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Pablo

Publicado: 26 abril, 2015 en Amor cabrón
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Mi hijo Pablo en la estación

No es una fotografía, es un collage solo para mis ojos.
Mi hijo está en ese momento de un presente concreto, buscando en su mochila, pero la imagen latente, la que conforta mi pensamiento, es que es Pablo bebé, Pablo niño, Pablo adolescente, Pablo adulto, Pablo hombre, Pablo y su padre muerto. Pablo fundando otros reinos, creando otros territorios que no veré; pero tengo imaginación aún que estoy vivo.
Hay miles de imágenes superpuestas que forman esa, yo las veo todas con cuchilladas de ternura.
No hay nada extraño en él, ni un solo ápice de su piel. Si acaso, solo admiración, solo una sorpresa por un tamaño sorprendente, por una voz más grave, por una seguridad, por una madurez. Por un conocimiento ya pleno de la vida.
Es hombre.
Es mi hijo.
No puedo dejar de pensar en las infinitas emociones y cariños que han llegado a crear esa imagen que tengo en el escritorio. Imposible de evadir, es un viaje en el tiempo, al pasado, al presente y al futuro.
Es lógico que a veces los hombres lloren.
El amor es una máquina del tiempo que vence todas las distancias y todas las dimensiones. Alguien quiere cuantificarlo, direccionarlo y codificarlo para viajar por él; pero fracasará.
Porque deberá tener un hijo y amarlo por encima de toda consideración lógica e ilógica. Regalándole el propio sistema nervioso central, el corazón, los pulmones, los ojos, el hígado, los riñones, todo para él cuando sea necesario.
Cuando el amor te convierte en el almacén de repuestos de tu hijo, entonces viajas en el tiempo.
Y evocas sus dedos suaves, sus primeras lágrimas, sus risas que lo doblaban, la rabia, la fuerza por ponerse en pie, el miedo a nada y a pequeñas cosas. Sus ojos tan azules y grandes me daban miedo cuando chapoteaba en brazos de su madre en la piscina, parecía de otro planeta.
La protección que le otorgaba mi volumen. Mis brazos llenos de él, mi voz llena de él, de su nombre. Las canciones, las películas, los llantos y las preguntas.
Y su descubrimiento paulatino del mundo, y yo tras él.
¿Cómo es posible sentir esa indecible ternura, evocar sus manos en mi rostro, palabras inocentes, ideas hermosas de un mundo que nunca lo será, ante un hombre de esa talla?
De un hombre que navega solo por la vida.
Solo ocurre cuando es tu hijo del alma.
Cuando nada ni nadie puede ser amado tan orgánicamente.
Cuando bajo el hombre adulto, un niño sigue buscando en su mochila con idéntico gesto, con idéntico gesto en el baúl de juguetes, con idéntico gesto tomando un sonajero en sus manos, con idéntico gesto mirándome con sus ojos aún de bebé.
Cuando el amor y la ternura hacen presa en tu ánimo de forma inevitable y sabes que la vida no es viable sin él en el planeta, sin él en el escritorio, sin él mi mente, sin él en mis recuerdos y en mis sueños. Es entonces cuando se forman las infinitas imágenes que componen la principal.
Es Pablo, mi hijo.
Tengo todas sus risas, lágrimas y dedos en mí. Profundamente insertados en el tuétano de los huesos.
Ese hombre que busca en la mochila, ¡por favor… si tiene tres años, tiene ocho, tiene catorce!
¡Cómo lo quiero!
Mi vida depende de la suya.
De la tuya, hijo.
Rebusca en tu mochila, Pablo, te admiro silencioso tomándote una foto que son miles.
Pienso en lo inadmisible, en lo inconcebible que es que algo como yo, haya aportado algo a tu vida, a tu organismo, a tu esencia. Porque no me veo como tú, no puedo verme tan importante y tan perfecto.
Es imposible tenerte en el escritorio en todas las edades de la vida y no detenerse a evocar cada segundo que te he vivido.
Y preguntarme porque no he muerto colapsado por esas emociones. Soy mucho más fuerte de lo que yo mismo temo.
Eres un hombre, Pablo, pero tengo que controlarme para no abrazar con un llanto ñoño a los pequeños y grandes Pablos que hay en esa imagen, en ese gesto.
Mi vida depende de la tuya, y la tuya es solo de ti y tus decisiones.
Soy un remolque de mi hijo.
Un beso, amigo mío.

ic666 firma

Iconoclasta

Reflexiones redes def

Se derrama incontenible en palabras que se deslizan por su piel, un óleo perezoso que le da el satén de un mador vespertino, cuando su cuerpo se rinde al sosiego del atardecer, ya cansada.

Ya desnuda y libre.

Se funde todo el amor y las emociones que lo conforman en una bastarda erección, infame en su obscena y palpitante presencia, obsesionada y obsesionante por ser parte de ese universo íntimo y secreto.
Me hace clandestino en la penumbra, animal, acechante.
El amor se ha tornado erecto, escabroso, duro… Sin piedad de mí. No es digno, solo puede ser así; no hay albedrío libre ni esclavo, no hay elección cuando describe el universo, el suyo.
Un deseo insoslayable, inconsolable y mortificante llena las venas de mi miembro desatado. La sangre no sabe adonde ir: si al corazón, al cerebro o ahí, presionando bajo mi vientre.
Brillo como ella en la penumbra, sudando, bañado por sus palabras desproporcionadas en un mundo mortalmente vulgar en sus proporciones.
Su vientre es un valle dulcemente anegado y yo una bestia entre los árboles, fascinado y avergonzado, confuso, epatado, amando.
Ya solo queda desbordarme, incontenible e incontenido como son sus palabras: la cadencia precisa, la frecuencia hermosa.
Bruto y desnudo oculto ante ella.
Justo allá donde se rompen las dimensiones conocidas y ella traza las suyas.
Desesperado al otro lado de un espejo.
Un día de libros y rosas completamente fuera de lugar, así es su universo.
Así soy sometido.

Reflexiones redes def

Se dejó caer dulcemente en la cama y pensó y soñó en ser amada.
Lloraba por tiempos de soledad infinitos, por tiempos perdidos de una soledad corrupta.
Su corazón latía despacio, cansado, desanimado.
Cada vez más lento en la penumbra de la habitación, con las persianas bajadas para frenar tanta soledad que entraba a raudales por las ventanas.
Porque hay seres que necesitan ser amados.
Hay gente muriendo porque nadie la ama.
Es algo que ocurre, no sé porque.
Te amo con toda mi alma, lo que queda de ella.
Ojalá pudiera tener el valor de decírtelo y salvar tu vida, si de algo te sirviera mi amor.
No puedo, hermosa mía. Tu tristeza, tu muerte es lo más hermoso que he visto en mi vida. Por la belleza de tu pena vale la pena vivir.
No romperé ese momento de tragedia. Moriría a tu lado sin darte una sola palabra de consuelo ni esperanza.
Ni siquiera puedo decir que lo siento.
No merezco la grandiosidad de tu muerte, y sin embargo…

Amar no es un acto

Publicado: 17 abril, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Amar no es un acto, los actos requieren voluntad y determinación.
Amar es metamorfosis, es transformación. Somos pupas esperando el momento de salir y que las alas se sequen.
Y volar y ser cazado y morir…
Amar es la desintegración de una vida y la creación de otra pegada a otra.
Es un hecho cósmico, una simbiosis preciosa.
Imprevisible.
Da miedo amar y dejar la vida en manos de otro ser tan enloquecido como tú.
Y sin embargo, es inevitable como una enfermedad.

Secretos

Publicado: 11 abril, 2015 en Amor cabrón
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Secretos

No hay secretos.
No existe el misterio. El único misterio es el mundo, es lo ajeno a nosotros. Somos extraños a ojos de la humanidad, somos ignorantes de lo que pasa allá afuera.
Te amo con tanta importancia, que no existe nada en ti desconocido. Las sorpresas que me deparas no lo son realmente. Es magnífico intuir que iba a ser así.
Y sé de la misma forma, que cuando me observas, sabes donde estoy, adonde llegaré.
No es inteligencia, sabiduría o experiencia. No somos genios, no tenemos poderes especiales. Es tan simple que no hay secreto alguno: nos amamos con una singular importancia, como nunca antes había amado.
Nos engendraron para descubrirnos el uno al otro a cada segundo, sin sorpresas, sabiendo que solo podía ser de esa forma cada acto que realizamos.
No somos misterios. Somos pergaminos, yo soy tu escribano en la turgencia de tu espalda y tú eres la mía en mi pecho. Escribimos el presente, sin decepciones como milagrosamente esperamos. Y cuando salimos al mundo, ignorantes de él volamos como hojas al viento sin saber adonde vamos, hacia adonde nos arrastran.
Sabes cómo me gusta escribir, trazar con mis dedos mis pensamientos en tu piel y empujarlos hasta el alma, hasta allá adentro.
Somos aburridos a ojos del mundo; sin embargo, el mundo es nuestro descubrimiento, caminamos con los ojos muy abiertos; y lo que llevaba años en pie, lo descubrimos a través de un beso, de unas palabras que no son secretas.
Hemos hecho del mundo un planeta extraño que nos sorprende día a día.
Sí, eso somos: antiguos pergaminos al viento entre calles y alamedas en un tiempo nuevo e inesperado.
Nos olvidamos del mundo y lo que guarda cuando cerramos la puerta de casa a nuestras espaldas.
Y lo hicimos bien, lo hacemos bien.
Si guardáramos algún secreto, es que algo salió mal, en algún momento no nos amamos. En algún instante se nos olvidó mirarnos.
Está bien, no somos perfectos, amarse es imperfecto, porque la necesidad es una carencia de ti en algún momento de mi respiración.
Simplemente digo que no es ni bueno, ni malo. Es como debe ser, la única forma posible entre tú y yo.
Tú tomas la copa de vino por el pie y la inclinas hacia tus labios con una gracia que siempre me conmueve, sé que estás bien, que todo está bien en ti, tu humor, tu alegría. Y me hace reír esa insolente elegancia tuya.
Cuando la tomas con tus dedos cerca del borde, entonces necesitas que te rodee con mis brazos cuanto antes.
No hay secretos en el lenguaje del cuerpo.
No es un secreto saber que cuando el licor baja por tu garganta, tu piel busca el calor de mis manos para equilibrar el calor que hay en tu alma.
No es un secreto que observo tu sonrisa, oigo tus palabras y digo que todo está bien. Que no quiero nada. Que no necesito descubrir más. Tú eres el único conocimiento que ansío.
No es secreto que tú duermas y yo te observe. Que dormite con el sonido de tu respiración.
Tú lo sabes, no soy bueno durmiendo. Soy bueno como el ángel guardián de tus sueños, y sabes que tampoco es cierto, porque me excitas, me excitas tanto…
Soy el guardián de tus secretos, los que tienes con el mundo y no conmigo.
Y tú eres la destructora de los míos, me dejas desnudo ante ti y no siento frío, solo siento el calor de tus ojos escrutadores, eternamente curiosos. Es mi privilegio.
Hay tantos secretos en el mundo, hay tantos misterios de amantes que no sé si hacemos bien. Como si tener secretos diera más valor a la vida.
Se equivocan.
Eso es mediocridad, porque yo sé de secretos, antes de amarte mi mundo estaba plagado de ellos. Pensamientos y emociones que ocultaba a todos los seres y a todas las cosas.
Los amantes y sus secretos… No entiendo como pueden tener secretos, como pueden desconocerse si son amantes.
Si no estás cerca me siento perdido. Y lo mantengo en secreto, como una vergüenza.
No puedo asimilar que algo en ti pueda ser oculto a mis ojos. Puedo asimilar que no me quieras en algún momento, pero no podría ignorarlo, no podría dejar de intuirlo.
No quiero ser misterioso, mi único misterio es como he vivido sin ti. Ese es el misterio que se me ha planteado desde el momento en que te conocí.
También sé cual es el momento de alejarme, de salir de tu órbita. Ese instante que precisas para ti, para poner en orden pensamientos y actos.
Sé cuando he de apartarme, lo que no sé es adonde ir en esos momentos, porque el mundo es una incógnita para mí. Se hizo caótico e incomprensible desde el momento que escuché tu voz.
No es extraño que me siente en las escaleras, un piso más abajo. No me gusta el mundo allá fuera cuando estoy solo. Sus misterios me destrozan los oídos y tensan mis nervios.
Y no es un secreto que no soy de aquí. Soy de ti.
Tal vez algún día descubramos un secreto el uno del otro, tal vez llegue ese día en el que haya una decepción; no soy ingenuo aunque te ame con locura.
Los locos no tienen porque ser necesariamente tontos.
Así que cuando llegue ese día, en el que un secreto flote entre nosotros, los pergaminos caerán en un charco de agua deshaciéndose.
Y atesoraré secretos de nuevo: cada uno de tus gestos y cada palabra.
No olvidaré que un día no necesité nada, que un día fui un pergamino en el que escribías lo que yo era, lo que yo sentía.
Y volveré a caminar solo, seré caos con el caos, un ruido dentro de otro ruido, algo vulgar y desapercibido en este mundo de mierda.
Es una posibilidad, no nací ayer. Estar sin ti me llena de pesimismo, mi amor.
Mientras tanto, continuaré esperando en el rellano de la escalera, fumando los secretos, incinerándolos.
Esperando el momento de abrazarte y besarte, como sabes que haré al entrar en casa.

ic666 firma
Iconoclasta

Estudio del peso y tamaño de la tristeza

Se pueden escribir y describir las tristezas, enumerar, clasificar por motivos y por sensaciones innombrables, situarlas en el tiempo y el espacio; pero las palabras no pueden describir con claridad y precisión ese momento en el que los dedos se crispan sobre el corazón para dar un consuelo que no será posible, para detener esa hemorragia de pesadumbre que es obscenidad para la vida y la alegría.
Es un instante que dura un segundo, un fracción de segundo en el que el dolor es tan grande que nos aboca a la locura y la confusión.
Si alguien observara esos dedos crisparse en el corazón, apartaría la mirada como si fuera contagioso; porque conocemos ese instante caótico donde la tristeza se hace física y dimensional, nos ha atacado en algún momento de la vida. Y no queremos eso, no queremos siquiera, aproximarnos a ese estado.
Los dedos crispados nos hacen leprosos a otros humanos.
El corazón quiere otros dedos, otras voces y otro calor.
Y los dedos, confusos, hacen lo que pueden.
Pobres dedos vacíos que pretenden sosegar todo eso, se romperán al retorcerse escarbando en el pecho para sacar ese tumor del corazón.
Como si los pensamientos dolientes se hicieran piedras, algo físico.
Y buscan los dedos en el aire donde un día hubo un cariño en un pagano ritual ancestral que habla con el aire.
Hacen falta medios más técnicos y avanzados para llegar a esa descripción, a ese momento de enajenación en que el pensamiento duele tanto que los dedos creen que algo se rompe en el corazón.
Se necesita una cámara ultra rápida que pueda fotografiar en la completa oscuridad con una alta velocidad de obturación, se precisa por ello también un diafragma de una luminosidad indecente, para poder abrirlo al máximo y tener la menor profundidad de campo posible para que los dedos sean los protagonistas de ese momento de insania. Se necesitaría una película de un grano ultrafino capaz de captar el vello de los dedos en esas condiciones.
No servirían los infrarrojos, porque convierten la piel en algo que no es. Y no somos seres que viven en la oscuridad, somos seres que morimos solos y en la oscuridad, a salvo de la vergüenza de la luz.
Los infrarrojos nos convertirían en murciélagos, nos robarían trascendencia y no quiero eso.
Se necesitan unos ojos claros libres de lágrimas que puedan enfocar todo ese pesar.
Tal vez sea mejor así, sin fotografías, sin grandes medios. Que jamás nadie pueda retratar el descontrol y la paranoia en el que nos deja sumidos la tristeza.
Que baste pedir un tiempo de soledad y que nadie nos vea.
Baste decir que a veces duele tanto la vida, que no tiene sentido respirar. Que nos otorguen el beneficio de la palabra y nos libren de la humillación de una cámara de cien mil millones de megapixels.
Que me entierren cerca de las piedras viejas que dan testimonio con su milenaria vida que no fui el único loco que crispó los dedos en su pecho confundiendo alma con materia.
Porque sé que no saldré vivo de este dolor, los dedos lo intuyen.
Se rompen las uñas y los huesos.
Hostia puta, qué daño…

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Iconoclasta

Hay buenos lugares, hay buenos momentos y existe la luz que no duele.
Se ríe… A veces parece acaparar todo lo hermoso y vestir su piel y su mirada con ello.
El mundo es de ella, no… Es ella misma.
Es impresionante su sonrisa, llega profunda y cantarina como agua que cae por las rocas. Giro la cabeza sin darme cuenta, para extasiarme con su voz.
Inusitado es el cariño y la paz que de ella emanan.
Y es monstruosa su tristeza porque siente más que nadie.
Es hermoso sentirla, son hermosos sus hombros aplacados por el desánimo…
Si ella llora, sonrío también con cierto dolor; porque es mi privilegio saberla indefensa y que me permita ser su escudo a la sordidez, abrazándola contra mi pecho.
Es entonces cuando realmente tiene sentido mi vida.
Soy su absoluta antítesis, y como una gárgola en el muro de una catedral, conjuro sus tristezas con mi indiferencia al universo.

La curvatura de la dulzura

Hay voces dulces de principio a fin, premeditadamente sensuales. Desde la primera sílaba de la oración hasta la última. Son bonitas; pero su profundidad, en caso de tenerla, se diluye en la monotonía, en la regularidad.
No soy fonólogo, por eso llevo desventaja, por ello he tardado más tiempo en descubrir su secreto.
Ahora su fonética atractiva hasta la desesperación, y el misterio que conlleva, tiene una explicación, un origen.
Disfruto de ello con pleno conocimiento.
Me embrutezco…
No intentéis hacerlo en casa, porque no existe una especie igual.
La he oído cientos de veces hasta entender. Esto no es un tratado informal y romántico, es la verdad tan profunda como sus cuerdas vocales están insertadas en su hermoso cuello.
Hay que escuchar atentamente cuando amas, es una norma de obligado cumplimiento. No se trata de atender al significado de las palabras, sino su dicción, su fonética pura; es lo que da realmente sentido a todo lo incomprensible que me provoca. Es el sonido de ella misma.
Este nivel de profundidad se logra cuando se ha aceptado plenamente como algo habitual e inevitable el movimiento de sus inmensos labios, cuando dejas de colapsarte, para simplemente admirar. Como la primera vez que un cuadro te impacta y con el tiempo, aprendes a admirar los detalles y fragmentos por separado.
Así es ella, la amas de repente y luego viene el conocimiento profundo, detalle a detalle, con pasión controlada, con la admiración de descubrir un nuevo matiz en su personalidad que incluye el cuerpo. Porque el alma sería un triste vapor sin la piel y la carne del que se alimenta a través de sus sentidos.
Su técnica, que ni ella mismo podría describir, estoy seguro que no ha pensado demasiado en ello; es una depuración basada en el impacto que un depredador podría usar para inmovilizar a su presa. Solo que ella hace gala de una sensualidad desproporcionada para el actual nivel evolutivo de la raza humana.
Aunque ella, en el fondo, sabe de su arte. Ríe satisfecha, la he visto en algún momento.
A veces está triste, porque tal vez cree que no es su tiempo. No aprecian la modulada curvatura de su dulzura.
En una alarde de tierna ingenuidad, ignora su peligro, su cautivadora trampa; como si no la hubiera.
Su voz comienza con un registro alto en las frases, es rotunda y firme; demuestra determinación y sabiduría; luego en un instante, en la última sílaba o palabra, según ella decida, se desliza hacia una ternura inusitada que vuelve el mundo del revés. Y te preguntas que ha ocurrido cuando sientes ese vértigo. Cómo has llegado a sentir esa repentina punzada de atracción.
Cuando te das cuenta de que es más que atracción, ya estás irremisiblemente enamorado.
Y con la siguientes mil frases, si la amas como es debido, consigues identificar con total precisión el momento en el que inicia la curvatura hacia la frecuencia de la ternura y el amor, para suspenderte en el abismo de su propia existencia y mostrar descarnadamente, su profunda sensualidad durante una fracción de un latido del corazón.
Es un depredador sofisticado.
Un animal de amor.
Así ocurre que cuando se adquiere ese conocimiento de su ser, la amas sin atender a la sintaxis, solo a su alma.
Es complicado, puede pensar que en algún momento soy idiota porque no acaba de entender que es lo que no comprendo de una frase de dos palabras.
Entonces su propia dulzura, su sensualidad se convierte en la tuya; porque esas cosas entran directamente en el sistema nervioso a través del oído y de la imaginación zarandeada sin piedad por su voz última.
Se concluye sin justificación, razón o lógica alguna, que la curvatura modulada por su voz hacia la dulzura, que a estas alturas es una sensualidad descarada; es la curvatura de sus pechos, desde el nacimiento en su primera costilla hasta el pezón erecto.
Exactamente el camino que recorre mi lengua para luego cubrir con los labios la cumbre y succionar hasta que sus labios dejen de hablar para separarse y abrirse en un gemido ante mi vampirización.
Que me susurre al oído que es una bruja, separando sus muslos.
Es la conclusión inevitable a su desmesura, a su genética predatoria de amor.
No entiendo sus palabras, solo ese último sonido que me lleva a la sensualidad que sus cuerdas vocales emiten y a sus pechos aplastados contra el mío.
Y cuya curvatura ya confundo.
No sé en qué momento confundí su fonética con la lujuria.
Ya no sé, mi amor.
No dejes de hablar, por favor…

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Iconoclasta

Hay unos ojos entornados con un sobrio destello de cariño. Una hermosa amenaza.
Parece decir: «Te quiero; más allá de lo que conoces, es profundidad ¿entiendes?»
Se hallan sobre unos labios carnalmente gruesos, perfectamente tallados, desesperadamente deseables; sus comisuras forman el inicio de una sonrisa.
No entiendo nada, cielo, solo intuyo; porque eres enloquecedora en toda esa gama de emociones a la que me sometes, forman una intrincada trama en mi cerebro que es difícil de concretar. Basta con intuir, jamás podría entender.
No ante esos labios que inspiran el temor de no abarcarlos con un solo beso. Solo que el temor va de la mano del deseo atroz haciendo inevitable la batalla por lograrlo.
Y pienso que no hay nada superfluo en ella.
Nació para un fin y sus labios dicen que el fin es enloquecerme con ese amplio espectro de emociones.
Es un misterio que de resolverlo, me llevaría a las puertas de un enigma. Es excesiva en su sensualidad que asalta sorpresivamente mi corazón sin previo aviso.
Como un ataque…
Temo no poder abarcar esos labios suculentos con los míos. Es agonía tener la certeza que un beso no bastaría.
Es delirante su mirada cargada de gravedad y cariño. Esa dulzura tan sólida y formal como un pacto… No es de aquí, tiene que tener otro origen incierto.
Un hombro cubierto tan solo por dos estrechos tirantes… No es un hecho extraordinario en otros seres.
Nada es superfluo en ella y todo lleva a pensar que tras el primer beso, nada volverá a ser igual.
Algo tiene que ocurrir, un desplazamiento cósmico, una erupción solar extraordinaria, la destrucción de la vida en un planeta…
Cuando la carne de sus labios cubra los míos y sea sometido a esa mirada densa de cariño y profundidad, sé que deberé soportar el peso de un amor que jamás podrá ser sereno.
Será una tormenta de amor geológico, perturbador como un corrimiento de placas continentales.
Tan profundo como el magma.

La desmesura de una deidad

No me quejo; pero…
¿No podrías moderarte?
¿Qué te ocurre, cielo?
¿No te das cuenta que gravitas sobre ti misma, que cada día eres más importante?
A veces temo por ti, eres de una trascendencia casi destructiva.
¿Qué pasará conmigo cuando te conviertas en un nuevo sol que avergonzará con su luz potente y omnisciente a los seres de la penumbrosa mediocridad?
Me dejarás solo y desamparado, toda intensidad desparecerá de mi vida. Seré de nuevo lo que era antes de conocerte e intuirte.
Modérate, mi amor, porque siento el desasosiego de no ser merecedor de ti.
¿No sientes ni un poco de lástima?
Soy un masturbador que eyacula en un llanto. Quiero adorarte de rodillas para lamerte las ingles y hundir la lengua en tu vagina. Y ahogarme…
Balbucear un ruego en tu sexo apresando tus nalgas: no te hagas luz.
No trasciendas…
Lo pagano tiene el peso de la carne y lo espiritual. No trasciendas más allá, mi diosa carnal.
No me dejes sin tu cuerpo.
Deja que la penumbra los siga envolviendo. Hunde tus dedos en mi cabello, lanza tu pelvis con más fuerza contra mi boca.
¿Te das cuenta, amor?
Te puedo hacer trascender, aunque no lo parezca, amarte me hace potente. No te hagas luz, solo hazte agua en mi boca. Haz sangrar mi cuero cabelludo clavando tus uñas durante el orgasmo, cuando tu coño se convierte en supernova.
Cálmate mi amor, el placer nos hace importantes, no subas al cielo. Me convertirás en insignificancia.
Como si no lo fuera…
Moriré pronto, solo unos años de cariño. Solo son unos segundos para ti.
No te eleves allá donde está vedado para mí.
No es justo que lo que he buscado e imaginado la vida entera, se ofrezca ante mí como aquello que no supe encontrar. Un ejemplo precioso…
No siempre he sido bueno; pero te hacen daño y es inevitable ejercer la ira.
Y la ira no es justa, es una venganza descontrolada.
No. No me merezco que te hagas luz y seas la más obscena y rutilante estrella reflejada en el mar.
Como te quiero…
Estoy condenado desde el instante que te conocí, te lo dije: amarte es tragedia, la mía.
Ríes hermosa pensando que exagero con mis dedos manchados de semen acariciando tus muslos.
Y dices que soy tierno, aún así…
No trasciendas más, mi amor, no te fundas con el aire y el mar, con las plantas y la tierra.
Aún no, cielo.
Jesucristo era idiota.
Tú no. No te eleves por encima de lo consciente para iluminar los ojos de un planeta cada día más oscuro.
No te hagas sagrada, ni divina. Sé mi diosa pagana y carnal.
No se lo merecen, no te merecen.
Yo sí, he vendido veinte años de vida por una semana de amor.
No seas efímera.
Satanás ríe en algún lugar porque ha sido fácil engañarme.
Apelo a tu justicia, a apresarte por la espalda y cubrir tu vientre y tu coño con las manos y que tus pechos asomen por la tela desgarrada por este furibundo deseo.
Sé que serás una deidad y un efímero amor en mi existencia.
Solo te pido unos segundos de tu eternidad.
Haz que calle Satanás, que no se ría tan ostentosamente ante la tragedia que soy.
No tiene ninguna gracia amarte.
Es un esfuerzo agotador.
Un terror a que trasciendas…
Dile que no ría más, soy poca cosa.
Que todo el universo me ignore, excepto tú.
Temo por ti a pesar de que eres deidad.
Y como humo se va…
Así no, cielo.
Así no…

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Iconoclasta