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En Realidades Truncadas.

Dos amigos (3)

Dos amigos (4)

Encadenado

Publicado: 30 agosto, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Es francamente paradójico que mi libertad y felicidad sean encadenarme a ti.
Y volar, ir, llegar, permanecer, morir…

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Te tengo en la punta de la lengua.
Podría ser mucho más obsceno si fuera sincero del todo.
Acabo de serlo ¿verdad?
¿Cómo se pueden decir estas cosas con el rostro tan grave? No puedo ser un mentiroso desenfadado y relajado. Amarte, decir tu nombre y encontrarte en la dureza de mi miembro es metafísica aplicada al ánimo y a cada nervio que recorre mi cuerpo.
Es un colapso generalizado de la razón.
No me río, no tiene nada de gracioso amarte.
No es una broma, mi amor.
Tengo un te quiero que se me escapa por las puntas de… la lengua.
Dios… Cómo te necesito…

Un viejo carro

Publicado: 29 agosto, 2015 en Absurdo, Conclusiones, Lecturas, Reflexiones
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Ese carro tiene que tener un millón de historias de sudor, trabajo, dolores y vejeces. Me parece bien que lo hayan jubilado con una carga de color.
Esto es descansar en paz, porque los seres humanos solo mueren.

Catedrales del color

Publicado: 29 agosto, 2015 en Absurdo, Conclusiones, Lecturas, Reflexiones
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Los últimos rayos del sol hacen un efímero otoño y convierten a los árboles en catedrales del color. Y puede que me convierta a un crepuscular y arbóreo paganismo.

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Si mientras tomo este café hubieran a mi alrededor pequeños seres danzando con un sombrerito de fieltro verde, desnudos de cuello para abajo mostrando sus pequeños sexos y riendo como deficientes mentales, entendería mejor el planeta y lo que contiene. Confirmaría mis convicciones y entre las cuales cuenta que me encuentro rodeado de la más espantosa mediocridad y superficialidad sin ningún tipo de magia que equilibre la balanza del desesperado hastío. Porque hasta los duendes convertiría en idiotas la humanidad.
Sin embargo, me descoloca la aparición extemporánea de seres extraordinarios a los que sacar de las filas de humanos (idiotas míos de cada día, como el pan del padrenuestro de los católicos) que caminan hacia los acantilados de setecientos metros de altura con un mar embravecido que hace carne picada contra las rocas hasta de una sardina despistada. Y me descoloca la aparición de estos seres, porque por ellos vale la pena un poco de control, si los tratara igual que a la chusma, pecaría de la misma idiotez que respiro todos los días.
La dignidad y la ecuanimidad están profundamente intrincadas en mi adn.
Así que tengo que tomarme un trabajo extra y sacar de la fila de la exterminación a los pocos que valen la pena, cosa que retarda la limpieza y me impacienta un poco. Todo se complica con los seres interesantes.
Porque una cosa es cierta y el respeto es absolutamente incompatible con la libertad de opinión: hay seres cuya existencia molesta y debe hacerse algo con ellos.
Es mejor que seamos pocos, muy pocos interesantes, que multitudes sin interés alguno y absolutamente innecesarias para mí y el medio ambiente.
El planeta hace lo que puede, pero sus recursos para controlar la plaga humana con hambre, sed, enfermedad y catástrofes sísmicas, es limitada.
Asaz limitada.
Debemos ayudar al planeta y controlar la proliferación gratuita e indiscriminada de ONGs, las cuales, si no hay enanitos del bosque inteligentes que salvar, no tienen ningún fin más que hacernos perder el tiempo y la paciencia. Y la verdad, lo de las ballenas… Pues como que ya hay tantos videos en yutup, que resultan de lo más aburridas.
Yo digo que así que existieran duendes, sirenas (siempre me he preocupado por donde se puede satisfacer una sirena, no creo que les baste un gusano retorciéndose en un anzuelo) y unicornios, tampoco sería justificación para soportar tanta mierda.
Los enanos danzantes no bastan para frenar la marcha de los idiotas al acantilado de la muerte, como tampoco son suficiente consuelo los seres excepcionales que le dan interés al planeta.
Aunque me descoloquen y sorprendan, hay que cosas que deben hacerse.
No hay que demonizar ni denostar alegremente la misantropía, cuando se trata de una filosofía de vida que enaltece las cosas más grandes de la humanidad y limpia la porquería que no nos deja ir con los pies descalzos, con libertad.

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Iconoclasta

Académico

Publicado: 28 agosto, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Soy una fuerza vectorial inflamada de sangre buscando la intersección de tus muslos y el vértice duro y casi esférico que corona el triángulo irregular que forma tu coño.
Soy eje y tu concavidad.
Amarte y follarte me hace experto en la geometría que jamás llegué a entender.
Y lamer tu sexo me hace un experto somelier.
La enología también tiene sus aplicaciones sexuales.
Tu cuerpo es una auténtica universidad y yo un tosco alumno.

Telegrafistas sin tiempo

Publicado: 28 agosto, 2015 en Manuscritos
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En Manuscritos de Iconoclasta.

El precio del amor

Publicado: 28 agosto, 2015 en Amor cabrón
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El precio del amor

Amar es dedicación absoluta,
ergo tiempo.

Y el tiempo es el bien más preciado
dicen los que saben, los que triunfan.
Y si eres egoísta las cuentas no salen.
Y sientes que pierdes más que ganas.
Y amar es un mal negocio.

Ergo el tiempo es más fuerte que el amor,
y el amor se muere de decepción
asfixiado por el vertiginoso torrente
de la tragedia de la arena de un reloj.
Y no es justo.
Pero… ¿Qué lo es?

Y toma el pequeño reloj de arena
y cristal cruel
entre sus dedos de uñas granates
como sangre oscura
y el reflejo de los carnosos labios
de terciopelo negro,
para observar la ampolla del tiempo
y el rostro cuasi sepulto en la arena
sobre el que llueven unos últimos granos
sobre los claros y húmedos ojos
que lloran sin comprender aún
la atroz usura del tiempo
parpadeando barro de amor.

Y las cuentas comienzan a cuadrar.

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Iconoclasta

Telegrafistas sin tiempo def

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Son breves momentos de amor y apresuradas palabras de alegría escritas en un morse eléctrico y rápido.
Fulgurantes trallazos de ternura electromagnética.
Son antiguos telegrafistas que en pleno siglo XXI, lanzan besos en código morse. Apenas hay tiempo, pobres…

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Urgentes besos e ilusionados abrazos antes del trabajo, antes de comer, antes de la cena, antes de dormir, antes de todo…
Instantes que pueden hacer hermoso el día de una forma rotunda y sorprendente.
Como si existieran los milagros.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Durante una convalecencia se cuentan dolores de uno y otro con besos y alegría. Tecleando los pulsadores para enviar todo el amor posible en el menor tiempo.
No saben ni ellos mismo como lo hacen, no entienden como se puede transmitir tanto cariño y ternura tan velozmente.
Los enamorados baten extraños y absurdos récords secretos.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Telegrafistas que ganan tiempo no escribiendo de ansias incumplidas e inconsolables.
Telegramas de ilusión y besos, rápidos y eficaces, sin tiempo para las melancolías.
La melancolía atacará con dureza luego, cuando el martillo del telégrafo quede en reposo en la oscuridad de la oficina de correos. Cuando estén solos y el tiempo no amenace la dicha del encuentro eléctrico.
Los telegrafistas enamorados imaginarán luego, en su aislamiento entre la multitud, los besos carnales, la humedad de las pieles acaloradas y cenar juntos en el mismo lugar sin despedidas con puntos y rayas.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Esperarán impacientes un año, un día del dragón que vuele llevando en sus garras palabras palpables de tinta y papel que den consuelo a la melancolía que a veces les detiene peligrosa y dolorosamente el corazón. En cualquier momento.
Que esas palabras combatan el vacío de las manos cuando los telégrafos dejan de sonar su morse de amor. Cuando la quietud de los martillos del telégrafo deja vía libre a tristezas, distancias, tiempos, esperanzas y alegrías. Cuando queda demasiado tiempo para que la realidad les aplaste el ánimo y esbocen una sonrisa cansada que nadie entiende.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Por ello cuando el morse habla solo hay alegrías, amor y ternuras. Rápidos e inequívocos mensajes cortos: «Te quiero – Stop – Te pienso – Stop – Eres una mujer impresionante – Stop – Eres bárbaro – Stop…
Stop, stop, stop…»

¿Cómo es posible querer tanto en tan poco tiempo y con tan pocas palabras?
Porque el amor corre veloz como la luz, como la electricidad que lleva un código morse de amor y esperanzas.
Dragones de plata, hojas de papel embebidas en tinta de amor y pulsaciones electromagnéticas que dan vida al corazón…

Se quieren – stop – Sonríen cuando deberían llorar – stop – Combaten el tiempo a sabiendas que pierden – stop – Triunfan amando cada día robando tiempo al tiempo – stop.

Fin de la transmisión.

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Iconoclasta