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Una noche en blanco

Publicado: 21 marzo, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones
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He pasado la noche en blanco.
Y ha llovido y me han faltado los ronroneos de una peludas amigas.
Y he sentido la melancolía, porque la falta de unos seres, te aboca a la tragedia de otros.
Padre muerto y madre muerta… No es tragedia, los padres y las madres mueren; pero no me importan los otros, me importan los míos. Soy egoísta con lo que amo, con lo que amé.
Es un buen momento para pensar en ellos con una lágrima, aunque sea tatuada y no moje. Un regalo a sus muertes.
Tengo la impresión de que no seré llorado, cuando muera. Tengo la impresión de que me lo gano a pulso. Tengo la impresión de que no quiero hacerlo de otra forma.
Tengo la impresión de que no soy humano, solo un híbrido de no sé qué, no sé para qué.
Añoro a los muertos sin necesidades, me conformaría con verlos respirar aunque no me dijeran nada, aunque no me besaran o abrazaran.
Aunque a veces son inquietantes…
Cristo era la obra de un par de mellizos, por eso no lo reconocía nadie cuando uno de esos hermanos dijo ser Cristo resucitado. Siento la misma sensación cuando mi padre se me acerca en sueños y no lo reconozco. Es más joven que yo, me da miedo que esté muerto y me hable. Hay hostilidad en los muertos cuando sueño con ellos. Como si les molestara tener algo que ver con los terráqueos, como si les recordáramos lo que eran.
El ruido de los coches en el asfalto mojado, me saca de ese bache de melancolía con un sobresalto.
Es de agradecer que algo palpable te arranque de lo impalpable y lo grotesco.
Es de agradecer la mecánica, un ruido que arrastre los silencios de las pérdidas, sean cadáveres o no.
Estoy abandonado a mí mismo, es un buen momento para un suicidio en el caso de que fuera un romántico y valiente como el joven Werther; pero solo soy un cínico sin demasiada pasión.
Ya lo sé todo, este mundo es poca cosa para mí.
Y aún así, de repente, te das cuenta que la añoranza tiene garras que hieren por dentro, que desgarran pequeñas fibras que hacen vibrar martillos de piano en la médula ósea.
Y cierras el puño en un gesto inútil.
El bum-bum de las sienes que lanzan sangre al cerebro para hacer más grande la tristeza y el humo de un cigarro que embriaga la oscuridad aunque parezca imposible, son cosas que te quitan el sueño quieras que no.
Está la muerte súbita y la tristeza súbita.
Es hora de fumar cianuro… Aunque prefiero un café y un marlboro, aparte de no ser valiente, tampoco soy tan tonto.
Dan ganas de meterse entre unas piernas y comerse un coño para dejar de fumar un rato, es más sano. Eso ayuda a no pensar en lo que murió, en los ronroneos precisos y preciosos de quien te ama a pesar de saber qué soy y que crees oír aún muy cerca de ti.
La erección es solo un acto reflejo de pensar en ese coño, no trascenderá más allá de una molestia breve. Cuando uno está triste, el pene se solidariza un poco más tarde, como si fuera el hermano siamés deficiente de uno mismo.
Mierda, parece que estoy creando un sueño despierto.
Tal vez un día, seré romántico y valiente, aunque sea a una edad indigna.
Porque la vejez es indigna, es decadencia. Cuantos más programas de entretenimiento y actividades realizan para la tercera edad, más pienso en la necesidad de morir un poco antes de hacer una cola de cien individuos para tomar un chocolate aguado peleándome por ser el primero y poder repetir de nuevo.
Tuve suerte que esos no eran mis padres.
Padre nunca sería así, y madre murió con tal locura que se convirtió en única.
Tengo sueño y tengo la certeza del dolor en los huesos, porque la mañana lluviosa promete que la humedad va a calar en el ánimo y el organismo palpable.
Me dormiré en sillón con un cigarro entre los dedos, tal vez arda, los borrachos y los tristes mueren así; pero es un descanso saber que es algo en lo que no puedo intervenir.
Sale el sol y la luz me abandona es curioso…
Buenas noches-días, mundo idiota.
Y si el sillón se quema conmigo que nadie sonría, le puede pasar a cualquier otro demente, nadie está libre de resucitar de mierda.
Estoy confuso…

Para variar…
Qué cruz ser tan ocioso…

Vivir entre añoranzas y esperanzas, es perder el presente. Hay que ser cuidadoso para no desperdiciar el tiempo; ergo escribir es suicidio.
Cualquier tiempo pasado es anécdota, no vale la pena revivir tiempos más jóvenes y humillar el presente, a nosotros mismos.
Y el futuro es solo un montón de esperanzas desdibujadas, se consigue algo ahora, con esfuerzo y determinación.
El tiempo jamás fue oro, no se acumula, solo se nos va. Quien dice que el tiempo es oro, solo tiene polvo en los bolsillos.
Y en cualquier caso, sería una inversión inestable. Es mejor pagar a los curas una buena limosna en la parroquia y obtener una absolución que nos asegure una parcela en el cielo, puestos a perder el tiempo…
Y sin embargo, hay tanto tiempo que nos falta vida, preguntad a los cometas si no me creéis.
Aquí van diez minutos perdidos.
Qué valiente y generoso soy.
Muy gracioso todo…

Aracely Arambula

En Telegramas de Iconoclasta.

¿A quién le puede preocupar la mentira cuando prácticamente nunca consigue su fin?
Lo preocupante es la frecuencia con la que somos considerados estúpidos por tantos embusteros.
El mentiroso profesional se sobrevalora, cae presa de sus propios embustes. Su propia estupidez lo convence de que son prácticamente dogmas.
Es patético con sus falsedades que solo él cree frente a una platea vacía, pensando en que es lo que ha salido mal.
Nada nuevo bajo el sol.

Soy un mierda

Publicado: 5 marzo, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones

Es un misterio, no sé como se me puede querer. Tantas veces que me lo he preguntado desde aquella vez que escribí llorando por dentro: «Soy un mierda». Cuando a los doce años sentí la necesidad de despreciar al ser humano, gracias al escarabajo-hombre de Kafka. Gregorio Samsa era la representación más deprimente y funesta de la mediocridad, a partir de su metamorfosis, sentí asco. No hubo pena ni conmiseración, lo hubiera aplastado con repugnancia si hubiera sido mi padre.
«Soy un mierda» escribí en un papel, en la escuela durante una aburrida clase de historia; para ser consecuente con mi desprecio y no un miserable mediocre cuyo fin pudiera ser mantener una manzana podrida clavada en su cabeza hasta la muerte.
«No será fácil que me quieran», pensé sin atreverme a escribirlo.

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

Calor y humo

Y el planeta sigue su curso, invariable.
No da respiro con sus equinoccios. Sin que a nadie le importe demasiado este calor.
El sudor gana terreno día a día y el humo del tabaco no ayuda a combatirlo; pero es mi voluntad y mi control. Aunque me joda.
Podría ser feliz; pero el planeta me arranca gestos hostiles, no estamos de acuerdo. Yo tengo mis razones, él solo tiene inercia.
Debería ganar yo, como debería morir antes quien lo merece.
Debería llover, también.
Qué ingenuo…

Que dios esté o se le considere en el cielo, es una forma de negar la posibilidad de alcanzar el paraíso que requiere muchas confesiones y limosnas.
No tener alas es un serio handicap.
Es tonto decirlo de tan obvio que resulta; pero alguien consideró a alguien demasiado estúpido hace mucho tiempo.
Y acertó.
Porque todos son más felices que mierda en bote sin sus alas.
Y Satanás es un vulgar topo…

Un hombre de unos 33, con el cabello hasta los hombros, barbudo y de mirada franca, calzando sandalias y vestido con una túnica sucia cosa mala; se me acercó en pleno mediodía en la desierta calle y díjome:
-Soy el hijo de Dios, si buscas la verdad y la paz, sígueme.
Y en su mano aparecieron tres clavos.
Y díjele yo:
-No me jodas.