Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

¿Vivir sin amor?

Publicado: 11 noviembre, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Sé qué es el amor porque conozco el odio y el asco.
Hay quien dice que no se puede vivir sin amor. Yo digo que es mentira; la intensidad del odio te lleva a respirar grandes bocanadas de aire.
Quien no imagina vivir sin amor comete un acto de ingenuidad.
No es que sea mentira lo del amor y la vida; pero no ha conocido el odio.
Y el odio no es nada desdeñable.
Y si además le añades sexo ¿para qué quieres amor?

Cansados

Publicado: 9 noviembre, 2015 en Amor cabrón
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Cansados

Llega a casa y se deja caer en el sillón, al lado de su hombre.
Se besan.
—Estoy cansada.
Ha subido el vestido por encima de las rodillas para dar consuelo a las piernas que parecen arder. Y apoya la cabeza en el brazo del hombre dejando ir un suspiro de liberación por una jornada de trabajo tan cansina como la de ayer.
Él piensa en el insoportable calor, en las suaves piernas de su mujer y en su polla que se desarrolla libre dentro del pantalón ante el contacto de la cálida piel.
Lleva la mano por debajo del vestido, hacia los muslos firmes de la fatiga.
Ella dice «no» con cierta desidia.
Él mete los dedos por el elástico del tanga, en la ingle izquierda y acaricia sutilmente los labios, despacio, sin invadir.
Ella dice «no» y separa las piernas.
El separa mínimamente los labios y ella se tensa al sentir el clítoris emerger.
Ella dice «no» y sus manos toman suavemente el brazo que mueve la mano en su coño, para asegurarse de que no cese de tocarla.
Él se baja la cintura elástica del pantalón y muestra su pene erecto.
«Me duele» le dice.
Ella lo aferra con fuerza y abre las piernas, los abductores de las ingles se tensan. Le ofrece su sexo indefenso.
«Te voy a arrancar el cansancio por el coño», le dice el hombre al oído, en un susurro.
Y un dedo aplasta su clítoris desesperadamente.
Toma una profunda bocanada de aire con los pezones erizados. Su mano agita, sin pretenderlo, el pene húmedo y resbaladizo.
Y siente los espasmos que produce la sangre que lo llena. Es paroxismo puro entre sus dedos y en su mente.
La mano se cierra fuerte entre sus muslos acaparando la vagina completamente, y se acomoda a esa cosa recia que la oprime empujando con la cadera.
No se da cuenta que ha cerrado con tanta fuerza el puño en el pene, que lo estrangula y el glande luce púrpura por la congestión sanguínea. Él gime muy cerca de su oído.
Ella también. Gime porque su vagina parece un volcán estallando y vaciándola de energía en un prolongado orgasmo. Su puño cerrado en el pene de su hombre es un frenético temblor.
Ella susurra:
«¿Por qué siempre cuando te digo que estoy cansada?»
Él responde en secreto:
«Porque tu voluntad está deliciosamente débil»
Ella dice con picardía haciendo cosquillas en su oído:
«No estoy cansada, amor».
Libera y presiona, ahora sí, el pene con un ritmo uniforme.
Él apenas puede susurrar entrecortadamente:
«Déjame ser perverso, malo. Me imagino abusar de ti indefensa»
Ella sonríe y deja caer su cabello sobre el pubis del hombre, sobre su pene.
Antes de cerrar los labios en el palpitante glande, dice:
«Estoy derrotada, amor»
Lleva la otra mano a los testículos y se los masajea sin cuidado mientras eyacula salpicando su mentón, el cabello. El semen corre perezoso entre sus dedos. Siente en su mejilla los espasmos del vientre.
Y piensa con una sonrisa en las voluptuosas mentiras que combaten y conjuran las asépticas verdades diarias.
«No te quiero» dice ella.
«Yo tampoco» responde él.
Y sin darse apenas cuenta se quedan dormitando muy juntos, relajando las aceleradas respiraciones y el ritmo cardíaco.
No están cansados de un puto día de trabajo.
Quién lo diría…

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Iconoclasta

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El dolor no forja ni endurece.

No hace fuerte a nadie, no lo curte.

El dolor enfurece, provoca miedo y fatiga y hace asquerosa la vida.

No tiene nada bueno. Los sofistas y piadosos no saben de qué cojones hablan, no tienen ni idea. Si sufrieran dolor, matarían a sus hijos si fuera oportuno para librarse de él.

El dolor no es virtud, es el constante aviso de que algo va terriblemente mal.

Y la certeza de que con el dolor no va a haber un final feliz, eleva la ira al cuadrado.

Pero si alguien es amado por alguien que padece, debe saber que se encuentra entre los seres más amados del planeta: siete u ocho como máximo. Nueve si diera la casualidad de que está naciendo otro ser tan amado en este momento.

Que nadie busque ventajas y consuelos en el dolor. Sería cobardía y una patética candidez.

La inocencia, a partir de según que edad, pasa a ser hipocresía o imbecilidad.

Solo el ibuprofeno en dosis de 800 mg. por comprimido, puede dar un efímero consuelo.

«Hola, cielo.
No quiero ser romántico, no es un buen momento porque hay un dolor que pulsa muy adentro, donde la mano posándose no puede conjurarlo o consolarlo.
Y me lleva peligrosamente a la ira, a descerrajarme un tiro en la puta cabeza.
Solo quería decirte que si no hubiera tanto dolor, te sonreiría más a menudo.
Y te juro que si no te amara tanto, no te hablaría nunca.
Y éste último juramento es pura retórica, porque si no te amara con todas mis fuerzas, no estaría contigo. Jamás sumaría al dolor el hastío.
Te amo con todo mi dolor.»

El demiurgo
«…bueno, entonces agradezcamos al demiurgo por el reencuentro.
Y ahora sí me voy convenciendo que nunca es tarde para lograr lo que se quiere»

Nunca es tarde. Aún muerto buscaré la forma de lamer tu pensamiento y tus palabras, sólida e inextricablemente unidas a la piel y la carne que deseo .
No hay concepto de amor sin tu pensamiento, sin cada palabra que dices en el momento preciso, con la pasión segura, con la firmeza absoluta.
No basta la carne, lo quiero todo.
Podría haber agradecido a un dios el reencuentro, pero no sería específica, sería demasiado fácil. E infantil.
Y ella puede ser cualquier cosa, pero infantil sería una idea desconcertante, absurda.
El demiurgo en su connotación y en su fonética provoca una turbación atávica en la razón, hace banal al dios conceptual y universal.
Su idea es absolutamente efectiva y acertada, es tan inteligente la muy amada…
El demiurgo… El creador y administrador de un caos o el universo. Como si un idiota (dios usual) creara algo verdaderamente complicado y otro ente (el demiurgo) tuviera que dedicar su tiempo a darle coherencia y orden.
El demiurgo es más que un dios: la parte imbécil de la divinidad, la que crea cosas y seres por aburrimiento, con despreocupada crueldad. Y luego retoca.
Ergo, usa la inteligencia, se da cuenta de lo que mucho que se ha equivocado.
Cosa que explica tantas miserias: a veces sufre accesos de ira contra sí mismo.
A mí me ocurre.
El demiurgo es creador y responsable, un dios es solo un idiota con suerte.
Hay filósofos que llegan a la conclusión de que el demiurgo es el pensamiento humano y otros que es la maldad; pero lo cierto es que no hay maldad en el pensamiento humano, solo una falta de eficiencia intelectual.
Semánticamente dios y demiurgo es lo mismo: creadores.
La semántica me la paso por el culo, hay palabras que llevan encerradas sutiles y subliminales imágenes en su redacción y dicción. Lo culto es tentacular, no se conforma con la versión para dummys.
Me gusta creer en el demiurgo. Y en los centauros si ella los nombrara.
Agradecer al demiurgo el reencuentro…
Como si el demiurgo no tuviera cosas mejores que hacer.
Ella es el demiurgo y si es maldad, beberé maldad entre sus piernas, la sorberé de sus pechos y de sus labios.
Y la he imaginado desnuda, hermosa. Potente ordenando las cosas del universo, poniéndome frente a ella, donde debo, donde quiero estar.
Solo sé que es más inteligente que yo, y es privilegio para un ser de mis características, de mi cultivada brutalidad.
En cualquier caso, sea cuestión de azar o de la voluntad de una entidad divina y oscura, en este reencuentro yo gano y ella no tiene fortuna como yo.
Yo gano su amor, su pensamiento («no dejes de pensarme» me dice y yo siento que me hago jugo de vanidad), su belleza y su piel.
Ella solo gana algo como yo.
Pobre demiurgo cegato.
Necesita lentes.
Urgentemente.
Haré lo posible para que me adore desbocadamente, para que se sienta absolutamente amada, tanto que sentirá que soy lo mejor que ha creado. No tengo escrúpulos, creo en la mentira porque la verdad es mediocridad, desencanto y tedio; es absolutamente innecesaria mentarla. Las verdades existen para ser ignoradas, para estrellarme contra un muro pensando que no puedo morir. Es mi capricho y la verdad no tiene poder de convicción.
Quien sepa de la vida no necesita averiguar verdades, solo usarlas o desecharlas a su conveniencia. Los hay que nacemos enseñados y los hay inseguros que necesitan cantar sus verdades continua e hipócritamente, o buscarlas husmeando y envidiando vidas y espacios ajenos.
Las verdades son para los niños, los hombres solo buscamos el demiurgo y su cegata voluntad para lamer sus ingles deslizándose sin pausa hacia el eje de simetría de sus muslos.
Ordenando el universo a lengüetazos lentos y arrastrados.
Dejando mi vida en sus manos, que le dé sentido, que me haga útil.

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Iconoclasta

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Es hora de decirte obscenidades al oído. Ya he dejado claro al universo lo desesperadamente que te amo.
Ahora por tus ingles ha de correr la baba que escurre de mis belfos y tu monte de Venus debe lucir el rastro de mis dedos que lo acarician lascivamente crispados.
Ahora el alma reside en tu coño.

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– ¿Sabes, cielo? Apartir del momento en el que empiece a besar tu vientre, lo que te haré rozará la ilegalidad.
Ella sonríe agitando los pechos brillantes de rastros de una lengua voraz, separando obscenamente las piernas ante leyes y decencias.
Hunde los dedos en su cabello y le obliga a beber todo asomo de moralidad y legalidad que se le derrama. El derecho no existe, solo la dictadura del deseo.
Y la sonrisa se convierte en gemido. Y el gemido, en una blasfemia de placer.

Perdóname

Publicado: 23 octubre, 2015 en Amor cabrón
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Perdóname

No llores, mi amor.

No cuando no puedo darte el calor de mi piel.

¿Te das cuenta de lo hermosa que te hace tu tragedia? ¿Te das cuenta de mi angustia por las lágrimas que se bebe la tierra sin que corran por mi pecho?

No llores si no puedo envolverte, ten piedad…

No muestres tu tristeza a este mundo de mierda.

¡Qué valiente eres!

Confieso que tu llanto es mi paz. Me construye como tu hombre, porque no existe nada tan íntimo que asistir a tu tristeza en la madrugada.

Todo irá bien, cielo.

Perdóname por verte tan hermosa, tan mujer cuando la tristeza te abruma.

Perdóname por amar tus lágrimas.

Amarte me hace egoísta y tu llanto pone a prueba mi decencia.

Temo amarte más, porque descubrirá lo más bajo de mí, lo que yo mismo me niego.

Llora en mí, hazme saber que soy tu consuelo, tu fortaleza.

Llora…

Perdóname, amor.
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Iconoclasta

Psicoamantes

Publicado: 15 octubre, 2015 en Amor cabrón
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Psicópatas del amor que se dan a tumba abierta sabiendo que va a doler el aterrizaje en la realidad. Psicópatas malditos que se matan con duros golpes de melancolía a sí mismos, imaginando serenos cafés compartidos en albas y ocasos, soñando conversaciones íntimas en lugares donde solo existen ellos.

Imprudentes afirman ser; es cierto, lo son con el mundo y consigo mismos. Escriben lo que aman para que el amor y el deseo se hagan táctiles pagando con sangre y lágrimas. Están malditos con su habilidad para cifrar en el papel eróticas cábalas y enigmas que se esconden en el pecho y entre las piernas.
Los sentimientos más profundos… Desesperanzadores…

Se despeñan en sus intimidades y la cuerda se deshilacha en el borde de la razón.
«Voy a morir un poco, aún tengo vida para ello» y escriben lo que aman dejando que la pluma se alimente de sus venas.
Y por una cuestión de estadísticas, de improbabilidades y escasez, lo que se ama es extraño, es exótico y está en otra galaxia, está en otro lugar, está en otras manos.

Psicópatas porque la realidad les golpea con un dolor que es suicidio, con una cadencia de muerte lenta. Con las voluntades últimas gemidas en un cadalso que nadie ve y que a sus cuellos se ciñe con una risa maliciosa.
Sostienen su vida con las ingles encendidas, con el corazón arrítmico, con un sexo que no acaba de dar consuelo con su explosivo orgasmo psicótico; un derrame de semen, unas braguitas manchadas, dientes que muerden los propios labios y unos pechos dolorosamente erectos.
Apenas pueden llevar su psicosis en secreto, es agotadora la locura consciente.
La insania cultivada, los dedos crispados y el pensamiento vectorial directamente acelerado a un único ser. Es una pesada carga.
Que se jodan, por locos.

Cabrones, cabrones… Cómo sufrís…
Deberían morir, algo los debería matar como única esperanza mitológica de resolución a un amor que a veces colapsa los pulmones y cuesta dios y ayuda aspirar el bendito aire.
Se crean y recrean sus propios e íntimos tótems para hacer altares que nadie pueda descifrar, para que los dolores se queden en un dije apresados.
Relicarios de amor y amantes templarios en tiempos electrónicos.
Estáis locos, hijos de puta, sois un alarde de auto-tortura en un mierdamundo, en una mierdarealidad.
Escribas que se apresuran a realizar papiros que les sobrevivan de conversaciones secretas y sueños.
Estáis fuera de tiempo, locos hijos de puta.

Me enciende el coraje ese denuedo vuestro por preservar el calvario de amar.

Dan vueltas al café y no diluyen el azúcar, se están diluyendo a sí mismos en otras dimensiones. Un día, durante esos tristes y solitarios cafés de tinta y papel, se esfumarán en el aire, saldrán de la mediocre dimensión y sus moléculas se reintegrarán en la dimensión que ellos buscan y se buscan.
Psicópatas, psicoamantes… Sois unos hijoputas, porque hacéis del mundo un muladar con esa exclusividad íntima. Tan secreta, tan doliente…
Con esa constancia por odiar todo lo que os rodea que no sea vuestro amante.

Lo que temo, es que un día, podáis matarnos a todos con la fuerza de ese amor psicótico, provocando masacres sísmicas que alteren la forma de la tierra, de las galaxias y del finito universo.

Tal vez un día tomen café en una mesa llena de papeles escritos, viejos y apenas legibles, en un lugar donde camareros inmóviles dejan escapar escarabajos por sus bocas congeladas y sostienen una bandeja en sus manos embalsamadas desde eones.
Sois terroríficos, psicoamantes.
Me dais miedo…
Y un poco de pena.

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Iconoclasta

Captura

http://vocessubversivas.com/2015/10/14/una-maldicion-de-amor-barroca/

Algo de amor desmesurado y una excelente presentación de Marlyn Centeno, la directora de Atramentum, una cuidadísima revista literaria.
Allá nos vemos, nos leemos.