La humana no es la única especie imbécil del planeta.
Cada vez que tocan las campanas de la iglesia, las aves que reposan o anidan en el campanario o muy cerca, salen en desbandada. Asustadas y cabreadas se las oye decir entre blasfemias sonrojantes para un melindroso: “Joder con las putas campanas, se las podrían meter en el culo”.
Pero al cabo de un rato vuelven, ya no se acuerdan de que es un lugar molesto.
La chusma humana actúa igual. La estafan, sodomizan, engañan, y esclavizan; pero vuelven a votar a los mismos hijos de puta en los mismos lugares.
Pájaros bobos con plumas, sin plumas y con soriasis…
No hay suficientes depredadores para hacer de la humanidad algo mejor, no hay selección natural.
A menos que una epidemia deje estériles a todas las hembras y machos y se extingan graciosamente.
Bueno, yo ya nací y viví y concluyo que soy inmejorable.
Y sinceramente, me importa una mierda si los pájaros bobos evolucionan, involucionan o se hacen sonrosados, de cuatro patas y un pequeño rabo rizado que no llega a cubrirles el culo que, agitan nerviosamente en una charca llena de su propia mierda (estos arranques bucólicos míos…).

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