Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

12715315_10208852386607995_4496290242295485735_n

No la puedo definir, solo la sufro, mi amor.
La constante erección que se lleva la sangre de mi cerebro, haciéndome incapaz de expresar nada ante ti.

12710750_10208837952447150_736748090200710227_o

La mano tensa en su inmovilidad. Cruenta entre los muslos deseados.
Predadora.
Determinación e impudicia…
Parecemos tranquilos mano y hombre. Y lo estamos, seremos imperturbables hasta que la bella gima y sus ingles se tensen ante la líquida masacre del placer. Hasta que los dedos mueran dulcemente ahogados en su coño.

acoso y derribo

Esas vibraciones de amor que solapas entre las frecuencias de tus cuerdas vocales me impactan con dureza en el ánimo.
En la polla. No puedo con más sutilezas sociales, tú ya me entiendes.
Estoy cansado de dulzuras y ternuras.
Mi pene no es suave, no es hermoso. Es un tronco venoso e impúdico.
Soy el acoso a tu piel y a tus labios, a los cuatro…
No hay parangón en la naturaleza o el arte con mi elaborada obscenidad.
Espoleas mi instinto de caza. Me haces predador en un mundo de civilizadas mentiras, de elaborados rituales donde hombres y mujeres visten ropajes de llamativos colores, con vistosos accesorios, con teléfonos que se meten entre las piernas, en sus coños y anos.
Mi sonrisa esconde el deseo obsceno y fiero de tu carne, la absoluta posesión de tu alma.
Sin importar el decorado, te follaría en el más sórdido rincón del mundo.
Entre cadáveres. En un matadero entre despojos viscosos, resbaladizos…
Me la pones dura y pierdo el control, cualquier asomo de humanidad.
¿Cómo te lo diría? Tu coño es mío.
Eres la más fascinante presa.
Te deseo, te ambiciono íntegra y completa, quiero ser tu pensamiento y una carne clavada en ti.
No puedo perder más tiempo evitando desgarrarte la piel con caricias preñadas de voracidad. Necesito el derribo, que cedas a mi animalidad.
¿Acaso no ves esta erección? ¡Me duele!
¿Crees que esos labios en movimiento, sonriendo, besándome bastan para rendirme? Soy un animal que orina en alto, tu belleza exalta mis instintos más básicos.
Y la víctima soy yo, no me engaño.
Un cruel enamorado, tu furtivo predador. Sin opción, no puedo elegir.
Eres mi desquiciado deseo.
Soy la torva mirada clavada entre tus muslos, acechando sediento y hambriento el momento en el que cedas y tus piernas se separen rendidas a mi fiera ansia, mi desbocada voracidad.
Mi goteante y lácteo deseo.
Una bestia encelada que se frota salvaje contra las ásperas cortezas de los árboles. Castigándome, intentado evitar llevarte a un lugar donde no hay humanos, agotando un último acto de racionalidad.
Donde las bestias sangran de pasión al follar…
Sangro por ti, me mutilo por ti.
Te derribaré, está próximo el momento.
Soy un hombre que desea ser tu pensamiento, penetrar en ti, en toda tú.
Arrancarte del mundo y llevarte al mío.
Me despojas de escrúpulos, me haces bestia, maravillosamente animal.
Lo sabes, cielo. Te gusta ver mi desesperación, disfrutas con ello, mi hermosa hembra de miradas indecentes.
El acoso es un hecho, llega el derribo, mi amor.
Y el derribo, cuando te llene y te invada, avergonzará al mundo entero.
Pero… el derribo es tuyo ¿verdad? Lo has logrado, has conseguido lanzarme a las profundidades, arrancarme todo rastro de sucia y mediocre humanidad.
Eres hermosa en tu soberbia.

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

12495967_10208682300515949_6230457614168225072_o

 

1_1 copyEn Los manuscritos de Iconoclasta.

Reflexiones redes 0 def

Se gestionan con más o menos eficiencia el amor y la ternura. Se exalta el paternalismo.
Y a la ira se la trata como algo a erradicar de los cerebros primates o humanos.
Eso es castrar el pensamiento de la pasión.
Porque hay cosas que deben amarse y otras odiarse .
Sin ira solo queda apatía, amores sin sangre, pálidos, anémicos.
La cobardía es la indignidad más humillante.

SAMSUNG CAMERA PICTURES

Cada rincón de la montaña guarda unos recuerdos.
Es un paseo por la serena y cálida nostalgia.
Al fin tienen un lugar donde descansar mis momentos pasados.
Está bien…
No tenía donde guardar los secretos a la luz.
Se estaban enmoheciendo, se descomponían junto con mi vida. Necesitaban aire, sol, lluvia, hielo…
Ahora están a salvo todos los que vivimos, morimos y sentimos.
Cada rincón da cobijo a un pasado y tiene sus propios aromas, sus colores que identifican los ojos un poco cansados ya.
Hay rincones de la vida y la alegría, del sexo y el placer, del dolor y la muerte, del cariño y la ternura.
La risa y el llanto… Maldita paranoia hermosa…
Tanta tragedia, tanta comedia. Es una obra magna, no debía morir conmigo.
Observaba en tiempos oscuros, desde tristes ventanas las lejanas montañas; sin saber porque mi piel quería desprenderse hacia ellas. Era la tristeza de su lejanía, de la imposibilidad.
No sabía que debía salvar lo vivido, vaciar mi carga y dejar sitio a más vida, a más pasado.
Me horrorizan los ancianos que mueren en sus pasados, que cierran los ojos con melancolía a lo que fueron.
Yo quiero morir en el presente, viviendo cosas nuevas, creando nuevos recuerdos. Continuamente….
Hasta que llegue la Gran Noche de la Luna Nueva Eterna y se mantenga para siempre en mi horizonte.
Tengo un archivo de nostalgias que miro subiendo y bajando montañas. Y de vez en cuando, arranco una hoja para olerla y acariciarla.
Luego, se deshace dulcemente como una muerte buena entre mis dedos.
Soy un presente acariciando el pasado, confortado por el rumor y la sombra de sus hojas pequeñas y hermosas.

Foto copy

Los dedos solitarios se tornan fríos como la escarcha que en la madrugada se forma robando el poco calor que los seres guardan en su interior.
En los dedos solitarios, el frío se posa primero en la piel, en segundos se filtra hacia la carne y luego, imparable, enfría la sangre que contienen, que es bombeada gélida al corazón y al cerebro.
No importa lo mucho que te abrigues, el frío ya está dentro. Te congelas desde el alma hacia los pies; por dentro y desde dentro.
Y es entonces cuando piensas en las cerúleas pieles, en las uñas amoratadas, en párpados que se abren repentinos sin voluntad y los dedos misericordiosos que los cosen.
Sin embargo, el frío de la soledad no mata, se queda en el justo grado de helor para que puedas escribir de tu desprotegida piel, del calor que sabes que no llegará nunca. Tomas la pluma y escribes frío tras frío, como en épocas antiguas de mantas en hombros y piernas y unos dedos demasiado rígidos, a la luz de un pábilo agitado por la tristeza.
El frío de la soledad no te mata, solo espera y asiste frotándose ávidamente las manos, a tu suicidio.
Te asomas a los vidrios sucios de la ventana, para ver la luna lanzando sin piedad sus rayos de hielo sobre la faz de la atormentada tierra.
Sobre ti.
Y observas la piel que el frío ha cortado, que apenas contiene la sangre de tus dedos y vuelves a la mesa a seguir escribiendo; porque así haces tu pensamiento sólido, multidimensional; puedes incluso sentir su dureza en la oscuridad al pasar los dedos por él.
Existes más que en ningún otro momento de calidez.
El mecanismo es preciso, es certero; sino tienes la piel que te ha de confortar, la escribes y describes en un paranoico concierto de rasguños y golpes de plumín sobre el papel y la mesa. Haces tu tragedia tangible y mensurable. Y todo ese esfuerzo se convierte en calor.
El papel arde con letras al rojo vivo.
La transmutación del pensamiento en materia, solo es posible cuando hay una fricción que provoca el calor, cuando es tu gélida y desconsolada sangre la que escribe.
Luego, en un rincón oscuro donde no llegue la luz de la vela que tiembla, te llevarás al pecho esos pensamientos arrugados con los puños crispados y llorarás una cálida tristeza. Te sentirás trascender, concluirás que amar es tragedia. Que la voluntad y la soledad son los dos átomos que forman la molécula de la libertad. Y la libertad es creación.
Y se sabe que todos los partos del mundo duelen.
Eres un privilegiado al hacer materia del amor. Un combustible.
La soledad a esas alturas de la madrugada, es un cigarro entre los dedos y unos ojos que se cierran con sueño ante el papel. Es una sonrisa triste al meditar sobre tu propia locura.
La fría soledad se esfuma lanzándote imprecaciones, porque hoy no habrá suicidio. O al menos, ahora.
Guardas ese papel arrugado en un cajón con la ingenua esperanza de que un día, vivo o muerto, tenga entre sus manos la masa de tu pensamiento y sepa así que no fueron solo palabras, si no sueños que congelaban el alma.

1

2

3

4

5

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

 

Aberrante

No puedo decir que tengo alma, porque si así fuera, sería ahora mismo un gas entre tus pechos y tus muslos.

Penetrando tan dentro de ti, que te tendrían que exorcizar.

Como no tengo alma, cuando no te follo estrangulo el pene hasta que colapso la circulación sanguínea y siento que revienta. No es una parafilia, es el desmedido deseo sin consuelo cuando no estás.

Una mortificación por mi imposibilidad.

Soy duro conmigo mismo. Soy estricto.

Aunque el semen se escurra y enfríe entre mis dedos, sin que la piel deseada conforte con su tibieza a los hijos que no nacerán; no ha habido placer.

¿Es posible correrse con un llanto? Lo es, te lo juro.

No follarte es una aflicción que hace de mí una monstruosa obscenidad.

Soy aberración para la humana serenidad.

Soy tu doliente pornógrafo con el pecho sucio de ceniza y los dedos pegajosos sin saber qué hacer con eso.

Y un pene que palpita herido las últimas arcadas de un llanto.

Oscuro como el corazón de los dioses.

 

f4b59-ic6662bfirma

Iconoclasta

Reflexiones redes 2 def

Si sale vapor de la tierra es por un efecto termo-dinámico.
No es materia espiritual.
La orina no desprende un vapor místico.
Somos de una vulgaridad desesperante, los escritores deberían callar sus letras bellas que prometen trascendencia. No deberían crear ilusiones en los ingenuos.
Pero no son preocupantes los eufemismos cuando se tiene el conocimiento de la absoluta imprescindibilidad de los humanos.
La única forma de trascender es morir.
Y meterme en tu coño deseado.