Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

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Nos ha jodido, vaya descubrimiento…
Llevan un retraso de cojones.
(La vida es larga y el placer corto, en catalán).

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Viejas casas vacías que los miedos llenan de intangibilidades, de almas que aúllan por un cuerpo para seguir sintiendo.
Rencores y recuerdos enmarañados en polvo y ruina.
Vapores, espejismos de vida.
Es una crueldad crear fantasmas para hacer del miedo una aventura.
¿Para qué inventar condenados si las ilusiones muertas flotan a nuestro alrededor, como vergüenzas en pena?

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Se gestionan con más o menos eficiencia el amor y la ternura. Se exalta el paternalismo.
Y a la ira se la trata como algo a erradicar de los cerebros primates o humanos.
Eso es castrar el pensamiento de la pasión.
Porque hay cosas que deben amarse y otras odiarse .
Sin ira solo queda apatía, amores sin sangre, pálidos, anémicos.
La cobardía es la indignidad más humillante.

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No existen los inocentes porque sería una forma de decir que existen culpables.
Seamos claros, los hay buenos y malos como el excremento.
Por otra parte, si nacieran inocentes, se les mataría. No soy yo quien lo dice, hay una gran tradición de supersticiones y cuentos que respalda lo que afirmo.
Que viene a ser más o menos: «Hagas lo que hagas, cualquier policía, juez, político, médico o sacerdote te va a condenar si el primer café del día no le ha sabido bien».
Así se mueran, hijoputas.
Vaya broma de mierda.

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Los trenes dan serenidad con su firmeza, con sus férreas ruedas pesadas que vencen a la noche, valles y montañas. Sin prisas, con tiempo a impregnarse e impregnarnos de cada tierra, de cada aire.

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Los puentes existen con el fin de ser cruzados o saltar desde ellos.
Y seré muchas cosas; pero acróbata no.
Para una salida digna están los gases domésticos y el monóxido.
Por otra parte, es un bonito puente sobre un río, mejor cruzarlo.

En Realidades Truncadas, de Iconoclasta.

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Existe el pensamiento, existe el sueño y existe la esperanza.
El pensamiento es la lógica, el comportamiento que permite interactuar con otros seres de la sociedad para sacar el beneficio que uno busca o parte de él o algo que se le asemeje remotamente. El pensamiento puede ser efectivo o inútil.
Depende del grado de ambición, arribismo y envidia de cada individuo.
El sueño son las imágenes e ideas que el pensamiento no ha sabido tratar cuando dormimos, imágenes reales que han pasado desapercibidas se transforman en cosas absurdas, intensas, interesantes y capaces de hacerte despertar moralmente hecho mierda.
Las espera o esperanzas son imágenes que se forman durante la ejecución del pensamiento. En plena consciencia. Las esperanzas son resoluciones piadosas cuando el pensamiento espera una reacción ante algún acto que ha llevado a cabo. Es soñar despierto y hacer una partida de ajedrez con movimientos aleatorios y con prisa.
Y ahora que lo tenemos claro, vamos a cantar la canción del 5 con el padre Abraham y sus pitufos (esto es solo narcosis).

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Los dedos solitarios se tornan fríos como la escarcha que en la madrugada se forma robando el poco calor que los seres guardan en su interior.
En los dedos solitarios, el frío se posa primero en la piel, en segundos se filtra hacia la carne y luego, imparable, enfría la sangre que contienen, que es bombeada gélida al corazón y al cerebro.
No importa lo mucho que te abrigues, el frío ya está dentro. Te congelas desde el alma hacia los pies; por dentro y desde dentro.
Y es entonces cuando piensas en las cerúleas pieles, en las uñas amoratadas, en párpados que se abren repentinos sin voluntad y los dedos misericordiosos que los cosen.
Sin embargo, el frío de la soledad no mata, se queda en el justo grado de helor para que puedas escribir de tu desprotegida piel, del calor que sabes que no llegará nunca. Tomas la pluma y escribes frío tras frío, como en épocas antiguas de mantas en hombros y piernas y unos dedos demasiado rígidos, a la luz de un pábilo agitado por la tristeza.
El frío de la soledad no te mata, solo espera y asiste frotándose ávidamente las manos, a tu suicidio.
Te asomas a los vidrios sucios de la ventana, para ver la luna lanzando sin piedad sus rayos de hielo sobre la faz de la atormentada tierra.
Sobre ti.
Y observas la piel que el frío ha cortado, que apenas contiene la sangre de tus dedos y vuelves a la mesa a seguir escribiendo; porque así haces tu pensamiento sólido, multidimensional; puedes incluso sentir su dureza en la oscuridad al pasar los dedos por él.
Existes más que en ningún otro momento de calidez.
El mecanismo es preciso, es certero; sino tienes la piel que te ha de confortar, la escribes y describes en un paranoico concierto de rasguños y golpes de plumín sobre el papel y la mesa. Haces tu tragedia tangible y mensurable. Y todo ese esfuerzo se convierte en calor.
El papel arde con letras al rojo vivo.
La transmutación del pensamiento en materia, solo es posible cuando hay una fricción que provoca el calor, cuando es tu gélida y desconsolada sangre la que escribe.
Luego, en un rincón oscuro donde no llegue la luz de la vela que tiembla, te llevarás al pecho esos pensamientos arrugados con los puños crispados y llorarás una cálida tristeza. Te sentirás trascender, concluirás que amar es tragedia. Que la voluntad y la soledad son los dos átomos que forman la molécula de la libertad. Y la libertad es creación.
Y se sabe que todos los partos del mundo duelen.
Eres un privilegiado al hacer materia del amor. Un combustible.
La soledad a esas alturas de la madrugada, es un cigarro entre los dedos y unos ojos que se cierran con sueño ante el papel. Es una sonrisa triste al meditar sobre tu propia locura.
La fría soledad se esfuma lanzándote imprecaciones, porque hoy no habrá suicidio. O al menos, ahora.
Guardas ese papel arrugado en un cajón con la ingenua esperanza de que un día, vivo o muerto, tenga entre sus manos la masa de tu pensamiento y sepa así que no fueron solo palabras, si no sueños que congelaban el alma.

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Iconoclasta

 

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Nadie vulgar y mediocre te va a dar una sorpresa. La peña, es absolutamente previsible; solo molestan, agotan recursos del planeta e irritan hasta que los eliminas o te los quitas de encima.
Es tan adocenada la multitud…
Si se tiene la suerte de encontrar un humano con inquietudes y cierta charla amena, serás sorprendido; pero es una lotería entre tanto descerebrado. Las estadísticas no tienen piedad con nosotros, los superiores.
Pero los hay, conozco tan pocos, que es desesperante hacer una estadística.
No hay que perder la esperanza, aunque la paciencia hace eones que viaja por el espacio profundo lejos de mí. Aún queda vida para que pueda encontrar otro ser a quien escuchar sin mirar al cielo acopiando paciencia.
Porque tontos, borrachos y lerdos de sexo de motel y urinarios de bares y antros, son previsibles como el camino que hace el tren todos los días. El censo es prácticamente infinito. Son monolitos, mojones de la sórdida e inconsolable vulgaridad. Aburridos hasta el vómito.
Quisiera estar a salvo de ellos en lo que me resta de vida.
Yo soy absolutamente obsceno y depravado, pero no me meto en según qué sitios ni en según qué coños. Solo escucho, sonrío y pienso pornográficamente que no sé que hubiera querido ser; pero doy un soplido aliviado de no ser «eso».
Que nadie sepa que mi cerebro tiene la carencia de la empatía.
Porque pienso con cierta malicia, que estupidez con muerte se paga. O debería.
Creo en el elitismo, la clase y la elegancia.
Un snob sin dinero. Odio cuando las cosas no son perfectas.
Puta madre…
No sé de qué me sorprendo.
Lo normal es que los mediocres sean mediocremente pobres porque la economía se sitúa a sus niveles de intelecto; pero no es así, hay idiotas nadando en la abundancia.
¿Dónde están los retos intelectuales, las sorpresas?
Es desesperante.
¡Mamá…!