Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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Fotografía de: © Óscar París, serie: ‘La Fiesta de mis Manikkis’.
Texto: Iconoclasta

Prólogo:
Tuve la inmensa suerte de que Óscar, el autor de la fotografía, me pidiera un texto para cualquiera de sus obras de arte, y elegí ésta.
Como autor, siempre me sorprende lo que leen e interpretan los demás, hay veces que está a años luz de distancia lo que pensaba comunicar de lo que entienden los lectores.
Espero que si así le ocurre a Óscar, sea grato y este texto no le defraude.
Un saludo, amigo Óscar, gracias por el privilegio de poder poner unas letras a tu arte.
Iconoclasta / Pablo López Albadalejo

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Te observo y me veo a mí mismo, hermosa maniquí.
Vacía maniquí…
Siento pena por ti, por lo que algún día fuiste, por lo que no serás.
Yo no siento pena de mí, aún me queda la capacidad de sentir asco por mí y por un lugar que apesta a mil injusticias, a mil idiotas que son premiados por el hecho de serlo.
Estás vacía como yo, perdimos la capacidad de amar, la capacidad de enamorar, la de admirar y nos dimos cuenta de que nada valía demasiado.
Y la bendita indiferencia nos infectó y nos hizo insensibles.
Nos condenaron con un extraño sortilegio de indiferencia.
Vacío… Tanto como lo que hay bajo las ropas que luces.
Y las que luzco yo.
Ahora observamos seres que pasan ante nosotros como estelas, como borrones, que no nos importan. Solo miden tiempos como un reloj al que no prestamos demasiada atención.
No importamos, no importan…
Está bien, es el equilibrio del vacío.
Y el vacío excluye el dolor, ya hubo demasiado, bella y coqueta maniquí.
Es hora de ver ráfagas de seres sin importar qué hacen o donde van.
Donde mueren o donde viven.
El escaparate de la indiferencia, el ropaje de lo vacío.
Somos un monumento extraño.
Una indolora condena.

Iconoclasta

Reflexiones redes def

Soy la constante e insistente decepción del mundo y de mí mismo.
Es esta cochina fuerza mía que no se gasta y me arrastra a maravillosos seres especiales con una ilusión ilógica.
La falta de lógica lleva al exceso del amor, entre otras cosas. Y los excesos se resuelven con fulgurantes hastíos.
Y yo dale que te pego, duro, tenaz.
Me auguraron que con la edad me tranquilizaría, ahora tamborileo con los dedos en mi mandíbula viendo una foto mía porque no tengo otras que mirar, y pienso en que la psicología está muy poco cultivada, que no acaban de acertar en prever comportamientos. Los estereotipos están bien como citas de tertulias, pero son completamente futiles.
Soy un isótopo radiactivo a punto de fusión.
Será mejor que alguien piense en una gruesa funda de plomo para hacer mi ataúd, o moriréis todos.
Porque la vejez parece que llegará ardiendo.
Qué mala suerte ser un mutante tan patoso, admiro a Lobezno y sus garras eficaces.
Los X-Men reniegan de mí.
Hijo putas corporativistas…

Estudio del peso y tamaño de la tristeza

Se pueden escribir y describir las tristezas, enumerar, clasificar por motivos y por sensaciones innombrables, situarlas en el tiempo y el espacio; pero las palabras no pueden describir con claridad y precisión ese momento en el que los dedos se crispan sobre el corazón para dar un consuelo que no será posible, para detener esa hemorragia de pesadumbre que es obscenidad para la vida y la alegría.
Es un instante que dura un segundo, un fracción de segundo en el que el dolor es tan grande que nos aboca a la locura y la confusión.
Si alguien observara esos dedos crisparse en el corazón, apartaría la mirada como si fuera contagioso; porque conocemos ese instante caótico donde la tristeza se hace física y dimensional, nos ha atacado en algún momento de la vida. Y no queremos eso, no queremos siquiera, aproximarnos a ese estado.
Los dedos crispados nos hacen leprosos a otros humanos.
El corazón quiere otros dedos, otras voces y otro calor.
Y los dedos, confusos, hacen lo que pueden.
Pobres dedos vacíos que pretenden sosegar todo eso, se romperán al retorcerse escarbando en el pecho para sacar ese tumor del corazón.
Como si los pensamientos dolientes se hicieran piedras, algo físico.
Y buscan los dedos en el aire donde un día hubo un cariño en un pagano ritual ancestral que habla con el aire.
Hacen falta medios más técnicos y avanzados para llegar a esa descripción, a ese momento de enajenación en que el pensamiento duele tanto que los dedos creen que algo se rompe en el corazón.
Se necesita una cámara ultra rápida que pueda fotografiar en la completa oscuridad con una alta velocidad de obturación, se precisa por ello también un diafragma de una luminosidad indecente, para poder abrirlo al máximo y tener la menor profundidad de campo posible para que los dedos sean los protagonistas de ese momento de insania. Se necesitaría una película de un grano ultrafino capaz de captar el vello de los dedos en esas condiciones.
No servirían los infrarrojos, porque convierten la piel en algo que no es. Y no somos seres que viven en la oscuridad, somos seres que morimos solos y en la oscuridad, a salvo de la vergüenza de la luz.
Los infrarrojos nos convertirían en murciélagos, nos robarían trascendencia y no quiero eso.
Se necesitan unos ojos claros libres de lágrimas que puedan enfocar todo ese pesar.
Tal vez sea mejor así, sin fotografías, sin grandes medios. Que jamás nadie pueda retratar el descontrol y la paranoia en el que nos deja sumidos la tristeza.
Que baste pedir un tiempo de soledad y que nadie nos vea.
Baste decir que a veces duele tanto la vida, que no tiene sentido respirar. Que nos otorguen el beneficio de la palabra y nos libren de la humillación de una cámara de cien mil millones de megapixels.
Que me entierren cerca de las piedras viejas que dan testimonio con su milenaria vida que no fui el único loco que crispó los dedos en su pecho confundiendo alma con materia.
Porque sé que no saldré vivo de este dolor, los dedos lo intuyen.
Se rompen las uñas y los huesos.
Hostia puta, qué daño…

ic666 firma
Iconoclasta

Pablo reflexiones

Me hubiera gustado tener la capacidad de llorar, no ser tan fuerte.
¡Maldita fortaleza que no aporta consuelo alguno!
Las lágrimas se convierten en ira antes de brotar y siento que voy a estallar y ensuciar el mundo con mis restos.
Y sale un poco de sangre por el grito desgarrador que hace mierda la garganta.
Una lágrima solo, una pizca de humanidad me haría sentir bien en este lugar, en este tiempo, porque hay cosas por las que llorar. Hay cosas por las que emocionarse si se es humano.
Pero no… Ni llanto ni emoción, solo un frío desprecio, una mirada torva que asusta al viento.
Como si no fuera conmigo todo ese dolor.
Toda esta prisión.

Golosina

Publicado: 13 septiembre, 2008 en Maldito romanticismo

Golosinas, caramelos, dulces y el humo de un cigarro. Ojalá fueran sólo ideas culinarias, postres y tabaco nada más. Algo intrascendente.
Pero no es posible que ahora pueda saborear un dulce sin sentir una profunda sensación de falta. Ni es el dulce que quiero ni el lugar donde se deshace en mi boca reseca.
Seré realista: este bombón no tiene el tacto ni la tersura de tu piel.
No sonríe como tú.
Dan ganas de soltar unas lágrimas de frustración y pena.
Masturbarme con los dedos manchados de chocolate; sólo por esto a veces puedo resultar dulce yo también.
Eres tú mi golosina, es tan fácil afirmarlo como difícil contener esta creciente ansia que todo lo dulce me provoca.
Maldito el día en el que adiviné que eras dulce. A partir de ese momento cualquier golosina eres tú.
Qué putada amarte. Se acabó la tranquilidad, se acabó mi pensamiento egoísta y práctico. Ahora existo para saborearte, paladearte, chuparte…
¿Sabes que los caramelos tienen propiedades vaso-dilatadoras? Es algo que he descubierto recientemente.
Contigo.
Chupo un caramelo y tengo una erección y pienso en ti.
Es mentira, no es el orden real de los síntomas de la patología.
Chupo un caramelo, pienso en ti y me crece, se expande.
Pienso en ti y chupo un caramelo.
Chupo caramelos porque te amo.
Dulces ensayos clínicos a los que me someto con tu dulzura, con solo evocarte.
¿La perdida de la madurez es un efecto secundario de la pasión por lo dulce? ¿Se puede perder el peso de la vida por sólo un dulce?
Un caramelo… Sólo…
A pesar de todo el tiempo vivido.
Es vergonzoso desear con avidez. Incontinencia de sinceridad…
El misterio de nuestro ser nos hace interesantes a ojos de otro.
Y amar así es perder todo asomo de exclusividad; sentirse mediocre y desnudo ante tu dulce sonrisa.
Ante tus ojos de menta.
Tus labios de fresa.
Tus pechos de gominola.
Ositos de goma…
Eres una chuche, mi caramelo. Preciosa.
Y yo un niño con barba, un poco amargo.


Iconoclasta