Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Reflexiones redes def

Hacen del amor un ejercicio de vanidades que exponen como diamantes en aparadores de oropel. Baldas que no soportan el peso egocéntrico de la vanidad y se rompen diamantes huecos y huecos amores de Fridas y Riveras, de Shelleys y Byrons, de Galas y Dalís.
Y dicen sufrir y dicen estar solos entre nuevos amantes y amigos.
Y vuelven a modelar los diamantes fofos y los amores fatuos remendando lo viejo y lo nuevo.
Y yo en el otro lado, en la silenciosa ignominia, creando mísera intrascendencia entre árboles y un sol abrasador. Sintiendo una indecible, una cancerígena pena por el polluelo aún sin plumas, que yace muerto entre la hierba con el pico abierto, llamando ahora silenciosa e inútilmente a sus padres: «llevadme al nido el viento me ha tirado». Y anoto la tristeza en una pequeña libreta para mini muertes.
Y me muerdo los dedos porque no entiendo estas ganas de llorar.
No sé… Quisiera se artista y sufrir amores y trascendencias que se rompen aparatosamente con grandes consuelos de compañeros y brindis sobre brindis.
Pero caminas bajo el sol pensando que un día se dormirán los dedos de los pies como se durmió el polluelo llamandó a papá y a mamá.
Se amputan cosas en un silencio etéreo y blanco. Y caen al suelo sin hacer ruido.
No soy artista, solo soy libre y oculto, sin miedos, como si no fuera humano; pero ser valiente no inmuniza contra la pena.
Así que quisiera tener arte y habilidad para hacer oropel de los seres que morimos solos, como los ostentosos amores de los artistas y genios.
Cubrir con dorados la vergüenza de nuestra insignificancia.
Ser artistas, aunque sea de la muerte de polluelos y dedos, algo de banalidad, no tan íntima y solitariamente triste; porque de vanidad… La vanidad se ha evaporado con este sol inmisericorde.

Ciego y mudo

Publicado: 12 julio, 2015 en Absurdo, Amor cabrón, Chusma, Lecturas, Reflexiones
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Ciego y mudo

No es una buena solución, lo he pensado seriamente.
El consuelo a estar ciego a toda esta mediocridad no superará jamás un segundo de tu belleza.
Por favor… Si eres hermosa…
Y callar mis lamentos no justifica silenciar que te amo, me estallaría la cabeza de tanto amor sin salida.
Estoy perdido, si no existieras todo sería tan fácil.
Tal vez haya un planeta que no duela amarte, tal vez…

Obscenidad nocturna

Publicado: 12 julio, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Mi mano cubrirá y dará calidez a tu monte de Venus, mi aliento hará una caricia en tu nuca y mi erección será una humedad cálida rozando tus muslos. No puedo simplificarme más, ten piedad, soy una sombra que a duras penas puede ser sutil. Si te das la vuelta no habrá control ni paz. Mi contención tiene un límite que marcan tus pechos.
Haces de mí una obscenidad cada noche.

Reflexiones redes def

Es hora de no dormir, cielo.
La temperatura es demasiado elevada en la civilización; unos centímetros más allá, tras la pared, el aire se mueve fresco.
No me he levantado de la cama para escribir palabras de amor, me he levantado para decírtelas en la oscuridad del planeta.
La noche es dulce con la piel, nos está llamando.
Quisiera tomar tu mano, salir de estas paredes y besarte y hablarte en susurros envueltos por el consuelo nocturno.
Vamos, amor, no importa que no durmamos, importa que seamos dos en el silencio y en la serenidad.
Siento escalofríos solo de pensarlo, mi piel está ansiosa.
Perdamos unas horas de sueño y ganemos una íntima soledad envueltos en oscuridad y en palabras habladas como secretos.
Cuando llegue el día, estaremos cansados y somnolientos y reiremos nuestra locura nocturna, lo que hicimos como antiguos seres de otros tiempos sin paredes.
No necesitamos más, ni lunas, ni auroras, ni amaneceres espectaculares.
Solo que la noche nos envuelva. ¿Te imaginas cómo quedará grabada en nuestra historia esta noche?
Venga, levanta ese precioso trasero y salgamos de la civilización que nos asfixia, la noche no será eterna por mucho que te amo.
Sé que estoy loco, pero valió la pena perder la cordura por ti hace mucho.

La fuerza del amor y la muerte

Acercarse tanto al agotamiento le quita dramatismo a la muerte.
Amarte tanto hace la muerte insoportable.
Ante estas dos variables, alguien podría con candidez, achacar a la muerte un carácter voluble o relativo.
Es un error de cobardía pretender dar imagen y criterio a la muerte.
La muerte es absoluta, se define con claridad y no se presta a ambigüedades en cualquier espacio o tiempo.
Son los humanos los volubles, relativos, cambiantes, escritores…
Solo pretendía, cielo, decirte que mi amor es como la muerte: inalterable, definitivo.
Sé que no es agradable la conclusión ni el planteamiento; pero quiero ser absoluto expresándome. Soy inamovible amándote, ría o muera.
Tampoco pretendo llamar tu atención, es que cuando me siento absolutamente dolorido y cansado, eres mi reposo.
Mi isla en este mundo árido y tormentoso en dolores y sudores.
No te amo por cobardía o por interés.
Te amo y punto.

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Iconoclasta

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El calor. El ardor que evapora el humor.

Que seca la piel y los labios haciendo dolorosas las caricias, dolorosos los besos.

El calor que agota y envilece las ideas.

– ¿Los esquimales son pues, seres angelicales?

El frío que congela el alma y las emociones haciéndolas quebradizas.

El hielo que entumece el cariño y los abrazos caen rotos antes de llegar.

La carne cruda entre dientes negros…

– ¿Otra estúpida pregunta más?

Reflexiones redes def

Existes para que tu ropa sea arrancada, para arañar tus muslos buscando tu coño, para embestirte sin cuidado, para usarte sin piedad.
No sé si es amor, pero metértela es lo único que puedo expresar ahora.
La verdad es brutal y por esa idiosincrasia suya, se descontrola en mi pensamiento y mi boca la materializa.
Es tu responsabilidad, también es una sinceridad.
Nadie debería preguntar por la verdad si espera decoro.

Planeta Amor

Publicado: 27 junio, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, Reflexiones
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El amor no ocupa espacio, no ocupa tiempo.
Es sencillo, mi vida: él es nuestra tierra y nuestra vida. Somos sus habitantes, no hay nada que conquistar. Fuimos dulcemente sometidos.
¿Lo sientes a tu alrededor? Abrázame, bésame. Tenemos todo el tiempo, todo el espacio.
Quemamos los pasaportes de Tierra Triste, no volveremos allá donde el espacio nos aplasta y el tiempo desgasta.

Un cerebro un tanto disperso

Publicado: 25 junio, 2015 en Amor cabrón
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Un cerebro un tanto disperso

Una vez has vencido el cuerpo, lo has fatigado y ha quedado exhausto, ya se puede contar con unos minutos de paz interior.
Al pensamiento, esto es, al cerebro, no le importa cuán injusta es la vida, si estás enamorado, te odian, si reciclas la basura (cosa que no hacemos ni el cuerpo ni el cerebro) o si los huevos han caducado y hay que comprar otra docena más para que sigan decorando el cestito huevero de la cocina que tan precioso queda aunque quite mucho espacio para preparar los alimentos.
El cerebro se dedica en esos momentos a gestionar cosas como el ritmo cardíaco, la respiración, la glucosa y los mocos que hay que expulsar vía oral o bien exprimiendo la nariz.
Hay paz quieras que no.
Bueno, una erección delata que el cerebro se dispersa un poco, no acaba de estar por la labor.
Y se filtra la imagen de unas piernas que a mitad de los muslos empiezan a estar cubiertas por un vestido liviano. Alzadas sobre unos zapatos descubiertos de tacón muy alto, se muestran potentes, hermosas, torneadas, bronceadas hasta el hambre y con un tono muscular que hace magma las arenas del desierto.
Y piensas que Dios es una cafetera observando semejante divinidad.
El vestido corto hasta la erección, hace un stop en sus nalgas, de tal forma que la boca se siente seca y la lengua acude a los labios para remediarlo. Y desearías deshacer con la boca el nudo de ese cinturoncito de tela que reposa en ese culo remarcándolo.
El vestido sigue realizando su función hasta llegar a los pechos, ahí se detiene con soberbia, y además hace boato de un escote decorado con unos cabellos negros que son la paranoia del deseo.
La cadera ha sido delatada: su función es poner las manos en ella para afianzarse con fuerza, no encuentro otra utilidad (aunque tenga que ver con lo motriz) en esa belleza.
Las pantorrillas lucen hermosas sin ser musculosas, estilizadas…
Y el bronce de la piel sigue siendo la cosa más pecaminosa que pudiera imaginar aún estando horriblemente cansado. Más de lo que estoy.
Creo que el cerebro no está controlando como debiera el ritmo cardíaco, la respiración o la metabolización de la glucosa; parece que se ha empeñado en llevar toda la sangre a mi bálano y dejar los pulmones y corazón en segundo plano; como un stand-by de un equipo HI-FI que mantiene el CD de los Rolling de la canción Satisfaction en su interior sin sonar.
Y ahora mismo me encuentro en la disyuntiva de acariciar el maldito pene y darle consuelo o golpearlo con el puño para que me deje descansar tranquilo.
Llamo al orden al cerebro con un «no seas imbécil» para que cuide de mis funciones vitales con más decoro, cosa que da resultado.
Bueno, por unos cinco segundos.
Porque por fin, el vestido acaba en unos minúsculos tirantes que reposan en unos hombros deliciosamente menudos, deliciosamente adolescentes. Deliciosamente besables y lamibles.
Éstos, además, crean unas clavículas que acogen al cuello por el que la lengua se desespera por arrastrarse hasta llegar a esa boca de labios gruesos, decidida y puramente carnales.
Pienso en los besos de amor y mi pene entre esos labios. Sin piedad.
Estoy cansado, joder…
Y ahora imagino esa piernas tensas y fibradas separadas, realzadas por los tacones de aguja, mi manos en su cintura y mi paquete pegado a esas nalgas desesperantes. Sus manos en la pared. El vestido ha subido para mostrar su hot panty negro que transparenta los dos perfectos músculos que parecen vibrar por la tensión que les transmiten las piernas en un forzado equilibrio.
Si no estuviera tan cansado…
Si mi cerebro no estuviera jodiendo y se dedicara más a las cosas del metabolismo.
-Querido ¿quieres algo fresco?
Penetrar… Es lo que me indica mi cerebro, me resisto a ello, porque tras dos horas de subir y bajar montaña arriba, no estoy completamente de acuerdo en sufrir ahora un infarto por un exceso de bombeo.
Follar… Vuelve a indicar al cerebro, mi polla responde expandiéndose creando un anti estético bulto en mi pantalón deportivo.
Mierda… Me pongo en pie, me acerco a mi buenísima esposa y la abrazo desde su espalda, rodeando su cintura con mis brazos.
-Quiero algo caliente -le digo al oído, apartando el pelo de su oído con mi nariz.
Bajas reservas de glucosa, lo noto en un pequeño mareo, pero el cerebro dice que no haga caso, hay cosas mejores que hacer, ya metabolizará luego.
Así que mi mano izquierda sube hasta su pecho, desboca el vestido, lo desnuda y apresa el pezón que reacciona con dureza entre mis dedos. La mano derecha ha elevado el vestido hasta las ingles, se ha metido dentro del panty y ha buscado entre los labios el clítoris. Los dedos lo han rozado suavemente. Está duro como nácar.
Tengo calor… Luego bajaremos la temperatura, dice el cerebro.
-Puta -le susurro al oído.
Ella alza los brazos y me acaricia el rostro, estira el cuello hacia atrás y le dice a mi mejilla:
-Cabrón…
Me duelen los pies, pero no hay reflejo de sentarse alguno, está demasiado hermosa. Así que en lugar de relajarme, me tenso y tenso mi mano en su vagina, se la cubro y cierro los dedos en ella, creando cierta presión alzándola hasta ponerla de puntillas.
Responde que parece desfallecer e inúndame la mano de su fluido. Mis dedos están martirizando su pezón desnudo y ella me indica con su mano que lo haga más fuerte.
Y eso hago, lo pellizco hasta que a ella le tiemblan los labios.
La empujo hacia delante y sus manos van a parar contra los azulejos de la pared, bajo los armarios de la cocina.
Mis rodillas están un poco débiles y necesito algo de potasio para el entumecimiento muscular, en lugar de un plátano o alimento que me aporte algo parecido, tomo las tijeras del imán de soporte.
Alzo el vuelo del vestido y dejo el panty negro y deliciosamente transparente al aire.
Corta, dice el cerebro.
Tomo el panty por un costado de la cintura, deslizo el borde de la tijera por la piel de su cadera y corto la tela. Su piel se ha erizado por el frío y la excitación.
Hago lo mismo con el otro lado del panty y su coño y su culo quedan indefensos ante mí. Mientras tanto, mis pantalones y calzoncillos están en el suelo, en mis pies; no sé cuando ha ocurrido.
Ella ha separado más obscenamente las piernas, sabe como hacerse desear, la muy hermosa.
Se la meto de golpe y crispa los dedos en los azulejos, sus uñas están pintadas de un rosa oscuro, un fucsia. Jadea y yo busco ese punto un poco más contraído en su vagina, es una cuestión de ángulo, conozco su coño como su alma.
Lo encuentro y empujo con fuerza. Ella pierde el equilibrio y la sujeto por la cadera, para lo que sirve su cadera, es el fin único. Y empujo.
Y ella jadea de nuevo.
Es más, empuja sus nalgas contra mi pubis para que entre el pene más profundamente. Su pecho desnudo se agita brutalmente con cada embestida. Mis cojones están contraídos.
Me tiemblan los muslos de cansancio y también de excitación.
El cerebro dice que eso no es malo, que nadie se muere por una cosa así.
Dale duro…
Y embisto, a veces la elevo y da un saltito clavada a mí. Lleva una mano detrás, a su nalga derecha y la separa para hacer más espacio.
Su vagina se contrae y así masajea el glande. Ha empezado a correrse, noto su fluido como un baño cálido, a veces pienso que me gotea por los testículos.
Llevo una mano a su clítoris mientras la embisto y se lo aplasto sin cuidado.
Ella también lleva su mano encima de la mía para que no la saque de ahí ahora.
Empieza a gemir:
-No puedo más, mi amor…
Y se corre. Se corre contoneando circularmente las nalgas contra mi pubis, sus contracciones y ese punto preciso y notoriamente más denso de su vagina, su roce fuerte, hacen reventar mi glande y se me escapa el semen como si sufriera un ataque de epilepsia.
Mi cerebro no tiene noción de la elegancia en el momento de la eyaculación, debería trabajarla más, menos mal que ella está mirando al sur…
Dejo que el semen la llene. Ella intenta tomar aire suficiente tras el orgasmo, se la saco y antes de abandonar su coño, escupo unas últimas gotas de semen entre los labios de su vagina.
El cerebro me dice: bien hecho, no estabas tan cansado. Yo sé lo que me hago.
La tomo por un hombro y la hago girarse hacia a mí, le beso la boca con toda la sed física y lasciva que tengo. Llevo la mano a su raja y unto suavemente su clítoris aún endurecido con el semen que le he escupido, el beso se hace más profundo. El hot panty yace a nuestros pies como un animal muerto. Sus piernas esculturales están totalmente desnudas y el provocador monte de Venus parece latir. Su vagina está entreabierta y mi cerebro me dice que me agache para besarlo, pero ya no puedo más. Además, ella toma mi pene, retrae el prepucio y lo sacude suavemente dejando que unas gotas más de semen caigan en su mano, me masajea los cojones así.
-Te quiero, cielo.
-Te amo, mi vida -le respondo.
-¿Ahora si quieres algo fresco? -me dice con la sonrisa más preciosa y radiante del mundo.
Me subo los pantalones, porque su desnudez hermosa hace la mía demasiado vulgar, hay que cuidar los detalles.
Me da un vaso de refresco con hielo.
Me lo tomo de un solo trago, hay silencio, ella me mira divertida.
-Parece que te has cansado… Deberías tomarlo con más calma, descansar más a menudo, cada media hora, la montaña es agotadora.
Mi cerebro silba alguna melodía haciéndose el sordo a estos consejos.
-Vístete amor, ya tenemos que ir al teatro.
No me acordaba.
-No iras con es vestido ¿verdad?
-Claro que sí. ¿No te gusta?
-Me enloquece.
-¿Entonces por qué no quieres que me lo ponga?
Cuando de verdad necesito mi cerebro, es cuando el idiota está preocupándose por los niveles de glucosa. Mierda.
Tardo algo más de cuarenta y cinco segundos en responder. Porque no sé que decir y porque su pecho desnudo me la está poniendo dura de nuevo.
-Por que hace frío.
Y ella responde con una carcajada. Ambos estamos sudando.
-Me voy a cambiar -le digo un tanto humillado.
Viene a la habitación, toma un tanga blanco y se viste con él.
-Vamos, date prisa -dice enmarcada como una modelo en el vano de la puerta.
Mi cerebro no acierta a abotonar la camisa y mi mano en lugar de subir la cremallera de la bragueta, la baja.
Esto no acabará nunca…

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Iconoclasta

Sin paraísos, sin sueños

Publicado: 23 junio, 2015 en Amor cabrón
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Sin paraísos sin sueños

No puedo prometerte amor eterno, cielo.

Moriré antes que tú, y luego no habrá nada.

Solo puedo prometerte una muerte de amor, como si eso pudiera existir.

No puedo ceder ya a los sueños, son cosas que duelen. Crearíamos una maldición entre nosotros mismos.

Y llegaría la frustración.

No existe la eternidad, ni otros tiempos ni lugares.

Nos parieron entre hormigón, entre distancias y sepulturas que ascienden verticales humillando a los muertos.

¿Te das cuenta de lo mucho que te amo? Eres toda mi magia, todo mi sueño.

Te amo en la sordidez de este mundo, te abrazo y me hago serpiente en tu cuerpo a pesar de todo y de todos.

No te amo en un paraíso.

Fuera de ti no existe nada. Incluso lo que escribo se deshace como una gelatina en el cristal de una ventana. Cualquier cosa que no sea tu piel es rechazada.

Solo me queda eso, mi amor, morir amándote.

Es algo que podré hacer. No habrá problema con ello, porque de hecho, no hay otra opción.

Lo siento de verdad, ojalá pudiera decirte que te buscaré, que nos encontraremos. Dedicarte más vida; pero el amor desgasta, acelera tiempos.

Te amaré con mi último latido, eso es todo.

Puta pena…

Si tuviera alma, si quedara una emoción que me hiciera humano, te juraría amor eterno.

No reconozco humanidad en mí, no tengo alma.

He vivido lo suficiente para saber que nadie tiene alma.

La gente tiene miedo de morir y yo siento curiosidad, algo pasó en mi concepción.

Así que juro amarte hasta que muera.

Porque no hay eternidad, no hay posibilidad de encuentros en tiempos o espacios.

Ir más allá de la muerte duele demasiado, es un engaño que nos hará mantener una esperanza que hará más angustiosa la muerte.

No puedo banalizar este amor que siento construyendo una leyenda.

Solo puedo jurar que moriré triste por dejarte. Sé que los seres mueren solos, perdidamente solos ante la angustia de no poder aspirar una bocanada más de aire.

Perdona la realidad, perdona la verdad suprema de todo. Es mejor que nos amemos ahora con todas las fuerzas de los sueños muertos, que nos fundamos el uno en el otro con una agonía anticipada sabiendo que se aproxima el gran puto drama, mi amor.

Esto pinta mal, y me duelen algunas partes del cuerpo, cada día cuesta más caminar y cada día te abrazo con más fuerza porque llega lo inevitable.

Sé valiente, mi amor, siéntete amada.

Guarda estas letras, no dejes que las emborrone una lluvia. Mantenlas como testimonio, como un hallazgo de amor que haga historia entre la humanidad. Que cuando gente de siglos adelante lo descubra, sepan que el amor que un día sentimos fue absolutamente puro.

Y no necesitamos paraísos, ni esperanzas legendarias.

Solo eso, mi amor. Sonríe, porque aún quedan unos días.

Vamos a cenar mi amor, estamos cansados.

Y luego al cine, ¿te parece?

La vida aún está aquí.

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