Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

Es una buena hora para morir…
Hay silencio, nadie ve que te apagas, nadie grita, nadie se asusta…
No hay nervios, solo esa desidia de la fatiga que convierte a la muerte en un susurro que te dice: «Ya está bien, ya es hora. Estamos un poco cansados, amigo Iconoclasta. Vámonos de aquí».
Como si me quisiera, como si me cuidara.
La muerte tiene buenos detalles cuando te la encuentras en la noche, en la intimidad y el silencio de ti mismo. La ternura se agradece cuando lo amado descansa y te quedas un poco indefenso ante el mundo.
Ella duerme en algún lugar cuando yo hago mutis por el foro, sin alardes, con discreción.
Y con la exquisita ternura que he aprendido en el momento de morir, le digo al aire: «Te queda mucho, mi amor. Nos encontraremos pronto, sé feliz hasta el agotamiento. Estaré bien. Estarás bien… Adiós».
Es tan sencillo…
Era tan sencillo amar hasta la muerte. No había un drama, solo cariño y delicadeza.
Y una fatiga serena, casi como la sonrisa de un augusto dibujada en los labios cerrados.

Tengo una duda recurrente: ¿Si fuera ciego me reiría siempre como Wonder y Feliciano? A lo mejor se reían de lo que no tenían que ver.
Aunque las hienas se lo pasan en grande comiendo mierda y cogiendo una vez al año.
Incluso se ríen cuando los leones se las van a comer.
Es un mundo de contrastes.
Es difícil elegir entre la ceguera y la carroña.
Qué nervios… Es complejo elegir una buena reencarnación.

Hay momentos del día, bien al despertar, bien por la actividad obscena, en los que la medida de mi pene es sexual. No tiene mesura ni puta falta que hace.
Por un lado representa un gasto importante en carpintería, ya sabéis: marcos abollados, puertas agujereadas porque mi mano no llega a las manetas para abrirlas al caminar desnudo y empalmado por la casa.
Por otro lado, está la satisfacción de saber que son innecesarios los toalleros y el orgullo de tener «todo eso» ahí abajo.
Pero luego aparece el cretino Mr. Jeckyll: su cortesía, educación, cultura y sofisticación.
Es cuando la medida del pene ya no es sexual. Es la otra: la ridícula.
Me deprime ser Mr. Jeckyll por muy listo que sea.
Yo quiero ser un toallero a tiempo completo, me encanta Mr. Hyde.
Ahora, en este momento, me niego a mirar al suelo porque no hay nada en el horizonte.
Es un asco ser inteligente.
Sería maravilloso no ser esquizofrénico y ser siempre Mr. Hyde.
¡Pst, pst, pst… Vamos, chico, arriba! ¡Vayamos a cometer unas violaciones y descuartizamientos! ¡Jeckyll, vete a la mierda con la medida ridícula!
Menos mal… Definitivamente, tiré el dinero al comprar toalleros.
¿O se escribe tohayeros?
A veces soy casi feliz.

Irreductible mini

Irreductible.

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No existe nada peor que fotografiar un reloj y asistir indefenso a la inmovilidad del tiempo. Quedar preso sin poder respirar. Con los sueños congelados. Con tanto por vivir… Es suicida fotografiar el tiempo.

Hay hijos que no parecen de este planeta, y menos aún que lo sean de la pareja u homínido que los alimenta. Porque sueltan chorros luminosos de inteligencia pura.

Yo nunca he sido deslumbrado por semejante luz; pero los «padres» dicen que por la noche parecen faros de Nissan Tsuru.
(No son muy exigentes ni ambiciosos con las comparaciones.)
La verdad, dando un somero repaso a los padres, los únicos chorros que sus hijos pueden soltar son los de orina y diarrea tras comer un cóctel de camarón barato en un lugar también barato y que ponen «mucha cantidad».
Atención padres de hijos superdotados:
Que vosotros hayáis tardado siete meses en entender vuestro celular, os deja muy por debajo del nivel de Forrest Gump y además, sin gracia. Y que vuestros hijos sean capaces de aumentar el tamaño de las fotos con sus deditos, no los superdota de nada. Simplemente los convierte en mediocres precoces. Y si no, fijaos las horas que tardan en resolver un rompecabezas de cuatro cubos del mismo color.
Así que, si con la excusa de vuestros hijos queréis pasar por inteligentes, lo único que podéis hacer es fotografiarlos desnudos y vender las fotos en internet siempre y cuando el volumen de sus genitales pueda ser comparable a la inteligencia que decís que poseen.
Quedaréis como unos hijos de puta y vuestra estupidez ya no llamará la atención inmediatamente. Y nadie se reirá de esos chorros de luz que vuestros hijos lanzan.
No jodas… Ahora resulta que todos los palurdos y la carne de antro y locales de alitas, son padres de superdotados y han parido muchos Einsteins y Madames Curies.
El fuego nunca está donde se necesita.

Irreductible

Esta mirada que pueda parecer dura o experimentada, no lo es. Lo que ocurre es que el cansancio vela un poco el brillo de la ilusión. Solo déjate abrazar y besar para que sientas que eres algo nuevo e inexplorado para mí. No hay prejuicios, no hay precauciones. Te amo a tumba abierta, a pesar de lo que la vida se empeña en enseñarme.
Nada ni nadie puede llevarme a vivir según sus normas.
Nadie puede domar mi pensamiento y mis principios.
Una mala persona jamás me podría enseñar a amar el dinero y ese brillo que la hipnotiza con un enfermizo interés… No aportará ningún dato útil su vanidad decadente y corrupta, una frecuencia que pulsa entre palabras y sonrisas venenosas.
No dejará huella alguna en mí su sexo sucio, aburrido y económico. Un sexo alcohólico, torpe y reproductivo. No habrá rastro alguno en mi pensamiento que provoque un recelo, una duda ante el amor que doy y que busco.
Amaré haciéndolo como me parieron.
No puede eclipsar mi ilusión nada tan bajo. Ni siquiera lo excelso.
Soy irreductible ante dios y el diablo.
Solo que a veces, la vida te cansa, porque es un juego de desgaste; pero me recupero, mi amor. Solo posa tu mano en mi hombro, eres mi amiga también. Estas ternuras son necesarias para reponer fuerzas.
Ser amado es la prueba irrefutable de que no he aprendido nada, no me han contaminado.
Un estafador no me educará jamás en ganar dinero, me gusta sudar y llegar cansado a casa. Y ducharme y abrazar tu piel perfumada. Un explotador no me enseñará a hacer esclavo a nadie y yo secaré los platos diciéndote que estás preciosa.
Te violaré y tus manos llenas de espuma de jabón se aferrarán a mis brazos que te aman.
Seré explotado y estafado; pero yo no sirvo para explotar y estafar. De ahí mi cansancio: no he cedido ni un ápice de mis principios. No cederé.
Soy irreductible.
Y la vida pega y golpea, no es fácil.
Te amo sin coartar nuestros sueños, sin experiencia. No pueden obligarme a asumir la miseria. Nadie puede lanzar esa basura a mi vida para que se convierta en dogma.
Soy irreductible creyendo en el amor y en el esfuerzo de vivir. En sudar y llorar, en reír y lavarse la cara con agua fresca en las mañanas. En despertarte hundiendo mi boca entre tus piernas bajo las sábanas.
Nada contaminará mis sueños. Y mi sueño eres tú.
Por eso, si ves un brillo de ira en mis ojos o si mi mirada parece un tanto triste, mi amor, piensa que es solo un cansancio vital que desaparecerá con el beso que tanto ansío. Es difícil tener principios en este planeta que nos oprime, mi amor.
Es una lucha constante evitar que la estupidez y la ordinariez contaminen mis sueños.
Soy lo contrario a tantos seres que aprenden y beben de los consejos de mujeres y hombres que viven por y para la usura de la posesión egoísta e infecciosa, que juegan al amor y acaban mordiendo las carnes por envidias enamorados de sí mismos. Que mueren con los dedos crispados sobre el pecho ante lo que no han podido engañar o robar.
No quiero ser un sucio como ellos. No quiero enloquecer ante la hipocresía y la miseria de un amor falso, de un amor de interés y usura.
Solo quiero que me digas que todo está bien, mi amor, que me ves íntegro con mis sueños y esperanzas.
A pesar de este cansancio, mirarte dibuja una sonrisa, si no en mi boca, en mis ojos milenarios. Y quiero que tú la sientes en la piel como una caricia que se desliza suave por tus hombros.
Nada podrá socavar mis ilusiones, el amor que me enloquece y me hace retroceder al maravilloso desconocimiento de tu ser.
Como un niño que descubre algo nuevo y fascinante, atónito y con los ojos muy abiertos.
Nada podrá empañar el beso que muero por darte, el abrazo desesperado. Mi miembro latiendo por ti y dentro de ti con la ilusión de un primer amor.
Mi vida, no existen los amores primeros y segundos. No he aprendido eso. Los amores son únicos y exclusivos. Trascienden sin antecedentes e intuiciones, son selvas inexploradas.
Lo demás es prostitución del cuerpo y el pensamiento.
Lo que no es amor es aberración y es desechable, como un paquete de cigarrillos vacío.
Los estafadores del amor y el esfuerzo son basura que esperan su día de recogida. Solo duran lo que el camión tarde en llegar.
He tirado seres y amores a la basura, sin dudar. Es cansado, hay demasiada mierda en el camino.
No pienses que he aprendido algo a pesar de mi mirada torva y agotada.
Soy irreductible, y soledad y muerte no me acobardan. Si llego a ti, es porque te amo sin recelo, sin interés. Es amarte con el pecho desnudo.
Te amo con la fuerza de la ilusión y la razón. Con tal tenacidad que más que irreductible, me convierte en indestructible.
No sé hacerlo a pesar de mis años y mis dolores, no puedo prostituirme por miedo a nada que pueda doler.
He visto perros en la carretera que han muerto solos, sin un consuelo. Yo seré uno si tú no estás. No me conformaré con otra cosa.
Llego a ti, descubriéndote con la fuerza y la ingenuidad de la infancia; como el único ser que eres, sin parangón con nadie.
Y si observaras que mi mirada está un tanto curtida; has de saber que es pura determinación de ignorar y apartar a todos esos seres horrendos y bífidos que se han cruzado en mi camino.
Llego a ti amándote libre y sin saber nada.
Ser irreductible es agotador…
Descansa, relájate voy a ti, a descubrirte. Eres única.
No tengo experiencia alguna, mi vida. Y por ello te exploro día a día.
Totalmente ilusionado.
Disculpa algunas torpezas de este hombre irreductible que te ama y que llega agotado.
Serán pequeños defectos que me perdonarás cuando mis manos aferren esas nalgas preciosas durante un beso en tu boca ignota y salvaje.
Soy carnal e irreductible.

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Iconoclasta

Las divagaciones de un ateo mini

Las divagaciones de un ateo.

Eiza González

En Telegramas de Iconoclasta.