Posts etiquetados ‘Citas’

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Hay tanta felicidad.
Tanto entusiasmo por vivir intensa y alocadamente.
Por ser eternamente jóvenes…
Hay tanto derroche de energía para ser felices y vivir la vida loca, que siento náuseas. Me empacha tanta felicidad desaforada.
La banalidad de las vidas felices no es deprimente, es simplemente aburrida como un programa de televisión.
Y se me escapa una risa pérfida quiera que no; porque sé que sus intrascendentes alegrías acaban cuando las baterías de sus teléfonos móviles se agotan.
Porque todo vuelve a su lugar cuando el teléfono se apaga. Se acaba el escaparate de la risa tonta.
Lo que más o menos viene a decir que su absoluta intrascendencia en la oscuridad, en su vulgar intimidad; es mi hostil, comedida y desenfadada satisfacción.
Soy el contrapeso a la felicidad barata en la humana faz.

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La nieve es el semen seco de los seres sagrados que cae sobre nosotros como polvo ceniciento, como una caspa divina.
Un esperma frío y estéril como lo son ellos en sus putos cielos.

 

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En Telegramas de Iconoclasta.

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«Solo viven aquellos que luchan» (Víctor Hugo).
Son tiempos de indolencia global
y las guerras no son luchas no hay un esfuerzo por superar un objetivo o una meta. La guerra es comercio puro. Y no las gana el más fuerte o inteligente, las gana quien tiene más dinero para comprar armas precisas y teledirigidas.
Y las causas no se resuelven con cruces de ingeniosos emails y videos virales emotivos de mierda.
El ser humano de hoy solo es cobarde y acomodado. No da ni siquiera una opinión para ser complaciente con todo el mundo. O sea, a la cobardía se la llama corrección.
En esta sociedad no se vive, solo vegetan.
Lo que dijo el escritor, ha caducado. No tiene vigencia.

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Es fascinante observar el propio trauma, esa capacidad de la carne por abrirse obscenamente y la sangre brotar tranquila. Aliviando un exceso de presión en el cuerpo.
Como una penitencia que tiene efecto.
Soy una herida en el planeta, un corte que no sana; siempre húmedo. Una lesión que no cicatrizará jamás, solo cuando muera.
Cuando el planeta me extirpe como un tejido necrótico, la humanidad dejará de sangrar un poco.
Porque este no es mi lugar, ni mi tiempo. No me gusta, no me integro por muchos años que llevo muriendo, marchitándome en esta prisión. Soy el fracaso de la naturaleza y de los humanos.
Un tajo en el tejido cosmogónico.
Soy infección de frustración y resentimiento.
Que sufra la humanidad y el universo; que mi vida tenga un fin concreto, certero y dañino.
Y me gusta tu coño, porque cuando separas las piernas, es como una herida… Y siento que eres como yo y quiero follar profunda y oscuramente ese corte por el que mana tu alma como un aceite que me lleva a la animalidad.
Estoy herido y soy trauma, soy lesión. Soy el tajo profundo en el rostro de dios.

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Ellos viven integrándose con el planeta. Sé que el planeta los ama y a mí no.
No tengo más remedio que detenerme ante ellos porque me acribilla el pensamiento la melancolía de años perdidos.

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¡Vanidad, vanidad!
¡Blanca vanidaaaad…!
Precioso…
Es que me gusta celebrar cosas buenas de verdad: Moi.

Te despiertas, vas a la ventana rascándote el culo y ves nieve. Dices: ¡Guau! Y piensas en no salir a pasear, es demasiado pronto para el romanticismo climatológico.

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La bici porque caminar duele. Demasiado.
La libreta y el bolígrafo para anotar todas las obscenidades, blasfemias e instintos primarios que me poseen en libertad. Para mejorar el universo, corregir los errores que han cometido otros (dioses incluidos).
La navaja como puerta de emergencia en caso de hartazgo o cortar el dolor, para grabar mi nombre en los árboles, cortar ramas que me han herido los ojos o simplemente, admirar el doloroso filo de la vida y posar mis labios en él. Es regalo de mi hijo y como amuleto mágico contrarresta lo sórdido peligrosamente.
La brújula para asegurarme de que no vuelvo sobre mis pasos y no perder el rumbo del deseo. Para huir en línea recta cuando la navaja no es suficiente.
La mochila es el continente de la oficina y bolsa forense de sueños muertos a los que busco un lugar bonito para enterrar. He llegado a la conclusión que nací para sepulturero.
El banco me sostiene y el camino me mata suavemente.

 

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En Telegramas de Iconoclasta.