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Podría ser el castillo de Frankenstein; pero solo es el vulgar campanario de un monasterio, nada más alejado de la imaginación.
Los cuentos son más apasionantes que la mediocre realidad. Es la razón de la creación del vampiro, el hombre lobo, el jovencito Frankenstein e incluso Snoopy.

Sigue el invierno indiferente a fiestas y otros actos sociales. A nacimientos y muertes.
Es magnífica su indiferencia, su estoicismo y sus gélidas atmósferas nebulosas.
Su fuerza enfriadora que arrincona al sol sangrando contra las cuerdas…
Para ser perfecto le falta incinerar a quien se lo merece y no dar templanza a todos esos asquerosos.

No nací ayer. ¿Qué cojones dice la noticia de que acaba de nacer este partido?
Este partido fascista (Renaixença Nacional Catalana), nació de los mismos cojones de los monseñores Mas y Puigdemont cuando soltaron sus primeros lloriqueos pacíficos para quedarse con Cataluña para ellos solitos (y los ilustres empresarios catalano-ambiciosos que les pagan para ello).
Estos fachas, están tan cerca de Milosevic, que si dan un paso más a la derecha, los nacionalizan búlgaros con honores.
A ver si aún hay lelos que ignoran que cualquier nacionalismo es supremacista, racista y dictatorial y violento. Sobre todo para aquellos que no tengan un rancio apellido con aparatosa y rural fonética catalana.
Cataluña es la región europea más represiva y la que roba más dinero con impuestos al obrero.
Si en el sur de España hay “señoritos”, en el norte también los hay. Son la imagen perfecta para en una enciclopedia, ilustrar las voces: franquismo, usura y racismo.
Los de Renaixença son aquellos que cagan leyendo una exquisita y pacífica (cómo no) traducción pompeu-fabriana del Mein Kampf.
Putos fascismos repugnantes.
Moraleja: el poder de los imbéciles siempre será superior al de los cultos o listos, porque de subnormales siempre hay más (para votar y gobernar).
Siempre se impondrá la cantidad a la calidad, el ser humano es mezquino hasta la náusea; donde quiera que crea que es su patria de mierda.

No sé… A veces uno se cansa y pretende escapar, sin pretenderlo, de tanta tecnología. Y da cuerda a la caja de música.
Es inevitable sentir cierta ternura por ese Mozart de resina que toca orgulloso (¿sabe que está muerto?) y su melodía mecánica de La flauta mágica.
Y le das cuerda otra vez, para que se sienta bien el músico que tan generosamente toca para ti.
Cuando por fin y lentamente se detiene parece que el mundo queda suspendido en un suspiro de silencio.
Bravo, Maestro.

Me gusta sentir un frío paralizante y llegar ansioso a casa para refugiarme en tu calidez, en la húmeda y cálida viscosidad de tu coño.
De tus muslos teológicos.
No soy más que un patético aventurero que llega por fin al centro del mundo, tú; sorteando los riesgos y las indignidades de la mediocridad. Cansado y helado.
En invierno es absurdo pensar en el calor; pero cuando llegue el verano (si sobrevivo a la congelación), me dirigiré a casa con la obscena intención de meterme en ti y que las pieles brillen empapadas de sudor.
Amantes radiando un amor atómico…
Tengo una forma concreta de amarte para cada estación.
Para follarte…
No es estrategia, amor. Surge espontáneo de pensarte una y otra y otra y otra vez. Eres mi carnal plegaria para sobrevivir al hastío vital.

Tiene vistas a la nada, o a la mediocridad que es lo mismo.

O peor…

A veces me reflejo en ella y soy unidad con la miseria.

Y aparto la vista avergonzado mirando a mis pies que son ciegos.

Afortunadamente…

(Gracias a María Mateo, que con su prosa ”Ventanas” me inspiró)

A veces espero nada imaginando mis inconfesables indecencias con absoluto control. Con alevosía, fría y calculadoramente obsceno, con desenfadado exhibicionismo. Como si la dureza carnal que bombea ahí, no fuera conmigo. Como si no estuviera loco por follarte.

Ha cambiado la bombilla y al encender la lámpara se ha vuelto a fundir, chisporroteando débilmente, como enferma.
Y ha llorado una lágrima que desobediente, se ha escapado rostro abajo.
Y ha agradecido estar solo.
Porque sabe que morir no será tan fácil, ni tan rápido.
También tenía olvidado el salobre sabor de las pequeñas tristezas de las cosas.
Sin pretenderlo y como si fuera posible, ha deseado ser bombilla u objeto para morir cómodamente.
Mañana volverá a comprar en la ferretería otra bombilla; pero no la encenderá, no es bueno abusar de las cosas saladas.
Luego ha bajado la persiana del salón y ha encendido un cigarrillo en la penumbra, sentado al lado de la lámpara que no luce.
Y ya.

Todo el peso del mundo cae sobre tus hombros cuando los horizontes trazan indoloramente en las pupilas, perspectivas de grandezas y lejanías de una belleza devastadora para el alma clavada entre los tejidos y los huesos.
Y los cielos prometen tormentos y tormentas, tal vez unas gotas de sangre espesa sobre viejos ojos entornados.
Pesa un millón cuando sabes que no puedes abarcar todo eso, hay tanto espacio y tan poca vida…
Y ese peso te hace pequeño, ínfimo. Un mierda.
Quisieras ser un dios para meter toda esa belleza en una bola de cristal que adorne la vitrina del salón.
Quisieras estar con ella, que te tome la mano cuando sientas que los huesos se tronchan con ese peso.

¿De verdad existe alguien que sonría al despertar? ¿Se puede tener el cerebro tan vacío y ser un infantil patético para sonreír en ese momento legañoso?

Al despertar me pregunto quién cojones me va a joder hoy.

Si sonrío, es ante las necrológicas del periódico, por alguien especialmente odiado o simplemente despreciado.

Incluso por alguien que tuvo más suerte que yo.

No soy un buen bicho al despertar.

Claro, que tampoco hago nada por evitarlo. Me parece correcto.