Hoy me siento un poco triste y he pensado cosas… Sé que borrarás enseguida este guasap, pero no importa, lo importante es que te llegue.
Si tuviera tan solo dos minutos de tiempo antes de morir, los dedicaría a escribir mis últimas palabras en una carta para ti, mi amor.
Palabras que afortunadamente no te llegarían porque no existe nada tan triste como unas palabras moribundas a las que no se puede dar respuesta. Así que si algún leyera mi carta de dos minutos, no sabría a quien iba dirigida, sería perfecto en su discreción.
De hecho, siempre ha sido así nuestro amor: secreto.
Pero morir sabiendo que soy amado debe quedar escrito, mi vanidad me obliga.
Y si algún día supieras de mi muerte, sabrías así que te dediqué mi última respiración.
Mientras todo esto ocurre, te envío por mensajería uno de mis anillos, sin marcas, sin dirección de remitente. Le dices a tu marido que se lo meta en el culo, o se lo metes tú cuando folléis, puta.

Iconoclasta

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