-Resulta que es cierta mi fragilidad, mi trauma. Para actuar de esta forma soy otra yo, es posible que quienes me conozcan esos días nunca lleguen a tocarme realmente.
En algunas ocasiones vi el desespero luego en estos hombres ante la imposibilidad de re visitarme, ante mi imposibilidad de darles cualquier espacio. Usar gente es un acto disfrutable, pero cruel.
-Tú eliges, extiendes tus encantos y asistimos a ello. Luego tu juicio y exigencia. Es razonable. Además, al final es difícil encontrar algo bueno. No es cruel en verdad.
Es como para masturbarse delante de la cruz ante tanta santidad y beatitud.
Resulta que hay millones y millones de Teresas de Calcutas en el planeta.
Y es que los seres más despreciables, hipócritas y más malos que las ratas hambrientas, resultan ser ángeles y santos porque son madres y padres ejemplares.
Vienen con la entrepierna manchada de mierda y cerveza, han dejado a los hijos solos durante más tiempo del debido; pero son la bondad y la felicidad puras.
Aunque sus hijos caguen donde comen.
Felices como mierda en bote, siempre y cuando se la metan o la metan.
No jodas…
Me lo parece a mí ¿o los idiotas sobrevaloran la maternidad y la paternidad?
O tal vez no sepan de que hablan porque van muy borrachos.
Como si tras tanta mierda que cometen diariamente, sus hijos fueran la redención. Una puta redención.
Los fariseos extendieron su mierda desde los tiempos bíblicos y es lo que más perdura en la historia.
Ego os absolvo, marranas y marranos madres y padres.
Los de escasos recursos naturales (por desidia de sus habitantes y merecidos gobiernos corruptos), con enseñanza fascistoide, con medios de comunicación comprados y censurados, amplio espectro de ignorantes con titulaciones universitarias…
Toda esa miseria se refleja en un sexo rápido, mediocre, múltiple (como no hay habilidad para follar y pasarlo bien, buscan y buscan), meramente reproductivo y enfermo.
Sin elegancia.
Y es que en algo se han de entretener: métemela, te la meto y «asu mare que rico», al salir del motel o del barracón.
Y cuanto más tontos, más se creen los verdaderos ejecutores del Kama-Sutra.
Sin distinguir bien entre el agujero del coño o del culo.
Siempre se junta culo y mierda. Vanidad y miseria. Mediocridad e ignorancia.
La vida es una mierda y nada mejora.
Qué suerte, coño.
En algún lugar llueve y unos hombros de mujer erizan su piel de melancolía y vagos recuerdos de amor.
Y a través de la ventana que un desierto ha abierto como espejismo; unos dedos tiemblan al llevar el cigarrillo a los labios, esos dedos rudos y cortados se crispan en el cristal mojado al otro lado. Y los ojos observan con gravedad, sin pestañear, el trémulo dormitar de las suaves rutas de besos que son esos hombros tan solitarios como él mismo.
El espejismo, abruptamente, se acaba.
Solo queda el eco de una blasfemia entre las dunas y unos dedos inmóviles crispados en la nada.
Por M-Clan (versión de Serenade from the Stars, de The Steve Miller Band).
«He visto una luz
hace tiempo Venus se apagó.
He visto morir una estrella en el cielo de Orión.»
Yo no he visto esas cosas, pero no pierdo esperanza.
«No hay señal…
No hay señal de vida humana y yo
perdido en el tiempo, perdido en otra dimensión.»
Perdido en una atmósfera densa, pesada y pegajosa, donde los sonidos hieren y las imágenes insultan. Salvo las de ella, la que se tiñe la piel de fragancias hermosas y danza su sensualidad entre sábanas revueltas.
«Soy el capitán, de la nave tengo el control.
Llamando a La Tierra, esperando contestación.»
No necesito más que un mensaje desde el pasado en este mar infinito de estrellas, solo dos besos en un café y una ilusión improbable.
«Soy un cowboy
del espacio azul eléctrico.»
No lo soy; pero por favor, que alguien lo crea, me gustaría. No tendría miedo alguno.
No soy cobarde, lo juro.
«A dos mil millones de años luz de mi casa estoy.»
Es la masacre del tiempo en el infinito, no hay esperanza, es tarde…
«Quisiera volver
no termina nunca esta misión.»
Y abrazar a un trozo de mi mismo que amo más que a mí mismo, antes de morir yo, a ser posible…
«Me acuerdo de ti, como un cuento de ciencia ficción.»
Una secuencia que no ocurrió, pero viaja a velocidad lumínica por el espacio directa a mi cerebro. Estoy abandonado a ella. A la imagen, a los besos que se quedaron en un dibujo en los labios.
«No estoy tan mal…
Juego al póker con mi ordenador.»
Y las palabras y las imágenes y los sueños y las esperanzas fluyen en esta oscuridad tachonada de estrellas y gases venenosos, hermosos…
«Se pasan los días
no hay noticias desde la estación.»
Estamos abandonados, Iconoclasta, somos nuestro propio sueño de ciencia ficción, casi hecho realidad. ¿No es hermoso, amigo de ti mismo?
Adoro la ciencia ficción porque desata mi mente en lugares de muerte y nada, donde todo es imposible, donde los sueños se hacen reales en una locura cósmica y psicótica. Fría y mortal…
Yo quiero ser un cowboy del espacio azul eléctrico, aunque duela la pierna…