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Tengo una duda recurrente: ¿Si fuera ciego me reiría siempre como Wonder y Feliciano? A lo mejor se reían de lo que no tenían que ver.
Aunque las hienas se lo pasan en grande comiendo mierda y cogiendo una vez al año.
Incluso se ríen cuando los leones se las van a comer.
Es un mundo de contrastes.
Es difícil elegir entre la ceguera y la carroña.
Qué nervios… Es complejo elegir una buena reencarnación.

Hay momentos del día, bien al despertar, bien por la actividad obscena, en los que la medida de mi pene es sexual. No tiene mesura ni puta falta que hace.
Por un lado representa un gasto importante en carpintería, ya sabéis: marcos abollados, puertas agujereadas porque mi mano no llega a las manetas para abrirlas al caminar desnudo y empalmado por la casa.
Por otro lado, está la satisfacción de saber que son innecesarios los toalleros y el orgullo de tener «todo eso» ahí abajo.
Pero luego aparece el cretino Mr. Jeckyll: su cortesía, educación, cultura y sofisticación.
Es cuando la medida del pene ya no es sexual. Es la otra: la ridícula.
Me deprime ser Mr. Jeckyll por muy listo que sea.
Yo quiero ser un toallero a tiempo completo, me encanta Mr. Hyde.
Ahora, en este momento, me niego a mirar al suelo porque no hay nada en el horizonte.
Es un asco ser inteligente.
Sería maravilloso no ser esquizofrénico y ser siempre Mr. Hyde.
¡Pst, pst, pst… Vamos, chico, arriba! ¡Vayamos a cometer unas violaciones y descuartizamientos! ¡Jeckyll, vete a la mierda con la medida ridícula!
Menos mal… Definitivamente, tiré el dinero al comprar toalleros.
¿O se escribe tohayeros?
A veces soy casi feliz.

Hay hijos que no parecen de este planeta, y menos aún que lo sean de la pareja u homínido que los alimenta. Porque sueltan chorros luminosos de inteligencia pura.

Yo nunca he sido deslumbrado por semejante luz; pero los «padres» dicen que por la noche parecen faros de Nissan Tsuru.
(No son muy exigentes ni ambiciosos con las comparaciones.)
La verdad, dando un somero repaso a los padres, los únicos chorros que sus hijos pueden soltar son los de orina y diarrea tras comer un cóctel de camarón barato en un lugar también barato y que ponen «mucha cantidad».
Atención padres de hijos superdotados:
Que vosotros hayáis tardado siete meses en entender vuestro celular, os deja muy por debajo del nivel de Forrest Gump y además, sin gracia. Y que vuestros hijos sean capaces de aumentar el tamaño de las fotos con sus deditos, no los superdota de nada. Simplemente los convierte en mediocres precoces. Y si no, fijaos las horas que tardan en resolver un rompecabezas de cuatro cubos del mismo color.
Así que, si con la excusa de vuestros hijos queréis pasar por inteligentes, lo único que podéis hacer es fotografiarlos desnudos y vender las fotos en internet siempre y cuando el volumen de sus genitales pueda ser comparable a la inteligencia que decís que poseen.
Quedaréis como unos hijos de puta y vuestra estupidez ya no llamará la atención inmediatamente. Y nadie se reirá de esos chorros de luz que vuestros hijos lanzan.
No jodas… Ahora resulta que todos los palurdos y la carne de antro y locales de alitas, son padres de superdotados y han parido muchos Einsteins y Madames Curies.
El fuego nunca está donde se necesita.

Eiza González

En Telegramas de Iconoclasta.

Escuchar un himno

Publicado: 29 enero, 2015 en Humor, Lecturas, Reflexiones

Escuchar un himno def

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

Una vez se ha hecho el ridículo y han descubierto que no es más que un fraude como artista y persona; alguien tan vulgar y previsible como la puta que gime placer con su cliente, solo queda alardear y magnificar la mierda que le ha quedado entre las manos y las piernas. Y así, una miserable torta de queso de puerco la convierte en langosta a pesar de que todos le ven comer mierda.
Como si a alguien importara su mediocre vida.
Es lo que tienen los fracasados y los vanidosos: un valor desmesurado e injustificado por su vida. No es bueno hacer un show de tanta miseria y vulgaridad. Es mejor la dignidad, pero de eso no entienden.

Algo falla en sus pequeños cerebros, porque demasiada gente ama a mucha gente. Como si el planeta fuera el puto paraíso.
No saben lo que es amar. No son capaces de entender su exclusividad.
Nnfas y faunos sometidos a la voluntad genital, con sexo mediocre y funcional.
Se visten, pobres palurdos, con el ropaje del amor y ni ellos mismos pueden asear su piel a las mañanas de toda esa ponzoña hipócrita que les cubre.
La cobardía a la soledad no es motivo de orgullo ni de llamar amor a cualquier porquería que pisas en la calle.
Demasiada banalidad para mi gusto. No hay selección natural.

Arpía de la ciénaga urbana

Arpía de la ciénaga urbana, clávame tus sucias garras de miseria y aceite quemado de coches ruinosos.
Desgárrame el pecho y el vientre.
Y más abajo, si quieres. Estoy cansado.
Inféctame de la misma porquería que a ti te deja dormir tan profundamente sin que el aroma de tu podredumbre te robe el descanso.
Que mis ojos se hagan negros para evitar la sucia luz en la que flota el polvo y pieles quemadas.
Vacía mi cerebro como lo está el tuyo.
Una mutación o una maldición por una noche de descanso… Es buen negocio, Arpía de la ciénaga urbana, puedes desgarrar lo que quieras de mí.
Si tuviera alma, te la daría.

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No sé como ocurre, no soy consciente si soy el autor del bodegón o alguien lo crea cada mañana para cuando despierto, solo sé que me encuentro sentado ante él con los pies fríos y la sensación de inexistencia. El cigarro es una mecha que me lleva lentamente a la realidad y el café no acaba de templar mis pies.