Archivos para noviembre, 2018

En Telegramas de Iconoclasta.

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A veces me asusto porque parece que se le ha caído o perdido la cabeza. Es un histérico durmiendo.
Si mi naturaleza me dejara, dormiría tan resguardado del mundo como Murf (en la foto, es un gato).
Por poco que se me doble un poco el cuello durmiendo (además de babear), al despertar quedo tan doblado, con tanta torticolis, que parezco un amante de los cuadros de Nicoletta Tomás.
Incluso es capaz de respirar toda esa maraña de pelos. Gatos y su flexibilidad…
Cochina envidia.

Siento una tremenda comezón cerebral. No puedo asimilar esos rebaños de 10, 15 o 20 individuos humanos de todo rango de edad que pasean juntos por las montañas y los caminos.
Me chirrían los engranajes del hostil pensamiento.
Llamadme cabrón si os sentís mejor, yo lo haría si alguien me faltara el respeto como hago con la ralea humana, sinceramente.
Me la pela. Escribo y sufro/disfruto sin pudor alguno. Me joda o no.
No puedo aceptar vivir en una ciudad apestado todo el día por la chusma y cuando llega un momento en el que podría disfrutar de libertad, seguir con ellos, con esa plaga.
Qué cobardes son.
Qué poco valen como individuos.
Es lógico que cuando un pastor llama a las reses a manifestarse, acudan en grandes manadas adonde se les manda.
Solo sé que respiro aliviado de estar solo, de respirar libre soledad y ser absolutamente independiente de cualquier ser humano.
Si fuera como ellos y en algún momento de lucidez me diera cuenta de mi gregarismo bovino y cobardía, me suicidaría.
Los grupos y colectivos, son la humana indignidad de la sociedad. Solo el individuo es digno y susceptible de no ser exterminado.
Deberían leer esto con una navaja en la mano y clavarla profundamente en el cuello. Los cortes en la muñeca no suelen ser muy efectivos: cuando cortas un tendón (entre ellos están las venas) duele un millón. Es insoportable y el corte no acaba de profundizar
No es digno ir en rebaño en plena naturaleza, es el mayor acto de cobardía que se comete cotidianamente en todos los putos fines de semana.
El mejor día de la semana es el lunes. Los animales y los árboles respiran aliviados de tanto cobarde ramoneando en grupos gritones y sin elegancia.
Los lunes hay un silencio especial que no se parece en nada a ningún otro día de la semana. Mis pensamientos parecen hacerse audibles fuera de mi cráneo y me gusta esa potencia intelectual.
Por primera vez en mi vida, adoro los lunes desde que soy libre.
A veces me retrato a mí mismo para asegurarme que no soy como ellos y que realmente estoy solo y no loco.
Espero ansioso que llegue mañana y su gélido silencio.

En Telegramas de Iconoclasta.

Y es que los muertos siempre están callados.
No tienen nada que decir.
No tienen cuerdas vocales, ni lengua, ni labios. Ni siquiera un pequeño cerebro. Y si tuvieran algo de ello, estaría podrido o descompuesto.
Alucinados y esquizofrénicos creen oírlos. E ignorantes y supersticiosos (o las dos cosas a la vez que es muy frecuente), también.
Quieren creer que los oyen y que pueden manifestarse los muertos por un miedo atroz a morir y ser nada.
Ya sabéis: cuando veas las barbas de tu vecino…
No os importa lo que haga el puto vecino, coño.
A la muerte (y a los muertos) cuanto más se celebra, más cobardía hay.
Y cuando más cerca ocurre, más pánico les entra a los familiares del cadáver.
Realmente no se celebra el día de muertos y su recuerdo. Se celebra para engañar el miedo a acabar como ellos.
El miedo a que la muerte es realmente el fin de todo. Sin otra vida, otra energía, otro lugar o dimensión.
Yo he conocido unos cuantos muertos, lo sé absolutamente todo de la muerte.
Y es tan poca cosa la muerte, que es un acto de pedantería provinciana jactarse de ese conocimiento. Como si alguien afirmara con gravedad que una ballena es grande.
No… La muerte no tiene secreto alguno, es lo más simple del mundo. Es el acabose simplemente.
De lo contrario no cabríamos todos en el planeta. Y morir no tendría gracia ni utilidad alguna.
Feliz día de vivos cobardes.
Resurrección… No mames, que diría un mexicano.