Porque no te hubieras corrido en mi oído.
Porque no te llevaría en miles de palabras e imágenes en un bolsillo.
Porque las cartas no saben si estamos muertos.
Porque no habría tiempo y espacio para engañar y amarnos.
Porque no habrían confidencias de amor cuando las necesitamos.
Porque no habrían electrones escupidos por tus labios envolviendo mi glande.
Porque no pareceríamos robots en un mundo de carne y baba.
Porque cuando todo está mal, tenemos un agujero de gusano de amor en el espacio y el tiempo por el que viajan mensajes de esperanza, de sosiego.
Porque mi voz no llevaría la frecuencia necesaria a tu sexo para que tus dedos se empaparan.
Porque mi gemido no llegaría a tu alma para que mordieras la almohada de deseo.
Porque no oiría el chapoteo de tu sexo.
Porque no te podría decir que me arrancas el semen ardiendo y cuándo se enfría en mi vientre lejos de ti.
Porque no sabríamos el uno del otro y desconoceríamos el tormento de la palabra susurrada en el oído con dedos brillantes.
Porque tiempo atrás, los pensamientos no se codificaban en una pantalla y los amantes eran unos privilegiados.
Porque tiempo atrás los enamorados morían con papeles viejos entre las manos y yo moriré con tus palabras en mi oído.
Por todo ello, sé que todo tiempo pasado fue peor.
Cualquier tiempo sin ti sería mi deterioro.
Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’
Cualquier tiempo pasado fue peor
Publicado: 20 mayo, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Ultrajant
El alquimista y la áurea proporción
Publicado: 17 mayo, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:alquimista, Amor cabrón, fascinación, imposibilidad, proporción áurea
Ella es la áurea proporción.
Toda ilusión es inalcanzable, es el perfecto y áureo drama.
La medida de su cabello negro como noche sin estrellas, es la exacta y única posible proporción para que caiga sobre sus hombros y en cascada se precipite acariciando sus abruptos pechos.
Un tortuoso sueño que no debe hacerse realidad, la proporción áurea de amor debe ser celosamente guardada en el nebuloso cosmos de la esperanza, que nada la corrompa.
Su arco superciliar es concha de caracol marino, la áurea medida que enmarca un ojo de ébano, el ojo de Horus, que rige la perfección de las cosas. Que vela por mi existencia, que me enamora, que penetra en mis sombras iluminando oscuridades que me hacían temblar.
Su retrato enmarcado en erotismo, tiene la exacta medida de los pináculos de los templos góticos oscuros y penetrantes en pesados y oscuros tiempos.
Mi fascinación es vieja como un cometa.
Sus labios son áureos y áureo el rostro que los contiene.
Mi amor no tiene proporción, es caos inconmensurable, no debiera amar lo que me es prohibido. Soy el desequilibrio áureo.
Ella es mi divinidad, aquello en lo que nunca creí.
Áurea es su espalda y el tercer ojo tatuado que me da paz, que cuida de mí.
Plomo son mis manos en su torso, pesadas, marcando una posesión imposible.
Áureo es su vientre que custodian dos lobos enamorados de ella, que rinden adoración a los sagrado que guarda. Verticales, parecen cobijados bajo la sombra protectora de sus pechos.
Dioses que velan las áureas entrañas que esconden el secreto de la divina y perfecta reproducción.
Hay un pene goteando un fluido denso, ajeno a la imposibilidad, como un animal que de sus belfos escurre la baba de la voracidad observando entre las altas hierbas a su presa. Hay un pene queriendo invadir de vida lo sagrado de la áurea proporción.
Su sonrisa es una elipse de ópalos blancos de áureos volúmenes que podrían haber barrido toda la frustración y la tristeza que mi vida acumula.
Mi boca es un grito vergonzoso de fracaso, la pérfida proporción de la desesperanza.
Soy un alquimista que ha topado con la áurea perfección y maldice el conocimiento que es tormento, que aporta el dolor de una verdad pergeñada en las dunas de los mares de la aniquilación.
Porque mi fin era ella, mi misión.
Y el tiempo el enemigo invencible derramando arena en mis ojos.
Los alquimistas murieron hace siglos, soy solo una esperanza flotante, un vapor de muertos en un gótico cementerio oscuro y tenebroso.
El viento
Publicado: 16 mayo, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Ultrajant
El viento es el mensajero de los enamorados, comunica azotando la piel y el cabello en la intimidad de la soledad de los parajes y mares, la dulce melancolía de amar y ser amado, haciendo héroes de mujeres y hombres en el camino; pero cuando vira rugiente, arranca el alma de los solitarios entre la multitud, metiendo la agonía del fracaso entre el ropaje y congelando el corazón en un latido a medias que parece muerte.
El viento no miente. Es la frecuencia exacta de la certeza que habla directamente con el instinto. Es hermoso en su belleza y tragedia.
Serio como el filo de un cuchillo.
Que el viento sople, traiga vida o muerte.
Benditas y malditas las pasiones que arrastra.
El sol en tu cuerpo
Publicado: 14 mayo, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, divinidades, montañas, sol
¿Has visto, mi amada, lo que hace el sol con las montañas? Les arranca el aliento, las somete, evapora sus humedades.
Eso haré contigo, mi amor, te cubriré, te arrancaré el alma metido dentro de ti embistiéndote como si fuera el último día de mi vida, haré que de tu boca se escapen gemidos formando nubes de vida, de tu sagrado ser, nubes que difuminarán los pezones de tus montañas paganas.
Arrollándote con mi deseo, con mi hambre paleontológica.
Los lobos de tu vientre aullarán y yo seré un sol abrasando tu cuerpo, bebiéndote.
Bombeando en ti hasta que la niebla nos cubra y llegue la serena inconsciencia de los derrotados.
Seré sol en tu cuerpo, en tu alma, en tu vida…
Que aúllen los lobos de tus blasfemas montañas ante la brutal violación de las leyes de la cordura.
Que aúllen los lobos a la atávica violencia de la posesión, seamos bestias con las bestias.
Astros junto a las deidades.
Ilustración (lobos) de Sacrila.
Oscuros
Publicado: 13 mayo, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, música, Ultrajant
No estoy seguro de que exista la felicidad, simplemente existe la ausencia de necesidad, el nivel más alto y perfecto de conciencia.
La felicidad y sus sonrisas un tanto banales, entran en el terreno de la narcosis.
Y dios solo pega y calla en la joroba de los crédulos.
La vanidad y la alegría por nada es el hipócrita escudo de lo superficial y la cobardía a la muerte.
En la inquietud y la sombra es donde anidan los sueños que nos hacen descaradamente valientes y épicos.
Los estigmas de Cristo se pudrieron en pocas horas; las sombras de nuestros amados muertos sobreviven y vuelan por encima de sagrados cadáveres.
Si un estigma no es una herida en el alma, es solo un roce fortuito, la quemadura de un cigarrillo en unas manos torpes.
Seamos ocultos y secretos antes de morir, si pudiera ser.
El más obsceno sacrilegio
Publicado: 11 mayo, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, blasfemia, profanación, rito, Sacrila, sacrilegio
Ilustración de Sacrila
Si Jesucristo nació para redimir a los humanos, ella nació para condenarme.
Ella es mi Cristo obsceno.
Proclama el amor que he buscado en todas mis vidas.
Está alojado en su corazón, bajo la contundencia de sus pechos voluptuosos, en su abdomen tatuado por dos lobos que la adoran como la única deidad, en su cabellera de zafiro deshilachado que cuelga como un manto de noche hasta su cintura.
Y sus ojos tan grandes, tan oscuros… Penetran hasta el más negro rincón de mi cerebro y lee todo lo que soy, todo lo que seré, lo que no seré. Y lo que es peor: lo que fui.
Alza sus brazos en cruz, inclina la cabeza a un lado y exhibe una sonrisa insolente imitando al crucificado en un hermoso y obsceno sacrilegio.
La amo con la fuerza de la naturaleza más pura, más instintiva.
Con el rabo duro hasta doler.
¡Qué valiente, qué oscura, qué blasfema!
Me arrodillo ante ella en rito de adoración lamiendo sus muslos, tan cerca del coño que siento su piel erizarse.
Aferra con el puño mi cabello corto y me obliga a mirar sus ojos. Sus ojos, por dios…
«¡Ámame con toda tu sangre y con la mía!» me susurra haciendo del mundo un lugar mudo y sin sonido.
Y deja caer una gota de saliva en mis labios entreabiertos.
Grito mi desesperado deseo metiendo las manos entre la raja de su túnica roja, clavando las uñas en sus piernas. Desgarrando lenta y contenidamente su piel.
Gime de nuevo, y me sonríe con los brazos en cruz, no me perdona, me incita a más.
«¡Mirad, fariseos, así se ama. Amar debe doler!
El nazareno se equivoca, el nazareno solo os vende muerte con sabor a hostia», grita a los idiotas que nos observan con miedo y sin comprensión en sus vacunas miradas.
No puedo dejar de amarla y condenarme a ella.
Es mi único y sagrado sacramento.
Ella dice: «No has de ser perdonado, amado mío. Solo ámame y sé amado y esperemos así la muerte que nos eternizará en la Constelación de las Rasgadas Pieles».
Y lloro arrodillado ante ella, invadido y condenado por su amor, con los dedos crispados en su piel, manchados de la sangre hermosa que describe ríos de rubí descendiendo sus piernas.
Jesucristo mira horrorizado a Dimas, el buen ladrón, buscando comprensión y consuelo a su propio dogma incomprensible y sin fuerza.
Vacío.
Nuestros jadeos de amor y deseo inundan el Calvario en ecos que nos hacen trascender más allá de la bondad y la maldad en una obscena comunión.
Somos el más obsceno sacrilegio en este Valle de Idiotas.
Rei simus…
Quebrantadores
Publicado: 9 mayo, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, entrega, poesía, quebrantos, roturas
Tu soledad es quebranto de mi alegría
(calla no confieses, no llores, me duele…)
y tu abrazo quebranta mi soledad
(rota como un crucifijo de talavera
portador de la fe a nada)
El beso es el quebranto de mi voluntad
(no la quiero no la necesito, soy feto en tu vientre)
y penetrarte es el quebranto de la piedad
(soy animal reptando en tu piel,
más allá, más adentro. Impío y sucio)
Tu gemido es quebranto de cordura
(¿es posible la cordura amando, follando?)
Tu corazón es el quebranto de mi tristeza
(pártela en dos como las piernas de barro de un Cristo barato)
Tu piel es quebranto de llantos viejos.
(tu vientre es el lago de las lágrimas
que no tuvieron consuelo)
Tu cabello es el quebranto de mi control
(haces un imbécil de mí)
Tus negros ojos son quebranto de luz
(soy ciego a todo, solo existes tú)
Tus labios quebrantan el dolor
(dime amor, dime amor, otra vez…)
Quebramos el sonido respirando juntos
(haremos el silencio más hermoso en la penumbra)
¿Te das cuenta, amada?
Lo quebramos todo.
Acabaremos con el universo.
Sonríe y quebranta mis días iguales
(aunque me partas en dos)
Porque quebrantaría mis huesos por ti.
Iconoclasta
No lo ha sido, no eres un sueño. Eres real y táctil, me lo dice el corazón que hace bum-bum.
Bum-bum explotando de amor tras un amanecer que me descubrió amándote.
Que me derrotó en un sueño narcótico de amor.
Bum-bum, las letras en el papel forman un pergamino lacrado y secreto.
He palpado el corazón y duele. Eres real, lo oprimes con tu existencia.
Bum-bum dice el corazón agotado por una odisea de amor secreta y anónima en tiempo y espacio.
Bum-bum cuando estalla entre mis brazos y las palabras se escurren por mi piel desnuda e indefensa ante ti, como rocío bendito a las mañanas.
Bum-bum, esperando el amanecer que te despierte.
Bum-bum, soy un latido en tus labios, en todos los de tu cuerpo.
Confesión extrema de amor
Publicado: 3 mayo, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, confesión, Terror
Quisiera tener secretos verdaderos, temibles.
Cosas horribles que contarte.
Confesarte que soy el peor ser del universo.
Confesártelo al oído oprimiendo y acariciándote un pecho impúdicamente.
Quisiera decirte en un susurro que es un jadeo en tu oído, que todo está mal, que he matado todo lo que se movía o respiraba. De lo más grande a lo más pequeño. De lo más viejo a lo más joven.
Y sentir en la palma mi mano, tu pezón oprimido, duro y erecto, ansioso por ser mamado. Como mi erección palpitante por tu cercanía.
Te confesaría que soy la maldad más pura del planeta y demostrarte así, que te amo por encima de los vivos y los muertos, por encima de dios y de mí mismo.
Eres lo único que quiero vivo, me mataría por no matarte.
No te ofrezco sangres, dolor y muertos, te ofrezco el mundo en exclusiva para ti.
Ellos eran hojarasca en el jardín.
Soy un ser de papel y tinta,
y párrafos de alma diluyéndose
en ríos de colores desleídos,
aguados.
Perezosos torrentes de sudor
de obscenos deseos,
descontrolados. Impúdicos.
Sueños que invaden el día
y bañan de rocío mi glande,
ilusiones que hacen del mediodía
la madrugada.
Y el semen un ocaso blanco
lácteo…
que se arrastra lento
por el vientre y las ingles
y en mis dedos que escriben.
Iconoclasta










