Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’
Me bañaré de la vida y la muerte que hay en la naturaleza.
En la íntima fronda de las montañas.
Y en mares de salvaje pureza, donde los peligros son transparentes y la belleza ondulante.
Lo quiero todo: hambre y comida, sed y agua, el canto de los pájaros y el silencio de los escorpiones. La velocidad del tiburón, el chac-chac de un cangrejo.
Quiero fundirme entre lo vivo y lo muerto, y arrastrar mi pene hambriento de ti, por las toscas cortezas de pinos y robles. Quiero castigar a la bestia, hasta encontrar el íntimo e insondable reposo de tu carne.
Hacer surcos en la arena y herir mi rabo endurecido en arrecifes cortantes.
Me enloqueces, haces aberrantemente obscena mi locura.
Quiero amarte en la espesura y a cielo abierto, con el sol ardiendo en nuestras pieles.
Es mucho pedir, lo sé; pero jamás he estado tan adentro del planeta como ahora. Jamás he deseado tanto llevarte de la mano a profundidades y superficies.
Ser libre y salvaje amándote. Libre de escrúpulos, usaré cada trozo de tu piel. Morderé.
Sin freno, sin cordura.
No puedo ni quiero desear menos, mi amor.
Quiero lamer tu cuerpo de bronce esculpido por antiguos clásicos, quiero pasar mi lengua por tus partes más blancas, más pálidas, más urgentes.
Dijéramos que no queda en mí ya inteligencia, solo es un instinto cargado de amor y deseo.
La inteligencia quedó allá enterrada entre un decorado de hormigón y cristales. La destruí, la pulvericé.
Dijéramos que te amo brutalmente.
Patológicamente dirían los cuerdos.
Patológicamente para mí, porque cuidaré tu cuerpo y tu alma, y seré el oso guardián de tu vida. Una esfinge con la entrepierna palpitando como un corazón más.
Las diosas tienen animales para su protección, yo soy uno, úsame como un cerbero con un pene entumecido y colapsado de sangre, diosa.
Bautízame con tus muslos en mis fauces y clava tus uñas en mi piel, arranca mi pelaje cuando tu respiración se colapse por el lujurioso embate que arqueará tu cuerpo cubierto de diamantes de sal.
Quiero meterme profundamente en tu carne, porque es mi bosque y es mi mar.
Eres una isla en un mar turquesa, eres un cielo azul que pinta la arena blanca creando otro cielo, otro imposible, otro milagro…
Eres naturaleza y yo soy tu creación. Eres responsable de mí, no me dejes fuera de ti.
Yo te lo ordeno, yo te lo pido, yo te lo ruego. Las bestias no lloran, no dejes que pierda la dignidad de la ferocidad, porque es lo único que queda en mí.
Deja que cubra lo más pálido y lo más íntimo de ti, dame ese privilegio.
Antes de morir si pudiera ser, soy una bestia que devora los segundos sin control.
Soy el tiburón, soy el lobo, soy el delfín y soy el ciervo. Soy la crueldad y la ternura.
Soy un producto de la naturaleza y tú eres su personificación.
Me lo dice mi cerebro antiguo y pequeño; como el jardín zen que con solo una piedra y una línea en la arena, alcanza tras muchos años la perfección absoluta y la paz de quien lo creó.
He llegado a lo más elemental, me he reducido a esencia pura.
Quiero penetrarte profundamente hasta acariciar tu alma y devorarla… Ser tu Fausto animal y hacernos inseparables.
Que se pudra el planeta cuando te arranque de sus brazos para cubrirte con los míos, para invadirte hasta dudar de la existencia.
Eres mi Naturaleza, sin ti soy mierda.
No puedes no amarme.
No puedes…
Llegamos a lo más profundo que pudimos, nos amamos hasta el dolor y la euforia de las ilusiones que prometíamos tatuar en la piel; pero el planeta no tiene simas ni alturas tan profundas y altas para contener tanto amor.
Falta espacio, falta tiempo.
Se hizo pequeño el volumen del mundo y nuestro gigantesco y gran amor nos asfixiaba.
Todo está previsto y calculado, mi amor que agoniza.
Hay un límite para tanto deseo y pasión, todo lo sobrante es triturado.
Somos dos corazones rechazados por un trasplante apresurado, porque amar es premura.
Y el tiempo nos come, y por ello, la impaciencia y la frustración.
La razón es infecta.
Es pus.
Hemos fracasado, hemos perdido contra el mundo.
Los sueños temblaron hasta hacerse borrosos y se convirtieron en absolutas imposibilidades.
No nos engañamos, a duras penas amada mía.
Nos ilusionamos, es lo que debíamos hacer, no había otra opción.
La batalla contra el tiempo y el espacio que hay entre nuestros pulmones fue intensa y resquebrajó los muros del amor con cañonazos de demoledora realidad.
Todo el tiempo del planeta, todo su volumen, nos aplastó. Se ensañó con nosotros.
Fue insuficiente nuestro esfuerzo.
Y fracasamos.
Llegó la hora de reconocer la derrota con una venda en el pecho, porque los corazones, quieras o no, sangran. Y esa sangre se derrama en el alma formando coágulos.
Y los recuerdos se hacen cenizas sin haber sido llamas.
Réquiem por un sueño suena en el reproductor de música con la suficiente melancolía e intensidad necesarias para sumergirse en la suma pena de la derrota y en penumbra.
Declaro mi rendición en la oscuridad con tinta roja y la total precisión que da el dolor del fracaso.
Los dioses hemos sido derrotados, no habrán más oportunidades.
No éramos dioses, era nuestra ilusión de amantes, solo era soñar, no podía hacer daño a nadie; pero se han excedido con su armamento y fuerza, como si fuéramos seres imbatibles.
Hemos fracasado, y cada uno tomaremos nuestro camino hacia otra batalla contra la razón.
Cuando el fracaso asfixia debe ser reconocido, toca retirada, porque la vida es efímera y los sueños rotos jamás se recompondrán.
Hay que vivir para amar y amar para hacer viable la vida.
Cada cual buscaremos nuevos campos de batalla, debe existir otra guerra donde podamos bombardear la razón y la praxis hasta sus cimientos.
Olvidémonos que un día nos amamos, no guardemos recuerdos que traicionarían nuestra próxima pasión, te deseo suerte, hermosa compañera de trinchera.
Hay que seguir, hay que ganar antes de morir, o muriendo.
Prometo olvidarte y juro que una vez te amé.
Me diluyo entre tus recuerdos, lo veo en tus ojos.
Amantes desconocidos
Publicado: 8 junio, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Ultrajant
Somos dos enamorados extraños entre si a los que les arde el corazón y la piel con las reminiscencias de tiempos anteriores.
Bastaron las precisas palabras y las tristezas claves para reconocernos.
Y explotó un amor rotundo convirtiendo la vida en una dramática carrera cronometrada por un ansia milenaria por el encuentro y el agotamiento de insondables distancias espacio-temporales.
Extraños que se sonríen con ojos tristes, con esperanzas casi erosionadas por áridos años. Que se estremecen al pensarse entre los brazos amados.
Si muero en la carrera, mi vida, lanza una promesa de amor eterno al viento, déjame un rastro de ti para buscarte y reconocerte de nuevo.
Tal vez seas mi vecina (me lo dijiste con una sonrisa de arrebatadora sensualidad) la próxima vez y la vida nos regale largos años unidos. Sonríe, mi amor, como tu me hiciste reír con tu ocurrencia.
Que la muerte pueda con mi vida; pero no con este amor.
Si no muero, solo dime: Ya está, mi amor, descansemos.
Y si vierto seis lágrimas, recógelas con tus dedos, con tus manos; que no caigan porque son tuyas.
Es amor fósil viejo como la Tierra, las he llevado conmigo como testigos de mi tristeza de años buscándote.
Somos nosotros en todos los tiempos y su fin es evaporarse en la calidez de tu piel.
Eres mi vida y mi universo, solo en tus manos las derramaré, como toda tú serás envuelta en mis brazos.
Alea jacta est, mi amor.
La mujer que llora
Publicado: 5 junio, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Ultrajant
Oye mujer, no sé cual es tu aflicción, no sé porque estás triste.
No es que me quiera entrometer en tu vida. El caso es que tú te has entrometido en la mía con ese llanto inconsolable.
Lloras en una frecuencia que duele, a mí.
No quiero saber cuál es tu dolor, sería insoportable para ambos.
Solo quiero desviar tu atención hacia a mí, para que dejes de llorar de esa forma que me dobla.
No soy insensible, pero si me contaras el porqué de esa forma de morir de pena que tienes, no te podría ayudar, seríamos dos llorando. Un drama de cojones e irresoluble.
Así que mientras aún tengo ánimo, dime si te gusto. ¿Quieres sexo? ¿Quieres comer pizza? Luego nos preguntamos los nombres y si va bien nos montamos el romance del siglo.
¿Te parece?
El pozo del deseo
Publicado: 3 junio, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Sacrila, Ultrajant
Foto de Sacrila.
Tiene el tamaño necesario para alojar la punta de mi lengua endurecida, como si quisiera penetrarte también el vientre; para llenarlo de mi saliva hambrienta como la de los lobos que lo custodian.
Un pozo de deseo que arquea tu espalda cuando lo lleno.
Lo enfoco como el animal que caza, como una presa, como una posesión.
Como un hombre que te anhela…
Es el punto del reposo de la lengua, una sima en tu vientre que es promesa, el anticipo de lo que beberé más abajo, más profundo.
El centro de la perspectiva de mi deseo y de él radian las líneas de convergencia del placer y la excitación.
No sé si es perfecto, no lo contemplo en su proporción, lo contemplo en su profundidad, en su trascendencia, con devoción. No puedo pensar más que es tuyo.
No puedo comparar porque no existe parangón.
Acaricia el ombligo y sentirás mi rostro en tu vientre.
Y déjame inundarte, amor mío.
Maldita mía.
Maldita
Publicado: 3 junio, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:adoración, Amor cabrón, maldición, rendición, Sacrila
Foto de Sacrila.
Lo difícil de amar no son esas pequeñas cosas como cultivar el amor en los pequeños detalles, en eso tan cacareado de hacer de cada día un nuevo y maravilloso comienzo. Eso viene solo, sin esfuerzo.
Lo duro es follarte para después, casi en el acto, evocar tu sabor y el perfecto roce de una penetración que funde y confunde nuestras carnes.
No es fácil amarte, me arrebatas el control.
Maldita seas.
Mi mano en tu cuello, incrédula de acariciar toda esa sangre y respiración que manan por esa piel tan amada y tus ojos poderosos que parecen mirar tan adentro de mí que temo sangrar, te convierten en maldición, en condena.
Lo difícil es mantener la serenidad.
Te adoro, maldita seas.
Eres un tormento hermoso al que amo sísmicamente.
Lo titánico es no masturbarse una y otra y otra y otra vez, evocando cada momento en el que gemías, en el que mi saliva caía sobre tu piel.
Es aniquilador no estar dentro de ti.
Tú no eres consciente de la carga erótica que dejas caer en mis hombros.
En mi rabo erecto…
Maldita, maldita, maldita…
No eres consciente de la pesadez pornógrafa de tus pechos que oscilan entre jadeos, que se erizan por la amenaza de mis dientes. Eres inocentemente maldita en tu natural erotismo, en tu innata forma de amarme.
Y aún así, cargas con el pecado de ser mi obscenidad.
Maldita tu belleza que me hace patán de boca abierta.
Maldita tu piel porque ofrece una calidez que me embriaga y me roba la voluntad.
Malditos tus labios que he devorado y mi glande los ha hidratado.
Malditos tus pechos desproporcionados en su grandeza enmarcados por unos hombros adolescentes.
Eres tan obviamente sexual…
Malditas tus piernas preciosas que conducen inexorablemente a tu coño, un infierno al que me arrastras y no tengo fuerza para resistir. No quiero resistir.
Malditas tus manos que aferran mi pene hasta el dolor y me guían como un muñeco por la ruta del deseo desmedido de tu sexo insaciable.
Maldita la cadera rotunda que servirá para afianzarme cuando te embista y pierda el control dentro de ti, adentro.
Más adentro, más fuerte…
Maldita toda tú, porque eres pura heroína en vena, me provocas síndrome de abstinencia.
Soy un yonki de tu pensamiento, de tu alma diosa.
Maldita seas…
¿Cómo es posible amar semejante maldición?
Maldita porque eres voluptuosa hasta el tormento.
Porque cuando me he saciado de tu cuerpo, está tu alma omnipresente que vectorialmente unidireccional (es física, es mensurable, es táctil tu poderosa mente) ataca directamente a la línea de flotación de la realidad, para convertir un tiempo y un lugar anodinos, en el más misterioso y seductor universo.
Maldita porque tus palabras de amor me hacen agua.
Recuerdo siglos atrás de estar contigo, recuerdo tu vientre y tu mirada aniquiladora y milenaria como un sortilegio.
Eres maldita porque has hecho de mí un amante errante que vaga buscándote desesperado en todas las eternidades y universos.
Yo te amo, Maldita.
Ven, cielo.
Ha llovido y el agua ha arrastrado mi hostilidad y frustración. Ahora soy un animal empapado entre la vegetación buscando algo de calor para que la noche no me congele.
No te pido misericordia, no es interés por sobrevivir, mi amor.
Ocurre que tan pocas veces me siento limpio y libre de desasosiego y rencor, que quiero que aprecies ahora todo el amor que siento por ti.
Ahora que estoy limpio.
Es tan poco habitual, mi diosa, que sería injusto no abrazarte, no robarte un beso de amor en este preciso instante que la lluvia ha arrastrado mis miserias y siento unas incontenibles ganas de llorar.
Me siento como un soldado sin guerra.
Quiero que sepa tu alma que no te equivocaste al amarme, que bajo toda esta decepción y letras escritas entre rabias y dolores vitales que hacen de mi cuello y hombros un amasijo de músculos en tensión, hay un amor incondicional, tierno y emocionado.
Y que me siento indefenso cuando esas cargas dejan de gravitar en mí.
Temo cuando estoy tranquilo, cuando estoy bien, que algo salga mal. Tengo miedo, mi amor.
Está resultando una vida dura, cielo.
Solo abrázame ahora y recuérdalo cuando mi mirada y mis letras sean tristezas y frustraciones.
Mira como te amo, mi diosa: empapado y limpio.
Por favor, la lluvia me ha deshecho, me hace humano, protégeme ahora con tu cálida piel, mi amor.
Porque cuando sea fuerte de nuevo, no tendré el valor de pedírtelo.
Amar correctamente
Publicado: 31 mayo, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Ultrajant
La única forma correcta de amar es la mía.
La humanidad ya ha tenido demasiadas oportunidades para hacerlo bien.
Adiós al «amor» hipócrita de aburrimiento y asco de verse en la misma casa, adiós a los borrachos que no saben meterla, pero pagan a las putas para que giman un hombría que es torpe y precoz, adiós a la dejadez y al sexo anodino, animal y sin cerebro.
Ahora amaré yo con toda la sangre necesaria. Y no podréis esconderos de la vergüenza de vuestra inutilidad.
Pornógrafos ridículos…
Yo soy Dios.








