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El sudor

No existe nada más fascinante que sentarme en un banco o en un piedra agotado, sudando. Inclinar adelante la cabeza y ver como el sudor se convierte en un goteo, en un pequeño chorro de mí mismo.
Primero la tierra lo absorbe rápidamente; pero soy poderoso cansándome, ergo sudando. Se acaba formando un charquito.
Y eso soy yo fundiéndome con la tierra.
Yo devolviendo la parte que me toca al planeta.
La sensación de liberación, el refrescante momento en el que se disipa poco a poco el calor acumulado en músculos, piel y huesos.
Sudar en soledad sin que nadie te diga que te seques ofreciéndote un pañuelo.
Porque hay quien se siente un poco angustiado de ver sudar a otro. Tal vez, asqueado. A mí me suda la polla (valga la redundancia) si a alguien le incomoda mi sudor. Tendrá que joderse, o simple y más sencillamente, no mirar de mierda hacia mí.
Yo solo quiero sudar, empaparme de mí mismo y empapar la tierra de mi propio ser.
¿Y si el alma es líquida? Si el alma es sudor, las lágrimas solo son dolor, algo neurálgico simplemente.
Cuando sudo soy solo yo y cada gota que se desliza me acaricia, me refresca.
Me cuido, me consuelo. Soy perfecto…
Tal vez es la forma de llorar del cuerpo, por el dolor, por el esfuerzo.
Mentira. Para eso están las funcionales lágrimas, demasiado salinas para mi gusto.
Es bueno, es mágico, es trascendente sudar en soledad.

Escaleras

Las escaleras son el símbolo de lo que el hombre no puede hacer por sus propios medios.
A falta de una anatomía apta, el ser humano dispone de una envidia feroz.
Son la muestra más cotidiana de sus imposibilidades y del tiempo que emplea la humanidad en fabricar cosas para llegar a lugares que no precisa; pero envidia.
Es lo malo de los seres humanos, su ambición nacida de la envidia genera escaleras y carreteras y bloques de pisos altos que son ni más ni menos que pocilgas.
Granjas humanas… Los cerdos no precisan escaleras; pero los seres humanos sí. Alguien debió pensar que era necesaria la escalera para almacenar idiotas en un desván.
Al final de la escalera, debería haber una picadora de carne.
Pero no es así, todo aquello que es humano, es imperfecto y decepcionante.
Triste.

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A través de la ventana del vagón los paisajes pasan veloces.
Tan rápidos que confunden mi visión y a veces juraría que me he visto ahí fuera y me he saludado con la mano, apoyado en mi bastón y la gorra goteando sudor por la visera.
Porque yo habito esos parajes, me gusta el cielo abierto y los grandes horizontes, como me gusta el oscuro bosque, los ríos y el mar.
Para ser libre no se ha de temer al sol, al frío o las distancias. Para ser libre hay que ser fuerte. Si eres fuerte no te pierdes y haces tuyo el planeta.
He pensado desde el tren, enviarme una foto del lugar en el que nos hemos cruzado el saludo.
He sonreído al recibirla con cierta nostalgia.

Ciclistas domingueros

Se puede identificar precisa e inequívocamente a un ciclista dominguero por lo desinfladas que lleva las ruedas.
Porque el ciclista dominguero, además coincide en que es de esos tipos que no da un palo al agua y que es alérgico a los esfuerzos como usar una bomba de inflado manual. Vagos de sangre desleída, en definitiva.
Para no reconocer su flojedad y atonía, se auto convencen de que las ruedas, cuanto más desinfladas, mejor.
Y mucho más cómodas por supuesto.
Unos nenazas como una ballena de grandes.
Y cuando los adelantas con rapidez, gimotean como retrasados mentales, que no es un lugar para correr tanto (excepto si fueran ellos los que adelantaran conduciendo su coche de mierda pagado con la venta de fotos de sus hijos desnudos en internet).
No existe forma o método alguno de librarse de los estúpidos. Andan por doquier a full time.
Pero… ¿Si no hubieran idiotas, de qué escribiría?
No me preocupa, podrían desaparecer de la faz de la tierra todos, porque me gusta más follar que escribir.
Puedo vivir sin escribir, decididamente.

Cansado y cabreado
Estoy sentado en un banco de madera que supura resina por el brutal calor que hace. Sudando, cansado y enfadado (el dolor y el cansancio no me deprimen, me llenan de ira y octanaje); tras cuarenta minutos de pedalear cuesta arriba.
El cigarro humea desde mi boca y se suma la sudor para irritarme los ojos; pero fumar es mi premio. Le gusta a mi organismo, a mi pensamiento y relaja los pulmones asqueados de tanto aire puro de la montaña.
Dos ciclistas cordiales y amigables se detienen frente a mí justo en el momento que doy una profunda calada al cigarro, toso y escupo.
Se miran el uno al otro como idiotas sanotes ante la verdad revelada: fumar es un vicio asqueroso y malsano.
Lo único malsano y asqueroso es obedecer, trabajar y cobrar una mierda, les respondo con una sonrisa sarcástica sin pronunciar palabra.
Además. dos contra uno: mierda para cada uno.
– ¿Cuánto queda para Girona? -me pregunta uno tras un saludo cordial que me aburre intensamente.
Me gustaría decirles que queda justo lo que tarden en morir, toda la vida si quieren.
Yo sé donde está esa ciudad. De hecho, no quiero saber de ninguna granja humana.
– No lo sé; pero en cinco minutos encontraréis un cruce con una carretera y sus indicadores.
Y me callo decirles que comprar un mapa no es una gran inversión, aunque con toda probabilidad, no sabrían sacar información útil de él.
En lugar de decirles que no me importaría si los aplastara un coche, les digo adiós con el cigarro colgando de la boca.
Y escribo los pequeños actos de hastío y mediocridad que protagonizo aunque no quiera ni lo pida. Y así al morir, que nadie pueda pensar que fui una buena persona.
Soy alérgico a las santidades.
Y encima, las mariposas revoloteando por aquí: como si hubiera que darle un toque cursi a lo aburrido.

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Cuando el día está nublado me oculto de mí mismo en la zona más oscura y llego a sentir, al ver la escasa luz, que me encuentro en otra dimensión. Que la luz es peligrosa porque muestra lo que soy.
Como si fuera alienígena y no una mediocridad cojeante.
Vivir oculto… vivir a salvo.

 

Rincones ocultos

Hay rincones ocultos que no tienen interés arqueológico, paleontológico o antropológico.
Se trata de intimidades y deseos que a la humanidad y su aburrida y repetitiva historia no le importa.
Tu coño es mío, solo mío. Y tuyo…. Tú lo haces resbaladizo.
Que se joda la humanidad y sus anales.
Tu ano es más fascinante que los anales de la historia.
Hay rincones ocultos, como tesoros que los idiotas sueñan y buscan sin encontrar, como cerdos frustrados que no encuentran la trufa.
Yo soy un sabio respirando entre tus muslos.

Fumándote

¿Ves, cielo?
La montaña fuma ostentosa y melancólicamente, como yo pensándote.
Solo que ella es majestuosa y yo soy nada.
No tenemos otra cosa que hacer.
No podemos hacer más que añorarte.
A lo lejos suena U2 y su With or without you (Contigo o sin ti), en la plaza del pueblo.
Y parece que el mundo entero te piensa y te fumo solo lejos de la muchedumbre, frente a la montaña silente.
Está bien, amarte es un acto íntimo y secreto.
Pienso en la calcinación de los huesos y la carne y el humo y la ceniza.
Y el viento que lleva cosas a lugares que no llegamos en vida.

Sin sutilezas

Y si digo que te quiero, no hay sutileza alguna en ello.
Adoro tu pensamiento y ansío follarte. Metértela.
No puedo querer a un cerebro o a un coño simplemente.
Entendiendo esto, es legal que bese tus pezones con obscena devoción sin menoscabo de tu mente.

 

El cuerpo

Soy un torso diferente al de Cristo.
No busco redimir a nadie ni predicar amor gratuito.
Yo extiendo mis brazos para soportar el peso de la vida.
Y cuanto más pesa, más fuerte me hace.
Llegará el momento de romperse, los huesos de los brazos y el pecho estallarán en una nube de astillas; como madera seca…
Bien. Mejor que morir aplastado lenta y anodinamente.
Sin cuerpo mi pensamiento sería un vapor nada más. Debo forzarlo para que quepan dentro más ideas, más trascendencia.
Más obscenidad, más paranoia.
No tengo otra cosa que hacer mientras muero.