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Te juro que no
Publicado: 18 febrero, 2016 en Amor cabrón, ManuscritosEtiquetas:amor Amor cabrón crudeza Iconoclasta manuscrito obscenidad Pablo López Albadalejo pasión Sexo ultrajant
Noche de luna nueva
Publicado: 17 febrero, 2016 en Amor cabrónEtiquetas:sexo, amor cabrón, pasión, luna nueva, novilunio, deseo, lujuria, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Ultrajant,

(Novilunio)
Hoy no hay luna llena, la luna está muerta.
No hay claridad que dé consuelo al atávico temor nocturno. La oscuridad se comió el resplandor de hielo. No hay luz sobre las pieles, no somos siquiera siluetas tenuemente dibujadas; somos sombras de sombras.
Gemidos perdidos que flotan en la negritud. Que emergen de entre las piernas y los labios entreabiertos, donde quiera que estén.
La luna llena es tan decente… Alguien debiera apagarla para siempre.
Noches de luna nueva
y oscuros deseos.
Noche de luna oculta
y sexo acechado
por dedos pérfidos
y tenaces.
Los lobos callan la inexistencia de la luna y todos los seres cierran sus ojos para soslayar que sus pieles no reflejan luz, o vida.
La luna nueva niega nuestro ser.
Castiga vanidades infundadas. Vidas prescindibles.
Y nos arranca la máscara de la púdica decencia para que nos violemos con los ojos inútiles.
La noche de luna nueva, luna muerta… La más oscura, no hay brillos azules y helados que localicen tus ojos.
Ni tu coño.
Tanteando humedades
arrancando jadeos.
Conduciendo
con lengua y dedos
por la oscuridad
tersa de tu piel
el placer de tu coño.
Que lo vomites en gemidos
y blasfemias
por tus labios temblorosos.
Y yo digo que somos ciegos y estamos en la tierra obscena de la carne. El más puro y ancestral lenguaje de la sudorosa y muda piel.
Nada vivo puede ver mi venas dilatarse ante el estallido sanguíneo que provoca tu proximidad cálida en mi glande intranquilo.
Es luna muerta de humedades secretas. Es luna cadáver para sentir tu piel pegada a mí y tomarte en la sacrílega impunidad con obsceno valor.
El miedo no existe, solo la frontera que marca el elástico de la prenda que cubre tu coño.
Mis dientes apresan y presionan tu pezón a través de la tela para despertarte en esta oscuridad donde palpito con dureza.
Y despiertas lentamente, excitada y aturdida con los ojos abiertos, vendados por la nueva luna. Por la erógena luna.
Por la puta luna.
Jadeas y levantas la camiseta que te cubre y tomas mi cabeza y la acercas a tu pezón erizado y duro, sin palabras que enturbien el jadeo caliente. Me oprimes para que lo succione sin pudor, hasta casi el dolor.
Y tu pecho se inflama tomando aire para soportar el placer negro.
Mis dedos se infiltran como predadores entre el elástico-frontera, acariciando, casi arañando con hambre tu monte de Venus y tus muslos se rinden a la invasión. Y siento que resbalo, que me precipito por la cresta de los labios que segregan la baba del placer.
Soy un animal rozándose en tu muslo, ardiente.
Dejando mi cálido humor sexual como una marca de posesión. Si hubiera luz, si la luna no estuviera muerta, un camino húmedo se vería trazado en el muslo en el que me masturbo a la espera de metértela. Con toda ansia, con toda brutalidad.
¡Desespérate! Deja que nos cubra la muerta luna y hagamos sacrificio pagano de tu coño y mi polla.
Tanteas con urgencia
con tu mano trémula
buscando mi bálano
palpitante,
resbaladizo y caliente.
¡Hazme daño! Aprieta, retuerce y clava tus uñas en mi pene hambriento e impío. Que la sangre libere la presión suicida de mi deseo de clavarme en ti, enterrarme en ti, en la oscuridad de una tumba pornógrafa.
Jadeas excitada ante mi gemido de dolor-placer. Eres oscura lascivia, la luna muerta también te ha poseído y sé que en tus uñas hay sangre mía.
Mi glande llora
espeso humor,
por el meato entreabierto
y hambriento.
Como un ojo que quiere ver
pero es ciego.
Un filamento de
placer enredado
entre tus dedos.
¡Hazme daño, más! Susurro en tu oído, en la oscuridad; invadiendo con los dedos tu vagina ofrecida. Sintiendo tu pelvis inquieta, acomodándose a lo que te invade, oprimiendo al invasor.
Y de un tirón desnudas mi glande sensible y gimes de placer de nuevo al sentir mi espasmo de dolor.
Eres furia y puta en esta noche oscura. Y nos gusta, si algo nos iluminara, veríamos nuestro semblante obsceno como indecentes y peligrosos mimos.
Cubro sin cuidado tu duro clítoris con un dedo y mantengo la presión, te siento próxima a estallar. Sostengo el castigo como venganza al pene herido, escucho tus pulmones detenerse ante el placer que estalla por la indecencia que te oprime el puto coño.
Y violenta te incorporas
te clavas
me cabalgas…
Hasta que lo negro
es blanco y caliente
chorreando por tus muslos.
Y mis dedos
crispados en tus pechos
acompasan los
estertores lácteos.
Tu raja gotea sobre mi pubis un semen que tal vez, un día fuera blanco. Y desfallecemos en la oscuridad escuchando los resuellos pintados de negro. Solo los brazos se rozan observando con los ojos innecesariamente cerrados, el lugar donde debería haber un techo.
Luna negra y estéril
de único y absoluto placer.
No enturbies la sagrada obscenidad
con fecundidad alguna.
No nos hagas vulgares.
A la mañana siguiente, destacas en el calendario de la cocina la próxima muerte de la luna, mientras pegado a tu espalda masajeo tu vagina otra vez empapada.
Mordiéndonos los labios con pagana lujuria.
¡Ave, luna muerta! Los que se están corriendo te saludan.
Sangre y semen a la gloria oscura del novilunio.

Iconoclasta
Las frecuencias temporales
Publicado: 11 febrero, 2016 en Amor cabrón, LecturasEtiquetas:amor cabrón, deseo, sexo, amor, pasión, brutalidad, tiempo, locura, Iconoclasta, Ultrajant, Pablo López Albadalejo,

Estoy sometido a una frecuencia de tiempo alterna. Aquella que oscila entre la alegría y la tristeza, entre la paz y la desesperación.
Un orgasmo explosivo en tu coño o la muerte de una sonrisa.
Amarte no es difícil, es algo que fluye de manera natural.
Que trasciende las tierras, las aguas y los aires.
Amarte se come el tiempo, se me pasa la vida en segundos besándote y sintiendo tu piel contra la mía, en la mía.
En el tuétano de mis huesos.
Soy una estrella fugaz cuando mi sexo se ha fundido con el tuyo.
Se funden como si fueran la misma carne.
No sé donde empieza tu coño o mi polla. Soy un caos dentro de ti. Un chapoteo convulso en el que busco suicidio.
Y muto en patética eternidad cuando no estoy en ti, pegado a ti, escuchándote o mirándote. Cuando no estás el tiempo se detiene y la sangre con él, que baja por gravedad donde debe, dejando al corazón con tristes latidos y el pensamiento colapsado por la animalidad del deseo inconsolable.
Se va toda la sangre abajo, creando una dureza que no puedo calmar por profunda que introduzca mi mano.
Soy una puta bestia, cielo.
Me falta tu magia, amor.
Tengo clavada entre las piernas una estaca cárnica que me hace gemir buscándote como un animal en celo.
Amarte fluye, pero si no estás me es imposible mantener el control. La felicidad se va a la mierda, cielo. Soy un desgraciado, amor.
Un reloj estropeado.
Soy los dedos que gotean un semen que se enfría en el suelo polvoriento.
Sin ti la erección es la cruz que cargaba Cristo, humillante y mortificante.
Soy el diapasón esquizofrénico de tiempos y compases que dictan tu proximidad y ausencia.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta
¿Qué es la fibra sensible?
Publicado: 10 febrero, 2016 en Amor cabrón, fotografía, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

No la puedo definir, solo la sufro, mi amor.
La constante erección que se lleva la sangre de mi cerebro, haciéndome incapaz de expresar nada ante ti.
La mano impía
Publicado: 8 febrero, 2016 en Amor cabrón, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

La mano tensa en su inmovilidad. Cruenta entre los muslos deseados.
Predadora.
Determinación e impudicia…
Parecemos tranquilos mano y hombre. Y lo estamos, seremos imperturbables hasta que la bella gima y sus ingles se tensen ante la líquida masacre del placer. Hasta que los dedos mueran dulcemente ahogados en su coño.
Acoso y derribo
Publicado: 28 enero, 2016 en Amor cabrónEtiquetas:amor cabrón, pasión, brutalidad, irracionalidad, seducción, amor, descontrol, sexo, dominación, belleza, descenso, violencia, instinto, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Ultrajant,

Esas vibraciones de amor que solapas entre las frecuencias de tus cuerdas vocales me impactan con dureza en el ánimo.
En la polla. No puedo con más sutilezas sociales, tú ya me entiendes.
Estoy cansado de dulzuras y ternuras.
Mi pene no es suave, no es hermoso. Es un tronco venoso e impúdico.
Soy el acoso a tu piel y a tus labios, a los cuatro…
No hay parangón en la naturaleza o el arte con mi elaborada obscenidad.
Espoleas mi instinto de caza. Me haces predador en un mundo de civilizadas mentiras, de elaborados rituales donde hombres y mujeres visten ropajes de llamativos colores, con vistosos accesorios, con teléfonos que se meten entre las piernas, en sus coños y anos.
Mi sonrisa esconde el deseo obsceno y fiero de tu carne, la absoluta posesión de tu alma.
Sin importar el decorado, te follaría en el más sórdido rincón del mundo.
Entre cadáveres. En un matadero entre despojos viscosos, resbaladizos…
Me la pones dura y pierdo el control, cualquier asomo de humanidad.
¿Cómo te lo diría? Tu coño es mío.
Eres la más fascinante presa.
Te deseo, te ambiciono íntegra y completa, quiero ser tu pensamiento y una carne clavada en ti.
No puedo perder más tiempo evitando desgarrarte la piel con caricias preñadas de voracidad. Necesito el derribo, que cedas a mi animalidad.
¿Acaso no ves esta erección? ¡Me duele!
¿Crees que esos labios en movimiento, sonriendo, besándome bastan para rendirme? Soy un animal que orina en alto, tu belleza exalta mis instintos más básicos.
Y la víctima soy yo, no me engaño.
Un cruel enamorado, tu furtivo predador. Sin opción, no puedo elegir.
Eres mi desquiciado deseo.
Soy la torva mirada clavada entre tus muslos, acechando sediento y hambriento el momento en el que cedas y tus piernas se separen rendidas a mi fiera ansia, mi desbocada voracidad.
Mi goteante y lácteo deseo.
Una bestia encelada que se frota salvaje contra las ásperas cortezas de los árboles. Castigándome, intentado evitar llevarte a un lugar donde no hay humanos, agotando un último acto de racionalidad.
Donde las bestias sangran de pasión al follar…
Sangro por ti, me mutilo por ti.
Te derribaré, está próximo el momento.
Soy un hombre que desea ser tu pensamiento, penetrar en ti, en toda tú.
Arrancarte del mundo y llevarte al mío.
Me despojas de escrúpulos, me haces bestia, maravillosamente animal.
Lo sabes, cielo. Te gusta ver mi desesperación, disfrutas con ello, mi hermosa hembra de miradas indecentes.
El acoso es un hecho, llega el derribo, mi amor.
Y el derribo, cuando te llene y te invada, avergonzará al mundo entero.
Pero… el derribo es tuyo ¿verdad? Lo has logrado, has conseguido lanzarme a las profundidades, arrancarme todo rastro de sucia y mediocre humanidad.
Eres hermosa en tu soberbia.

Iconoclasta
Obscena maldición
Publicado: 17 enero, 2016 en Amor cabrón, Lecturas, Maldito romanticismo, ManuscritosEtiquetas:manuscrito, erotismo, amor, romanticismo, amor cabrón, deseo, Iconoclasta, Ultrajant, Pablo López Albadalejo,

Odiada mía (manuscrito)
Publicado: 29 diciembre, 2015 en Amor cabrón, ManuscritosEtiquetas:amor, desesperación, Iconoclasta, manuscrito, Pablo López Albadalejo, pasión, Ultrajant
La imprescindible ira
Publicado: 28 diciembre, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

Se gestionan con más o menos eficiencia el amor y la ternura. Se exalta el paternalismo.
Y a la ira se la trata como algo a erradicar de los cerebros primates o humanos.
Eso es castrar el pensamiento de la pasión.
Porque hay cosas que deben amarse y otras odiarse .
Sin ira solo queda apatía, amores sin sangre, pálidos, anémicos.
La cobardía es la indignidad más humillante.
Montañas de recuerdos
Publicado: 26 diciembre, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,

Cada rincón de la montaña guarda unos recuerdos.
Es un paseo por la serena y cálida nostalgia.
Al fin tienen un lugar donde descansar mis momentos pasados.
Está bien…
No tenía donde guardar los secretos a la luz.
Se estaban enmoheciendo, se descomponían junto con mi vida. Necesitaban aire, sol, lluvia, hielo…
Ahora están a salvo todos los que vivimos, morimos y sentimos.
Cada rincón da cobijo a un pasado y tiene sus propios aromas, sus colores que identifican los ojos un poco cansados ya.
Hay rincones de la vida y la alegría, del sexo y el placer, del dolor y la muerte, del cariño y la ternura.
La risa y el llanto… Maldita paranoia hermosa…
Tanta tragedia, tanta comedia. Es una obra magna, no debía morir conmigo.
Observaba en tiempos oscuros, desde tristes ventanas las lejanas montañas; sin saber porque mi piel quería desprenderse hacia ellas. Era la tristeza de su lejanía, de la imposibilidad.
No sabía que debía salvar lo vivido, vaciar mi carga y dejar sitio a más vida, a más pasado.
Me horrorizan los ancianos que mueren en sus pasados, que cierran los ojos con melancolía a lo que fueron.
Yo quiero morir en el presente, viviendo cosas nuevas, creando nuevos recuerdos. Continuamente….
Hasta que llegue la Gran Noche de la Luna Nueva Eterna y se mantenga para siempre en mi horizonte.
Tengo un archivo de nostalgias que miro subiendo y bajando montañas. Y de vez en cuando, arranco una hoja para olerla y acariciarla.
Luego, se deshace dulcemente como una muerte buena entre mis dedos.
Soy un presente acariciando el pasado, confortado por el rumor y la sombra de sus hojas pequeñas y hermosas.
