Hay un sueño en el que respiramos juntos.
Caminantes cansados que se tienden a la sombra de un árbol escuchando las hojas agitadas por la bendita brisa.
Como tu vestido liviano que el aire azota dulcemente para mostrar el asomo de un pecho, de un muslo, un fragmento seductor de tu cadera…
Esas dos rendijas hermosas… Dos sonrisas que forman tus exóticos ojos cerrados. Espero el momento casi indecente de deseo, en que los abras y me mires.
No muevo la mano de tu espalda, apenas respiro. Soy cuidadoso, amor.
Es ese momento que nunca se olvida, cuando todo está bien. Es lo que buscamos largo tiempo.
La paz y la serenidad de ser nosotros. Y el mundo pasa muy por encima de nuestro amor, como si no pudiera arrasarlo. Somos trinchera y somos piel revuelta.
Los monstruos que azotan amor y felicidad, quedaron allá gritando su vanidad, soberbia y envidia tras un vidrio que no pueden romper. Mudos, inexistentes.
Sé que oyes mi corazón, como siento tus pulmones en mi mano.
Ya estamos, ya llegamos. Es hora de sonreír.
Lo alcanzamos.
Tu respiración me acaricia y mi corazón un motor que ronronea amor en tu mejilla.
¿Te parece bien si estamos aquí hasta la hora de cenar? Cuando sea de noche y el temor de que la luna combata la calidez, te susurraré si quieres una copa de buen vino.
Y caminaremos, pasearemos desapercibidos por calles iluminadas y musicales con estas sonrisas y tremendo amor.
Ya no sé si es mi sueño o el tuyo.
Y no sé donde estoy. Porque tú no me dejas ver nada que no seas tú.
Solo sé que no puedo quitar de mi mente tu piel descubierta por la lujuriosa brisa y la caricia de tu respiración.
Si alguna vez te pregunto si fue real, dime que sí. No puede hacer daño una mentira, mi diosa.
En un mundo de negaciones, tu afirmación salvará mi cordura.
No sabes cuánto te quiero…
Yo y mi brisa…
O tal vez, sí. Porque si este motor ronronea es por tu piel. Lo debes saber, cielo. Hay una sonrisa indecentemente hermosa en tu deseada boca.
Hay cosas que no se pueden olvidar y tú eres todas ellas.
Hay cosas que se olvidan porque tú arrasas con ellas, como un milagro.
¡Shh…, mi amor! Respira tranquila, descansa…
Te estoy amando y es absolutamente real.
Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’
Un sueño y una mentira
Publicado: 25 febrero, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, felicidad, Iconoclasta, mentira, Pablo López Albadalejo, prosa poética, realidad, sensualidad, sueño, Ultrajant
Confidencias
Publicado: 20 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Te contaré un secreto (a tus piernas), susurrando allá donde la ternura pasa a ser indecencia.
Te susurraré un espasmo y el dolor de un miembro latiendo con obscenidad voraz.
Y el amor dejará de angustiar con su ansia.
La lujuria liberadora…
La piel agradecerá el calor de mi miembro cuando me abrace a ti buscando tu sagrado coño.
Seremos íntegramente obscenos desatando la mente de ese atroz amor.
Te susurraré luego, tras recuperar el aliento, que te abraces a mí.
Porque ya llega la ternura desencadenada.
Que los dioses nos protejan de la locura de amar, mi amor.
Supongamos
Publicado: 16 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Dijéramos que te amo. Dijéramos que me convulsiono con tus labios (los cuatro).
Pongamos que construyamos una vida juntos.
Pongamos que no existe muerte que nos separe.
Supongamos que nuestros despertares en las mañanas serán obscenos actos.
Ahora que está todo supuesto. ¿Te importaría si empezamos ya?
Lo de la muerte no es del todo cierto, me pisa los talones. Es envidiosa porque te quiero más que ella.
Y ahora dame uno de tus convulsivos besos.
El Día De Los Enamorados
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:"ciencia ficción", amor, Amor cabrón, cobardía, Iconoclasta, miedo, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, relato, sexo, tiranía, traición, Ultrajant
El amor se encuentra alojado en huecos ocultos, casi secretos, donde es difícil acceder. El amor se protege escondiéndose y constituye una prueba de fuego encontrarlo en esos rincones.
Si no fuera así, correría el riesgo de que muchos pudieran encontrarlo y convertirlo en algo vulgar.
Quien ha superado esa prueba, no admite nada más que lo que ama, su deseo se reduce a ellos mismos, crean su universo solos. El amor no son dudas, no provoca celos ni recelos, se limita a ser exclusivo.
Los amantes denodados temen y sufren cuando se aproxima El Día De Los Enamorados. Se esconden en sitios oscuros, se abrazan ocultos. Se juran que sobrevivirán y tiemblan de miedo ante la separación. Hay amantes que sobreviven, otros mueren juntos ante el terror de ese día; pero los más, se enamoran de nuevo, renacen en sus mentes otras esperanzas y el mundo se sigue poblando con las sonrisas idiotas de sus rostros.
Se han encerrado en el sótano de la casa, viven en la planta baja de un edificio de once pisos, ese sótano lo construyeron ellos en secreto, con cuidado. Con amor, paletada a paletada de tierra que sacaban.
Se han colocado una toalla con hielo encima del corazón y hablan en susurros.
—Tengo tanto miedo, mi bella… Este terror de cada año. Un día no lo superaré, soy fuerte; pero es tanto el castigo, mi amor…
— ¡Shhh…! No pienses en ello, mi amor. Eres el hombre más fuerte del mundo. Serénate, no te dejaré, no me separaré de ti jamás.
— ¿Cuánto queda para que pase el día?
—Veinte horas. Respira profundo, lo superaremos, como cada año.
Desde su encierro lleno de respiraciones contenidas y cautas llega el eco de las patrullas del Día De Los Enamorados: «¡Nuevas esperanzas, nueva vida, un amor apasionado! Disponemos de alianzas de oro a veinticuatro meses sin intereses. Desde tan solo seiscientos dólares. Ven a Walmart a celebrar tu nuevo amor en El Día De Los Enamorados». «¡Disponemos de las mejores fragancias a precios de escándalo! Con Sears el amor es un universo de aromas. Compra un pack especial Día De Los Enamorados y te llevas un ramo de rosas irisadas gratis. Recuerda: solo en Sears».
Los amantes se llevan las manos a los oídos, sienten que sus cerebros van a estallar. Se besan en la oscuridad torpemente por el ansia que provoca el miedo.
—Tres años no son nada, mi bella. Yo sueño con morir contigo día a día, hasta que las pieles se agoten. Si me encontraran y me indujeran el amor a otra mujer… Mátame, clávame ese cuchillo en el corazón, justo cuando el láser ilumine el pecho.
—No será necesario, no pienses en ello, cariño. No saldremos de aquí, no nos moveremos hasta que pase el día.
—Dijeron en el telediario que van rastrear las casas de los sospechosos. Los vecinos nos conocen, pueden delatarnos para llevarse un cupón de Hugo Boss. El del quinto piso ayer nos observó con mucha atención ir de la mano y sonrió de una forma rara. Si superamos este día, lo tendremos que asesinar.
—Lo haremos, dentro de un mes, cuando ya nadie se acuerde de este día, tiraremos alcohol bajo su puerta e incendiaremos su casa cuando duerme. Tiene piso laminado, lo he visto.
El hombre se encuentra cada vez más agitado, la mujer mete la mano en la bragueta del pantalón y masajea su pene rítmicamente, lentamente. El hombre se relaja, le abre la blusa con cuidado de no apartar las toalla con hielo y besa sus pechos con fuerza al ritmo que su placer crece.
—Así, mi hombre. Suéltalo, cálmate. Suelta esa carga de leche para tu amada. Soy tu puta, soy tu puta.
—¡Puta, puta, puta…! —susurra el hombre eyaculando.
Ella toma la mano de su hombre y la lleva a su vagina húmeda. Los dedos la penetran, le pellizcan el clítoris tan duro y sensible haciendo que resbale dura y repentinamente. Su orgasmo sube intenso y retiene el gemido mordiendo el cuello de su hombre.
Ahora respiran agitados, con las manos enlazadas.
Alguien toca el timbre del apartamento. Dos, tres y cuatro veces… Luego oyen el sonido de un taladro en la cerradura y la puerta se abre.
—Si hay alguien en la casa, aún están a tiempo de salir a recibir su nuevo código de amor para este año. Walmart, Sears y Hugo Boss, se lo agradecerán con un descuento del cuarenta por ciento en las compras de los regalos de sus nuevos amantes. Si los encontramos a la fuerza, recibirán el código de castración emotiva por un periodo no inferior a diez años. Serán incapaces de tener relaciones sentimentales y se les destinará a las fábricas y almacenes de nuestros patrocinadores durante ese período de tiempo en categoría de esclavitud. Muchos mueren, recapaciten —es la voz de uno de los agentes, sin interés, con frialdad; recita el discurso como una grabación.
De repente el sótano se ilumina y los agentes bajan rápidamente por la escalera de madera con sus codificadores láser iluminando las rústicas paredes hasta dar con la pareja.
La mujer se abraza a su hombre y éste, toma su cuchillo rápidamente del suelo, bajo sus piernas, retira la toalla del pecho de su amada y le destroza el corazón con un certero golpe.
Acto seguido, tira su toalla y ofrece su corazón al agente. Éste codifica su transductor con precisión durante cinco segundos.
—Gracias por su cooperación, Sr. Angelo, aquí tiene sus diez cupones de descuento. Su recompensa. Salga, salga a la calle y disfrute del Día De Los Enamorados. Hace un sol radiante.
El hombre se apresuró a subir las escaleras del sótano, se dirigió al baño, se duchó, se vistió con ropa limpia y salió a la calle con una sonrisa en la boca.
En el cruce de la calle 5 Este, se encontraba esperando que cambiara a verde el semáforo de los peatones y la vio.
— ¡Esther! No sabes lo que te he extrañado durante estos años. ¿Te acuerdas de aquella tarde en el zoo, cuando estábamos aún en la preparatoria? Te amo, siempre te he amado.
— ¡Mi Angelo… ! ¡Cuánto tiempo! Te amo…
Se tomaron de la mano y se dirigieron a Walmart Union para comprar sus alianzas de enamorados.
A la salida del comercio, se pusieron los anillos prometiéndose amor eterno.
Cupido
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Cupido necesita entrenarse o un nefrólogo para cuidar ese temblor de sus manos. Y sobre todo, quitarse esa venda estúpida de sus ojos.
Tiene voluntad y buena fe, es un buen chaval en general; pero dispara como un pelícano hambriento tragando una sardina.
Y clava sus flechitas en el culo en lugar del corazón. Y al final, todo les sale del carajo a sus enamorados.
San Valentín es un día para pasear con las nalgas pegadas a las paredes.
San Valentín o lo banal
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Que no cuenten conmigo.
No voy a celebrar nada. Amar es serio como el filo de una navaja.
Amar requiere tanto esfuerzo, que no puedo darle a un santo el mérito. Es demasiado trascendente amar.
El amor requiere gravedad y una sonrisa que nazca del alma.
Una sonrisa que anule cualquier miedo, cualquier amenaza. Los amantes sonríen tranquilos porque se cuidan. Cuando amas, temes a todo lo que te pueda alejar de ella. Y luchas por mantenerla a tu lado, para que se sienta bien, para follarla salvajemente como el primer día.
Que nadie piense que es algo superficial. Yo no amo con una sonrisa. Sonrío, pero es orgullo de amar. Lo que voy a hacer es abrazarla y decirle que San Valentín, es una banalidad. No le regalo unas rosas de sangre este día porque así lo dicen las costumbres. Se las entrego como un sacrificio de amor y demostrarle al mundo que la amo por encima de lo más sagrado y antiguo.
La voy a besar con fuerza y con la sonrisa de sabernos juntos, no con una alegría ritual.
Que no me jodan, cuesta mucho esfuerzo amar.
El mérito es solo nuestro, nuestra atención, nuestro cuidado, la alegría de cada mañana despertar juntos. Y todo eso en el tumulto de un mundo estúpido plagado de envidias e incomprensiones.
San Valentín es una pantomima, yo amo sin santos con devoción a su alma y a su coño.
Morir
Publicado: 4 febrero, 2015 en Absurdo, Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Es una buena hora para morir…
Hay silencio, nadie ve que te apagas, nadie grita, nadie se asusta…
No hay nervios, solo esa desidia de la fatiga que convierte a la muerte en un susurro que te dice: «Ya está bien, ya es hora. Estamos un poco cansados, amigo Iconoclasta. Vámonos de aquí».
Como si me quisiera, como si me cuidara.
La muerte tiene buenos detalles cuando te la encuentras en la noche, en la intimidad y el silencio de ti mismo. La ternura se agradece cuando lo amado descansa y te quedas un poco indefenso ante el mundo.
Ella duerme en algún lugar cuando yo hago mutis por el foro, sin alardes, con discreción.
Y con la exquisita ternura que he aprendido en el momento de morir, le digo al aire: «Te queda mucho, mi amor. Nos encontraremos pronto, sé feliz hasta el agotamiento. Estaré bien. Estarás bien… Adiós».
Es tan sencillo…
Era tan sencillo amar hasta la muerte. No había un drama, solo cariño y delicadeza.
Y una fatiga serena, casi como la sonrisa de un augusto dibujada en los labios cerrados.
Irreductible video
Publicado: 1 febrero, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, ética, cansancio, determinación, experiencia, fuerza, Iconoclasta, ilusión, Pablo López Albadalejo, principios, prosa dramática, Ultrajant
Irreductible
Publicado: 31 enero, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, ética, cansancio, determinación, experiencia, fuerza, Iconoclasta, ilusión, Pablo López Albadalejo, principios, prosa dramática, Ultrajant
Esta mirada que pueda parecer dura o experimentada, no lo es. Lo que ocurre es que el cansancio vela un poco el brillo de la ilusión. Solo déjate abrazar y besar para que sientas que eres algo nuevo e inexplorado para mí. No hay prejuicios, no hay precauciones. Te amo a tumba abierta, a pesar de lo que la vida se empeña en enseñarme.
Nada ni nadie puede llevarme a vivir según sus normas.
Nadie puede domar mi pensamiento y mis principios.
Una mala persona jamás me podría enseñar a amar el dinero y ese brillo que la hipnotiza con un enfermizo interés… No aportará ningún dato útil su vanidad decadente y corrupta, una frecuencia que pulsa entre palabras y sonrisas venenosas.
No dejará huella alguna en mí su sexo sucio, aburrido y económico. Un sexo alcohólico, torpe y reproductivo. No habrá rastro alguno en mi pensamiento que provoque un recelo, una duda ante el amor que doy y que busco.
Amaré haciéndolo como me parieron.
No puede eclipsar mi ilusión nada tan bajo. Ni siquiera lo excelso.
Soy irreductible ante dios y el diablo.
Solo que a veces, la vida te cansa, porque es un juego de desgaste; pero me recupero, mi amor. Solo posa tu mano en mi hombro, eres mi amiga también. Estas ternuras son necesarias para reponer fuerzas.
Ser amado es la prueba irrefutable de que no he aprendido nada, no me han contaminado.
Un estafador no me educará jamás en ganar dinero, me gusta sudar y llegar cansado a casa. Y ducharme y abrazar tu piel perfumada. Un explotador no me enseñará a hacer esclavo a nadie y yo secaré los platos diciéndote que estás preciosa.
Te violaré y tus manos llenas de espuma de jabón se aferrarán a mis brazos que te aman.
Seré explotado y estafado; pero yo no sirvo para explotar y estafar. De ahí mi cansancio: no he cedido ni un ápice de mis principios. No cederé.
Soy irreductible.
Y la vida pega y golpea, no es fácil.
Te amo sin coartar nuestros sueños, sin experiencia. No pueden obligarme a asumir la miseria. Nadie puede lanzar esa basura a mi vida para que se convierta en dogma.
Soy irreductible creyendo en el amor y en el esfuerzo de vivir. En sudar y llorar, en reír y lavarse la cara con agua fresca en las mañanas. En despertarte hundiendo mi boca entre tus piernas bajo las sábanas.
Nada contaminará mis sueños. Y mi sueño eres tú.
Por eso, si ves un brillo de ira en mis ojos o si mi mirada parece un tanto triste, mi amor, piensa que es solo un cansancio vital que desaparecerá con el beso que tanto ansío. Es difícil tener principios en este planeta que nos oprime, mi amor.
Es una lucha constante evitar que la estupidez y la ordinariez contaminen mis sueños.
Soy lo contrario a tantos seres que aprenden y beben de los consejos de mujeres y hombres que viven por y para la usura de la posesión egoísta e infecciosa, que juegan al amor y acaban mordiendo las carnes por envidias enamorados de sí mismos. Que mueren con los dedos crispados sobre el pecho ante lo que no han podido engañar o robar.
No quiero ser un sucio como ellos. No quiero enloquecer ante la hipocresía y la miseria de un amor falso, de un amor de interés y usura.
Solo quiero que me digas que todo está bien, mi amor, que me ves íntegro con mis sueños y esperanzas.
A pesar de este cansancio, mirarte dibuja una sonrisa, si no en mi boca, en mis ojos milenarios. Y quiero que tú la sientes en la piel como una caricia que se desliza suave por tus hombros.
Nada podrá socavar mis ilusiones, el amor que me enloquece y me hace retroceder al maravilloso desconocimiento de tu ser.
Como un niño que descubre algo nuevo y fascinante, atónito y con los ojos muy abiertos.
Nada podrá empañar el beso que muero por darte, el abrazo desesperado. Mi miembro latiendo por ti y dentro de ti con la ilusión de un primer amor.
Mi vida, no existen los amores primeros y segundos. No he aprendido eso. Los amores son únicos y exclusivos. Trascienden sin antecedentes e intuiciones, son selvas inexploradas.
Lo demás es prostitución del cuerpo y el pensamiento.
Lo que no es amor es aberración y es desechable, como un paquete de cigarrillos vacío.
Los estafadores del amor y el esfuerzo son basura que esperan su día de recogida. Solo duran lo que el camión tarde en llegar.
He tirado seres y amores a la basura, sin dudar. Es cansado, hay demasiada mierda en el camino.
No pienses que he aprendido algo a pesar de mi mirada torva y agotada.
Soy irreductible, y soledad y muerte no me acobardan. Si llego a ti, es porque te amo sin recelo, sin interés. Es amarte con el pecho desnudo.
Te amo con la fuerza de la ilusión y la razón. Con tal tenacidad que más que irreductible, me convierte en indestructible.
No sé hacerlo a pesar de mis años y mis dolores, no puedo prostituirme por miedo a nada que pueda doler.
He visto perros en la carretera que han muerto solos, sin un consuelo. Yo seré uno si tú no estás. No me conformaré con otra cosa.
Llego a ti, descubriéndote con la fuerza y la ingenuidad de la infancia; como el único ser que eres, sin parangón con nadie.
Y si observaras que mi mirada está un tanto curtida; has de saber que es pura determinación de ignorar y apartar a todos esos seres horrendos y bífidos que se han cruzado en mi camino.
Llego a ti amándote libre y sin saber nada.
Ser irreductible es agotador…
Descansa, relájate voy a ti, a descubrirte. Eres única.
No tengo experiencia alguna, mi vida. Y por ello te exploro día a día.
Totalmente ilusionado.
Disculpa algunas torpezas de este hombre irreductible que te ama y que llega agotado.
Serán pequeños defectos que me perdonarás cuando mis manos aferren esas nalgas preciosas durante un beso en tu boca ignota y salvaje.
Soy carnal e irreductible.
Da miedo hablar
Publicado: 30 enero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
No es timidez, es un miedo real.
Cómo decirlo…. Es que…
Es que ella habla y siento el vértigo de un amor, la vorágine de abrazar y besar su pensamiento todo, y con ello, su carne.
Es valiente la condenada, es más valiente que yo…
Da pánico. Tiene la desfachatez y osadía de dejarme indefenso, rompe muros de contención, de prudencia.
Y construye en el aire, como si fuera fácil, un ramo de flores y una mirada devotamente enamorada. Y un beso y un abrazo que se escapan a mi control.
Hace trizas cualquier intento de control, del mío. Porque ella no necesita controlar nada.
Es creadora.
Da miedo hablar, da miedo que hable y ejerza su sensualidad y verse pequeño ante ese despliegue de belleza y de emoción.
No es una banalidad, no son palabras bien colocadas. La literatura se esfuma, no hay ingenio entre estas palabras, no hay voluntad en medir y exponer, solo un carnívoro deseo de devorarla a besos.
Hay que amordazarla, hay que contener toda esa sensualidad que me roba los años vividos, que demuestra que hay cosas que no sé, cosas que posiblemente no sabré. Que nací tarde o fuera de lugar.
Da miedo hablar, da miedo escucharla. Porque dobla el tiempo y el espacio con una sola frase, construye uno de esos túneles del cosmos que lleva a su dimensión, a su propia y única dimensión.
A sus sueños… Me convierte en un visitante de su fantasía y yo acaricio las paredes de ese decorado arrebatador.
El precio es que se pierde un latido de mi corazón. Y se crea un expectante silencio, mientras las piedras de los muros se golpean mudas entre ellas en el espacio.
Y nadie parece darse da cuenta de la tragedia de amar, te quedas solo ante ella.
E intento ser razonable, pero no… No hay razón alguna lo suficientemente sólida ni madura para evitar caer en la belleza de un sueño.
Un sueño tan vívido que crea una dulce melancolía. Y das gracias a la soledad porque te mantiene oculto en ese momento que los ojos se humedecen.
Como húmedas están las flores sacrificadas a ella entre mis manos.




