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Cobardía servilismo y enemigos

«Si no puedes con el enemigo, únete a él.»
Este aforismo es la máxima representación y expresión de la cobardía, indignidad, abulia y servilismo.
Indica, que si el enemigo es más fuerte que tú, le hagas una buena mamada y le des tu hijo y tu hija en adopción para que los sodomice cuando así le apetezca.
La mínima acción que se ha de hacer con el enemigo, es reírse de él.
Al enemigo ni agua, ni aire, ni piedad, ni respeto.
Si es mi enemigo, por algo será.
Es preciso que los borregos tengan presente que la cobardía es una indignidad; nada de lo que sentirse orgullosos, hijos de puta.
Aunque la frase no es tan cruenta como indigna, porque es de aplicación al mundo laboral; donde el ser humano se desarrolla en el esplendor de sus miserias y lo sigue haciendo en la vida social y familiar.
Y es que todos los perros buscan que su amo les acaricie la cabeza, se muerden los unos a los otros por ser los primeros en ser acariciados.
Igual que los trabajadores en las empresas, tengan el nivel que tengan.
Si alguien lo quiere ver por el lado cobarde de la paz, que tenga en cuenta que el sobrevalorado y acomodado Gandhi eternizó con su pasividad el hambre y las ratas en las familias hindúes.

Una crónica nazarena
En el caso de que Jesucristo hubiera existido y YO fuera contemporáneo a él, hubiera escrito un artículo como éste:

«Hay una nuevo iluminado, un sectario llamado Jesucristo que resumiendo, viene a decir que está aquí para perdonar los pecados de los hombres (a las mujeres, ni las mienta).
Con lo cual, ahora todos sus palurdos seguidores, van correteando por las calles con los calzones sucios de orina y excremento; empeñándose en ser más hijos de puta que nunca al saberse perdonados de antemano.
Todos con la boca llena de hongos crudos que no cesan de masticar en todo el puto día y escupirlos cada vez que hablan o gritan.
Y además, se dan tremendos latigazos en el culo los unos a los otros a placer y jocosamente.
Que es lo que más me gusta.
Esto no ha hecho más que empezar, solo puede ir a peor.
Buen sexo y que os circunciden de nuevo, judíos».

Veronika Zemanová

En Telegramas de Iconoclasta.

Apretones divinos
Dice el refranero popular con pereza y abúlica indolencia borreguil, que dios aprieta pero no ahoga.
Pues que haga lo mismo con sus sagrados cojones, que se los apriete a ver si le gusta. A ver si sonríe fraterna-materna-paterna-filialmente con bondad de mierda.
Lo único que soporto que me apriete son sus manos.
Las de ella.
Mi diosa y mi puta.

Un amor monstruoso

Es una monstruosidad amar a quien no puedes abrazar.
Y siempre ha sido una paranoia recurrente. Goethe y su novela Las desventuras del joven Werther y la ola de suicidios por empatía que se produjo cuando se publicó, es una breve muestra.
Suman millones las palabras escritas en cartas que se demoraban eternidades en ser besadas, abrazadas con fuerza contra el pecho con una tristeza cancerígena.
En estos tiempos de inmediatez, los amantes gozan de más privilegios.
Tal vez sean los mismos viejos amantes que se han reencarnado en un tiempo menos desesperanzador.
Una especie de premio kármico a tanta desdicha, a su afán por sufrir de amor.
Dicen a través de eléctricas pantallas, conocerse desde hace tiempos perdidos en la memoria.
Tiene sentido.
Y aunque no lo tuviera, se lo merecen.
Tal vez, algunos lleguen a abrazarse; será un hecho que dará esperanza a los derrotados. Podría ocurrir…
Pero sigue siendo monstruosa la epopeya de amar así, con el pecho desgarrado y sin posibilidad de curación.
Los desdichados amantes son héroes mitológicos en un Hades hostil y sin interés.
La mediocridad que los ahoga es el peor de los infiernos.
Y chapotean palabras de amor en tiempos y distancias obscenas para la razón.
No hay serenidad alguna en ello.

 

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