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Solo unos segundos

Publicado: 2 julio, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Déjame arrancarle un lamento a la tierra antes morir.
No está bien negar el derecho al resarcimiento.
Oye Muerte, a cambio acepto horas de dolor y agonía. Tú me das unos segundos para hundir mis dedos en la tierra y arrancarle puñados de sangre y luego sufro lo que quieras.
Déjame ser pecaminoso, si eres católica, Muerte.
Delincuente o sociópata si eres laica.
Unos segundos para bailar con ella que la amo, lenta y suavemente, marcando el ritmo besando su boca. Como si no fuera a morir.
Unos segundos para ofender a la humanidad indiscriminadamente, porque todos somos iguales, a mí me trataron como a todos. Estas cosas se aprenden, los jueces aplican sus leyes y yo las mías, no tiene nada que ver con la justicia.
Quien quiera justicia de mierda, que te pida morir entre lamentos de dolor, como yo.
No quiero morir en paz, quiero dejar desolación. Es una justa retribución por toda esta bastarda mediocridad que he tenido que tragar año tras año de vida.
No sumará más allá de un minuto, y te ofrezco a cambio mi sufrimiento, prometo dar alaridos desgarradores. Sé que te gusta, podrás hundir tu óseo dedo puntiagudo en mi podrida rodilla, te juro que no lo resistiré.
Te doy consejos y soy un tipo que cumple.
No te puedes negar.
¿Cuántos te piden horas de sufrimiento? La gente pide algo rápido.
Aprovecha mi oferta. Aunque, qué te voy a contar a ti de tiempos limitados.
Vamos, Muerte, déjame unos segundos de vitalidad para hacer eso.

Miguel Gila. Gila El Maestro (Madrid, Marzo 1919 – Barcelona, Julio 2001).

Un gran humorista que con una expresión y oratoria popular, llevaba el humor al más puro e inteligente surrealismo, sorprendentemente sencillo, pero eficaz como pocos humoristas lo han sabido hacer.

Siempre tengo un tiempo para recordar aquella famosa frase suya, en uno de sus monólogos en el que explicaba su tiempo trabajando como investigador de policía: «¿Alguien ha matado a alguien?».

Bien por Gila y su genio.

Se le echa de menos.

Bailando

Publicado: 26 junio, 2015 en Absurdo
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Bailando

Qué difícil es llegar a ocupar el día en las cosas que te gustan.

En instantes relajados, libres y solitarios cuando deben serlo.
Hay que pagar un precio: oírse uno mismo. Y no siempre hay valor para ello, porque no podemos creernos nuestras propias mentiras. Nos mostramos a nosotros mismos sin ninguna piedad.
No he conocido a nadie que se muestre a sí mismo. No he conocido humanos valientes. Solo humanos que hablan y hablan y hablan…
A veces he besado labios ardientes y temblorosos. He empujado el placer entre muslos preciosos y vientres convulsos. Pechos erizados y anhelantes de una baba cuasi feroz.
Y ha estado bien, no hay queja.
Hay momentos que apetece bailar. No soy sufí, pero podría entender a los derviches giratorios.
No busco acercarme a Dios, no busco acercarme ni a mí mismo. A veces me muevo descoordinadamente al son de una música para salir, para ser expulsado fuera de mi propia órbita y aparecer en el espacio.
La fuerza centrífuga es precisamente la que eludo. Soy más de la centrípeta, no es por gusto.
Es necesidad.
Solo pretendo alejarme de aquí, del fracaso. Fracaso no es la opinión de nadie, se alcanza el fracaso solo cuando lo reconoces, cuando lloras y sientes la intensa necesidad de abandonarte a un ritmo que te obligue a olvidar tu existencia por unos segundos.
Lo que dure un vómito.
Cambiar de lugar.
Cambiar de piel.
Cambiar de sangre.
O vaciarse.
Suena el telégrafo inicial de Radioactivity de Kraftwerk. Y siento que es una llamada de socorro que me recorre todas las fibras nerviosas. Y mi cabeza se mueve al ritmo de las pulsaciones en un sí repetitivo que es más epilepsia que danza.
Doy una vuelta completa y la sangre que brota por los cortes del pecho, del cuello, de los antebrazos y los muslos, crea salpicaduras en muebles y en paredes; pero no es trágico, solo es pop.
Trágica es la vida. Trágico es estar aquí, reconocerse fracasado. Cuando no has conseguido alejarte de la miseria, la miseria te fagocita. Es un acose y derribo que puede durar toda la vida o hasta que uno se cansa.
Alzo los brazos y la sangre baja hasta mis axilas y de ahí recorre el torso por las costillas.
Es fácil restañar las heridas, pero es más fácil bailar o agitarse, la sangre es un buen elemento decorativo.
No son cortes dolorosos, son cortes grandes y con buen caballo el dolor es un dimensión extraña y lejana. La heroína, es mi heroína. Son tajos que no han tocado un tendón, pero hay tantos que la sangre no sabe por donde salir más deprisa.
No sabe cual será el próximo paso de baile. O de descontrol, las cosas hay que llamarlas de alguna forma para entenderse. Ser preciso es una habilidad que pierde importancia cada día más en un mundo impreciso.
El equipo HIFI parece la tabla de un carnicero, no parece metal cromado su carcasa. Es un gran trozo de res sangrante. Se ha transformado en algo orgánico.
Cada convulsión me reafirma en que por una vez, lo que hago está bien. Me lleva donde quiero y la muerte se contorsiona conmigo. Va vestida como yo, tiene el color de mis ojos, es hombre. Soy yo mismo, no hay sorpresa y bailo frente a ella, porque es la única que sonríe con franqueza y un punto triste que me conmueve.
La navaja luce ensangrentada en el suelo, parece herida de tanta sangre que la cubre, la he pisado y la punta se ha clavado en la planta del pie y ahora el suelo se convierte en una mancha roja de Rorscharch sin más significado que mi propia muerte.
La música sigue su cadencioso ritmo apocalíptico y la sangre me baña el cuerpo. Siento algo de frío, algo de mareo. Y una esperanzadora irrealidad.
La jeringuilla está descorazonadoramente vacía, me apetece otro jaco. No hay tiempo.
Y salgo de mí como un derviche blanco con el faldón girando veloz y ensangrentado. Ensangrentado yo, ensangrentado lo que me rodea. Soy una mancha entre manchas.
Soy consecuencia, ya no actúo, ya no provoco, no creo. Solo soy un resultado.
Era necesario, cuando todo lo que haces te deja en el mismo lugar, es que algo huele a podrido en Dinamarca y es mejor salir por la puerta de emergencia antes de enloquecer o perder el valor.
El paquete de tabaco parece el de las películas que toman los dedos de los soldados después de hurgarse la herida por donde salen las vísceras.
No es solo el color, la sangre tiene un brillo y una textura inconfundibles. Y no hay nada tan cálido como ella aunque esté frío. Pareciera que vive fuera o dentro de las venas. Que cuando se derrama, se hace cuerpo sólido, parece crecer.
La sangre es un monstruo que busca salir para expandirse.
Quiere salir porque está harta de fracasos, de días de insoportables monotonías. De un trabajo que se repite día a día, el viaje en el metro es la primera fractura de la mente.
Se niega estar ahí, en un vagón, con todos los demás. Es un insulto, una afrenta a ser libre, a ser especial, a ser único.
Es la canallada más baja que podrían haberme hecho.
Es agónico convivir con quien no quieres. Un error no debería pagarse tanto tiempo, hay gente que vive con sus errores como muestras de orgullo, yo prefiero mi vergüenza a su indignidad, aunque me joda. Hociquean como cerdos entre su propia basura pensando que son excelsos.
Si no puedes matarlos a todos, huye de ellos, dice mi sabiduría.
Son demasiados, no puedo matar a tantos, no tengo tiempo. Aunque naciera mil veces, no podía eliminar ni una milésima parte todas las vidas basura que hay.
Soy el fracaso de los dioses o los seres extraterrestres que crearon semejante mierda que es la humanidad.
Si no estás contento vete.
Eso hago, coño.
Y te metes tus sentencias en el culo.
El suelo es una gelatina resbaladiza, caigo y me río aunque me he golpeado una ceja y ahora mana abundante sangre por mi rostro.
Prácticamente estoy llorando sangre.
Y me río cuando los altavoces repiten cadenciosamente: Raa-diooo-acti-vityyyyy.
El gato maúlla con miedo, me alza la patita, su pelaje blanco está salpicado de sangre. Y constantemente se está limpiando.
Perdona que te deje solo, amigo. Cómo lo siento.
Levanto una pierna y doy un giro torpe, ebrio, sobre el otro pie creando un círculo imperfecto de sangre, aunque podría ser perfecto, pero la sangre con la sangre se confunde, es difícil distinguirlo.
Normalmente no hago las cosas bien, desconfío de mí mismo.
Vomito, porque estoy realmente mareado.
El cigarrillo se apaga en un charco de sangre y parece que deja ir su alma con una voluta de humo rápida. Casi fulgurante, como si tuviera prisa en dejar este lugar.
El gato se ha levantado sobre sus cuartos traseros y con las dos patitas delanteras parece llamarme, es una monada…
Los derviches no vomitan, seguro que no lo hacen bien. Deberías vomitar cuando trasciendes, es como un escape de la atmósfera a un millón de G.
Ya me encuentro en otro lugar. El rojo no es sangre, es solo color, decoración.
Está vacío, sigo bailando, pero sin música, hasta mi respiración ha perdido acústica.
Y el rojo se convierte en blanco y al blanco se lo come una viñeta negra.

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Iconoclasta

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Fotografía de: © Óscar París, serie: ‘La Fiesta de mis Manikkis’.
Texto: Iconoclasta

Prólogo:
Tuve la inmensa suerte de que Óscar, el autor de la fotografía, me pidiera un texto para cualquiera de sus obras de arte, y elegí ésta.
Como autor, siempre me sorprende lo que leen e interpretan los demás, hay veces que está a años luz de distancia lo que pensaba comunicar de lo que entienden los lectores.
Espero que si así le ocurre a Óscar, sea grato y este texto no le defraude.
Un saludo, amigo Óscar, gracias por el privilegio de poder poner unas letras a tu arte.
Iconoclasta / Pablo López Albadalejo

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Te observo y me veo a mí mismo, hermosa maniquí.
Vacía maniquí…
Siento pena por ti, por lo que algún día fuiste, por lo que no serás.
Yo no siento pena de mí, aún me queda la capacidad de sentir asco por mí y por un lugar que apesta a mil injusticias, a mil idiotas que son premiados por el hecho de serlo.
Estás vacía como yo, perdimos la capacidad de amar, la capacidad de enamorar, la de admirar y nos dimos cuenta de que nada valía demasiado.
Y la bendita indiferencia nos infectó y nos hizo insensibles.
Nos condenaron con un extraño sortilegio de indiferencia.
Vacío… Tanto como lo que hay bajo las ropas que luces.
Y las que luzco yo.
Ahora observamos seres que pasan ante nosotros como estelas, como borrones, que no nos importan. Solo miden tiempos como un reloj al que no prestamos demasiada atención.
No importamos, no importan…
Está bien, es el equilibrio del vacío.
Y el vacío excluye el dolor, ya hubo demasiado, bella y coqueta maniquí.
Es hora de ver ráfagas de seres sin importar qué hacen o donde van.
Donde mueren o donde viven.
El escaparate de la indiferencia, el ropaje de lo vacío.
Somos un monumento extraño.
Una indolora condena.

Iconoclasta

El poder con «j»

Publicado: 18 junio, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Me froto con los restos fermentados de muertos y grasas succionadas de gordas y gordos que almacenan como deshechos hospitales y clínicas de belleza.
Me dijeron que era lo mejor.
Y cuando tienes dinero, has de pagar lo más selecto, porque morir rico y vivir miserable es un mal plan.
Me enjuago con sangres tibias, que también compro. Hay tantos niños sin padres y padres que necesitan dinero en el mundo… Solo hay que poner anuncios y te venden a sus hijos porque tienen muchos y una buena capacidad conejil para reproducirse. Por otro lado, hay tantos bebés pudriéndose en arrozales y campos de caña, que no pueden ocultarlos.
Es un mundo maravilloso si tienes dinero.
Ocurre que a veces no tengo suficiente sangre para aclararme tanta grasa de mierda, hay lípidos de gente de mala genética que necesitan al menos quince litros de sangre para dejarte limpio.
Entonces tengo que llamar al jefe de policía.
Y matan cinco o seis humanos más.
Usar seres humanos y literalmente exprimirlos, es la máxima expresión de poder.
Os lo recomiendo.
El poder reside en quien vive, ergo es necesario matar muchos seres, grandes o pequeños, da igual, para que el poder se haga cada vez mayor, casi sagrado.
Y yo ya soy Dios.
Seguramente pensáis que no merecéis morir; pero reflexionad: estáis condenados a morir tarde o temprano, cuanto antes salgáis de este valle de lágrimas que es la vida, antes empezaréis a disfrutar del paraíso.
Y dejad que vuestras hijas, sobre todo si están muy desarrolladas, vengan a mí.
Con Tío Dios… Las haré madres a todas y por lo tanto, sagradas madonas.
Os las cuidaré bien mientras os pudrís en la tumba, que los gritos de placer que les arranque lleguen a vosotros.
Amén y a la mierda.
―Necesito más sangre, esta grasa que me han traído parece coreana, coño. ¿Es qué vais a estar bailando samba todo el puto día? Frente a Louis Vuitton hay al menos doce niños pidiendo.
Puta policía… Monos bailarines…

Frustrivas lágrimas

Publicado: 13 junio, 2015 en Absurdo
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Frustrivas lágrimas

A veces se me escapan unas lágrimas porque pierdo el control de la realidad. Porque el pasado dejó de ser un hecho y el futuro es solo imposibilidad.

Y perder el control conlleva también que no puedes concretar con precisión el porqué de esas lágrimas.

Cuando eso ocurre es porque estoy en el momento y lugar adecuado: en la soledad.

El cerebro sabe cuando aflojar las riendas del control, porque nos daría pánico (a mí y a la razón, al cerebro), que este llanto incomprensible e incomprendido se desbordara en presencia de alguien.

La soledad es la libertad del llanto.

Y el llanto nace en las altas montañas de la Frustración de Llegas Tarde o Ni Siquiera Llegas a lo Bueno.

Las lágrimas producen una comezón en la piel y siento la angustiosa y humillante sensación de que corren gusanos por mi rostro. Me quito las lágrimas a manotazos antes de que horaden la piel y pongan huevos.

No quiero ser el rostro de una vaca, que nadie me vea como una res con el hocico lleno de moscas.

Soy la vergüenza de la elegancia.

Soy la decepción íntima de un hombre al que llaman P. No recuerdo el nombre, no tengo control de mis funciones racionales.

Soy una extremidad que causa desequilibrio mental, físico y sexual en P. Es mejor que nadie sepa, que sea anónimo. De hecho es anodino (por ello ni su propia razón recuerda su nombre). Se parecen un poco anónimo y anodino, sobre todo porque empiezan por ano (y se me escapa una risa pérfida, aunque no sé si es la razón o la ilusión la que se ríe, no tengo el control). Anónimo es cualidad (buena) y anodino es fracaso (inevitable). La diferencia no tiene sutilidad alguna y revienta cualquier tipo de alegría sin piedad alguna.

También soy la vergüenza de P.

Son las lágrimas de la ira, de cosas que no me dejó hacer la envidia ajena.

Es una mentira de mierda, si quieres no puedes, solo puedes si te dejan todos los hijos de puta del mundo.

Son lágrimas de amores posibles, imposibles, pasados, futuros, eternos, efímeros, muertos y latentes. Y amar es una gran mierda dice la razón, dice P escondiendo su rostro con una mano para que la oscuridad no lo vea. Dice la ira al otro lado del espejo dejando caer una baba feroz de entre sus dientes rotos de morder metales.

Son lágrimas de una erección salvaje y venosa que fertilizaría la tierra misma en un desconsuelo primigenio, como el celo de las bestias.

Bendita soledad que oculta las lágrimas del desconocido y descolocado P.

De la obscena erección de la tristeza.

Hoy no hay sonrisas P.

Caminar es dolor y el dolor espanta las emociones amables si un día las hubieron.

Soy la campana que toca a muertos, porque los deben haber, siempre muere alguien a cada momento.

El llanto y la muerte van de la mano, es una pareja entrañable.

Sin embargo, no oiré mis propias campanas, estaré ocupado en conseguir que el corazón lata y los pulmones tomen otro trago de aire.

Soy la sonrisa de un padre muerto, de una madre muerta, de una abuela muerta…

Una sonrisa inerte.

Los muertos se acumulan a lo largo de la vida.

Son como loros en hombros de piratas con patas de palo que cargan con ellos sin darse cuenta, sin hacer caso a lo que dicen. Los muertos siempre dicen cosas inaudibles.

Soy un desgaste de cuerdas vocales que apenas saben qué decir.

Los hombres no lloran… Entonces ¿qué coño soy? ¿Lloran los cerdos?

Todos están tan lejos, todo lo que quise (lo poco), todo lo que quiero (lo ínfimo). Soy un oso polar atrapado en un iceberg roto, arrastrado por la corriente, allá donde lloran las ballenas y mueren en mares fríos.

Donde las lágrimas se congelan y los ojos se rompen como cuentas de cristal.

Algo no hice bien y lo lloro.

Bendita soledad y el papel empapado de penas.

Las lágrimas se han secado (agotado) y queda un latido encolerizado (las venas de las sienes parecen electrodos en manos de un torturador).

Males que no pude devolver, venganzas que se pudren incumplidas como podridas son las sonrisas de los bastardos impunes. Viviría como espíritu atormentado, vomitando sangre para acabar con ellos y sus descendencias.

Los pequeños seres duelen como los grandes y los insectos son tiburones, y los caballos pequeños son la maldad pura y una serpiente es la bondad arrastrada.

Y lloro unas lágrimas de incomprensión, es el funeral de la razón, es el funeral de un hombre al que llaman P y no acierta a recordar lo que fue, ni siquiera si alguna vez quiso ser algo.

Ser algo es imposición y las lágrimas resbalan por bautismos y hostias que no pidió.

Entre los genitales rasurados, el semen es un río cálido que desborda en cascada por los testículos y las ingles. Y todo está bien.

La caricia de una caricia.

Soy un acto obsceno, la lágrima depravada.

Es hora de reír:
Hay un perro que se llama chiste. Se murió el perro y se acabó el chiste.

Es que me meo.

Empiezo a tomar el control.
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Iconoclasta

Sin control

Publicado: 13 junio, 2015 en Absurdo, Conclusiones, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Las lágrimas producen una especie de hormigueo en mi piel y tengo la humillante sensación de que hay insectos recorriendo mi rostro.
No quiero que nadie me vea como una vaca con el hocico lleno de moscas.
Soy la vergüenza de la elegancia.
Soy la íntima decepción de un hombre al que llaman P no se qué. Olvido las cosas cuando pierdo el control.

Duelen

Publicado: 12 junio, 2015 en Absurdo, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Estoy muy lejano de mis pies, hay mucho dolor ahí abajo. Hay tanto dolor y cansancio que sienten que se van a morir independientemente de mí. Deberíamos comer, pero ellos dicen que prefieren ser amputados a tener que soportarme de nuevo. Pienso que tienen razón, les enviaré nicotina, les irá bien y no van a dolerse más que ahora. Me acuerdo una vez de un ángel que me inyectó morfina y la vida se hizo maravillosa. Soy un yonki en potencia, o ellos, no sé… Duele todo.

Nosotros, bastardos de Dios

Publicado: 30 mayo, 2015 en Absurdo
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Nosotros bastardos de Dios

Somos los hijos bastardos de Dios, los que no fueron creados a imagen y semejanza de Dios ni de ningún otro ser.
Somos los que no rezamos, ni pedimos.
Ni tenemos miedo, y si lo tuviéramos, nadie lo sabría.
Que aman y odian con idéntica fuerza, que no reniegan del amor y la violencia.
Que follan como animales en plena luz o en la oscuridad. Con locura y enfermedad, con deseo, tortuosamente, malvadamente y bondadosamente.
Somos los hijos bastardos de Dios, porque nos abandonó, porque estamos absolutamente solos entre la multitud.
Porque cuando unos piden perdón, no nos arrepentimos y no perdonamos en honor a nuestra historia.
Porque nadie nos perdona a nosotros. Nadie nos perdonó.
Porque vida es muerte y muerte es el resultado final de la vida. No hay un más allá por el que valga prostituir el pensamiento y el deseo. No vale la pena vivir como fariseos para nada, por una hostia insípida que se pega irritantemente al paladar aunque la muerdas. La sagrada repostería no tiene una buena escuela.
No existe un mundo post mortem por el que atormentarse.
Somos bastardos de Dios, porque renegamos y vomitamos por leyes y tradiciones que perpetúan la humana miseria.
Odiamos las palabras banales sin sangre, sin fluidos, sin pasión.
Y blasfemamos sin creer en dioses de mierda ni castigos, para no caer en idolatrías cobardes.
Somos bastardos de Dios, porque todos hablan y nosotros escribimos ajenos a sus alegrías y penas. Escribimos porque necesitamos una puerta dimensional para sobrevivir ante tanta vacuidad.
Bastardos porque ellos ríen y yo escribo mi frustración por un tiempo y lugar que no es mío.
Bastardos porque vemos con los ojos muy abiertos un cielo azul y una noche negra con devoción, e ignoramos las sangres vertidas por los mártires en las cabezas de los no muertos.
Los mártires son lo contrario a nosotros (benditos ellos y bastardos nosotros) y son nuestros enemigos, por ser los sodomitas pervertidos y cobardes de dioses, papas, reyes, presidentes, jueces y ricos.
Bastardos que pedimos condenas en lugar de absoluciones y que la mano de una mujer acaricie mis testículos con delicadeza, porque me duelen de tanto bullir, porque están tan cargados y cansados… Pesados de deseo.
(No quiero la mano de Dios, quiero tu mano cálida en mis cojones plenos, mi amor.)
Dios es solo un marqués con derecho de pernada y la humanidad el resultado de toda esa endogamia.

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Iconoclasta

El dolor de la humanidad

A veces no puedo evitar pensar con cierta ternura en el dolor de los niños, de las mujeres y los hombres.
Hay ternura porque sueño en la posibilidad de un planeta hermoso.
No puedo evitar pensar con la misma ternura en las carnes ajenas rasgadas que hacen bien al planeta y a los animales irracionales que lo pueblan al verter su sangre como abono.
Porque es hermosa la sangre que mana tranquila y espesa de las heridas desmesuradamente abiertas como grandes sonrisas banales.
La textura de una malteada roja, roja, roja…
No puedo evitar pensar cuando hay tantas calamidades, que solo así puede salvarse el mundo.
Con ternura infinita, veo a la humanidad como una plaga graciosa a la que someter a experimentos cruentos.
Un hormiguero que aplastar porque no hay cosas mejores que hacer.
Pienso en la falta de libertades, y creo firmemente que pocos las necesitan, que no quieren libertades, solo morir mediocremente.
Y está todo bien, mueren y sufren los que se lo merecen.
Y los que no, también; pero son tan pocos que no importa.
Porque las democracias son contrarias a la equidad y la razón, solo buscan multitud. Y ser iguales, uniformar el pensamiento y clasificar comportamientos en «normal» y «no es normal».
Los pensamientos importantes jamás han trascendido en miles y miles de años, solo trasciende el miedo y las supersticiones que lo conjuran. Solo hay dioses escritos en viejos papiros y en quebradizos papeles.
Los viejos les dicen a los jóvenes, no folléis como nosotros hicimos, no os embriaguéis como nosotros hicimos; es pecado, hijos de la gran puta jóvenes.
Porque la vejez hace peor a los seres humanos, se olvidan de lo que fueron y se coronan con un halo de ciudadano ejemplar y castidad.
Mierda, mierda, mierda…
Líderes que ejercen bajo hipócritas y bastardas ideologías con inconfesables avaricias chupando cigarros con pieles humanas curadas y comiendo en lujosos hoteles piernas de bebés horneadas, que guardan en refrigeradores colgados de ganchos con el pecho abierto los cocineros.
Y tanta gente disfrutando de las horas bajo el sol en la carretera para hacer absolutamente nada.
Es de risa, no hay nada importante en la humanidad; ergo su dolor, es algo que ignorar.
Incluso… Se me escapa la risa.
Es esta ternura que me conmueve.
Es mejor morir que vivir con el cerebro tan vacío y el corazón aburrido de latir siempre igual.
Si la humanidad se duele de algo, sinceramente que tome aspirinas.
Es tarde para la misericordia, es tarde para la paciencia y es buena hora para fumar un cigarro y ver en las noticias tanta muerte de una forma completamente distendida.
No está todo tan mal, hay esperanza.
Lo dice mi discreto sonreír que no es banal, es sincero y obedece a una larga reflexión de inteligencia, vida e historia.

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