Posts etiquetados ‘humor’

No es nada sencillo morir. Hay que vencer todo ese instinto de supervivencia insertado en las células del cuerpo.
Morir requiere convencerlas, una tarea faraónica porque están sectariamente convencidas de que la vida se ha de mantener al precio que sea. «Oye, deja de dividirte, ¿es que no ves que esto es una mierda?. Ellas me miran con sus membranas completamente idiotas sin entender.
Son duras de convencer las hijaputas. Y el tiempo que se emplea en convencerlas de que no es malo dejar de dividirse, es tiempo para que las cosas empeoren aún más a tu alrededor. Y así llegas a la vejez para acabar como era de esperar y haber sufrido de más: muerto.
Y las células, estúpidas como siempre, dale que te pego. Obcecadas en multiplicarse aunque el cadáver empiece a descomponerse.
Es una mierda que el pensamiento esté disociado del organismo. Hablando en plata, que mi pene vaya por libre independientemente de lo que siento.
Que incómodos son los despertares erectos…
Sí, yo también me pregunto que tiene que ver una erección con los deseos de morir y las células…

Shyla Jennings

En Telegramas de Iconoclasta.

Una cosa es creer, porque aceptas una posibilidad, le das forma y un método para realizarla. Le das una entidad. La vistes de ilusiones.
Sin embargo, la fe es aceptar lo inconcebible, lo imposible y lo dañino. Es un desprecio a los sueños propios y acatar una orden que jamás comprenderás.
No puedo entender los actos de fe. Hay esqueletos de dinosaurios que no explica la biblia. Y hay un amor por los hijos que ningún dios puede superar.
Los actos de fe solo caben en cráneos vacíos.
Siento vergüenza ajena por los humanos.

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

El amor es una especie de ameba que evoluciona por el espacio ajeno a la gravedad, que se afianza en el corazón y en el vientre de los amantes. Los parasita, los hace dependientes de aquello que adoran, que ansían.
Es una ameba que se fija en algún nervio y obliga a las manos a acariciar el aire, buscando lo amado.
Y es por ello ese cansancio que siento al amar, esa dulce desidia que me debilita, que me aturde.
El amor fagocita mis fuerzas con una deliciosa narcosis.
Los enamorados al abrazarnos parecemos cansados, casi derrotados.
Posiblemente así sea de verdad; pero qué extraño que a pesar de esa debilidad, abrazo con la fuerza de un titán.
Nos da un aire romántico y trágico ese desfallecer.
Y una hermosa sonrisa cansada… Estás preciosa cuando tus labios apenas abiertos, toman aire bendito y tu piel brilla con un sudor que parece rocío.
Es precioso mirar el cielo con los ojos cansados y el alma ardiendo. ¿Ves el amor? Si observas el aire fijamente, ves esas amebas transparentes que cambian y flotan ingrávidas.
Necesitamos descansar, yacer abrazados unos instantes, o una eternidad.
Una vez recuperados, te penetraré el cuerpo y el alma. Y tú me harás esclavo, me robarás mi voluntad.
No existe un cansancio tan grande que lo pueda impedir.

¿Los que tienen una gran capacidad craneal son más libres? Yo quiero un cráneo grande aunque sea ridículo el tamaño de mi cerebro. No me importa que al morir lo pesen y se rían. Importa no estar oprimido.
¿Los ciegos se sienten oprimidos? Seguro que no, porque no se pueden imaginar el poco espacio que hay en el mundo.
¿Qué ocurre cuando sabes de memoria dónde está cada mancha de la pared? Hay sabidurías que humillan.

11-1-2015, 12:03 PM. Zócalo de Puebla, México.
Estoy escuchando La Marcha Turca interpretada por la Orquesta Municipal de Puebla, suena muy bien, me gusta. La escucho fumando a la fría sombra de un árbol. Siempre busco más frío, como si pudiera almacenarlo para combatir  el sol cuando hiere.
Apenas hay gente.
Acaba la Marcha Turca y comienzan a interpretar El valls de las olas. Cuatro personas se colocan muy pegados a mí, como si no hubiera todo el espacio del mundo en el puto zócalo. Los observo: son unos rurales que ríen como idiotas.
Me separo de ellos. A los pocos segundos se acerca uno de ellos, tanto que mi cigarro se apaga en los bajos de su abrigo de nailon.
Me mira con una sonrisa de dientes podridos y barba descuidada; es un deficiente mental.
Me hubiera gustado acabar de oír la el valls; pero me largo de allí.
¿Es que no puedo pasar un rato tranquilo?
¿Por qué tengo este imán que hace que siempre se me acerquen los retrasados mentales? ¿Acaso buscan sorber parte de mi inteligencia? ¿Vampirizarme?
Abro el portón para acceder a mi casa y el tonto del barrio me saluda mirando en dirección contraria, sé que me saluda a mí porque no hay nadie más en la calle a quien saludar.
Hay que joderse con esta suerte.
Los molletes con chorizo, apenas tenían chorizo. Frijoles a patadas, eso sí.
¿Cuándo bajará el precio del tabaco?

Hoy mi presencia ocupa un espacio vasto que se extiende hasta donde mi imaginación dicta. Y dicta que se extienda hasta la tuya, que se funda en la tuya. Algo inusual, tienes razón.
Ocupo tu espacio realmente. Lo intento…
Lo inusual es que se convierta en algo cada vez más frecuente, más trascendente.
Algo por lo que sonreír un poco triste con un cigarrillo colgado de los labios.
Huele mi piel a melancolías y sueños; improbabilidades… A tabaco, a chocolate y café, dulces y masa de hojaldre horneándose. Y tal vez un poco de humedad de la lluvia que te desprotege un poco el alma.
También es maravillosamente inusual, te creo.
Disculpa que te conteste dormida; pero estas inusualidades se precisan contestar en la difusa frontera del sueño y el cansancio de la vigilia, para que sean más íntimas.
No quería despertarte para decírtelo al oído como una confidencia. No es por torpe timidez, es porque dormida te llego más profundamente, de algún modo lo sé.
No es una banalidad, créeme también.

En Telegramas de Iconoclasta.

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
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