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Esto aconteció un día que me decidí ir a comprar un foco a la ferretería, acababa de llegar a México. Pensé que hablando el mismo idioma, español, podría hacerme entender. Pudo ser peor, pude salir con una tapa de inodoro dadas las dificultades semánticas de tan solo dos palabras.
— ¡Hola, buenos días! Quiero un foco de cien vatios, por favor.
—Solo tengo focos de cien vatios, güero —díjome una ferretera desde el fondo de la tienda.
Me asusté, me asusté mucho porque no imaginaba tamaña complicación por una simple bombilla. También pensé que tenía una irritación cerebral o algún problema de dicción.
Repetí prestándome mucha atención y casi silabeando.
— ¿Tiene focos de cien vatios?
La ferretera apareció con la cabeza llena de pelos de cáñamo y arrastraba un trozo de cinta adhesiva de cinco metros que se le había pegado en las chanclas.
—Pues solo tengo de cien vatios —dijo un tanto irritada plantando un foco de cien vatios en el mostrador.
— ¡Ah… Ah…! No se preocupe, me irá bien ese mismo ­—dije sudando.
Mientras me daba el cambio imaginé que en algún lugar de aquella ferretería, había una mano de hombre con una navaja de afeitar cortando el ojo de una mujer frente a un espejo, pensé en el surrealismo, Dalí y Buñuel, en Un perro andaluz y en la falta de higiene de los canales auditivos.
Salí de aquel reloj derretido de Dalí con mucha prisa.
Llegué a casa intentando descifrar qué fallo en aquel diálogo en el que solo intervenían aquellas dos palabras: cien vatios. ¿Quién puede perderse en dos palabras? ¿Solo me pasa a mí y estoy abandonado en este planeta?
Decidí a partir de entonces comprar los focos en el súper y tener la boca bien cerrada.
Y ha ido bien.

Consejos y virtudes de la madre más abnegada a su pareja:
– Sal con la bici mientras me hacen un bukake los técnicos güeros de la noria. No quiero malas caras cuando llego a casa. Soy de útero alegre.
– Haz dibujos todo el día, que tengo que ir al motel a que me la meta mi nuevo compañero. No quiero que estés pensando todo el día que soy una puta. Soy de útero alegre.
– No quiero que estés todo el día escribiendo. Sal a hacer un curso de lo que sea, que me he de poner ciega de chelas y mota y luego darle una buena mamada a mi jefe que tiene infección de riñón, luego le ha de clavar unas agujas mi hermana. Soy de útero alegre.
– Espérame de cinco a ocho de la tarde en el centro, que me he gastado la plata y no puedo ir al motel con mi taradito borrachito, me lo voy a coger rico en casa. Y me compras un mixiote.
Y no quiero malas caras, que soy una madre abnegada de útero alegre.
Porque tú no sabes lo que amo a mis hijos. Aunque llegue tarde, borracha, fumada y sucia, los amo. Daría todo por ellos. Hasta mi útero alegre y mi Peugeot de las mamadas felices.
Está visto que la inteligencia nada tiene que ver con ser madre abnegada. De hecho, todas las burras acaban siendo madres abnegadas y felices de serlo. Ninguna burra ve su propio útero alegre.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

Cupido necesita entrenarse o un nefrólogo para cuidar ese temblor de sus manos. Y sobre todo, quitarse esa venda estúpida de sus ojos.
Tiene voluntad y buena fe, es un buen chaval en general; pero dispara como un pelícano hambriento tragando una sardina.
Y clava sus flechitas en el culo en lugar del corazón. Y al final, todo les sale del carajo a sus enamorados.
San Valentín es un día para pasear con las nalgas pegadas a las paredes.

La Mala Rodriguez

En Telegramas de Iconoclasta.

En México hay negocios dirigidos por un espíritu musical, alegre y desenfadado.
Y así se pasan tooooodo el puto día atronando un vulgar e irritante reguetón.
Yo digo que les va a comprar su puta madre y que no entiendo como el vendedor puede dormir sobre el mostrador aunque esté borracho.
No voy a hacer función «snooze» de radio reloj. Y no voy a gritar.
Y no soy licenciado en filosofía para sordomudos.
No acabo de adivinar si hay pobreza por estupidez, o si la estupidez lleva a la pobreza.
Es un tema complicado, porque conozco verdaderos y verdaderas imbéciles con demasiada suerte y dinero.
Los leones dejaron de comer humanos, seguramente optaron por dietas menos venenosas.

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

Las generaciones mueren tristes y mal consoladas pensando que la próxima generación disfrutará por lo que lucharon. Mentira.
Realmente lo que se hace, es dejar que el trabajo lo haga el que llegue el último.
Y el último no necesariamente es tonto ni la madre Teresa de Calcuta.
Y los viejos mueren con cara de idiotas abnegados y con el único mérito de la desidia perfecta.

Si tiene que doler que duela. Cuando se conoce la vida se sabe a ciencia cierta que nunca es bastante y que habrá más dolor. Siempre hay más de lo malo que de lo bueno. ¿Cuánto dura una eyaculación? ¿Cinco segundos? Y luego a limpiar.
Mierda…
Si tiene que doler que duela y sigue caminado, coño. Queda mucho, queda demasiado para luego nada. Cabrón, so cabrón. Siento una ira hacia mí mismo…
Soy un genocida.
La vida es una fanfarria sin ritmo ni proporción.
Cinco segundos de gloria de mierda…
Para reírse…

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Si se tiene tiempo que perder, incluso en la mediocridad de un mediodía de un sol descorazonador, puedes dar un paseo por el tiempo y usurpar una nostalgia que no te pertenece. Unas veces tan viejo y otras tan joven. Así no hay quien folle.