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Rihanna

En Telegramas de Iconoclasta.

Y yo que pensaba que un cadáver exquisito era un muerto con luces de navidad en las orejas y una fuente de chocolate para fresas en la barriga…
Estos surrealistas lo son demasiado.
El ocio y la absenta crean y recrean a los muertos.
Y dejan a los vivos exentos de cualquier exquisitez.
Malditos excesos, si no fuera por ellos…

No es broma ser Iconoclasta

Cuesta mucho ser Iconoclasta y revolcarse en el ridículo sin pudor. Requiere esfuerzo, voluntad y la total pérdida de la dignidad.
Como cuando en la playa algunos se calzan ese bañador floreado que deja ver el canal de las nalgas sin ninguna elegancia.
No soy nada banal conmigo mismo.
De la misma forma que en una relación afectiva que es una mierda, jamás diré: es complicado.
Tengo un vocabulario muy básico presto a ser usado para evitar esos eufemismos.
Soy Iconoclasta, aunque me pese.
Qué cruz…

No es por cegato, es incredulidad

Pudieran decir con alegría insana: ¡Vaya, el Iconoclasta ve menos que un gato de escayola!
Un poco de razón llevan los asquerosos.
Pero no es eso, me he quitado las gafas por incredulidad, no puede ser que esas majaderías las haya escrito yo.
Y la vanidad añadida de que salga el cuadrito con mi apodo.
Soy rastrero como nadie cuando me lo propongo.

Feliz como una perdiz

Hay momentos en los que a veces soy feliz como una perdiz. Son breves patologías que duran lo que el cigarro, luego vuelvo a ser Gregorio Samsa sin saber acomodarme bien.
Un tanto inquieto, un tanto hostil.

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

Hay cuatro tipos de películas:
Las malas, que pasan directamente a ser piratas en paquetes de 10 unidades y suelen servir para espantar palomas y otras aves en los balcones.
Las buenas (o populacheras como Bob Esponja, la película), que pasan directamente a piratas, pero clones ¡ojo!. La peña las compra como si fueran donuts.
Y están las incomprensibles, que se convierten con el paso de los años en películas de culto. Nadie las compra; pero luce tener una en las estanterías. Da caché al negocio o al salón de casa.
Luego están las ponográficas que nadie ve más allá de tres minutos si no está realmente enfermo; pero forman parte de la mitología etílica y narcótica de las clases más bajas.

Es muy habitual que a alguien lo califiquen de «especial» (ya es vulgar).
Todos los «especiales» que conozco son simples pedantes, huraños, frustrados, maleducados, sin gracia y cuando por fin abren la boca, perfectamente idiotas.
Lo único que podría ser especial es que su tremenda antipatía no lo fuera y se tratara de carisma. Ciencia ficción…
«Es muy especial». Cuando me avisan de algo así, sé que voy a conocer a un vulgar borde sobrevalorado por algún conocido.

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Si no tienes la suerte de estar en el lugar y momento adecuados, te has de conformar con admirar al «Gran Fumador» por encima de sórdidos edificios. Entornar mucho los ojos y para que se conviertan en bloques de sombra negros que oculten su fealdad. Amputar los detalles.
Es entonces cuando todo cuadra y la luz de un farola podría pasar por ser la luna.
Y ya estás preparado para admirar ese magnífico volcán que escupe sus cenizas sobre nuestras cabezas con desprecio.
Yo lo haría.
Los que no tenemos privilegios, tenemos que esforzar mucho la visión para sacar lo hermoso intrincado en la fealdad.

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Que parezca un anuncio en una pared de una prisión, es un error, la lona publicitaria se encuentra en un solar vacío, sucio y al que ni las ratas quieren entrar. Es absurda la alambrada.
Solo así. por medio de un accidente cerebro-vascular se puede entender esta exótica forma de anunciar tortillas, porque escribir «arina» en lugar de «harina», es lo mismo de patológico que escribir «uevo» en lugar de «huevo».
Hay una posibilidad, muy remota, pero que podría salvar de la idiocia profunda al redactor del cartel: se refiere a que son tortillas hechas a mano por Arina, su prima rusa que está trabajando por quince pesos al día, «hocho» días a la semana.
Es muy remota la posibilidad de que una rusa se llame Arina y haga tortillas; pero es eso o mejor que lo lobotomicen.
Yo que pensaba que habría cola de gente pagando entrada y expectación para fotografiar tamaño «evento» y no había nadie. Es más, me miraban todos los peatones al fotografiarlo pensando que interés podía tener esa mierda lona.