los integrantes del grupo de Amargas Sonrisas Anónimas.

El grupo estaba formado por ocho personas formando un semicírculo en cuyo centro se encontraba el psicólogo, Roberto.

Adriano se volvió a sentar en su silla sin decir más.

-Amado ¿Por qué crees que las sonrisas se rompen? -preguntó el psicólogo a un hombre calvo.

-Porque las usamos mal, cuando los labios sólo quieren gemir por un dolor o una vergüenza, formamos una sonrisa insana. Y el organismo a la larga, crea anticuerpos que las destruyen, cualquiera que sea.

-Eso lo sabe todo el mundo, Amado. Es la introducción de nuestra sociedad Amargas Sonrisas Anónimas. Dime lo que crees tú.

Amado, que empezaba a esbozar una sonrisa, de repente enderezó sus labios.

-Porque después de muchos años de vivir, no conseguimos sentirnos bien, no encontramos nuestro lugar en el mundo. Estoy solo -Amado esbozó una sonrisa que no llegó a vivir más que medio segundo.

-¿Por qué has intentado sonreír si tan solo te sientes?

-Porque la soledad me avergüenza, y no quiero que nadie sepa lo mal que estoy.

Adriano observaba con interés a Amado, no se daba cuenta de que estaba apretando fuertemente los puños. Temía que si le hacían una pregunta como esa vomitaría.

Roberto observó con discreción a Adriano y anotó en su cuaderno: «Adriano: sonrisa totalmente destrozada. No conviene presionarlo aún, hay mucha tristeza en su rostro. Durante las tres primeras sesiones se aconseja que su participación sea pasiva. Se le ha de sorprender.»

Ninguna sonrisa había en todos aquellos rostros, sin embargo, tampoco había tensión alguna. Se encontraban relajados, sin presiones.

Adriano se sintió cómodo ante aquellos que sin sonreír, parecían estar en paz.

Aflojó la presión de sus puños y su espalda se relajó en el respaldo de la silla.

-Elvira, dinos, ¿has sonreído hoy?

Elvira encendió un cigarro con nerviosismo, sus manos temblaban.

­-Sí. Dos veces.

-¿Te apetecía o era necesario?

-Era necesario, mi jefe ha propuesto un desarrollo de negocio y debía demostrar que era de mi agrado.

-¿Y cómo te sientes?

-Tengo miedo de haber perdido lo que había recuperado en las últimas sesiones.

-Elvira ha actuado correctamente -Roberto dirigía su mirada a todo el grupo-. Un error muy corriente es caer en el extremo de no sonreír jamás. No es viable, debéis sonreír cuando sea necesario. Es simple supervivencia en esta sociedad. Elvira no ha perdido nada de lo que ha avanzado en las últimas sesiones. Todo lo contrario, ha sabido dominar el temor al dolor de una sonrisa superflua, cortés.

-Yo he sonreído por alegría, mi novia estaba preciosa -intervino Lorenzo con entusiasmo-. A Carmen le ha gustado mi sonrisa, ha dicho que era fresca y limpia, hoy mojo… ¡Ja!

El psicólogo dio fin a la sesión, algunos sonrieron y otros no.

Adriano se dirigió al psicólogo cuando los integrantes del grupo desalojaron la sala.

-Tengo miedo de no sonreír jamás. Duele la tristeza de los errores acumulados.

Roberto lo miró fijamente.

­-Hay que joderse, ya me ha tocado un derrotista en el grupo.

Adriano no pudo evitar una sonrisa de sorpresa y salió con ella aún dibujada en el rostro. Roberto suspiró aliviado y casi sonrió también.

Iconoclasta

Safe Creative #1010127556297